Sangre en mi zapato

Sangre en mi zapato

Tengo una confesión qué hacer. Solo tengo 1 par de zapatos y hoy tienen manchas de sangre de otra persona. Sí, suena extraño porque no es algo que diga yo comúnmente.

El otro día necesitaba salir al mercado para comprar algo de fruta y nueces. Estaba disfrutando el sol y el aire fresco. De pronto escuché un ruido. Al voltear a mi izquierda, sobre la otra acera, estaba una mujer mayor, de unos 75 años, tirada y sangrando. Se había caído.

El mundo se centró sobre la persona. Solté lo que llevaba en las manos y corrí hacia ella.

Antes de que me diera cuenta de lo que hacía, ya estaba yo junto a ella revisando y hablándole. Pregunté su nombre. Doña Ángela había perdido el equilibrio, su bastón salió volando y ella aterrizo con la nariz sobre el pavimento.Haciendo uso de los conocimientos en primeros auxilios de un curso que tomé hace muchos años, la revisé por todos lados. Revisé su nariz para cerciorarnos que no había fracturas. La ayudé a incorporarse y la hice hablar para ver que también estuviera lúcida y para que soltara el estrés.

Le pedí que no se levantara hasta que estuviera segura de que podía. La sangre no paraba. Siempre cargo con un poco de papel para mi nariz, así que se lo di para que se limpiara. Poco a poco la hemorragia se detuvo.

Llamé a la ambulancia porque sé que sólo paramédicos profesionales pueden ayudar de manera adecuada.

Pronto comenzaron a llegar vecinos, que siguieron prestando ayuda. La sangre había parado y Doña Ángela ahora estaba sentada en un banco que alguien había traído.

Al llegar los paramédicos, la revisaron y vieron que no era nada de gravedad. Luego la llevaron a algún hospital y lo último que supe es que estaba ya descansando en casa.

La reacción de la gente me conmovió. Al ver a una persona en problemas, nadie dudó en detenerse a prestar ayuda. Todos los presentes solo estaban ahí, listos a hacer lo necesario para que Doña Ángela saliera bien.

La humanidad no está mal. A veces la compasión fluye sin preguntarnos.

Budismo Soto Zen para Principiantes. Ep 10. Cuatro Nobles Verdades 4: El Noble Camino Óctuple

El Buda descubrió la verdadera naturaleza de la enfermedad que compartimos los humanos, la insatisfactoriedad o dukkha. Pero no solo se quedó con ese conocimiento, sino que diseñó un sistema que nos permite salir del ciclo del sufrimiento, para vivir en ecuanimidad y abrir el corazón a la compasión.

Este sistema lo conocemos como Noble Camino Óctuple, y son una serie de acciones que promueven una vida llena de virtud y benevolencia.

La charla aquí presentada, da un vistazo en general a los 8 factores para darnos idea del camino a seguir.

 

Cómo ayudar a una persona enferma

Cómo ayudar a una persona enferma

La Señora Impermanencia siempre está dispuesta a darnos lecciones fuertes, cuando más las necesitamos. Justo cuando pensamos que todo está en orden, la enfermedad se manifiesta cerca de nosotros.

A veces es uno quien se enferma y hay que recibir ayuda. Otras veces son personas a las que queremos y entonces hay que brindar ayuda. Cualquiera que sea el caso, todos los seres nos enfermamos.

En la práctica Zen creemos en que la felicidad personal depende de la ayuda que demos a los demás. Entre más ayudas, más en paz está uno con la vida.

El problema es que no podemos ayudar si la persona no quiere o no sabe cómo pedir ayuda. Es el caso con las personas atravesando el infierno de la adicción, por ejemplo. Uno puede darlo todo para ayudar, pero si la persona no quiere ser ayudada, no hay mucho por hacer. Tu ego te pide cuidar, pero el ego de la persona podría no estar de acuerdo.

Y cuando imaginamos lo que la persona debería estar haciendo, pero la realidad nos muestra otra cosa, nace en nosotros un sentimiento muy fuerte de frustración que nos pone a la defensiva. Esto, claro, nos lleva a no tener la mente clara para ver las necesidades del paciente.

Los pacientes con enfermedades fuertes como cáncer, requieren dedicación especial porque nosotros como cuidadores necesitamos:

1. Meditar

Ahora más que nunca necesitas tu práctica de meditación para estar con la mente clara y el corazón dispuesto a la compasión. Si no meditas, absolutamente todo el proceso de brindar ayuda será un motivo para que sufras.

2. Respetar la inteligencia de la persona

Ser condescendientes o tratar al paciente como si padeciera de sus facultades mentales, solo creará enemistad y resistencia. Hay que respetar por completo la inteligencia de la persona y no caer en conductas que nos hagan expresar lástima. Necesitamos tratarla con normalidad y amabilidad por sobre todas las cosas.

3. Entender que la persona está sufriendo

A parte de los dolores físicos, la persona con cáncer tiene miedo y se siente traicionada por la vida. Esto hace que sus pensamientos siempre estén nublados y, con frecuencia, tienden a estar enojados. Hay que desarrollar un corazón abierto y paciente para poder estar a su lado. Hay que hablar solo cuando es necesario y siempre escuchar con atención.

Con frecuencia las peticiones de ayuda están ocultas en groserías y furia. Recuerda: nunca es personal, así que no veas los posibles ataques como algo dirigido a ti exclusivamente.

4. Entender que la persona está cambiando todo el tiempo

Hay días buenos, días malos para una persona con cáncer. A veces el dolor es sutil, pero continuo, lo que resulta en ira o tristeza que parecen venir de la nada. Estos días definen cómo piensa y cómo habla. Igual, hay que dar todo el cariño y paciencia… dejando de lado los intereses personales.

5. Estar presentes y siempre dispuestos

No podemos forzar a alguien a que acepte la ayuda. Entonces nos mantenemos ahí, escuchando, estando. Y cuando la oportunidad se presente, saltamos a la acción.

6. Documentarnos

La tristeza y la emoción hacen que la gente olvide esta parte, pero si quieres ser de utilidad, necesitas leer LIBROS de papel sobre la enfermedad y sobre primeros auxilios. ¿Por qué libros? Porque los videos de YouTube no te llevarán lejos. Si consultas con familiares y amigos igual de desinformados que tú, puedes convertirte en un peligro para la persona enferma. Entre más conocimientos reales, científicos tengas sobre la enfermedad, tendrás más elementos para ayudar cuando la situación surja.

7. Crear una red de amistad

La persona con una enfermedad fuerte, siempre afecta a la gente al rededor. Si están todos aislados, nadie será útil a la hora de prestar ayuda. Hay que estar en contacto con la familia, con los amigos. Hay que estar en buenos términos y deslavar los egos, porque entre todos deben ayudarse para poder asistir al paciente.

8. Cuidar tu salud física, mental y espiritual

Este punto está más que claro. Si no te cuidas a ti misma, no estarás en capacidad de ayudar a nadie. Con respecto a la espiritualidad, el Budismo Zen te puede dar cobijo y paz, es cuestión de buscar su práctica.

Desde el punto de vista del Budismo Zen, brindar ayuda a una persona enferma es complejo, pero no imposible. Necesitamos crean en nosotros la actitud de los samurai: No esperes nada, pero prepárate para todo.

El Buda Azul de la Medicina nos inspira para cuidar la salud de todos los seres vivos.

La única palabra que debe definir tus esfuerzos para brindar atención a alguien es: amor.

Budismo Soto Zen para Principiantes. Ep 9. Cuatro Nobles Verdades 3: El sufrimiento también termina

El Buda, como el Gran Médico que era, descubrió la enfermedad de la insatisfactoriedad de la vida o dukkha. También nos plantea el origen y nos dice que hay una salida del sufrimiento.

La Tercera Noble Verdad nos da la inteligencia para saber que el sufrimiento también termina, como todas las cosas en el universo. Esa es la buena noticia.

¿La mala? Es que hay que trabajar y esforzarse para lograrlo.

En este noveno episodio hablamos sobre la Tercera Noble Verdad.

Para entender las partes difíciles de tu vida

Para entender las partes difíciles de tu vida

Al nacer, todos somos visitados por varias Hadas Madrinas. Cada una de ellas trae talentos y regalos. Hay a quienes les toca recibir facilidad para la música, literatura y arte. Otros son buenos para los números y la ciencia. Algunos reciben dotes para la cocina. Algunos no somos buenos para nada.

Pero no importa cuáles sean tus talentos y regalos, hay un personaje que nadie quiere cerca. El Hada Comadreja siempre llega, aún sin ser invitada. Nos da un mazo de barajas que contienen las experiencias que nos gustan y las que no nos gustan. Este mazo es con el que jugaremos el resto de nuestra vida.

La existencia es como un gran juego de cartas y siempre estamos jugando con la Vida. Es esta mesa cósmica en la que nos desarrollamos, crecemos y actuamos. En cada partida, hay que tomar cartas para ponerlas en la mesa y ponerlas en juego. El problema es que en este juego no podemos elegir; todas las cartas deben ser jugadas.

Aquí yace una fuerte razón para nuestro sufrimiento. A pesar de que la regla es muy clara; nos esforzamos en hacer trampa. Buscamos a toda costa esconder las tarjetas que no nos gustan.

Por debajo de la mesa vamos ocultando la muerte, las despedidas, las rupturas de corazón, el desempleo, la enfermedad, la separación, la incomodidad, el clima que odiamos, las personas que lastiman, las ideas que no van con las nuestras y hasta la comida que no cumple con el sabor que esperamos.

Todos hacemos lo mismo. Creemos que podemos ganar, tomando ventaja de que la Vida no se ha percatado de la chapucería.

Pero la Vida es más sabia que tú y que yo. Sabe perfectamente que haces trampa y se encargará de restregarte esas cartas en tu cara, justo cuando menos lo esperes. Y aunque es claro que hemos querido pasarnos de listos, nos sentimos traicionados. Sabemos la responsabilidad que está en nuestras acciones, pero no queremos los resultados que no acarician el ego. Las consecuencias y emociones negativas que nacen de nuestros actos son lo peor que nos puede pasar.

Caminamos nuestro tiempo en este mundo lamentándonos lo que no es, deseando lo que no tenemos y huyendo de la incomodidad. Lo que nos inhabilita de ver la otra parte de las reglas del juego: todas las cartas que no te gustan, son tus mejores maestros.

Las despedidas, los corazones rotos, el final de la comodidad; nos enseñan sobre impermanencia y que nada es para siempre.

La carencia, los retos sociales, los políticos malintencionados, la deshonestidad y el crimen; nos enseñan que hay que mejorar el ser para de ahí partir a mejorar las sociedades.

Cada carta de este juego cuenta y hay que jugarla tan pronto sea puesta en la mesa. Entre más tardas, más sufres.

Entonces; aquí tienes tu mazo de cartas. ¿Cómo piensas jugar?