por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 12, 2015 | Budismo, Choza de césped, Vida, Zen
Estos días he estado estudiando el poema zen Soanka o La ermita con techo de césped y comienza con una línea muy poderosa:
He construido una choza de césped donde no hay nada de valor.
La choza de pasto o césped es tu casa, mi casa. Mi cuerpo y el tuyo. Es el universo. ¿Porqué todos son una choza de césped? Porque el césped es débil, se pudre, se seca y regresa a ser parte de la vida.
Nuestros cuerpos estarán aquí tan sólo un fragmento de segundo del Calendario Cósmico. Son sólo un frasco hecho de un cristal muy débil. Si lo cuidamos mucho, el frasco durará muchos años. Si no lo cuidamos, el frasco se romperá fácilmente. Pero no importa cuánto empeño pongamos, el frasco se romperá y se integrará al flujo constante del universo.
La fortaleza más imponente construida por el hombre se derrumbará porque no podrá soportar el paso del tiempo.
Todo lo que tenemos, lo que somos y todo lo que amamos es impermanente.
El Buda decía que «Todo lo que llega debe irse. Acepta esto en paz y todo estará bien».
Cuando no entendemos que todo es transitorio, es fácil caer en la trampa del valor.
Damos valor a las cosas, nos abrazamos a él y pensamos que siempre será así.
Tal es el caso del oro, por ejemplo. Éste metal es simplemente un pedazo de planeta tierra. No es diferente al carbón o la piedra caliza. Hemos sido nosotros quienes hemos dado valor a esta roca y vamos cometiendo atrocidades por su obtención y control.
También damos valor a las personas, a las relaciones y a todos los objetos que nos rodean. Suena inocente, pero la realidad es que una vez que algo tiene valor para nosotros, comenzamos a construir dependencia y apego. Y en contraste; si a algo le damos valor negativo, hacemos hasta lo imposible para alejarnos de ese objeto.
El Patriarca Shitou Xiqian nos dice en la primera línea de su poema que: todo en la vida es transitorio y que no hay nada de valor en ella.
Entender esto nos libera de muchas cargas emocionales y nos lleva a la felicidad porque sabemos que este día terminará. Sabemos que ésta relación terminará. Sabemos que este helado de chocolate llegará a su fin.
Y justo por que las cosas acaban, hay que estar en paz con lo que hay y con la vida como es. Hoy vivimos, trabajamos amamos y ayudamos. Sólo hoy.
Nada es tan valioso como estar aquí, sin agregar nada y sin quitar nada. Éste es el verdadero valor agregado.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 10, 2015 | Budismo, Creatividad, Inspiración, Mindfulness, Vida
Esta mañana durante mi zazen tuve un momento de claridad, o como decimos en México, me cayó el veinte sobre la belleza y cómo la hemos pisoteado en nuestra intensa búsqueda por cumplir metas, mantener el poder y comprar basura que no necesitamos.
Al vivir en el eterno ciclo capitalista de trabajar-comprar-dormir, perdimos la sensibilidad para apreciar la belleza de la vida. En lugar de la sencillez y la elegancia, optamos por tener más de lo que sea para mantener la obsesión por poseer.
Pagamos por tener el nuevo iLo-que-sea de Apple (o de cualquier marca, para el caso), que terminará apilado junto a todos los demás productos inútiles con diseño industrial placentero.
Pero lo que nadie nos dice es que tener demasiado de todo no nos hace más felices, sino que nos deja vacíos y secos para apreciar la realidad por lo que es. Aun más allá, este atasque por comprarlo todo y por controlarlo todo, nos ha vuelto más tontos.
Y es que admirar la belleza no requiere invertir dinero ni poseer nada, sino que es un esfuerzo mental al que ya no estamos acostumbrados y lo rechazamos categóricamente.
Mirar el amanecer, ir al museo, apreciar una pintura, disfrutar del silencio, escuchar música no popular; todas son actividades que requieren callar el pensamiento para poner atención a lo que se tiene en frente.
La realidad misma es mágica.
No necesitas comprar nada para sentir la elegante paz de la meditación zen cuando sólo miras la pared por 20 minutos.
Tampoco hay que tener 15 parejas al mismo tiempo para ver la sincronía con la que se mueve el mundo que nos rodea.
No es requerimiento el ser político destacado para rendirse ante la majestuosidad de Magritte. De hecho, nunca conocí político que disfrutara del arte.
Al contrario. Ahora escuchamos reguetón y pintamos las paredes. Destruímos. Extinguimos especies completas. Violamos culturas completas para quitarles oro u otros recursos materiales.
Cambiamos nuestro voto por un premio instantáneo, opacando la nobleza y futuro de toda una nación.
Cada vez que optamos por la fealdad, estamos renunciando a la razón y a la creatividad. Nos hemos vuelto criaturas feas en tantos sentidos, que cuesta trabajo entenderlo.
Pero al mismo tiempo… pero al mismo tiempo, aun dentro de todo este ambiente humano que ensucia la naturaleza, hay destellos de que lo hermoso vive dentro de nosotros.
Por cada 100 grafiteros, hay un pintor que es libre y vuela hacia el cosmos con sus pinceles.
Por 1000 grupos norteños o reguetoneros, hay un joven componiendo jazz o cantando ópera.
Por un millón de compradores compulsivos en fiestas navideñas, hay un padre que lleva a su hijo al museo y le explica de dónde vienen sus raíces y por qué debe estar orgulloso de ser humano.
El arte, el silencio y la elegancia viven en la simpleza de cada amanecer.
La creatividad se asoma de entre el lodo, como flor de loto.
Es cuestión de callar la mente y ver la realidad en silencio.
¿Qué ves?
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por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 6, 2015 | Budismo, Choza de césped, Poema, Zen
El Patriarca Shitou Xiqian (700-790 DC) fue un maestro Chán que sentó las bases del budismo zen como lo conocemos.
Una de sus más grandes obras es el poema La ermita con techo de césped, que plasma prácticamente todo el conocimiento zen en un sólo lugar.
Como toda la poesía zen, para comprenderlo se debe leer poco a poco, meditando con cada línea para penetrar en la sabiduría.
Con mis pobres conocimientos me he atrevido a traducirlo para su estudio y poder compartirlo con ustedes.
La ermita con techo de césped
He construido una choza de césped donde no hay nada de valor.
Después de comer, me relajo y disfruto una siesta.
Cuando terminé la choza, nuevas hiedras aparecieron.
Ahora sigue en pie, cubierta por la hiedra.
El habitante de la choza vive aquí tranquilamente,
no está atorado dentro, afuera o en medio.
En donde vive la gente común, él no vive.
Los reinos que ama la gente común, él no ama.
A pesar de que la choza es pequeña, contiene al mundo entero.
En diez pies cuadrados, un viejo ilumina formas y su naturaleza.
Un bodhisattva del Gran Vehículo confía y no tiene dudas.
Aquellos que no entienden o los tontos se preguntan:
¿Esta choza perdurará?
Si perdura o no, el dueño original está presente,
sin divagar al sur o al norte, al este o al oeste.
Está firme en su estabilidad, que no puede ser superada.
Una ventana brillante bajo los verdes pinos,
Ni los palacios de jade o torres bermellón se pueden comparar con ella.
Tan sólo con estar sentado meditando, todo entra en calma.
Y así, este monje de la montaña no entiende nada.
Vivir aquí ya no da libertad.
¿Quién acomodará con orgullo los asientos para los huéspedes?
Da vuelta a la luz para que brilles por dentro, luego regresa.
No se puede encarar o dar la espalda a esta vasta e inconcebible luz.
Conoce a los maestros ancestrales y estudia su instrucción.
Reúne césped para construir una choza y no te rindas.
Deja ir esos cientos de años y relájate por completo.
Abre tus manos y camina inocente.
Mil palabras y una miríada de interpretaciones,
están sólo para librarte de obstrucciones.
Si quieres conocer a la persona inmortal dentro de la choza,
no separes de este saco de piel y huesos el aquí y el ahora.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 4, 2015 | Budismo, Meditación, Mindfulness, Productividad, Vida
Luego de más de 3,000 años de tradición asiática y de innumerables tomos sobre el meditar, me llama mucho la atención cómo la cultura occidental está descubriendo las maravillas de la práctica del mindfulness.
A pesar de vivir en un mundo que nos exige resultados y títulos rimbombantes, poco a poco vamos re-descubriendo que prestar atención en silencio al presente tiene más beneficios de los que podemos siquiera imaginar. Estudio tras estudio, la ciencia confirma que el mindfulness no sólo es necesario, sino que debe formar parte importante de nuestra vida.
Sin embargo el simple hecho de apagar el móvil o dejar de lado Facebook para estar en silencio por 1 minuto nos produce angustia. Nos negamos ante la espantosa posibilidad de enfrentarnos a nuestros propios pensamientos, además de que esta cultura nos ha orillado a rechazar el aburrimiento para mantenernos entretenidos con cosas irrelevantes que no requieren esfuerzo mental.
Cuando alguien se decide a probar las aguas de la meditación, siempre hay dejos de duda y de miedo. ¿Podré con esto? ¿Será tan bueno? ¿Me veré ridículo? ¿Será fácil? ¿Será del demonio? Esto es normal porque el mindfulness se ha hecho de muy mala reputación gracias a nuestros amigos del new age, que presentan el meditar como una actividad espiritual y de contacto paranormal con todo tipo de arquetipos imaginarios.
Alguna vez alguien muy clavado en el new age me aseguró que meditar le daba el poder de resucitar animales muertos.
Esto es falso. El mindfulness es una disciplina abierta, libre y natural para cualquier persona. No tiene nada de mágico, sino al contrario; es una práctica que nos pone los pies en la tierra y nos hace vivir la realidad sin basura mental.
Seguro, es posible tomar la meditación como un sistema espiritual y de crecimiento, en que se pueden alcanzar niveles muy profundos.
Pero el punto es que a nivel pragmático y cotidiano, el mindfulness nos regala más de lo que esperamos.
Aquí una lista de 10 beneficios personales contundentes que llegan después de meditar por al menos 6 semanas:
1. Reduce el estrés. Al relajar los músculos y enfocar la atención a una sola cosa, se reducen los niveles de cortisol en el cerebro.
2. Mejora la salud en general. Al entrar en mindfulness por al menos 20 minutos, se reduce el ritmo cardiaco y los niveles de inflamación del cuerpo.
3. Incrementa la capacidad de aprendizaje y estudio. Debido a que la práctica de meditación requiere entrenar la mente a fijar la atención en una sola cosa, nos es mucho más fácil mantener la concentración a la hora de aprender. Esto es de valor supremo para estudiantes.
4. Ayuda a aceptar la realidad. Cuando la realidad nos da con todo, meditar nos ayuda a entender las cosas sin crear expectativas falsa y sin sufrir. Esto se llama aceptación, lo cual nos da bases sólidas para salir adelante y sin dramas.
5. Nos hace conscientes del momento actual. Al ser humano le gusta mucho perderse en recuerdos o en planes del futuro. Esto es antiproductivo porque perdemos tiempo y dejamos de prestar atención a lo que hacemos.
6. Nos vuelve más productivos. Vivir en mindfulness nos pone los pies en la tierra y nos da enfoque para terminar nuestras actividades sin distracción.
7. Termina con la depresión. Meditar diario nos ayuda a dejar ir las cosas que nos lastiman y nos conecta con el mundo como es. Así la depresión se desgasta poco a poco hasta desaparecer.
8. Termina con el insomnio. El meditador duerme mejor porque entrena el cerebro a bajar la actividad cerebral bajo demanda.
9. Nos vuelve más creativos. La práctica del mindfulness hace que la creatividad fluya libre porque reduce el ego y las cadenas de nuestras opiniones. Así nos vuelve libres para solucionar problemas de manera más eficiente.
10. ¡Es la puerta a la felicidad! Con todos estos beneficios juntos, el meditar hace que el drama se vaya, el ego se deslava, somos más compasivos, sanos y mucho más productivos.
Con todos estos beneficios, ¿aún te resistes a practicar mindfulness?
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por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 2, 2015 | Budismo, Creatividad, Talleres, Vida, Vida oficinal, Zen
En los más de 20 años como creativo y trabajando para agencias y diversos clientes, me topé con problemas que retaban mi inteligencia al máximo.
Había quienes no sabían bien lo que querían, pero esperaban un resultado espectacular. Estaban los que asumían que sabían más que el creativo, y no puedo olvidar a los pocos que me daban linea abierta para crear lo que yo quisiera.
En todos los casos mi compromiso era fuerte porque entendía que las personas invierten dinero en material publicitario, web o editorial y necesitan sacar el máximo provecho. A algunos esto los convierte en personas muy irritables y que están en constante presión. Misma que transmiten a los que trabajan con ellos.
Eso para mi siempre fue un reto porque quienes están bajo presión constante se dejan llevar por la prisa, la ira y el enojo; sacrificando la razón y su inteligencia en el proceso. Ésto deja poco espacio para avanzar en el trabajo creativo y uno se debe adaptar a producir con mayor velocidad.
Así que debía recurrir a mi creatividad de manera acelerada, forzando al máximo la mente y produciendo ideas a todo vapor.
¿De dónde sacar ideas? A veces la música ayuda mucho. Ver libros con trabajos de otras personas también ayuda.
Pero donde siempre encontré la mayor fuente de creatividad era cuando botaba todo lo convencional y me dedicaba a observar mi entorno.
Descubrí que la creatividad siempre está ahí, pero con la presión de la vida la vamos cubriendo con basura mental.
¿Cómo encontrar la respuesta a un problema cuando estamos tan centrados en la urgencia? ¿Cómo solucionar cualquier situación si el ego nos ha vuelto engreídos y obtusos?
Al tener la mente tranquila se puede sentir la claridad o lo pesado del aire. Se pueden ver colores y formas con ojos frescos. Los números, las recetas, las notas musicales… ¡todo se percibe en niveles más profundos con la mente serena!
Yo sé que existe el mito de que producimos mejor bajo presión, pero una cosa es tener la necesidad de resolver cosas rápidas y otra es hacerlo de manera óptima y bien pensadas.
Al estar centrados y enfocados podemos descubrir que la solución a un reto no está en producir ideas aleatorias para ver cuál funciona. No.
La creatividad corre por las venas del ser humano, está en nuestra naturaleza, y es mucho más fluida si practicamos la atención consciente.
Para ello entrenar en mindfulness es una gran ayuda, así como apagar las distracciones, cerrar los libros, callar las conversaciones y salir a caminar.
La creatividad se manifiesta en los colores de un parque, en la sinfonía de la ciudad, en las matemáticas que suceden bajo nuestra nariz.
Es cuestión de dejar el ego de lado para vivir en el presente y poder crear.
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