¡Estamos de regreso! Luego de unos días de descanso, de silencio y de retiro, el equipo editorial de Chocobuda (o sea yo) está listo para la acción.
Y por acción me refiero a seguir observando, aprendiendo y escribiendo para que este pequeño blog siga vivo.
El nuevo año fue recibido con tranquilidad en una cena familiar y con una sesión de zazen (meditación zen) en la primera mañana de 2013.
El arranque de un nuevo ciclo se presenta como un lienzo blanco, listo para recibir las pinceladas que formarán nuestra historia.
Y en nuestras manos está hacer que esa historia sea maravillosa, llevando a la humanidad hacia adelante con pequeños actos personales de bondad.
Chocobuda seguirá aquí para ustedes.
Master Dogen (creador del Zen) dijo alguna vez en un discurso de Año Nuevo:
El antiguo Buda Hongzhi, mientras vivía en Tiantong, dijo a sus estudiantes —En el zazen de la mañana de Año Nuevo, las miles de cosas son naturales. La mente luego de la mente está más allá de dicotomías. El Buda después del Buda se manifiesta en el presente. La nieve en el río es completamente pura y blanca. La mente del hijo de Sha se siente satisfecha mientras él va en su bote de pesca. Estudien esto.
Master Dogen luego dijo:
—Esta mañana yo, Daibutsu, continuo respetuosamente este poema. —Luego de una pausa, dijo— Esta gran y auspiciosa mañana de Año Nuevo, yo disfruto el zazen. Para ir de acuerdo a la ocasión, ofrecer felicitaciones es natural. La mente luego de la mente, la primavera acepta la risa con delicia. El Buda después del Buda jala a los bueyes, presentando un signo auspicioso. Cerca de un pie de nieve cubre la montaña. Pescando una persona, pescando a uno mismo en el bote de pesca.
Feliz 2013. Que sea un año lleno de crecimiento y aprendizaje.
Con renuencia escribo este último post para 2012, a pesar de que el impulso creativo y la disciplina me pidan a gritos seguir.
Pero es justo por disciplina que hay que hacer una pausa para descansar. Así que este es el último post de 2012. Justo a 10 días de que se acabe el mundo, según los lunáticos.
Diciembre es el mes en que la actividad baja en todas partes, así que el ritmo de mi vida también disminuye. Luego del BudaVox dedicaré más tiempo al silencio y a meditar.
Culminaré los tres meses de Ango (entrenamiento intenso) con un retiro de zazen llamado Rohatsu y asistiré a otro llamado Sesshin.
Y tengo que ser honesto: también dedicaré tiempo a la familia, a leer, cocinar, jugar juegos de PC y a no hacer nada constructivo en realidad. 🙂
2012 trató muy bien a este humilde blog. Aprendimos y comenzamos un movimiento de meditación por la caridad. Eso no tiene precio.
¡Compartimos grandes cosas!
Pero lo más valioso es que ustedes hicieron suyo al Chocobuda y me brindaron su confianza y amistad. Eso hace que el corazón se ablande.
Eso es alimento para seguir escribiendo en el mundo postapocalíptico de 2013, luego de que los mayas regresen a invadir la Tierra. 😛
Ya con toda seriedad, muchas gracias por estar y ser.
Era un día normal para Narayanan Krishnan en Bangalore.
El trabajo en el hotel había sido tan rudo como siempre. Se sentía cansado, pero estaba feliz porque había sido seleccionado como nuevo chef para trabajar en un hotel en Suiza.
La vida era muy buena. Era el rey del mundo.
Esa noche salió de trabajar para ir a casa. Y lo que vio en un callejón cambió su vida para siempre.
—Vi a un hombre muy viejo que literalmente, se estaba comiendo su propio excremento por el hambre, —recuerda Narayanan. —Regresé al hotel y pregunté qué tenían disponible. Tenían idli. Lo compré y se lo di al viejo. Créeme, nunca había visto a una persona comer tan rápido. Mientras comía, sus ojos estaban llenos de lágrimas. Eran las lágrimas de la felicidad».
Al igual que al Buda, el chef fue marcado de por vida por este hecho.
Luego de pensarlo, renunció a su trabajo y desde 2002 se dedica a alimentar a «los olvidados»: ancianos, pobres, enfermos mentales y hombres santos*.
Pero su labor no sólo abarca la alimentación. También corta el cabello y afeita a casi 400 personas al día. Es un trabajo de tiempo completo.
En palabras de Narayanan:
—Alimentamos a los indigentes, a los viejos y a los enfermos mentales que han sido abandonados por la sociedad. La gente está sufriendo por falta de alimento. Si no los alimentamos, morirán de hambre.
«Les corto el cabello, los afeito y los baño. Para ellos, sentirse de nuevo seres humanos ha tenido un gran impacto psicológico. Les da una mano en la cual apoyarse y esperanza para vivir.
«El alimento es una parte. El amor es la otra. Así que la comida les da nutrición física, pero el amor y afecto que les muestras les da nutrición mental.
«Todos tenemos 5.5 litros de sangre. Yo soy sólo un humano. Para mi todos son iguales.
«Existen miles y miles de personas sufriendo.
«¿Cuál es el propósito máximo de la vida? Es dar.
«Comienza a dar. Experimenta la felicidad de dar.
Esta inspiradora historia hace que nuestra mente vuele y pensamos que Narayanan y todas las personas generosas tienen un halo divino en ellos.
Pero esto está muy lejos de la realidad.
Narayan, tú o yo somos exactamente igual. Todos tenemos al rededor de 5.5 litros de sangre.
La diferencia es que él decidió dejar de lado su ego para mejorar a la humanidad.
Todos tenemos Naturaleza del Buda en nosotros. Es cuestión de quitar la basura que la cubre.
¿Hasta cuándo comenzarás a dar?
——-
* En India es común ver a los bikkhu en la calle. Son hombres que renunciaron a todo para buscar la iluminación. Viven en las calles en condiciones infrahumanas.
Esta mañana preparaba el desayuno cuando tocaron a la puerta.
Era un hombre viejo, con bigote y ojos amables. Lo reconocí porque lo he visto antes caminando por la calle. Vestía ropa cómoda y en su cabeza llevaba una gorra de algún equipo de futbol.
—Buenos días —dijo con una sonrisa.
Respondí tanto a la sonrisa como al saludo.
—Me he estado acordando de usted porque siempre veo que sale a correr. Aunque no lo he visto desde hace una semana —reclamó.
Le expliqué que he estado enfermo, pero prometí que tan pronto la tos se fuera, regresaría a mi entrenamiento. Como el hombre habló con tono tranquilo y sonriendo, no sentí desconfianza. Quizá curiosidad.
—En el periódico salió este suplemento para corredores —me extendió la revista para que la viera—. Trae información para que caliente mejor, haga estiramientos y el calendario de carreras de la ciudad. Estoy seguro de que le va a servir.
Tomé en mis manos la publicación, leí el título y mi sonrisa creció de oreja a oreja.
Le agradecí y le dije que me iba a ser de mucha utilidad. Le prometí que lo leería para aprender.
Comenzó a despedirse, estrechó mi mano y le pregunté su nombre:
— Raúl.
Y se fue. Cerré la puerta, dejé la revista en mi escritorio y continué preparando el desayuno. Por supuesto, estaba yo muy feliz.
Me di cuenta de que había sido objeto de un acto aleatorio de generosidad. Don Raúl no me conoce, no estamos relacionados de ninguna forma, pero aún así pensó en hacer algo bueno por alguien.
No lo esperaba y jamás imaginé que alguien se interesara por mi afición de correr.
Estas pequeñas acciones son las que restauran la confianza en la humanidad.
Podrán haber malas noticias, crisis mundial, políticos corruptos y personas malintencionadas; la amabilidad es parte de nuestra programación genética.
Cuando rompemos la barrera de la vergüenza y del ego para hacer algo por los demás, construimos un mundo en el que vale la pena vivir.
Muchas gracias, Don Raúl.
¿Has sido objeto de un acto de generosidad aleatorio? ¿Has hecho alguno?
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi