por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 17, 2012 | Budismo, Inspiración, Meditación, Vida, Zen
Para medir a un hombre sólo hay que darle un poco de dinero. Inmediatamente se comienza a mover.
La felicidad y la infelicidad no dependen únicamente del dinero. Si el balance de tu cuenta de ahorros fuera la medida de tu felicidad, todo sería muy simple. Y en realidad no lo es.
Sin dinero, las cosas se ponen difíciles. Sin embargo, deberías saber que hay cosas más importantes que el dinero. Constantemente piensas en sexo. Sin embargo, deberías saber que hay cosas más importantes que el sexo.
No vayas diciendo que necesitas acumular dinero para vivir. En este mundo puedes llevar una buena vida sin ahorros. Hasta los profesores eméritos están preocupados sólo en ganarse el pan del día.
Nada es más patético que alimentar tu ego con tu posición y salario.
«¡Trabaja, trabaja! Cuando trabajas obtienes dinero. Cuando tienes dinero, puedes relajarte y tener algo para comer.» Comparado con este pensamiento simplista, el marxismo es en verdad sofisticado.
Algunos piensan que son importantes porque tienen dinero. Otros piensan que son importantes porque creen comprender cómo funciona la vida. Pero no importa cuánto presumas ese saco de carne en el que vives, no dejarás de ser un demonio más. Porque todo eso que no te pertenece llena el universo completamente.
Cuando los pensamientos personales terminan, es cuando nace el buda-dharma.
En el mundo todo es ganar o perder, más o menos. Pero cuando meditamos, es sobre la nada. Meditar es bueno para nada.
Es por eso que zazen (meditar) es la más grandiosa e incluyente actividad que existe.
Dogen dice:
Las flores que enjoyan el cielo de mi corazón,
las ofrezco a los budas de los Tres Mundos.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 15, 2012 | Minimalismo
Después de mucho tiempo de considerarlo, por fin borré mi cuenta personal de Facebook.
Y tan pronto di el clic final sentí como un manto de paz cayó encima de mi. La red social por excelencia jamás me gustó, no la disfruté y sólo la mantenía para ser políticamente correcto con las personas que me habían agregado a lo largo de los años.
Intenté trabajar con ella para proyectos personales y para ponerme en contacto con la familia lejana. Entre más la usaba, más me daba cuenta del tiempo que se pierde ahí y de la redundancia de mensajes. Es la tierra de la no productividad.
También me percaté que poco a poco se convirtió en el nuevo MetroFlog, donde se publican imágenes con texto que pretenden ser protesta, chistes o un medio para cambiar al mundo. No lo logran en ningún caso.
Me resultó muy curioso cómo las cadenas de «si no pasas este mensaje, Dios te odiará», mutaron al nuevo medio para llenar a un más los timelines de basura.
No quiero ofender a nadie con lo que voy a decir, pero para un minimalista, Facebook es el reino de la información chatarra. Hay muy poco que realmente quiera leer. Cada vez que lo abría me inundaba un torrente inmenso de fotos de gatos y comida, mensajes sin contexto e imágenes como las mencionadas arriba.
Quizá esto es lo más significativo. Practicar el minimalismo implica tener la conciencia para detectar cuando ya ha sido demasiado de algo.
En los últimos días había bloqueado casi todos los mensajes de mis contactos y me quedé con los blogs que usualmente leo; y que de cualquier forma leo en su propio sitio.
Con todo esto no quiero decir que soy un neo-ermitaño y que viviré en una montaña. Todo lo contrario. Estoy en contacto con mis amigos y familia todo el tiempo. Es sólo que mis redes sociales principales son el correo electrónico y Google Plus. Son totalmente privados, sigo y me siguen personas cercanas y compartimos información de interés mutuo.
Mi otra red social es este blog, por supuesto. Los comentarios y los correos que recibo de todos ustedes son lo que me acerca y mantiene vivo al Chocobuda.
Por último, tengo que decir que no puedo decir adiós 100% a las redes sociales. La página de Facebook y la cuenta de Twitter siguen vivas, y son un buen medio para estar en contacto con lectores.
Al final de todo esto, creo que lo más importante de las redes sociales no son las fotos de gatos, sino las relaciones estrechas y sinceras con las personas.
Y esas se mantienen con el corazón y con cariño, no con un sitio web.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 13, 2012 | Budismo, Vida
La primera parte de este post está aquí.
Hace mucho tiempo había un niño que se enojaba con mucha facilidad. Su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que sintiera ira, clavara un clavo en la cerca de madera.
El primer día el niño pegó 37 clavos. Pero con el paso del tiempo el número de clavos iba disminuyendo. Descubrió que era mucho más fácil aguantar su mal temperamento, que introducir clavos en la madera.
Llegó el momento en el que el niño no se volvió a enojar. Con orgullo le dijo a su padre, quien le pidió ahora que por cada día que no se enojara, sacara un clavo de la cerca.
Las semanas pasaron hasta que el chico pudo decir a su padre que ya no quedaba ningún clavo.
El padre lo tomó de la mano y lo llevó a la cerca.
-Lo has hecho muy bien, hijo. Pero ahora mira todos eso hoyos la cerca. Ya nunca será la misma. Cuando dices palabras con ira, dejan cicatrices justo como estas. Puedes encajar un cuchillo a un hombre y sacarlo, pero no importa cuántas veces pidas perdón, la herida seguirá ahí.
Este pequeño relato budista sirve como marco para hablar hoy de cómo controlar el enojo.
Es importante remarcar la palabra controlar. En ningún momento estoy diciendo eliminar. Somos humanos y el enojo llegará. Es parte de nosotros.
Pero hay una diferencia muy grande entre sólo sentir ira, que aferrarse a ella.
Para poder soltarla hay que hacer un trabajo consciente de tiempo completo. No es fácil, pero sí es posible.
A continuación algunas sugerencias:
1. Admite que estás enojado
Puede que suene tonto, pero muchas veces decimos que no estamos enojados cuando por dentro somos un volcán en erupción. Justo porque estar enojado es incómodo e incluso llega a doler físicamente (gastritis, jaqueca), evitamos decir que la ira tomó posesión de nosotros.
No es un secreto que es virtualmente imposible controlar algo que negamos.
Para evitar esto hay que estar conscientes de nuestras emociones. Cuando un sentimiento de ira surja, no hay que suprimirlo ni negarlo. Hay que observarlo y aceptarlo por completo. Decir con honestidad estoy enojado, es lo correcto.
2. Enojarte es TU responsabilidad y de nadie más
Lo más fácil del mundo es no hacernos responsables de nuestras emociones. No tienes idea cuántas veces he escuchado la frase él/ella me hizo enojar, y la verdad es que me impresiona cuántos de nosotros estamos dispuestos a no entender que somos 100% responsables de nuestras emociones.
Tú eres quien decide estar feliz, triste o enojado.
Puede que en el camino encuentres personas que actúan como a ti no te conviene o con malicia, pero ellos son como son.
Es muy importante dejar claro que la ira es creada por tu propia mente. Sin embargo, tenemos que contemplar la ira para entender su origen. La ira nos reta a ver dentro de nosotros. La mayoría del tiempo la ira surge como auto defensa. Nace de miedos no resueltos o cuando el ego es grande.
En tus manos está simplemente aceptar a las personas como son y moverte hacia adelante.
3.La ira es auto indulgente
La ira es como aquella compañera de escuela: desagradable, pero seductora. Cuando estamos enojados es irresistible buscar la culpa en otras personas. Con ello protegemos nuestra ira y la alimentamos.
El budismo nos enseña que la ira nunca está justificada. Nuestra práctica es para cultivar el amor incondicional a todos los seres vivos y estar libres de apegos. Y la frase todos los seres vivos incluye a quien golpeó tu auto a la salida del estacionamiento, al compañero de trabajo que inventa rumores y a tu primo traicionero.
Es por esto que cuando estamos enojados debemos ser extremadamente cuidadosos en entender que nuestra ira puede lastimar a otros.
También debemos asegurarnos de entender que la ira es pasajera y no hay que aferrarse a ella. Nuestro ego no es tan importante.
4. Cómo dejar ir la ira
OK, ya aceptaste la ira. Ya sabes que está ahí. También detectaste la causa real. Pero aun así sigues enojado. ¿Qué sigue?
La paciencia.
Ser paciente no sólo significa aguantar a que el dentista te atienda. Significa saber entender el valor del tiempo y saber esperar cuando es necesario.
En realidad practicar la paciencia es:
- Tomar el tiempo para hablar hasta cuando estemos seguros de que no causaremos daño.
- Esperar para no afectar la realidad con nuestro bagaje interno (cucarachas mentales, pues).
- Aguardar para que la otra persona pueda hablar, sin que la atropellemos con nuestra agresión.
- Usar el cerebro para no sobre actuar nuestras reacciones.
5. No alimentes la ira
Sé que es muy difícil estar en calma cuando el tsunami de emociones está causando una revolución por adentro. La ira nos llena de esa energía nuclear que nos mueve a hacer algo, lo que sea para sacar la furia.
Cerramos los puños y golpeamos la mesa. Rompemos revistas. Azotamos la puerta. Y peor aun, llegamos a golpear gente.
En nuestra pequeña mente ilusa creemos que sacamos el enojo así, pero es todo lo contrario.
Cuando expresas la ira con violencia física o verbal, sólo la estás alimentando aun más. Agregas carbón al fuego. Y de pronto esta se hará mucho más grande que tú.
La medicina para la ira es practicar la compasión.
6. Medita
Meditar te da la capacidad de desarrollar tu paciencia a niveles que no imaginaste posible. También te ayuda a poder dejar ir las cosas a tiempo, antes que te causen daño.
Con la práctica, la compasión llega sola. Es un proceso del que hablaré en futuros artículos.
Por el momento nunca me cansaré de decirlo: siéntate y medita.
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Yo sé que la ira depende de muchos factores y que hay ocasiones en que la ofensa puede ser grande que simplemente la ira es una fuerza de la naturaleza difícil de controlar.
Pero nosotros, nuestra mente, es mucho más poderosa.
Cuando te enojas te conviertes en una persona fea, a la que todo mundo huye.
¿Tienes algún remedio para la ira?
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 7, 2012 | Editorial
Esta semana hace 5 años comencé un pequeño blog en Blogger. Hablaría sobre mis aventuras personales en budismo y narraría mi camino y aprendizaje en este fascinante campo.
Con el nombre de Mi Blog Zen, comencé a escribir textos que sólo significaban algo para mi: lo que pensaba del Buda, las Cuatro Nobles Verdades, mis experiencias meditando y mi camino hacia una vida minimalista.
Después de unas 2 semanas de escribir tuve curiosidad de ver estadísticas y me sorprendí que que 10 personas estaban leyendo de forma recurrente.
Al principio no le tomé atención a los visitantes, pero con el paso de los meses me di cuenta que los números crecían. Habilité los comentarios y mi sorpresa fue enorme al ver que comenzaba a haber interacción.
Poco a poco mi camino budista se fue definiendo y yo seguí escribiendo. Los lectores se convirtieron en amigos y los amigos en familia.
Muchas aguas han corrido bajo este puente. He crecido, he cambiado, pero a la vez sigo siendo el mismo. Este insignificante bloguero budista sigue siendo un insignificante bloguero budista.
He soltado cosas que no necesitaba y veo la vida con otros ojos.
Ahora observo y guardo silencio.
Mi corazón sólo tiene agradecimiento y humildad para ti, querida amiga y amigo.
Chocobuda es lo que es gracias a ti.
Felicidades por cinco años de aguantar mis tontas palabras.
Gassho,
Kyonin
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 1, 2012 | Inspiración, Vida, Zen
Desde que tengo memoria he evitado pensarme como alguien espiritual, debido a toda esta niebla mágica que la sociedad le ha puesto encima al concepto. Siendo yo escéptico de todo lo imaginario y las filosofías basadas en pseudociencia, me he resistido a entrar en este estereotipo.
Por lo regular se piensa en la espiritualidad como un factor que nos conecta con la divinidad, nos hace creer en magia, brujería, pirámides, runas, adivinación, ángeles y demás entidades fantásticas.
Y por desgracia toda esta basura new age ha tocado al budismo y a la meditación, de tal forma que hay quien asegura que el Buda es una especie de ser mágico o dios que cuida a su fiel rebaño.
Sería fácil pensar que ser espiritual es creer en todo lo new age y lo imaginario.
Pero no. Espirtualidad es algo totalmente distinto.
La espiritualidad es la búsqueda constante e interminable para encontrar el camino interno que nos lleve a la esencia de nuestro ser, al encuentro de los valores que le dan sentido a la vida.
Procurar ser espiritual es identificar nuestros fantasmas y demonios, el cimiento de nuestro ego; para entonces comenzar a desmantelarlo día a día por medio del entrenamiento y la práctica.
Ser espiritual significa hallar la conexión nata con el universo y comprender nuestro lugar en él. Así podemos observar nuestra insignificancia, pero a la vez experimentamos la grandeza de estar vivos aquí y ahora.
Se es espiritual con actos de bondad y teniendo compasión por todos los seres vivos en el universo.
Y todo esto se logra con una sola herramienta: el poder puro y crudo de la mente humana.
Poniendo estas ideas sobre la mesa… ¿eres espiritual?
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Si quieres explorar estos conceptos, acompáñame en el próximo taller de espiritualidad para hombres y mujeres guerreras. Información aquí.