El Gran Cuatro Cero
Hoy cumplo 40.
Tengo sólo un puñado de impermanentes cosas.
No soy nadie. Nunca lo he sido.
No tengo plan para el futuro.
No tengo raíces en ningún lado.
Y el pasado ya se fue.
Libertad.
Hoy cumplo 40.
Tengo sólo un puñado de impermanentes cosas.
No soy nadie. Nunca lo he sido.
No tengo plan para el futuro.
No tengo raíces en ningún lado.
Y el pasado ya se fue.
Libertad.
El miedo es este ente que vive dentro de nosotros y que de vez en cuando se manifiesta. Es la emoción que nos hace huir del peligro y es muy útil para conservar nuestra vida en situaciones de riesgo.
También el miedo toma un matiz distinto cuando enfrentamos dificultades o debemos tomar decisiones. Nos aterra salir del mundo conocido y nuestro amado confort, volviéndonos tibios y vulnerables.
Y por alguna extraña razón, le otorgamos demasiada importancia a lo que piensan los demás, haciendo que el miedo al ridículo sea una pesadilla para muchos.
El miedo nos paraliza y, en algunos casos, nos estanca por años.
Pero, ¿cómo vencer el miedo?
Con valor.
El valor lo necesitamos para enfrentar cualquier situación con aplomo y arroje. El ridículo, el fracaso y los resultados adversos son secundarios.
Una persona valiente avanza y destruye todas sus barreras.
En el budismo, el valor se logra cuando se destruyen todos los apegos. Es decir, si no tenemos ninguna carga emocional o material, es mucho más fácil ser arrojado para cumplir nuestras misiones porque ya no hay miedo.
El Sutra del Corazón dice:
Así Shariputra, el Bodhisattva, libre del apego, se apoya en la perfección de la sabiduría, y vive sin velos mentales. Así se libera del miedo con sus causas y alcanza el Nirvana.
Ser valiente implica estar consciente de las cadenas autoimpuestas y estar listo para romperlas.
Para ser valiente se requiere estar seguro de uno mismo y tomar acciones para arreglar algún problema.
Y, claro, esto se logra dando el primer paso: reconociendo que tenemos miedo.
Qué lástima que hayas nacido humano y que gastes tu vida entera preocupándote. Deberías alcanzar el punto en el que te sientas feliz por haber nacido humano.
Nacer, envejecer, enfermar y morir. No podemos tomar a la ligera estas verdades supremas.
La realidad es que manejarlas debería ser nuestra meta, sin estancarnos en categorías.
Me parece extraño que ni una sola persona considere con seriedad su propia vida. Es como cargar con algo crudo, sin cocinar, a través del tiempo. Y nos hace sentir cómodos el hecho de que los demás hacen lo mismo. A eso le llamo estupidez de grupo: pensar que debemos ser como los demás.
La iluminación significa crear tu propia vida. Significa despertar de la estupidez de grupo.
En lugares de Manchuria las carretas son jaladas por perros inmensos. El conductor cuelga un trozo de carne frente a la nariz del perro, y éste corre como loco para alcanzarla. Pero por supuesto que no puede. Le dan la carne hasta que la carreta llegó a su destino. Luego, de un sólo bocado, la devora.
Es exactamente lo mismo para la gente con sus sueldos. Hasta llegar el día de pago, corren tras el salario colgado frente a sus narices. Cuando les pagan, lo devoran y ya están listos para seguir persiguiendo el siguiente pago.
Nadie puede ver más allá de su propia nariz. Todos creen que sus vidas tienen algún significado, pero en realidad son como golondrinas: los machos consiguen comida, las hembras se sientan sobre los huevos.
La mayoría de la gente no tiene una forma clara de entender la vida. La viven con métodos hechizos, como cuando te untas pomada en un hombro acalambrado.
La pregunta es: ¿porqué tienes tanto estrés?
Si no tienes cuidado, pasarás toda tu vida deseando lo que tu mente de persona ordinaria sueña.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
*NdT: El título original es Para tí, que empezaste a rumiar la vida. Se refiere a pensar demás sobre algo, así como las vacas mastican dos o más veces su comida.
Apple vs. Samsung. Coca-cola vs. Pepsi. Carne vs. vegetales. Mi religión vs. tu religión. Piratas vs. ninjas. Mi partido político vs. tu partido político. Capitalismo vs. socialismo. Gays vs. heterosexuales.
Puedo seguir citando mil ejemplos como estos para hablar de nuestras opiniones, lo apegados que estamos a ellas y los conflictos que creamos por ellas.
Emitir juicios y formar opiniones es una de las conductas más humanas que podemos tener. Por medio de ellas aprendemos, nos relacionamos con el universo y nos afirmamos como personas.
Nuestra mente las emite innumerables veces a lo largo del día y las más importantes son anexadas a nuestro carácter.
Pero las opiniones se convierten en un problema cuando desarrollamos apegos en torno a ellas. A veces son tan fuertes que ellas nos definen como personas y toman el control de nuestra forma de ver el mundo.
A veces estamos tan seguros de que nuestra opinión es tan acertada, que estamos dispuestos a todo para que los demás la hagan suya.
Somos Sméagol, aferrados al Anillo Único. Es mía. Mi propiedad. ¡Mi preciosa!
¿Necesitas ejemplos terribles que han marcado a la humanidad? Las dos Guerras Mundiales, judíos vs. palestinos o la Santa Inquisición.
Sé que son casos extremos, pero la verdad es que nuestras opiniones personales no son distintas. ¿Cuántas veces no te has enfrascado en una discusión hasta el punto de perder un amigo? Todo por defender una opinión.
¿Cuántas veces has dicho, es que INSERTE-COMIDA-AQUÍ no me gusta, cuando ni siquiera lo has probado?
Al apegarnos de manera tan radical a estos juicios, dejamos de ver una sencilla verdad: las opiniones son una ilusión.
Son espejismos creados por nuestra mente y preferencias para interpretar la realidad. Por ende no reflejan la realidad como es.
Odiamos al que piensa distinto, a lo diferente y a quien no comparte nuestra visión.
Y entonces dejamos que las opiniones nos controlen y nos encierren en una prisión horrible que no nos deja vivir tranquilos. De pronto no vemos, no sentimos y dejamos de escuchar las cosas como realmente son.
Romper estas cadenas no es tan difícil como uno podría imaginar.
Es cuestión de poner atención a la forma en la que hablamos y pensamos, para controlar a las opiniones sin dejarlas avanzar.
¿Te has metido en problemas por alguna opinión errónea?
La espina dorsal del Soto Zen es sentarse y meditar. Esa es nuestra práctica suprema.
Al mismo tiempo los maestros animan al estudiante a leer todo el dharma posible, bajo la consigna de que la sabiduría de mil libros no igualan a un minuto de práctica en la vida real.
Contrario a lo que la gente podría pensar, el buddha-dharma no está sólo en los fragantes templos de tierras exóticas.
Está en todos lados. En el trabajo y escuela, en los drenajes, en el viento, en los fraudes presidenciales, en el tráfico de la ciudad, en las flores, en las papas fritas, en las lágrimas y en las sonrisas de todos nosotros.
El buddha-dharma está en cada molécula e instante que conforma la vida.
Por esta razón, creemos que la vida entera es nuestro templo. Aquí vivimos, trabajamos, practicamos con compañeros y aprendemos a deshacernos de nuestros apegos… al mismo tiempo que formamos parte de la civilización y somos productivos.
Con esto en mente, mi sangha (comunidad budista) celebrará el Ango, que es un tradicional evento de tres meses en el que estaremos dedicados a sentarnos en zazen, al estudio intenso de la vida y al buddha-dharma. Para más información, puedes leer el post del año pasado aquí.
En resumen, el Ango es un periodo en el que tendré que poner todo de mi parte para aprender y esforzarme más de lo habitual.
Hay muchas actividades programadas para los participantes, pero aquí menciono algunas:
¡Deséame suerte!