por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 31, 2012 | Budismo, Inspiración, Meditación, Vida, Zen
Érase que se era, habían 500 simios al servicio de los 500 discípulos del Buda. Un día los simios decidieron imitar todo lo que los discípulos hacían. Así que hicieron zazen, copiando con sus ojos, narices, vocas y con todo su cuerpo. Entonces eran ya 1,000 discípulos del Buda los que estaban practicando zazen y alcanzando la iluminación.
Es por esa razón por la que deseo perseverar, aunque sea por imitación, la semilla de zazen.
Cuando practicas Zen, tiene que ser aquí y ahora, con todo tu ser. No dejes que el Zen se convierta en un rumor que no tiene nada que ver contigo.
Zazen es el Buda que formamos con nuestra carne viva.
Zazen significa poner en práctica lo que no puede enseñarse.
Zazen es el interruptor del dharma que enciende todo el universo.
Hacer algo significa hacerlo aquí y ahora. Es decir, significa no perder el poco tiempo que tienes en esta vida.
Cuando alguien me pregunta para qué sirve el zazen, respondo que no sirve para nada. Y entonces alguien me dijo que en ese caso, dejaría de sentarse en zazen. Pero, ¿de qué te sirve correr en círculos para satisfacer tus deseos? ¿Para qué sirve participar en juegos de apuestas? ¿Para qué sirve bailar? ¿Para qué sirve emocionarse por ganar o perder un juego de béisbol? ¡Todo eso no sirve para nada! Por esa razón nada es tan delicado como sentarse en silencio para el zazen. En pocas palabras, «bueno para nada» significa que no puedes ganar dinero con ello.
Con frecuencia la gente me pregunta por cuánto tiempo tienen que practicar zazen para ver los resultados.
Zazen no tiene resultados.
No obtendrás nada de hacer zazen.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 30, 2012 | Vida
Mi vida ha sido un constante experimento en los últimos años. Se me ocurre algo, lo investigo y lo ejecuto.
A veces sale bien, otras sale mal, pero la idea es aprender y poner a prueba todas las barreras auto impuestas. He encontrado mejores formas de hacer muchas cosas.
Así he destruido mitos familiares, ideas anacrónicas y ¡hasta he descubierto que retomar una idea del pasado funciona bien! Tal es el caso de hacer café con prensa francesa y no con cafetera automática.
Aquí van unas ideas que vale la pena retar para investigar nuevas maneras de hacerlas:
- La forma en que se prepara el café o té
- Una manera más eficiente para afeitarte
- Buscar un medio de transporte amigable con el ambiente y contigo
- Productos de cuidado personal que ayuden al ambiente
- Revisar las etiquetas de tus alimentos
- Levantarte más temprano
- Evitar intoxicantes
- Un medio de comunicación electrónica más eficiente que las redes sociales
- Descubrir tu pasión
- Poner atención a tus sentimientos
Por supuesto, ¡tú eres más creativo que yo! ¿Se te ocurren más ideas qué poner a prueba? ¿Has experimentado recientemente?
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 27, 2012 | Budismo, Vida, Zen
Soy un entusiasta del café. No por la adición a la cafeína, sino porque realmente disfruto el sabor y la cultura que existe alrededor de esta bebida milenaria.
Me gusta leer sobre la historia del café, nuevas formas de saborearlo y a lo largo de los años, he hecho muy buenos amigos que comparten este pasatiempo.
Nada más agradable que comenzar mi día con una taza de café fresco y dejar que el aroma inunde la casa. Poner la cafetera con grano recién molido es parte del ritual matutino. Hasta que la cafetera se descompuso.
Así pues, habiendo leído las bondades de la prensa francesa, decidí reemplazar mi vieja Sunbeam por una cafetera que no usa tecnología alguna.
Desde el primer día entendí porque la prensa francesa tiene tantos adeptos. Respeta todos los sabores y aceites del grano, no quema la bebida y da control absoluto sobre el proceso. Para ser una cafetera sin tecnología, resultó darme una de las mejores experiencias.
Con el paso de los días comencé a notar muchas cosas de mi nuevo proceso. Me era inevitable comparar mi vieja cafetera de americano con la prensa.
La máquina normal de goteo, la cafetera americana, es una maravilla de la ingeniería que permite tener la bebida de manera rápida y sin complicaciones. Pones agua, un filtro de papel, café molido, agua y presionas un botón. Es un proceso sencillo, a prueba de todo y muy conveniente. Minutos después, uno puede comenzar a tomar cantidades industriales de café.
A pesar de que hay máquinas americanas que dan una bebida de buena calidad, el proceso industrializado hace que buena parte del alma del café se quede en el filtro de papel y sea tirada a la basura junto con los posos.
Normalmente estas cafeteras queman la bebida unos minutos después porque la jarra descansa sobre una resistencia eléctrica que la mantiene caliente.
Si uno no es cuidadoso, la máquina americana puede arruinar el café en un segundo. Se vuelve demasiado amargo.
Es una gran solución para la cultura de la recompensa inmediata. Estamos acostumbrados a tener lo que queremos en el instante que lo deseamos. No nos gusta esperar ni un segundo, por eso hemos desarrollado toda una civilización en torno a no dejar descansar la mente.
Todo tiene que estar YA y no estamos dispuestos a desperdiciar tiempo. Es mejor pasar 10 horas en Facebook, que dedicar 10 minutos a un libro, porque Facebook da mini mensajes que no requieren esfuerzo para ser comprendidos. Es un medio muy rápido.
Y es que esa es la palabra clave. Rápido. Más veloz. Más grande.
Sin embargo, en esta búsqueda de la recompensa inmediata perdemos la esencia de las cosas.
Una novela se lee despacio, se disfruta. Una tarde escuchando música es de lo más reconfortante que hay. Una caminata por el parque es una celebración de la vida.
Pero nunca tenemos ni el tiempo ni la paciencia.
En cambio, la prensa francesa es una máquina de baja tecnología que fabrica las mejores tazas de café. Pero su proceso requiere esfuerzo, tiempo y atención.
Hay que calentar agua en la estufa, cuidando que no hierva. Mientras, se muele el grano sin dejarlo demasiado fino. Se ponen en el vaso de la prensa dos cucharadas de café por taza de agua. Luego agregamos el agua, primero sólo un poco para dejar que el café se moje. Después se vierte el resto y se coloca el émbolo. De forma inmediata comienza el conteo del tiempo de infusión: sólo 4 minutos.
Mientras transcurre ese tiempo, se puede hacer cualquier mini tarea o simplemente se puede uno quedar junto a la prensa, percibiendo cómo los aromas comienzan a hacerse más y más intensos.
Cuando el café está listo, se baja el filtro del émbolo, y se sirve. La bebida resultante tiene cuerpo. A pesar de usar el mismo grano que uso para la otra cafetera, ahora el sabor es afrutado y con toques de madera y chocolate. Como nunca hay calor directo con la prensa, el café no se amarga. Su sabor penetra con mucha suavidad el paladar y la nariz.
Para usar la prensa francesa con éxito se requiere amor por la bebida, comprensión del grano, cuidado a cada paso del proceso, pero sobre todo, tiempo y dedicación.
Las cosas en la vida que más toman tiempo en elaborarse, son usualmente las más hermosas.
Ver un bosque en otoño es una imagen muy bella, y esta no se logra con oprimir un botón. La Madre Tierra ha tardado billones de años en fabricar su estado actual, con detalle y cuidado.
Las amistades y relaciones que duran para siempre son las que atendemos con cariño día con día, a lo largo de muchos años. Es virtualmente imposible hacer amigos duraderos respondiendo un tweet.
Bajar de peso implica trabajo diario y la inteligencia para dejar de comer lo que nos hace daño. Llegar al peso ideal puede llevar un par de años, pero cuando llegas a donde quieres, el sentimiento de victoria es inigualable. No existe un botón, té o medicamento maravilla que supla a la constancia.
Vivimos en un mundo endeudado porque todos quieren tener cosas aquí y ahora, sin pensar por un momento en los intereses o clima económico.
La paciencia es una virtud que nos ayuda a ver las cosas como son, a entender que nuestro ego a veces no puede ser tan grande como nos gustaría.
Saber esperar tiene todo tipo de recompensas, haciendo que nuestra estancia aquí sea placentera y respetuosa con los demás.
El café hecho en prensa francesa es todo eso. Es una maravilla producto de la paciencia, cariño y dedicación.
Con todo esto dicho, la bebida que resulta no es perfecta, es más bien sucia. En la taza se pueden ver sedimentos y se sienten en la lengua. Pero la vida no es limpia. También hay tristeza, desilusión y dolor.
La vida es un paquete completo que incluye cosas buenas y malas. No podemos rechazar lo que no nos gusta, tenemos que aceptarlo y seguir con ello, para construir la realidad a partir de ahí.
Los sedimentos vienen junto con la bebida. No los puedo hacer a un lado. Los tengo que aceptar, junto con todo lo demás. Así son las cosas, así lo acepto.
Y al final, hay que limpiar la prensa. Aquí no hay filtros, hay que sacar los posos con una cuchara, cuidando no dañar el cristal del vaso. Hay que lavar el vaso y el émbolo para dejarlos listos para la próxima. Igual que la vida.
Mi prensa francesa es una gran maestra zen. Debió haber estudiado con el Buda y Dogen Zenji.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 22, 2012 | Budismo, Vida
Sé que no hablo mucho de esto en Chocobuda, pero soy corredor de toda la vida. Desde joven siempre complementé mis artes marciales con la carrera, aunque nunca me enfoqué a correr tanto como en estos últimos 24 meses.
Luego de una pausa de varios años, reinicié en una forma más seria. Comencé corriendo en una pequeña calle y con el paso del tiempo necesité cubrir más distancia.
Y más distancia significa correr por las calles de la ciudad; lo que se convierte para mi en un ejercicio de observación de la vida urbana.
Si hay algo que me sorprende día a día al salir, es el ego tan grande que tenemos.
Al ver cómo conducen sus autos, me queda claro que el ego es un veneno enorme para las personas.
Alguien amable y lindo se puede convertir en un monstruo horrendo cuando está tras el volante, que viola todas las leyes posibles y está dispuesto a todo con tal de que su ego llegue a su destino.
Y con todo me refiero a que el asesinato es una opción cuando el reloj o el tráfico está en su contra.
¿No me crees? Una de las acciones más comunes de los conductores es echar lámina o aventar el coche, frases en castellano mexicano que implican utilizar el automóvil como ariete para pasar antes que los demás.
Y un ariete es un arma, no importa cómo se quiera ver. No es secreto que portar un arma cambia la psicología del individuo, volviéndolo prepotente y arrogante.
Cuando conducimos, el ego sale a flote y con nuestra actitud decimos «Yo tengo más derecho que tú y soy más importante». Esta actitud es la que hace que el tráfico se convierta en un enemigo personal y que todos los demás autos sean estorbos para llegar a nuestro destino, olvidando que dentro de un auto va otro ego igual de grande.
Aceleramos, avanzamos en sentido contrario, apresuramos a los demás, maldecimos cuando hay más autos circulando y nos quejamos. Y nos quejamos más. Y seguimos quejándonos.
Por supuesto, esta conducta no es exclusiva del conductor. La podemos ver en todos los aspectos de la vida, cuando alguien se siente amenazado y cuando tiene un poco de dinero o poder.
El ego toma posesión de la inteligencia. Borra de tajo la educación, humildad, generosidad, ética, modales y hasta la conciencia de que hay más seres humanos en el planeta.
Una persona montada en su ego es una persona horrible que es víctima de su propia ira, avaricia y apegos; incapaz de ver las necesidades y lugar de los demás. Esto afecta, sin remedio, a quienes lo rodean.
¿No sería más fácil la vida si el ego se mantuviera bajo control? Sin duda alguna.
Pero no todos están dispuestos a entenderlo.
Creo que el mejor ejercicio para detectar cuando el ego ha tomado el control, es estar atentos a nuestras reacciones. Cuando nos enojamos, hacemos berrinche o actuamos por capricho, son los indicadores más claros de que dejamos la razón de lado.
Sobre todo, cuando pasamos por encima de los demás para satisfacer nuestras necesidades.
Actuar con la razón como estandarte y con generosidad como arma, es la mejor forma de derrotar a esa criatura llena de odio que es tu ego.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 20, 2012 | Budismo, Vida, Zen
Uno de los comportamientos humanos que más curiosidad me despierta, es el del robo.
No importa cuánto nos esforcemos, todos en algún momento de nuestra vida hemos robado algo. Robamos post-its o clips en la oficina, servilletas en un restaurante, dinero a nuestros padres, descargamos propiedad intelectual de la red, evadimos impuestos, usamos señal wi fi ajena, nos volamos* lo que sea con el pretexto de que somos más inteligentes… y lo peor es que nos justificamos creyendo que tenemos la razón.
Robamos. Esa es la cruda verdad. Lo hacemos todo el tiempo. Pero cuando nos llega a suceder y nos afecta, entonces sí nos parece algo antiético. Decimos que es violencia, que el crimen ha subido.
Cuando un político desaparece dinero o cuando una autoridad nos soborna, nos sentimos víctimas y clamamos por justicia y equidad.
El acto de robar es perturbador. Es irónico que robar roba tranquilidad para la víctima, y roba honestidad y honor para el culpable.
Todos sabemos que está mal y lo detestamos.
Pero, ¿porqué lo seguimos haciendo? Hay cientos de razones.
Seguimos usando lo ajeno porque muy en el fondo nos sentimos justificados. Si hay alguien que tiene más y mejores cosas que nosotros, en secreto lo odiamos.
Tomamos algo que no es nuestro porque ahí está. Porque hay oportunidad de no ser descubiertos.
En ocasiones es por pobreza extrema y porque hay una falta de oportunidades tajante, lo que obliga a alguien a tomar algo que realmente necesita.
Robar obedece a la avaricia, que es parte del Apego, uno de los Tres Venenos de la mente. Junto a la Ira y la Ignorancia, son los causantes de la infelicidad.
Como sea, el robo es real y hace que la sociedad se estanque, sin poder avanzar hacia una mejor cultura.
En el budismo, el segundo de los Cinco Preceptos dice:
Entreno para no tomar lo que no se me ha dado.
Habla sobre la la propiedad ajena y el derecho a la nuestra. Si algo no se nos ha dado libremente, no hay porqué robarlo ya sea en secreto, por fuerza, con engaños o fraude.
De la misma forma, aprendemos a no utilizar el dinero para comprar cosas que le pertenecen al público o a otras personas.
En un sentido más amplio, este precepto también significa que no tenemos que evadir nuestras responsabilidades. Si un día en la oficina somos negligentes con nuestro trabajo, entonces estamos robando tiempo que deberíamos pasar resolviendo nuestros pendientes.
Para detectar el robo es necesario poner atención a nuestro comportamiento y detenernos en seco antes de que suceda. Así nos damos tiempo para pensar en las consecuencias de lo que estamos por hacer.
Estas preguntas pueden ser de ayuda: ¿Perjudico a alguien? ¿Me sentiré bien si lo hago? ¿Me gustaría que me lo hicieran a mi?
No importa qué tan seductora sea la idea de tener cable gratis, robarlo a un vecino es inmoral y con seguridad tú de indignarías si fueras la víctima.
Practicar con este Segundo Precepto también incluye practicar la generosidad, que es una virtud que elimina el robo. Un practicante da al pobre y al enfermo porque entiende que ellos tienen necesidades más grandes.
Ser respetuoso de otras personas también es un rasgo de la generosidad.
Lo mismo aplica para atender las necesidades de nuestros padres, maestros y amigos. Ofrecer consejo y refugio a quien lo necesita.
Creo que si pudiéramos detener el acto de tomar lo ajeno, podríamos estar listos para una mejor humanidad.
¿Tú has robado algo? ¿Te sientes cómodo haciéndolo? ¿Cuál ha sido tu pretexto?
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*Volar: modismo mexicano para robar. «Me volé un libro» implica robo, pero justificado con inteligencia y humor. Apunta a una superioridad imaginaria del culpable. Lo sé, es muy lamentable.
Este es el segundo artículo de una serie sobre Los Cinco Preceptos. Para ver las entradas anteriores, clic aquí.