por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 26, 2017 | Budismo, General, Zen

Foto: BBC
Esta es la historia del monje avaro.
Hace muchos años en China había un pueblo a las faldas de una montaña. En la montaña estaba un monasterio budista donde vivía un monje muy avaro. Cada que había un donativo al templo o llegaba dinero para los monjes, él era el primero en la fila.
Oficiaba ceremonias y servicios solo para seguir almacenando riqueza. ¡Decían que con lo que tenía podía comprarse la casa más lujosa del pueblo!
Tenía tanto deseo por el dinero que parecía que solo eso le daba alegría. Nunca gastaba en nada, ni siquiera para él mismo. Sus ropas eran viejas y rotas, a pesar de que todos sabían de sus ahorros.
—Ahí va el monje avaro en sus ropas raídas— se escuchaba decir a la gente del pueblo. —Es tan tacaño que ni siquiera se compra algo para él mismo.
Entonces llegó la temporada de lluvias antes del invierno. Un día comenzó a llover sin cesar por varias semanas. El pequeño pueblo fue arrasado por las aguas. Las casas quedaron destruidas, los sembradíos se inundaron y el ganado murió ahogado.
El invierno llegó y los aldeanos no tenían casa o alimento para sobrevivir a la estación. Reinaba la tristeza y desesperación.
Una mañana el pueblo despertó con la sorpresa de que la plaza central estaba llena de carretas. Al inspeccionarlas de cerca, los aldeanos vieron que estaban repletas de sacos de arroz y frijoles, cobertores, ropa y hierbas medicinales. ¡También habían yuntas, arados, azadones y cuatro fuertes bueyes para trabajar la tierra!
Justo en medio de las carretas estaba el monje avaro con sus ropas apestosas, meditando en silencio. Inmóvil.
El alcalde del pueblo se acercó a él y le preguntó de dónde había venido todo esto.
—Soy un monje Chan (Zen)— dijo discretamente. —Hace muchos años, durante mi meditación, vi el futuro de este pueblo. Pude ver y sentir que el desastre vendría. Desde entonces me dediqué a ahorrar todo lo que pude para este día.
El monje sonrió y entregó al alcalde el dinero que aún le restaba. Se despidió con una sonrisa y se alejó entonando un sutra.
Cuando los aldeanos vieron esto se sintieron avergonzados por haber tratado y pensado mal del monje.
—¡Qué gran bodhisattva!— comenzaron a gritar.
Esta es la historia del monje avaro.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 18, 2017 | Editorial
Por causas ajenas a mi, el grupo de meditación de los miércoles en Guadalajara está suspendido hasta nuevo aviso.
Gracias 🙂
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 10, 2017 | Budismo, Poema, Zen

Matsuo Basho (Japón, 1644–1694)es uno de los poetas zen más importantes de la historia. Sus textos siguen vigentes y hermosos, no importa a qué idioma sean traducidos.
Atraviesan el tiempo, tejiendo un instante de la realidad con la belleza de la palabra.
Hoy me siento agradecido por tener la oportunidad de leerlo.
Las campanas del templo callan.
Quedan los fragantes capullos.
¡Tarde perfecta!
–
Un monje bebe su té matutino,
hay silencio,
el crisantemo florece.
–
Primer día de primavera
Sigo pensando en
el final del otoño.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 6, 2017 | Budismo, General, Meditación, Vida

El universo y mercado de la autoestima es un campo minado donde un paso en falso podría causar daños severos a quien busca mejorar su vida. Existen libros y conferencias por autores dedicados vendernos la idea de que somos ganadores y que el mundo es nuestro, sin importar nada o cómo se logre.
Hay quien dice que con tan solo repetir una afirmación por unos 30 días, la balanza cambiará a nuestro favor porque (supuestamente) se construyen partes de la mente que no existen en alguien que se odia.
Para el budismo todo es diferente. De hecho, el término «autoestima» ni siquiera aparece en las escrituras clásicas. Esto es porque en el dharma sabemos que todos los seres vivos somos buenos por naturaleza. Todos somos budas. Es nuestra verdadera esencia, pero ha sido cubierta por la sociedad de consumo y la presión social. Este sistema nos envuelve en un manto de negatividad y de creencias dañinas sobre nosotros mismos.
Por ello no creemos que sea necesario recitar miles de afirmaciones positivas todos los días. Es mucho más sencillo.
En el budismo sabemos que el lenguaje y las palabras tienen un poder inmenso sobre el comportamiento y la manera de pensar. Así que una manera certera de arreglar la autoestima es dejar de decirnos cosas horribles a nosotros mismos. No se trata de hablarnos con palabras lindas. Solo hay que detener el discurso que nos causa daño.
¿Cómo lograrlo? Cada vez que detectes que estás dicéndote algo que lastime o te haga sentir mal, has paro total y cambia tu atención a cualquier cosa. Puede ser el clima, la pared, las personas que te rodean, el aire… ¡lo que sea! Si la atención la canalizas a ayudar o a ser amable con alguien más, mucho mejor.
Con la práctica, las palabras destructivas comenzarán a ser menos y respirarás más tranquilo. Esta pequeña técnica funciona porque, entre otras cosas, dejas de pensar tanto en ti.
¿Cómo sentirme mejor conmigo?
El Buda dijo: tú mereces tanto amor como cualquier otro ser del universo.
No importa cuántos insultos te digas, eso no cambia el hecho de que eres un buda, eres buena persona en el interior y que mereces ser querido.
Este ejercicio de meditación metta (amor incondicional) ha ayudado a muchos de mis alumnos y a mi mismo. Creo que también te podría ser útil:
- Aparta unos minutos de tu día para que estés en tranquilidad, sin teléfono o distracciones.
- Cierra tus ojos.
- Respira profundo varias veces y regresa a tu respiración normal.
- Visualiza que estás en una sala de cine, mirando la proyección.
- En la película apareces tú. Te miras, ves cómo hablas y te comportas.
- Pones pausa a la proyección en un cuadro en el que estés sonriendo.
- Desde lo más profundo de tu corazón, genera luz y calor para esa persona en la pantalla.
- Y en tu mente di: Que estés bien y en calma. Que no te falte nada y tengas salud. Mereces amor, como todos los seres que te rodean. Soy un buda, como todos los demás.
- Dibuja una sonrisa grande en tu cara por unos 2 minutos. No importa que no la «sientas». El cerebro sabrá que es hora de producir endorfinas.
- Respira profundo.
- Abre tus ojos.
Hay muchas clases de meditaciones metta. Esta es muy simple y la puedes hacer en cualquier momento de tu día.
No es una afirmación optimista vacía. Es una práctica que funciona porque por primera vez entendemos nuestra verdadera naturaleza.
Podría ser una experiencia transformadora.
Si quieres saber más de estos métodos y técnicas, te invito a Hikari, el taller de autoestima de Chocobuda.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 3, 2017 | Budismo, Generosidad, Gratitud, Inspiración, Vida

«Entondes, monjes, debemos entrenarnos así: desarrollaremos y cultivaremos la liberación de la mente con amor gentil (metta). Que sea nuestro vehículo, nuestra base y estabilidad. Hay que vivir en él y llegar a perfeccionarlo.» —El Buda, Samyutta Nikaya
Existe un idioma que va mucho más allá de las palabras, los textos y las redes sociales. Trasciende religiones, culturas y especies. Es un idioma perfecto, simple y que todos los seres vivos compartimos. Cuando nos expresamos a través de esta lengua nos sentimos plenos y, aunque no sepamos a ciencia cierta qué es lo que pasa, la felicidad nos llena el corazón.
Este idioma que no se enseña en ninguna academia y ninguna universidad lo tiene en su curriculum, se llama amabilidad. Tiene otros nombres como gentileza o ternura. En el budismo lo conocemos como metta, amor gentil, amor compasivo o amor perfecto.
Todos los seres vivos somos capaces de comunicarnos por medio de la amabilidad porque cuando tratamos bien a los demás, estamos afirmando la vida misma. Creamos condiciones para que todos los organismos prosperen y nos hace sentir muy bien.
Ser amables es salir de nuestro ego, aunque sea por 1 segundo, para pensar en el bienestar de los demás.
Ceder el paso, acariciar un animal, cuidar las cosas ajenas, sonreír… son estas acciones que parecen insignificantes, las que mantienen el equilibrio del universo.
Escribo esto porque este insignificante video está lleno de dharma:
Esta amiguita se llama Princess BB y con mucho placer recibe un masaje con hisopos. Tiene una comunicación con su humano que rompe la barrera entre especies y ambos se benefician de éste diálogo. Con amabilidad ella recibe cariño y la persona recibe cariño de regreso.
Cuando tratamos bien a los demás creamos relaciones y puentes tan fuertes que jamás son olvidados. Al mismo tiempo nos volvemos conscientes de cómo nos tratamos a nosotros mismos al procurar nuestro bienestar.
Por supuesto que en la sociedad humana hemos dejado de lado la amabilidad, y el costo ha sido inmenso. Los políticos, por ejemplo, la han erradicado de su corazón y generan caos y odio en todas las naciones.
Al luchar en contra de ellos, los ciudadanos también la borramos. Lo único que se genera a raíz de ello, son tensiones y más odio.
Cuando queremos ganar de todas todas, cuando dejamos que la avaricia nos domine, al permitir que la pasión tome el control del ser, estamos haciendo de lado a la amabilidad. Y así es como las cosas jamás funcionan, nacen las divisiones y los pleitos por la superioridad.
En cambio, al tomarnos el tiempo de hacer algo por los demás, la vida florece. Los corazones y las mentes se unen bajo un solo banderín y nace la colaboración.
La amabilidad es perfecta. Funciona. Nos llena de alegría.
¿Por qué no comenzar en este mismo momento haciendo algo lindo por alguien más (tú mismo incluido)?