Sobre egos, graffiti y Maestros Zen

Sobre egos, graffiti y Maestros Zen

 

Este post viene desde el punto más profundo y oscuro de mi ignorancia. No sé nada de arte y no pretendo convertirme en experto. No sé distinguir un Van Gogh de un Rothko y mucho menos conozco de arte callejero. Pero la reciente controversia sobre cómo un artista urbano pintó sobre un mural de alguien más me ha hecho pensar sobre la naturaleza del ego y de cómo pide a gritos existir. La noticia, que no comentaré, está aquí.

Los seres humanos somos una especie animal más. Aunque pensamos ser los «reyes de la creación» y la crema y nata de este planeta, no somos más que simios comportándose como simios. Tenemos un ego que existe para que podamos salir adelante como individuos y como especie. El problema es que a veces sale de control y hace lo que sea para ser notado.

Y al igual que otras especies animales, recurrimos al marcaje de territorio para crearnos la ilusión de que dominamos, y para hacer saber a los demás que ahí estamos.  A veces usamos orina u hormonas y otras veces pintura. Pasa en todos los niveles de la sociedad humana, desde niños de escuela hasta en jefes de estado. Y claro, ha pasado mil veces en monasterios budistas a través de la historia.

La controversia del mural me ha recordado uno de los episodios más elegantes y hermosos de la historia del Zen. Es una historia con dos humanos que quieren ser notados y recurren a pintas en la pared. Pero al ser un relato budista, en lugar de destrucción y pelea, lo que resulta es uno de los intercambios de opinión más valiosos para el desarrollo del budismo.

En aras de no escribir todo un ensayo y para mantener este post lo más corto posible, de forma muy sencilla la historia va así:

Hace muchos años existió en China un monje llamado Huineng. Era analfabeta y una persona callada, pero su comprensión del Buddhadharma era grande.

Un día el abad del templo, Hongren, pidió que los alumnos escribieran un poema para demostrar su dominio del dharma. El ganador sería nombrado sucesor del abad. Todos los estudiantes se pusieron a trabajar, pero fue Shenxui quien, en una pared, escribió:

Nuestro cuerpo es el árbol de la iluminación
Y nuestra mente un espejo brillante
Con cuidado los limpiamos hora tras hora
Sin dejar rastros de polvo.

Huineng escuchó el poema, pero no sabía escribir, así que pidió a un compañero que le ayudara con una respuesta. Escribieron abajo del poema de Shenxui:

No hay árbol de la iluminación
No hay tampoco un espejo claro en el estante
Originalmente todo es vacío
Entonces, ¿donde se posan las partículas de polvo?

La respuesta de Huineng creó un alboroto tal en el monasterio, que el abad corrió a ver qué ocurría. Leyó ambos poemas y esa misma noche, el monje analfabeta fue nombrado su sucesor. Y al día siguiente, Shenxui también fue nombrado sucesor.

¿Cuál poema era el mejor? Ambos.

¿Por qué los dos estudiantes fueron nombrados sucesores de Hongren? Por que un poema no opaca al otro; sino que se complementan. Las dos pintas en la pared reflejan la enseñaza de que es necesaria la práctica diaria y disciplinada del Budismo Zen, pero al mismo tiempo hay que entender que estamos donde tenemos que estar. No hay nada por cambiar y nada qué agregar. La Iluminación no existe como concepto humano, porque el universo ya está iluminado; solo hay que mantener nuestra intención sincera en la práctica Zen para participar de ella.

La historia de Huineng resuena en mí cada vez que veo marcaje de territorio en la sociedad humana. Los dos estudiantes necesitaban hacerse notar y expresarse, pero en lugar de eclipsar uno al otro, el intercambio se dio vía el respeto y la sincronía. Ambas pintas resultaron valiosas, tanto que han pasado siglos y el episodio sigue siendo estudiado por millones de practicantes de Budismo Zen en todo el mundo.

La controversia del mural y la pinta encima será olvidada muy fácil porque solo demuestra conflicto y un ego queriendo oscurecer al otro.

Y lo que voy a decir puede ser una locura, algo fuera de toda lógica: ¿y si en lugar de querer tapar al otro, mejor trabajamos en equipo? ¿Será que existen formas de hacerlo posible por medio del arte y del cultivo de la belleza; pero como un esfuerzo conjunto? ¿Y si dejáramos de lado el ego, aunque sea por un momento? Me pregunto ¿qué pasaría si en lugar de tapar al otro, mejor complementamos y enriquecemos el conocimiento, las opiniones y las artes?

Pero como dije al principio, este post viene de lo más profundo de mi ignorancia.

 

 

Elogio al Sutra del Diamante, por el Maestro Seon Muuija (1178–1234)

Elogio al Sutra del Diamante, por el Maestro Seon Muuija (1178–1234)

How to follow and practise Buddha’s teachings

La verdadera forma es la no-forma
con el cuerpo redondo y vacío.
Aún así no deja de brillar,
y lo hace sin fallo alguno.
Debido a muchas causas toma muchas formas,
pero siempre es lo mismo.
Gran Compasión y Gran Sabiduría,
parecen crecer dentro de mi.
Lavo mis pies y coloco el cojín de meditar,
en el que Subhuti llegó a la Iluminación.
Por eso pido una enseñanza más,
que se derrama sobre mi ser.
Aunque todos los seres vivos sean salvados,
jamás ha existido un Yo.
Ahora en este pequeño círculo,
las tres Perfecciones de la Sabiduría están completas.
En esta balsa puedes cruzar el río
para así llegar a la orilla.

Maestro Muuija

Cuando creemos que tenemos la razón y criticamos a los demás, es por que estamos seguros de que nuestro pensamiento es la realidad. Pero en el Budismo Zen entendemos que el pensamiento, los objetos y uno mismo; todo tiene la misma naturaleza vacía.

Es cuando comprendes la enseñanza de la Vacuidad, que la desesperación se va y por fin reina la paz en el corazón.

Este poema de Muuija nos recuerda que la Compasión y la Perfección de la Gran Sabiduría solo pueden ser comprendidas cuando lo soltamos todo y practicamos Zazen. Es cuando guardamos silencio y estamos inmóviles que nos subimos la balsa (Buddadharma) para cruzar el río del Samsara y llegamos a la ecuanimidad.

El amor siempre tiene consecuencias

El amor siempre tiene consecuencias

Los seres humanos somos una horda de simios muy curiosos. No solo nos creemos dueños de la naturaleza, sino que vamos por el universo con la ilusión de que podemos salirnos con la nuestra.

Sentimos que el universo gira en torno a nosotros y creemos de tiempo completo que somos los reyes de la creación. Generamos una idea egocéntrica, la ejecutamos y esperamos los resultados con emoción.

Ya sea un negocio, un viaje o una receta de cocina, ¡lo que sea!; en la mente surge la ilusión de que el universo cumplirá nuestros caprichos y saboreamos por anticipado la recompensa favorable. Contemplamos  todos los detalles. Planeamos hasta el más pequeño de los factores. Nada puede salir mal.

Creemos que por el simple hecho de «ser yo», siempre ganaremos. Pero la vida tiene un naipe que siempre guarda para sacarlo en el mejor momento y nos lo arroja en la cara.

Esta carta se llama Consecuencias.

Absolutamente todo lo que hacemos tiene consecuencias que viajan como ondas en un estanque. Si haces A, afectará a B, C, D…Z. No hay manera de que no suceda porque el universo está interconectado de maneras tan sutiles que escapan a la vista.

Esto aplica a todos los campos de la experiencia de estar vivo, y aún más para las relaciones personales.

Me parece muy curioso cómo pretendemos involucrarnos en relaciones amorosas, sexuales o de amistad y decidimos ignorar que nuestros actos generarán consecuencias. Como estamos siempre con la mentalidad ególatra de ganar, dejamos de lado entender la responsabilidad que cargamos cuando siquiera respiramos.

Esto nos lleva a usar a  los demás como peones de un juego personal de ajedrez. Los manipulamos a nuestra conveniencia con mil trucos y artilugios, para pasar por encima del hecho de que estos peones son personas. Personas con corazón y ego que pueden ser lastimados por nuestros actos.

Aún más allá, nos embarcamos en relaciones para satisfacer nuestras necesidades y nunca nos preocupamos por la felicidad del otro.

Entonces cuando la relación deja de apuntalar nuestro ego y surge el ego del otro, o se vuelve complicada; nos sentamos a llorar preguntando «¿qué hice mal?». Pero como el ego está fuera de control, en lugar de corregir, saltamos a la siguiente relación y buscamos que el universo nos obedezca.

Perdón, pero esto jamás funcionará. Si seguimos con esa mentalidad todas nuestras relaciones personales serán difíciles o desastrosas.

Tus acciones tienen consecuencias.

El amor y el sexo SIEMPRE tienen consecuencias.

Si comenzamos una relación pensando únicamente en la satisfacción o recompensa personal, será una relación vacía y llena de infelicidad pues en algún momento los egos chocarán.

El punto es entender que el impacto de las consecuencias puede ser favorable si actuamos con honestidad, rectitud y ética. Si al iniciar una relación pensamos en el beneficio del otro, en lugar de nuestros caprichos o deseos, tendrás muchas posibilidades que de todo marche bien por mucho tiempo.

Claro que la vida tiene su propia agenda y las personas pueden causar daño. Pero, ¿adivina qué? Es parte de la experiencia de pertenecer a esta raza homínida y solo así aprendemos y crecemos.

Sí, esto es karma-vipaka (acción-consecuencia) y es una ley del universo que vale la pena estudiar y respetar para usarla en la vida.

Finalmente y como cultura general, he aquí un video de la física de las ondas de agua en un estanque. Al generarse una, se crean otras que afectan todo hacia todas las direcciones. No hay manera de que una onda de agua no afecte toda la masa de agua en un estanque. Si miras con atención, esta es la naturaleza de tus acciones. Todo lo que haces afecta.

Sé responsable con todo lo que haces. Si las ondas que creas son de avaricia, celos y egoísmo; a ti regresarán esas mismas ondas. Pero si tus actos son de ética, virtud, humildad y amor; bueno, ya te imaginas qué sucederá.

Si te interesa saber más sobre amor y relaciones personales, te invito a Yuko, el taller de meditación y amor.

 

Invitación a Yuko: Taller de amor, pareja y relaciones personales

Invitación a Yuko: Taller de amor, pareja y relaciones personales

 

La voz popular siempre nos dice que “amar duele” y que “no puedes confiar ni en tus amigos”. Pasamos vidas enteras probando todo tipo de relaciones, rompiéndonos el corazón una y otra vez, lastimando personas todo el tiempo; para que al final sintamos un enorme vacío e insatisfacción que nada parece aliviar.

Recurrimos entonces a amigos o familiares que están igual de lastimados que nosotros, y a todo tipo de distracciones para hacer que la angustia y desconfianza sean menos fuertes. Pero los problemas principales siguen creciendo dentro de nosotros y no mejorarán.

Debido a que nadie nos enseña a querer, hemos ido repitiendo los mismo errores una y otra vez. Pero esto no tiene por qué ser así. Hay conocimientos y formas de pensar en las que nos podemos apoyar para vivir el amor de maneras profundas, en paz y con alegría.

La vida humana no viene con manual de usuario y las relaciones interpersonales tampoco. Crecemos asumiendo y practicando costumbres culturales que sabemos que no funcionan, pero no tenemos hacia dónde mirar y mucho menos en dónde encontrar la solución.

Por eso creamos Yuko, taller de meditación sobre amor, pareja y relaciones personales. Yuko es una palabra japonesa que significa amistad, armonía, acuerdo y cooperación.

Es un curso de 4 semanas que explorará la naturaleza biológica de las relaciones interpersonales, el amor de pareja, sexo, la amistad y revisaremos todo lo que he hemos estado haciendo mal. Entonces corregiremos el camino usando la meditación como espina dorsal, además de tomar elementos de ciencia, psicología evolutiva y Budismo Zen.

Clic aquí para saber más.

Yuko en una mirada

Evento: Yuko, taller de meditación sobre amor, pareja y relaciones personales

Facilitador: Hondou Kyonin

Inicia: Jueves 6 de febrero de 2020

Dirigido a: Quienes no encuentran la pareja ideal, corazones rotos, parejas en crisis, personas con desconfianza y rencor hacia los demás.

Duración: 4 semanas

Disponibilidad: Limitada

Cierre de inscripciones: Miércoles 5 de febrero de 2020. Puedes inscribirte y comenzar el taller, haciendo tu donativo hasta el 18 de febrero de 2020.

Costo: Donativos personales y por pareja. Para saber más, escribir a elchocobuda ARROBA gmail.com con el asunto AMOR.

Reuniones de grupo: Todos los sábados por la mañana, presencial y en vivo por video conferencia. Sedes:

  • En línea. ¡Tú decides tiempo y espacio! Tutorías y asesorías vía Skype. Perfecto para amigos en otros estados y otros países.
  • Presencial en Guadalajara, Jalisco. Lugar por confirmar.

Más información: elchocobuda ARROBA gmail.com

Clic aquí para saber más.

Amar no significa tener pareja o casarse

Amar no significa tener pareja o casarse

¡Rápido, piensa en la palabra Amor! Pon atención en las imágenes que llegan a ti. ¿Ya?

Seguramente lo primero que vino a la mente fue algo relacionado con pareja, familia o amigos. En general nos relacionamos con la palabra amor en función de seres queridos (incluso animales). Pero, ¿y si te dijera que en la práctica Zen el concepto de amor es mucho más amplio que eso?

En la cultura occidental la comprensión del amor es limitada. Aunque por muchos lados nos dicen que hay que tener amor por el prójimo,  la realidad es que no sucede. Entre nosotros siempre hay desconfianza y nos separa un mar de ideas y juicios. Esto es, en buena parte, lo que nos hace humanos, pero este vivir así crea sufrimiento porque hace que la mente separe la vida en bandos.

El Zen tiene una perspectiva diferente y brutal con respecto al amor. Y por brutal me refiero a que hablamos del tema sin endulzar palabras, sin idealizar o crear fantasías ególatras al respecto. Al mismo tiempo incorporamos el pensamiento de la psicología evolucionista para entender al ser humano como lo que es: un simio más, un ser vivo más.

El amor es uno de los valores principales para el budismo. Podríamos decir incluso que el budismo es una filosofía de amor. Entendemos que nutre el corazón y nos ayuda a crecer como seres vivos. No se limita solo a una persona o a un grupo, sino que es una práctica espiritual cotidiana que se lleva con actos de compasión y generosidad. No busca recompensa alguna más que la integración de la vida a la vida misma, ya que comprendemos que la seguridad y felicidad de otros seres vivos garantiza la nuestra.

El amor es un concepto más allá de explicaciones que hace que la bondad se manifieste en todas las criaturas. Esta bondad la observamos como si fuera un gran río en el que nos sumergimos para convertirnos en parte de él.

El amor es libertad espiritual que fluye desde el practicante y beneficia a todos.

Sin embargo, el «amor» que incluye apegos, lujuria, manipulación, miedo o mala comunicación, no es amor. Es un auto-engaño humano que solo crea sufrimiento. Es por ello que muchas canciones populares del mundo aseguran que «el amor duele».

Y es aquí donde la brutalidad del Zen comienza. El amor humano jamás es desinteresado, a menos que se hagan esfuerzos para mantener atención a los pensamientos. Las personas practicamos un amor egoísta que siempre busca el placer y la retribución, ya sea ideológica o evolutiva.

Muchas fuentes aseguran que el amor más puro es el de una madre, pero esto es solo una linda idea para hacernos sentir bien con la responsabilidad enorme que implica cuidar a un niño. Una madre no es una santa y no, no tiene amor desinteresado. Una madre es un ser vivo más que busca el beneficio de sus hijos para que su material genético se transmita a la siguiente generación, sano y salvo. Hay cariño, hay ternura; por supuesto. Puede que haga un buen trabajo o no. Pero la construcción de la historia de la «madre pura» es un engaño muy costoso porque es la semilla del sufrimiento.

El ser humano idealiza a la persona que decide amar y esto es un terrible piso resbaloso en el que todos caemos.

Sentimos el amor como una inversión que si no nos da lo que buscamos, sufrimos rupturas que nos llevan a la depresión o a la venganza.

Pero no. El amor jamás duele; sino que libera y empuja la existencia hacia adelante. Es tan básico y elemental para los seres vivos que aun la persona más agresiva y gruñona es capaz de sentirlo. Demandamos amor del universo hacia nosotros, sin que pensemos que quizá es todo lo contrario.

Entender que esta emoción es parte de la vida y que somos nosotros los que la transformamos con apegos y autoengaños es importante, porque pone toda la responsabilidad en nuestras manos.

Vivir el amor es una de las mejores experiencias de estar vivo. Nos hace sentir bien, promueve la salud de todos los involucrados y se forman nexos maravillosos que pueden durar hasta la muerte. Y dicen algunas escuelas budistas que incluso van más allá, hasta el renacer de alguien.

El cultivo del amor no depende del deseo carnal o de sacar adelante a la familia.

Amar es dar todo lo que podemos para que todos los seres vivos estén lejos del sufrimiento y en libertad.

Amar es actuar con Gratitud, Compasión y Generosidad; sabiendo que trabajar por los demás nos rodeará de más amor.

Amar es la expresión más pura de la Naturaleza Búdica de todos los seres… aún los que causan daño.

Y claro, hay más qué decir… pero eso será dentro de Yuko, el taller de amor y pareja que pronto anunciaremos 🙂