por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 23, 2010 | Minimalismo, Vida
Uno de los conceptos que más escucharás aquí es que el caos y el desorden se reflejan en cómo funciona tu mente.
Entre más desordenado esté tu entorno, más desordenada estará tu mente y tu forma de poner en orden tus propias ideas.
Sin embargo, por el estrés de la vida cotidiana, las ideas que flotan en nuestra cabeza se amontonan y se arremolinan y todas piden ser atendidas al mismo tiempo. Esto genera mucha angustia y hasta dificultades para dormir.
Así que no desesperes porque hay varias formas de terminar con esto. Hoy nos enfocaremos a la más sencilla y gratuita: caminar y respirar profundo.
A pesar de que suena a clichè, caminar te da la solución más inmediata para romper con el ciclo de la angustia generado por el exceso de procesos mentales que nos genera el estrés.
Recuerda que en la vida siempre hay problemas. Los tuvieron los dinosaurios, las personas de la edad media y nosotros.
El planeta en el que vivimos es el ejemplo más grande de paciencia y de darle su debido tiempo a los problemas. La Tierra nunca se apresuró para cumplir las cosas. Se tomó su debido tiempo y sigue trabajando.
Si te apresuras demasiado en solucionar problemas, vas a tener un margen de error. Y los errores por distracción o prisa son los más molestos.
Los problemas se resuelven contigo o sin ti así que, a menos que sea algo que requiera de tu atención en los próximos 5 minutos, haz una pausa y sal a caminar. Si no es la hora adecuada o estás en una zona poco segura, sal un poco al aire libre.
Mientras caminas respira profundo. Piensa en todas las cosas que tienes que hacer y dales un número de ficha. Por ejemplo, si tienes que entregar con urgencia un reporte, dale el número 1. El 2 se lo das a la llamada que tienes que hacer. El 3 se lo asignas al problema con tu pareja.
Después de 5 o 10 minutos de caminar con buen paso y respiración adecuada, las ideas se acomodarán solas. También habrás roto el ciclo del estrés y tendrás un poco de calma para continuar.
Recuerda que todos tenemos mucho sucediendo en la mente. Pero también ten en cuenta que los problemas siempre se resuelven sin importar la urgencia. Contigo o sin ti.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 19, 2010 | Minimalismo, Vida
En estos momentos de mi vida soy fan de todo lo que implique hacer la existencia mucho más sencilla. El bombardeo de publicidad al que somos sometidos cada minuto del día es abrumador. Por todos lados nos llegan señales de que TENEMOS que comprar x artículo o servicio para ser felices.
El tener demasiadas cosas implica muchos puntos oscuros y los he experimentado uno a uno, de carne propia. Por ejemplo:
- Más pertenencias implica más trabajo. Hay que limpiar, cuidar, pagar, ordenar, almacenar, catalogar más.
- Entre más cosas tienes, más saturado se ve tu hogar o espacio de trabajo. Aunque no lo notemos, esto genera estrés.
- Si es necesario mudarte de casa, el tener muchas cosas implica más cajas que vas a acarrear de un lado a otro.
- Más chunches implica más apego. La mayoría de nosotros guardamos cosas debido a la carga emocional que les damos, no a su utilidad.
- Estar preocupado por tener más, nos distrae de lo que vale la pena: disfrutar las experiencias, no las poseciones.
En nuestro estilo de vida impuesto por la mercadotecnia, el almacenar cosas nos hace sentir bien. Nos da una felicidad temporal que es reemplazada por el nuevo objeto que llega. Se acaba la felicidad y compramos el siguiente objeto. Y es una cadena interminable.
En el blog Zen Habits hay un artículo que me hizo pensar mucho en lo que almaceno. Se llama Diversión minimalista, el reto de las 100 cosas. Y es la búsqueda personal del autor por tener menos.
Y es justo lo que busco. Sencillez y sólo vivir mis pasiones, como escribir este blog o El Webonauta. No necesito 20,000 libros almacenados o 200 prendas de ropa para escribir. Tampoco necesito 10,000 cómics guardados en cajas para estar en un parque caminando de la mano con quien amo. De igual forma, no requiero el tener guardadas 2 millones de canciones para poder sentarme en el cine a disfrutar una película.
Además, el almacenar cosas me hace preguntar: ¿Cuántos libros puedes leer al mismo tiempo? ¿Cuántas playeras puedo usar en un día? ¿Cuántas canciones necesito portar conmigo, cuando sólo puedo escuchar una a la vez? La respuesta es: uno.
Por estas razones, le voy a entrar al reto de las 100 cosas. La idea es que únicamente poseamos 100 artículos de lo que sea.
Este reto tiene algunas reglas, claro. No se consideran artículos de uso común en la casa, como la tele, artículos de cocina o muebles. Sólo es para cosas personales.
Y es lo que voy a hacer. Primero haré un inventario de lo que tengo y luego iré desprendiéndome de lo que no necesito hasta llegar a 100 o menos.
Me quedaré con lo mínimo indispensable y les reportaré qué tal me va.
Ahora yo les pregunto: ¿Podrían vivir con sólo 100 cosas?
LINK a Diario de un Webonauta
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 18, 2010 | Budismo, Minimalismo
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Como hemos visto en posts anteriores, el budismo no es una religión. Se mide como religión debido a la cantidad de seguidores, pero en realidad es una serie de conceptos que nos ayudan a ver la vida de una manera mucho más agradable y sin complicaciones.
Con este objetivo, les resumo las Cuatro Nobles Verdades, que fueron la primera enseñanza del Buddha cuando alcanzó su estado de tranquilidad o nibbana. Estas son los pilares del budismo, pero de ninguna forma significa que las puedas aplicar a tu vida cotidiana si eres de otra forma de pensar.
Les recomiendo que lean este post con detenimiento y traten de relacionarlo a su vida y todo lo que han pasado para llegar a este momento. Ha habido muchas satisfacciones, pero también dolor. Y mucho. Este dolor mental y emocional siempre tiene una razón que se puede entender y atacar.
Esa es la razón de ser de las Cuatro Nobles Verdades.
Primera Noble Verdad: La vida incluye el sufrimiento.
Todos hemos pasado por situaciones frustrantes y dolorosas. De hecho, una buena parte han sido experiencias que nos hacen sentir miserables y nos parece que todo el dolor del universo está puesto en nuestros hombros. Nos preguntamos porqué nos tocó a nosotros sufrir esto, nos conmiseramos y casi siempre generamos una resistencia y apatía contra las personas que nos hicieron daño. Buscamos venganza.
Lo que no vemos es que no somos los únicos que sienten dolor. Todas las personas del mundo sufrimos emocionalmente y nos hacemos la vida de cuadritos porque X situación no sale justo como la imaginábamos.
Nacer, crecer, amar, comer y todos los verbos que pongan aquí resultan en dolor en algún punto. Esto es porque la vida incluye el dolor emocional y todos los seres humanos lo experimentamos.
Segunda Noble Verdad: El sufrimiento tiene una causa
Hay muchas clases de sufrimiento. Si nos duele la cabeza o tenemos gripe, es dolor físico y no lo controlamos; simplemente sucede porque tenemos un cuerpo.
Pero los humanos nos caracterizamos por crearnos situaciones que nos hacen sufrir. ¿Recuerdas que cuando eras adolescente sufrías por todo? Cuando no te daban permiso, cuando esa persona que te gustaba no te hacía caso, cuando tus amigos no te invitaban, cuando no podías comprarte un disco. Toda la experiencia de la adolescencia produce sufrimiento.
Y tu vida adulta no es diferente. Ahora sufres porque no te alcanza para una casa enorme, porque quieres un mejor auto, porque tienes un trabajo miserable (y yo levanto la mano aquí), porque las cosas no salieron como quieres, porque comiste mucho y ya no te queda tu ropa.
Tus apegos, positivos o negativos, son la causa del sufrimiento emocional.
Tercera Noble Verdad: El sufrimiento siempre termina
Una realidad es que nada es para siempre. No importa qué tan perfecto esté tu fin de semana en la playa, sabes que el lunes tienes que estar temprano para trabajar.
Si estás en la fiesta más divertida de tu vida, sabes que durará sólo un poco más y luego tendrás que ir a casa a dormir.
El sufrimiento se comporta igual: siempre se acaba.
El problema con el sufrimiento, y como con todas las emociones negativas, es que es muy poderoso. Una hora de sufrimiento puro borra de nuestra memoria 10 años de felicidad. Hay situaciones en las que parece que todo el mundo se viene abajo, hay desolación en nuestros corazones y todo indica que así será el resto de nuestras vidas.
Pero al final, contigo o sin ti, el sufrimiento termina. Siempre.
Cuarta Noble Verdad: Existe un camino para terminar con el sufrimiento
Si somos inteligentes y comprendemos que mentir, robar, matar, beber alcohol o desvelarse traen consecuencias, dejamos de hacerlo. Terminamos con una conducta que nos hace daño.
De la misma manera, el sufrimiento es igual. Se puede acabar o, al menos, aminorar si somos inteligentes y si de verdad nos dedicamos a ello.
Vivir en calma y paz es invaluable, aun a pesar de nosotros mismos.
Como les dije al principio, estos cuatro factores que marcan nuestras vidas no aplican al budismo. Son verdades universales que están en la vida de cualquier persona.
Traten de ver ejemplos prácticos en sus propias vidas y verán que todo esto está vigente y se aplica a la perfección.
Las Cuatro Nobles Verdades son la base del budismo y cuando las comprendes, ves la vida con otros ojos; la carga emocional que oprime el corazón se hace mucho más ligera. Las veremos una a una con ejemplos prácticos en artículos futuros.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 14, 2010 | Minimalismo, Vida
Llamado de la Comadreja: (Pull of the Weasel) Es la voz de esa pequeña comadreja que todos llevamos dentro, que nos lleva a hacer las cosas aun sabiendo que estamos mal y que sufriremos las consecuencias.
Uno de mis héroes intelectuales es Penn Jillette. Es actor, ilusionista, escritor, músico, pensador y escéptico enemigo hasta la muerte de basura que esté fuera de la razón y nuble la mente; como las religiones, new age y conspiraciones.
En su muy extrañado programa de radio, Penn Radio, él acuñó el término Pull o Call of the Weasel, y en sus propias palabras significa: «Sabes que algo está mal, pero en algún lugar de tus entrañas, una pequeña comadreja te dice que lo hagas».
En el show, esto se prestaba para todo tipo de historias muy graciosas que los escuchas reportaban por teléfono. Pero lejos del humor y pensando un poco más, todos somos atacados por la comadreja diariamente.
Cuando mentimos, manipulamos a las personas, cuando no hacemos las cosas en el momento, al no tomar un problema de frente; sabemos perfecto que estas acciones serán contraproducentes y deberíamos hacer lo posible para resolver la situación, pero obedecemos a esta maléfica sabandija y nos vamos por el lado oscuro.
Yo no soy un santo, ni un buddha, ni nada que se le parezca. Oh, no. La comadreja me acompaña todo el día y es mi lucha constante no hacerle caso y seguir con mi vida, por el camino que me ayude más. Para ilustrar todo este tema, expongo algunas llamadas comadréjicas personales, que creo que son ejemplos universales:
- Comida. Por supuesto que la báscula se da cuenta si como de más. Mi ropa también. Pero siempre pienso: ya mero me pongo a dieta, así que un poco más no hace daño. Es más, hay veces que ni lo pienso; simplemente me como esos nachos o pizza y ya.
- Ejercicio. Soy artista marcial de toda la vida, pero de algún tiempo para acá me vi obligado a dejar mi amado aikido. Sé que, al menos, debería ponerme a correr y que me va a beneficiar… pero no lo hago.
- Meditar. 20 minutos de meditación al día cambian tu perspectiva. Te calman y te centran. Te hacen tomar las cosas como son y sin la basura que nuestra mente crea. Me conviene y me gusta. Pero no lo hago con la frecuencia que debería.
- Llamar a mis padres. Me quieren y me extrañan y sé que les gusta escucharme. Pero siempre me hago menso y trato de no llamarles lo más posible.
Estos son tan sólo unos pocos ejemplos de lo que la comadreja hace conmigo todo el tiempo, pero hay algo que tengo que exponer:
La comadreja somos nosotros mismos, saboteándonos.
Echarle la culpa a un pobre mamífero imaginario es muy gracioso, pero es un intento por no tomar la responsabilidad de lo que hacemos.
Si tuviste una aventura a escondidas de tu pareja, no, no fue la tentación, ni culpa del alcohol, ni la oscuridad de la noche, ni el diablo. Fuiste tú y nadie más quien se puso en esa situación.
Si engordaste 10 kilos en diciembre, no fueron las fiestas decembrinas, ni que la tía Chayo es muy generosa con la comida. Fuiste tú por querer comer de más y ser indulgente con las cosas que SABES te hacen daño.
Si tienes que recurrir a medidas de emergencia porque no controlas tu bebida, no estás enfermo. Tú mismo te pusiste en esa situación.
En nuestra cultura latinoamericana tenemos la tonta costumbre de siempre culpar o agradecer a un ser supremo por las cosas que suceden. Se nos enseña a decir: gracias a Dios, todo salió bien. Esto significa que nos libramos de toda responsabilidad.
Llevar una vida sencilla implica librarnos de todo lo que no necesitamos para vivir. Uno de esos factores que nos estorban es el la llamada de la comadreja.
Ahora que ya sabemos que la llamada de la comadreja está ahí siempre, podemos localizarla y reconocer cuando no queremos hacernos responsables de las cosas.
Y ese es nuestro reto diario.
Nota budista: El luchar contra el llamado de la comadreja obedece al Camino Óctuple, que es la vía hacia el nibbana (tranquilidad, felicidad total). En el futuro cercano tendremos más al respecto en Choco Buddha.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 9, 2010 | Budismo, Vida
No esperes nada, pero prepárate para todo.
Adagio samurai.
Tener el corazón roto debido a la desilusión es una de las experiencias más duras de la vida.
Desde niños se nos educa para que siempre esperemos algo bueno de la vida. Como por ejemplo ese día donde esperabas con toda la emoción del mundo que llegara el fin de semana porque te habían dicho que te llevarían al parque. Al final tus papás se percataban que tenían que ir a ver a alguien o simplemente estaban cansados y cancelaban el fin de semana. El resultado era un día aburrido, frustrante y muy poco inspirador. En suma, te provocaba desilusión.
Piensa también en la adolescencia, que es cuando más sufrimos. ¿Cuántas veces no esperabas que tus amigos te invitaran a una fiesta? ¿O que te dieran permiso para ir a una excursión de la escuela? ¿Qué tal la cita que querías con esa persona que te gustaba y que te dijo que no? Todo esto te llevó, irrevocablemente, a sufrir.
Casi todo el sufrimiento mental y emocional del hombre está dado en torno a los apegos. En el caso de la desilusión, esta se da cuando no obtenemos el resultado que nuestra imaginación fabricó.
Nuestra mente es una línea de producción de ideas que hace su trabajo muy bien. Entre muchas otras funciones, tiene como objetivo construir imaginaciones del futuro, realidades que «podrían pasar» si se cumplen requisitos ideales.
Es como cuando compras un boleto de lotería (admítelo, alguna vez haz comprado un Melate o un cachito). Cuando guardas este pedazo de papel en la cartera o bolsa, de inmediato tu mente comienza a crear un futuro alterno:
«Si me gano el premio voy a viajar por todas partes sin preocuparme. Pero antes voy a comprarle una casa a mi mamá y a mis hermanos. Pero necesitarán espacio para sus autos, que tienen que ser Audi al menos… «
Esta idea de lo que está por venir, como todas las que creamos, es muy atractiva, nos seduce. Y casi siempre nos aferramos a estos sueños de humo y terminamos desilusionados.
Este sufrimiento se da porque nos aferramos a la idea de lo que puede ser. Esperamos demasiado de la vida en un claro movimiento de egoísmo: queremos que el universo funcione para satisfacer nuestras necesidades.
Pero el universo está muy ocupado siendo él mismo. 🙂
Como mencioné al principio, la desilusión es parte de la vida y siempre nos va a acompañar porque siempre vamos a crear futuros ideales en nuestra mente. Entonces, ¿qué hacer para reducir los daños y salir lo menos raspado posible?
- Controla la fantasía. El conocer a una persona que nos gusta no va a hacer que se enamore de nosotros de forma instantánea. No nos vamos a sacar el Melate y no, no vamos a bajar de peso con el método de la revista. Estar conscientes de cuando la mente fabrica realidades alternas en situaciones que no controlas, es la mejor herramienta.
- Sé generoso. La desilusión viene porque el universo no nos da lo que queremos en el momento preciso. Ser generoso siempre ayuda porque en lugar de querer todo hacia nosotros, damos un poco a alguien. Puedes dar tiempo, trabajo, escuchar a alguien… no tiene que ser monetario. Al final de cuentas, una persona generosa siempre está rodeada de cosas buenas.
- Erradica las expectativas. La gente, el clima, el tráfico y todo el universo no están para servir a tus propósitos personales. Sé como los samurai: No esperes nada, pero prepárate para todo.
- Si las cosas no salen como las imaginaste, no te aferres. Si no pudiste evitar que la imaginación creara una fantasía, recuerda que nadie mas que tú la inventó. Cuando las cosas no salen como esperas, siempre ayuda no aferrarse a la fantasía de «lo que pudo ser».
Estas cuatro medicinas me han funcionado, pero estoy seguro de que no son las únicas. ¿Sabes de alguna otra que pudiera funcionar?