El Dharani de la Gran Compasión. Dai Hi Shin Dharani

El Dharani de la Gran Compasión. Dai Hi Shin Dharani

La práctica Zen es la aceptación radical de la vida como es. Eso lo podemos ver en muchos libros y material de estudio de nuestra filosofía. Practicamos con un corazón abierto, pero a veces las situaciones de la vida nos confunden porque hay muchas cosas sucediendo.

Este dharani es para devolver la atención a donde debe estar y recordarnos que debemos regresar a nuestra base de Shikantaza, abrir la mente, bajar el ego y entender que siempre es momento de conectar con la belleza profunda de la práctica. Esa belleza suave e imperceptible es la compasión.

A veces olvidamos que debemos actuar con compasión para nosotros y para los demás. También en ocasiones dejamos de ver que los demás conectan y actúan con nosotros con base en compasión. Esto es el cimiento de todo lo que hacemos en el Soto Zen. 

El Dai Hi Shin Dharani  se recita justo para eso. Para soltar, conectar y entender cosas que el intelecto no puede ver.

El lenguaje del corazón: ¿Qué es un dharani?

En Grupo Zen Ry?kan hacemos Shikantaza como pilar de nuestra práctica. Aunque recitamos dharanis como el Ushnisha Vijaya Dharani Sutra en nuestra ceremonia de año nuevo, no hemos hablado mucho de lo que significan. 

Antes de entrar en la historia del dharani que les presento hoy, hay quel entender qué estamos recitando. A menudo confundimos los dharanis con los mantras, y aunque son parientes cercanos, tienen matices distintos.

Un mantra suele ser corto, una «semilla» sonora o una frase breve que enfoca la mente. Hay mucho más que decir, pero lo podemos comprender de esta manera.

El dharani, por su parte, es más extenso. La palabra sánscrita dharani significa «protección», «preservación» o «mantener». En la traducción china implica «nunca olvidarse de preservar el bien para con todos los seres».

Los dharanis tocan el corazón de una manera hermosa y profunda. No buscan apelar a la lógica intelectual, sino que actúan como un puente que nos une con el mundo espiritual. Al recitarlos, dejamos de lado el análisis racional para permitir que el sonido mismo nos armonice con la energía de los Budas y Bodhisattvas. Es una melodía de sabiduría que trasciende las palabras.

Sí, los dharanis son una práctica religiosa que no puede ser explicada, solo puede ser experimentada y sentida en lo profundo de nuestro ser.

Historia: De la India a las montañas de Japón

Este dharani es la transliteración al chino de un texto sánscrito original. Fue traducido en el siglo VII, durante la dinastía Tang, por el monje indio Bhagavad-dharma (Kabon Daruma). Su nombre completo es «Dharani del Avalokitesvara de mil manos y mil ojos, infinitamente amplio, de armonía inconmensurable y libre de obstáculos».

Aunque se recita con fonética japonesa, gran parte de su contenido tiene raíces en el hinduismo, mencionando figuras como Shiva (el de cuello azul) y Vishnu, que fueron integradas al budismo Mahayana como manifestaciones de la compasión universal.

Importancia para el Soto Zen

En nuestra tradición, el Daihi Shu (como se le conoce abreviadamente) es uno de los textos más queridos. Se utiliza para:

  • Ceremonias matutinas y vespertinas: Para armonizar la energía del templo, de nuestro altar casero y de nosotros practicantes.
  • Servicios conmemorativos: Para honrar a los ancestros y fundadores, como una ofrenda de mérito.
  • Protección espiritual: Se cree que su recitación protege la mente de las distracciones y purifica el entorno, ayudándonos a mantener el pensamiento correcto y la concentración en el samadhi.

Importancia para el practicante moderno

Para quienes vivimos en el caos del siglo XXI, el Dai Hi Shin Dharani es un recordatorio de la resiliencia. El dharani menciona al «Bodhisattva de Cuello Azul», una metáfora de alguien que es capaz de beber el veneno del mundo (el sufrimiento, el odio, el estrés) para proteger a los demás sin dejarse destruir por él.

En la práctica moderna, nos enseña a:

  1. Transformar los «tres venenos»: Ira, avaricia y autoengaño que nublan nuestro día a día.
  2. Actuar de manera altruista: Las «mil manos» simbolizan nuestra capacidad de ayudar de formas infinitas a nosotros mismos, y a todos los seres que nos rodean.
  3. Estar presentes y claros: Los «mil ojos» representan la sabiduría para ver el sufrimiento propio y el ajeno, más allá de las apariencias y actuar con compasión real.

Cómo recitar este dharani en la práctica cotidiana

Recitar el Dai Hi Shin Dharani es invitar a la compasión universal a sentarse a nuestra mesa. Aquí tienes algunas recomendaciones para integrarlo en tu vida:

  • En el altar y antes de Zazen: Si tienes un espacio de meditación en casa, recítalo ante el altar antes de sentarte en Zazen. Ayuda a calmar el «ruido» mental y a dedicar tu práctica al bienestar de todos los seres. 
  • En medio de la labor diaria: No necesitas estar en un templo o en un altar para que el dharani surta efecto. Puedes recitarlo en voz baja o simplemente escucharlo mientras realizas tus tareas, cocinas o caminas. Esto convierte el trabajo ordinario en una práctica sagrada de atención plena y compasión.
  • Ante las pruebas de la vida: Cuando el corazón se rompe, cuando enfrentas una pérdida o una crisis personal, el dharani actúa como un bálsamo. Recitarlo en estos momentos crea un espacio de paz y nos recuerda que no estamos solos en nuestro sufrimiento. Es una herramienta poderosa para transformar el dolor en sabiduría.

Puedes escucharlo o recitar con este video:

Texto original del Dai Hi Shin Dharani

NAMU KARA TAN NO TORA YA YA NAMU ORI YA BORYO KI CHI SHIFU RA YA FUJI SATO BO YA MOKO SATO BO YA MO KO KYA RUNI KYA YA EN SA HARA HA EI SHU TAN NO TON SHA NAMU SHIKI RI TOI MO ORI YA BORYO KI CHI SHIFU RA RIN TO BO NA MU NO RA KIN JI KI RI MO KO HO DO SHA MI SA BO O TO JO SHU BEN O SHU IN SA BO SA TO NO MO BO GYA MO HA TE CHO TO JI TO EN O BO RYO KI RU GYA CHI KYA RYA CHI I KIRI MO KO FUJI SA TO SA BO SA BO MO RA MO RA MO KI MO KI RI TO IN KU RYO KU RYO KE MO TO RYO TO RYO HO JA YA CHI MO KO HO JA YA CHI TO RA TO RA CHIRI NI SHIFU RA YA SHA RO SHA RO MO MO HA MO RA HO CHI RI U KI U KI SHI NO SHI NO ORA SAN FURA SHA RI HA ZA HA ZA FURA SHA YA KU RYO KU RYO MO RA KU RYO KU RYO KI RI SHA RO SHA RO SHI RI SHI RI SU RYO SU RYO FUJI YA FUJI YA FUDO YA FUDO YA MI CHIRI YA NORA KIN JI CHIRI SHUNI NO HOYA MONO SOMO KO SHIDO YA SOMO KO MOKO SHIDO YA SOMO KO SHIDO YU KI SHIFU RA YA SOMO KO NORA KIN JI SOMO KO MO RA NO RA SOMO KO SHIRA SU OMO GYA YA SOMO KO SOBO MOKO SHIDO YA SOMO KO SHAKI RA OSHI DO YA SOMO KO HODO MOGYA SHIDO YA SOMO KO NORA KIN JI HA GYARA YA SOMO KO MO HORI SHIN GYARA YA SOMO KO NAMU HARA TAN NO TORA YA YA NAMU ORI YA BORYO KI CHI SHIFU RA YA SOMO KO SHITE DO MODO RA HODO YA SO MO KO

Traducción al español del Dai Hi Shin Dharani

Basada en la traducción del sánscrito y japonés al español, inspirada en el trabajo de Mokugen Roshi. La traducción es larga, pero es la mejor forma que encontré de que tenga sentido en nuestra lengua.

En este dharani se habla de Avalokisteshvara con otros nombres como Kanjizai, Bodhisattva de Cuello Azul, Guardiana Espiritual y Gloriosa Vencedora de color oscuro.

Hacia el final se menciona el uso de un chakram. Esta era un arma en forma de disco dentado que se arrojaba con fuerza a los adversarios.

Me entrego a los Tres Tesoros: Buda, Dharma y Sangha. Me entrego a la Santa Bodhisattva Avalokitesvara, quien está dotada de la mente de la gran compasión.

¡Oh! Entreguémonos a la Bodhisattva Kanjizai, que nos protege y nos salva de todos los temores, obstáculos, enfermedades e ilusiones. Tras refugiarnos en ella, recitemos este mantra para alabar a Avalokitesvara, la Bodhisattva de Cuello Azul, dotada de una extraordinaria fuerza divina. Al liberarnos de las ilusiones y las influencias maléficas, purificando nuestras existencias, todas nuestras esperanzas y necesidades podrán realizarse. Recitemos este mantra, lleno de luz y bienestar, que vence todas las fuerzas malignas y purifica la vida de los seres confundidos.

¡Om! ¡Sonido sagrado! ¡Sabiduría de luz resplandeciente! Alabemos a quienes poseen la luz de la sabiduría, a quienes han trascendido los apegos del mundo. ¡Salve! Como el sol o como un león, ¡salve al Dios Vishnu! ¡Oh, Grande y Santa Bodhisattva Kanjizai! Invoquemos y memoricemos este mantra. Debemos recitarlo siempre. Recordemos practicar este Dharani. ¡Practiquémoslo! Consumemos esta práctica, ejecutémosla. Recordemos bien este mantra, con cuidado.

¡Oh, Victoriosa! ¡Gran Victoriosa! Preservemos bien la memoria de este mantra. ¡No lo olvidemos! ¡Oh, Suprema Señora de la Tierra, Santa Bodhisattva Kanjizai! ¡Te invoco! ¡Te invoco! ¡Oh, Bodhisattva de pureza inmaculada! Eres aquella que se alejó de las impurezas. ¡Oh, Bodhisattva de cuerpo completamente puro! ¡Que venga aquella que nace de la Verdad! ¡Que venga tal como es!

Avalokitesvara, ¡eres la Guardiana Espiritual de la Gran Tierra! Haz que se elimine el veneno de la avaricia. Haz que se elimine el veneno de la ira. Haz que se elimine el veneno del autoengaño de la mente. ¡Libéranos de esto! ¡Aléjanos de esto! Libéranos de las impurezas del mundo.

Como el sol o como un león, caminemos con firmeza. Marchemos con confianza. Manifestemos nuestra Naturaleza Original, expresemos nuestra Esencia. Avancemos en el Camino. ¡Vamos adelante! Realicemos el Correcto Satori del Buda. Realicemos la Verdad Universal. Concédenos la liberación y el esclarecimiento.

¡Oh, Bodhisattva de Cuello Azul, Kanjizai!, eres aquella de profunda compasión. ¡Bienaventurados los que desean verte, pues en tu manifestación encontrarán gran alegría! Felicidades a quienes se alegran con la trascendencia de las ilusiones. Bendecidos son los que realizan la superación de sus propios egocentrismos. Felicitaciones a los grandes practicantes del Camino.

Salve a quienes se liberan por la práctica del Dharma del Yoga. ¡Oh, Venerable Bodhisattva de Cuello Azul! Reverenciamos a quien posee rostro de Jabalí y rostro de León. ¡Salve a todos los Grandes Realizadores del Camino! ¡Oh, respetables que portan la flor de Loto! Venturosos los que se defienden con el disco chakram. Bendecidos los que se iluminan con el sonido de la caracola. Alabados los que portan el gran báculo. Salve a la Gloriosa Vencedora de color oscuro. Felices los que visten piel de tigre.

Me entrego a los Tres Tesoros: Buda, Dharma y Sangha. Me entrego a la Santa Bodhisattva Kanjizai. ¡Que podamos realizar todas nuestras aspiraciones! ¡Salve a todos los versos de este mantra!

¿Qué pasa al romper los preceptos budistas?

¿Qué pasa al romper los preceptos budistas?

¿Qué pasa al romper los preceptos budistas?

Recibir los preceptos del bodhisattva en la ceremonia de Jukai es un momento significativo en la vida de un practicante budista. Nos enfrentamos a un compromiso profundo que primero nos congela porque parecer abrumador. La idea de mantener una conducta impecable bajo los lineamientos del Buda puede generar temor, pues parece que se nos exige perfección absoluta. Sin embargo, aceptar los preceptos también implica reconocer nuestra humanidad. Y esta humanidad requiere romper los preceptos budistas siempre que sea posible.

Sí, leíste bien. Así como necesitas del desamor para saber que te gusta el amor, es necesario romper los preceptos para entender la razón de su existencia.

Como ya me habrás escuchado decir, los preceptos no buscan la perfección absoluta, sino cultivar la atención plena y la responsabilidad en cada acción. Nos ayudan a desarrollar una conciencia profunda sobre nuestras palabras, pensamientos y acciones, permitiéndonos acercarnos a una vida de compasión y sabiduría.

Romper los preceptos budistas ¿es realmente un problema?

Muchas personas me han llegado a preguntar: ¿qué sucede al romper los preceptos budistas? ¿Significa que he fallado en mi camino espiritual? ¿Estoy decepcionando a mis maestros? ¿Soy un mal budista? La respuesta corta es que no pasa absolutamente nada.  No hay un castigo divino ni una condena en los fuegos del infierno, sino una oportunidad de reflexión y aprendizaje.

Los preceptos nunca han sido reglas inflexibles impuestas para restringirnos, sino guías que nos ayudan a vivir con mayor atención y armonía. Cada vez que los rompemos, en lugar de castigarnos, hay que entenderlos como oportunidades para observarnos con honestidad y hacer ajustes en nuestra práctica.

Romper un precepto no debe generar culpa ni miedo, sino motivarnos a seguir avanzando en la Vía con mayor atención y compasión.

La humanidad dentro de la práctica budista

Uno de los errores comunes es pensar que los preceptos nos exigen una conducta inhumana, desprovista de emociones o errores. Pero en realidad, el Budismo Zen reconoce que cada persona es única y que nuestras personalidades no desaparecen al recibir los preceptos. Seguimos siendo humanos, con nuestras fortalezas y debilidades, y es natural que en ocasiones tomemos decisiones que pueden no estar alineadas con la vía del Buda.

En la vida cotidiana, nos enfrentamos a dilemas donde no siempre hay una respuesta clara. A veces, es necesario tomar decisiones difíciles, incluso dolorosas, que podrían impactar a otros de maneras imprevistas. Otras veces, causamos daño sin quererlo, simplemente porque somos humanos y la vida es compleja.

Lo que creo que es importante, es que tengamos la disposición para desarrollar la capacidad de reflexionar sobre nuestras acciones y aprender de cada situación. En lugar de juzgarnos con dureza, podemos practicar compasión hacia nosotros mismos y continuar mejorando.

La intención es el verdadero centro de la práctica

Si bien romper los preceptos budistas no conlleva una penalización automática, la intención detrás de nuestros actos es vital. ¿Actuamos por ego, vanidad o para nuestro beneficio exclusivo? Si nuestras acciones surgen de estas motivaciones, pueden generar consecuencias negativas tanto para nosotros como para los demás. Es lo que la gente llama “mal karma”.

Por otro lado, si rompemos un precepto por circunstancias inevitables, pero con una intención compasiva y consciente, la situación es diferente. La vía del Buda nos enseña a actuar con el corazón abierto, priorizando el beneficio de los demás y aprendiendo de nuestros errores en lugar de castigarnos por ellos.

La intención es lo que da dirección a nuestra práctica. Cada acción que realizamos debe ser examinada bajo la luz de nuestra motivación y el impacto que genera en los demás.

Yo sé que a veces esto no queda claro en la praxis, pero poco a poco vamos creando la sabiduría necesaria.

Cómo vivir los preceptos en la vida diaria

A todos nos causa ansiedad la idea de romper los preceptos, pero en realidad, su propósito no es crear miedo ni culpa, sino ayudar a que pongamos atención a los detalles de nuestra vida cotidiana. Vivir en armonía con los preceptos no significa ser perfectos, sino estar presentes en cada acción, observando cómo nuestras decisiones impactan el mundo a nuestro alrededor. Tampoco debe ser de manera obsesiva, pero sí debemos estar atentos en la medida de lo posible.

Un día a la vez, podemos esforzarnos por practicar la compasión, aprendiendo de cada error y tomando decisiones más alineadas con la sabiduría del Buda. El camino del bodhisattva no se trata de alcanzar un ideal inalcanzable, sino de vivir con intención, con la mirada puesta en aliviar el sufrimiento de los demás.

Cada pequeño gesto cuenta: una palabra amable, sonreír, un acto de generosidad, el simple hecho de escuchar con atención. Así construimos una vida en armonía con los preceptos, transformando nuestra práctica en algo tangible y significativo.

Una práctica continua de compasión

No hay necesidad de preocuparse en exceso por romper los preceptos budistas. Solo hay que seguir la vida y siendo nosotros mismos. Lo importante es mantener una actitud de aprendizaje constante. Cada momento es una nueva oportunidad para alinearnos con el Dharma y actuar con más conciencia.

Así que respira, observa la situación y, con cada acción, esfuérzate por hacer las cosas un poquito mejor cada vez. La práctica del bodhisattva se construye un día a la vez, con compasión que nace del ser y se expande hacia los demás.

No te juzgues, simplemente observa y aprende. Mañana es otra oportunidad para seguir creciendo en el camino del bodhisattva.

Este poema de un monje japonés anónimo me ha dado dirección en muchas ocasiones en mi vida. Lo comparto de nuevo porque creo que puede ser útil.

Soy monje.
Uso mi atuendo, mi mala en la mano izquierda, monto mi bicicleta.
Voy de mi casa a la casa de mi feligrés para entonar un sutra.
Soy monje.
Estoy casado y tengo un hijo.
Bebo sake, como carne.
Como pescado, miento.
Pero sigo siendo monje.
Un monje sucio, muy sucio.
Cuando llamo a un feligrés y acepto su caridad,
¿es eso robar?
Ah, ¿y los Cinco Preceptos que dejó Shakyamuni?
Los he roto todos.
Pero sigo siendo bodhisattva.
Camino la Senda del Bodhisattva.
Deposito mi confianza en el Dharma y me siento en flor de loto.
Vivo en el Dharma, vivo entre la gente.
Dentro de la vida sin fin practico El Camino.
De la mano de otros practicantes,
ando por esta pacífica senda que no tiene igual.
Es el Camino de la Verdad, el Camino del Bodhisattva.
Soy inmundo y he roto todos y cada uno de los Cinco Preceptos,
pero… pero gracias al Dharma, me fundiré con los Budas.
Ese Camino. Ese Camino del Bodhisattva.
Estoy parado en ese Camino.

Nio, los guardianes del Dharma y del Buda. Bodhisattvas en el Budismo Zen 5

Nio, los guardianes del Dharma y del Buda. Bodhisattvas en el Budismo Zen 5

Nio, los guardianes del Dharma

Cuando visitamos o miramos fotos de templos budistas de China, Japón o Corea, es muy común encontrar estatuas a dos demonios o guerreros armados y feroces. Muchas personas que no tocan un libro ni en defensa propia, creen que estas dos figuras son demonios, pero no hay nada más lejos de la verdad. Estos dos personajes son los Nio, los guardianes del Dharma y del recinto del Buda.

Ellos no son Bodhisattvas, sino dioses. Los he incluido en esta serie porque son personajes comunes y necesitan ser presentados a los occidentales. Hay prácticas hermosas y poderosas alrededor de ellos, por lo que creo que puede ser útil en nuestro estudio del Zen y en nuestro camino del Dharma cotidiano.

Es importante decir que los dioses en el budismo no son el mismo concepto del dios de las religiones abrahámicas. Para el budismo, los dioses son ideales de aspectos de la práctica budista y son venerados como recordatorios de nuestras intenciones. De ninguna forma son creadores del universo, no se les pone de cabeza y tampoco hay una fe ciega hacia ellos.

En la vasta iconografía budista, pocas figuras son tan imponentes y cargadas de simbolismo como los Nio, los guardianes del Dharma y del templo. Su presencia a las puertas de numerosos recintos a lo largo de Japón, China y Corea no es solo un testimonio de la riqueza artística y espiritual del budismo, sino también de una profunda cosmovisión que entrelaza lo sagrado con lo cotidiano.

El significado de su nombre

Los Nio, conocidos en sánscrito como Acala (los Inmovibles), son figuras que personifican la fuerza y la protección. Aparecieron por primera vez en el Ambattha Sutra, y eran los guerreros que acompañaron a Shakyamuni en su peregrinaje a visitar al noble Pokkharasadi, quien se sentía amenazado por el Iluminado.

El nombre Acala alude a su inquebrantable determinación en la protección del Dharma, las enseñanzas budistas, y su capacidad para resistir cualquier amenaza. Nio, los guardianes del Dharma, simbolizan la energía masculina y protectora que guarda las entradas de los recintos sagrados, asegurándose de que solo aquellos con intenciones puras puedan acceder.

Historia y simbolismo

Designadas oficialmente como shukongoshin, estas entidades guardianas desempeñan un papel crucial en la salvaguarda del budismo, siendo también referidas coloquialmente como kongo rikishi.

Originalmente, esta entidad era un único dios protector de Shakyamuni. Con el tiempo, se dividieron en dos seres distintos, para representar mejor las fuerzas en equilibrio. Ellos están a cada lado de las entradas de los templos, simbolizando su papel de custodios de los recintos sagrados donde reside la Triple Gema. Se erigen imponentes, con una mirada severa y feroz, asumiendo el papel de guardianes intrépidos.

Portan en una de sus manos el vajra, un arma ancestral emblemática de la lucha contra las fuerzas malignas, y según las narrativas legendarias, tienen el poder de dominar los truenos.

Nio, los guardianes del Dharma, van vestidos únicamente con una mo, una especie de falda larga que ceñida a sus cinturas, exhiben su anatomía atlética, destacando abdominales marcados y venas pronunciadas, evidenciando su inmenso esfuerzo físico.

Los dos Nio.

El guardián de la boca abierta recibe el nombre de Agyo, mientras que su contraparte de boca cerrada es Ungyo. La vocalización de «a» simboliza el alfa en el alfabeto sánscrito, y «un», el omega. Este dúo representa metafóricamente el inicio y el cierre de todo lo existente, atribuyéndoles una omnisciencia divina.

Juntos son una expresión del enso, el círculo que representa al Zen

Comúnmente, Agyo se coloca a la derecha y Ungyo a la izquierda.

El culto a Nio en los templos budistas de Japón

En Japón, los Nio se sitúan típicamente en las entradas de los templos budistas, para ahuyentar el mal y limpiar a los visitantes de sus impurezas antes de entrar en el espacio sagrado. Estas estatuas a menudo se encuentran en puertas talladas en madera o piedra, evocando una sensación de respeto y reverencia.

La veneración hacia los Nio se manifiesta no solo en su presencia física en los templos sino también en rituales y festividades que celebran su papel protector. Durante estos eventos, se les ofrece incienso, agua y flores, reconociendo su importancia en la salvaguarda de los preceptos budistas y el bienestar de la comunidad.

Incorporando a los Nio en la práctica cotidiana

D?gen Zenji nos recuerda en Bendowa y Genjokoan, que el Zen no requiere más que Zazen para expresar nuestra práctica. Sin embargo, de vez en cuando las personas necesitamos un recordatorio de que dentro de nosotros hay fuerza y que debemos proteger a los demás.

Por eso es por lo que incorporar la figura de los Nio en la vida cotidiana es muy minimalista. No requiere actos de veneración explícitos ni rituales complejos. Podemos ver a los Nio como símbolos de la fortaleza interior necesaria para enfrentar las adversidades de la vida, manteniendo un compromiso inquebrantable con nuestros valores más profundos.

La práctica puede ser tan simple como dedicar unos momentos al día para reflexionar sobre las cualidades que los Nio representan: valentía, protección y la importancia de mantener un espacio sagrado en nuestras mentes y corazones, libre de malas intenciones o energías negativas. Esta reflexión puede inspirarnos a vivir con mayor integridad en el Dharma y a enfrentar nuestros desafíos con una renovada fuerza interior.

También puedes buscar imágenes de ellos e imprimirlas, para ponerlos a los lados en tu altar.

Conclusión

Los Nio, los guardianes del Dharma, más que simples figuras ornamentales en la arquitectura budista, encarnan principios espirituales profundos y universales. Nos recuerdan la importancia de la protección y la fuerza en nuestra práctica espiritual y en la vida cotidiana. A través de su veneración y la incorporación de sus enseñanzas en nuestra vida, podemos aspirar a ser tan inquebrantables en nuestro camino como ellos lo son en la protección de la Triple Gema.

Samantabhadra, el Bodhisattva de la virtud universal y la meditación. Bodhisattvas en el Budismo Zen 4

Samantabhadra, el Bodhisattva de la virtud universal y la meditación. Bodhisattvas en el Budismo Zen 4

Samantabhadra, el Bodhisattva de la virtud universal y la meditación.

Continuando con nuestra serie sobre los Bodhisattvas del Budismo Zen, hoy nos toca visitar a Samantabhadra o Fugen Bosatsu o Puxian Pusa (chino), el Bodhisattva de la virtud universal y la meditación. Es una figura espiritual importante para el Mahayana porque representa no solo la preciosa aspiración espiritual de los practicantes de budismo, sino también las cualidades de compasión y sabiduría inherentes a la enseñanza budista.

Es un imponente Bodhisattva que monta un elefante blanco, y nos toma de la mano para atravesar la adversidad que nos presenta Mara, nos inspira y nos guía para nunca soltar Zazen ni nuestra promesa de servir a todos los seres vivos.

Significado de su nombre

El nombre «Samantabhadra» o Fugen, en japonés, se traduce como «Virtud Universal» o «Todo el Bien», lo que indica la naturaleza omnipresente y benevolente de este Bodhisattva. Su nombre es la insignia que conjunta todos nuestros esfuerzos para ir más allá del ego y entender que el budismo se trata sobre entrenar la mente, para poder servir sin reservas a los demás seres. De igual forma, Fugen es el recordatorio de que debemos siempre buscar equilibrio entre las fuerzas yin y yang, masculino y femenino dentro de nosotros y en el universo.

La esencia de sus enseñanzas y prácticas se extienden por todas las direcciones y benefician a todos los seres sin distinción.

Simbolismo y manifestaciones del bodhisattva de la virtud universal

Casi siempre podemos encontrar a Fugen, Bodhisattva de la virtud universal, montando un majestuoso elefante blanco con seis colmillos, un poderoso símbolo del control de la mente sobre las pasiones y las impurezas. Esto es debido a que el elefante es una metáfora para la mente. La mente sin control es un elefante muy peligroso porque todo lo aplasta. La mente dominada, es un elefante esplendoroso que ayuda a la vida. En Dhammapada, Shakyamuni nos dice:

Yo, como elefante en la batalla, [que soporta] la flecha disparada del arco, soportaré el abuso. En verdad, la mayoría de la gente tiene mala moralidad.

Conducen al [animal] domado a donde está la gente, el rey monta al [animal] domado. El domado es el mejor entre los humanos, ese que soporta el abuso.

Excelentes son las mulas domadas, los purasangres del Sindh y los elefantes con colmillos, los grandes elefantes. Mejor que estos es uno que se ha domado a sí mismo.

En verdad, no por medio de estos vehículos uno iría a la región inalcanzada. Así, domándose bien a sí mismo, el domado, domándose va.

Los seis colmillos del elefante de Samantabhadra representan la purificación de los seis órganos sensoriales en el budismo, y el elefante blanco simboliza la nobleza de la mente pura y poderosa.

En el arte y la iconografía, Fugen a menudo aparece con un semblante sereno y compasivo, portando atributos como un loto, que es la pureza que surge del lodo del samsara.

Los Diez Grandes Votos de Samantabhadra

Los diez grandes votos de Samantabhadra forman el núcleo de su práctica espiritual y enseñanza. Estos son:

  1. Rendir homenaje a todos los Budas.
  2. Alabar sus cualidades.
  3. Hacer ofrendas generosas a nuestro templo o Maestro.
  4. Enmendar los errores pasados.
  5. Regocijarse en los méritos y práctica de otros.
  6. Solicitar la enseñanza del Dharma.
  7. Rogar a los seres iluminados que permanezcan en el mundo.
  8. Estudiar continuamente las enseñanzas del Buda.
  9. Responder a las necesidades de todos los seres sintientes.
  10. Dedicar todos los méritos y esfuerzos personales a la iluminación de todos los seres.

Estos votos son una guía práctica para los practicantes del budismo, enfatizando la importancia de la compasión, la sabiduría y el compromiso con el bienestar de todos los seres.

Si hacemos lo posible por seguirlos al pie de la letra, incontables bendiciones y felicidad llenarán nuestra vida.

Cómo se le rinde culto en los templos budistas de Japón

En Japón, Fugen Bosatsu es venerado más en las tradiciones Tendai y Shingon, que en la Soto Zen. Sin embargo, en el Zen reconocemos su importancia, inspiración y su presencia es común en muchos templos Soto Zen.

Los templos dedicados a Fugen ofrecen un espacio sagrado para la práctica de la meditación, la recitación de sutras y mantras, y la realización de rituales que honran su enseñanza.

Las prácticas comunes incluyen la recitación del «Sutra de la Meditación de Samantabhadra«, la contemplación de los Diez Grandes Votos, y la realización de ofrendas de incienso, flores y alimentos. Estas acciones no solo sirven para honrar a Fugen, sino también para internalizar sus enseñanzas y cultivar las cualidades Bodhisattva en los practicantes.

Durante festivales y días especiales, los templos pueden organizar lecturas de sutras, discusiones sobre las enseñanzas de Fugen y actividades comunitarias que reflejan su espíritu de servicio y compasión.

Cómo incorporar a Fugen Bosatsu en la práctica cotidiana

Como mencionamos, Fugen, Bodhisattva de la virtud universal, está presente en el Zen. Inspirarino con su mensaje y esencia de en la vida diaria es una forma poderosa de vivir los principios del budismo.

Esto puede hacerse a través de Zazen, reflexionando sobre los Diez Grandes Votos y esforzándose por ponerlos en práctica. Por ejemplo, se puede practicar la generosidad y el servicio a los demás como una forma de hacer ofrendas, o se puede participar en el aprendizaje y la enseñanza del Dharma como parte del compromiso con el estudio y la difusión del Buddhadharma.

Pero más importante aún: estudiar los Diez Grandes Votos y conducirnos por la vida con ellos como base de nuestra religión.

La práctica de la atención plena en las acciones cotidianas, buscando actuar con compasión y sabiduría en todas las situaciones, es otra forma de honrar el camino de Fugen.

Mantra de Samantabhadra

Finalmente, la recitación de mantras asociados a Fugen, especialmente durante momentos de meditación o en tiempos de desafío, puede ayudar a centrar la mente y cultivar una conexión más profunda con las cualidades del Bodhisattva.

El mantra para Samantabhadra más sencillo es en chino: Namu Puxian Pusa (Alabado / Salve Fugen Bosatsu). Se puede escuchar y recitar con esta melodía:

Conclusión

Fugen Bosatsu simboliza el camino infinito hacia la iluminación, guiándonos a través de ejemplos de virtud, compasión y sabiduría universales. Su presencia en nuestra práctica no solo honra una rica tradición histórica, sino que también ofrece una guía práctica y un modelo a seguir.

Al estudiar sus enseñanzas, contemplar sus votos y practicar sus principios, los budistas y los buscadores espirituales podemos profundizar su comprensión del Dharma y avanzar en nuestro propio camino hacia una comprensión más profunda de la Triple Gema. Fugen Bosatsu no es solo una figura para ser venerada, sino un catalizador para alcanzar nuestro potencial de transformarnos en seres de bondad y sabiduría universales.

Monju Busatsu, su espada y el león. Bodhisattvas en el Budismo Zen 3

Monju Busatsu, su espada y el león. Bodhisattvas en el Budismo Zen 3

Manjushri Bodhisattva destruye la ignorancia con la espada del Dharma.

Manjushri Bodhisattva es una de las figuras más veneradas en el budismo Mahayana. Aunque es parte de muchos altares, pocas personas en occidente sabemos quién es. Y como es una figura que monta un león y porta un arma en su mano derecha, parecería que se trata de un demonio o un guerrero. Pero no es el caso. De hecho, es el bodhisattva de la sabiduría.

Manjushri Bodhisattva o Monju Bosatsu, es una entidad espiritual que personifica la sabiduría suprema y la comprensión profunda del Dharma. En nuestra tercera entrega de la serie de los Bodhisattvas del Budismo Zen, exploraremos su importancia en el contexto del Budismo Soto Zen, examinando su significado, su historia, cómo se le rinde culto en los templos budistas de Japón, cómo incorporar su influencia en la práctica cotidiana y el significado de su mantra.

Significado del nombre Manjushri

Manjushri Bodhisattva es conocido por varios nombres, cada uno de los cuales revela una faceta diferente de su naturaleza y propósito. En chino, es conocido como Wen Shu Pusa, mientras que en japonés se le llama Monju Bosatsu.

El nombre Manjushri deriva de las palabras sánscritas «Manju», que significa «hermoso» o «gentil», y «Shri», que se traduce como «resplandor» o «belleza». Por lo tanto, Manjushri Bodhisattva se interpreta comúnmente como «El Bodhisattva de la Belleza Gentil» o «El Bodhisattva del Resplandor Hermoso». Este nombre nos transmite la idea de una belleza sublime que va más allá de la apariencia física, representando la belleza de la sabiduría y la iluminación espiritual que todos los seres podemos alcanzar.

El bodhisattva que monta un león y tiene una espada en su mano

Una de las representaciones más icónicas de Manjushri Bodhisattva en la iconografía budista es la imagen de un joven Bodhisattva que monta un león y sostiene una espada en su mano derecha. Estos elementos simbólicos tienen significados profundos en la tradición Mahayana.

El león simboliza la fuerza, el coraje y la autoridad. Al montar un león, Manjushri representa el dominio de la mente sobre las pasiones y emociones negativas, demostrando que la sabiduría es capaz de controlar y guiar nuestras tendencias más impulsivas.

La espada que sostiene en su mano derecha representa la capacidad de Manjushri y de la mente atenta para cortar la ignorancia y las ilusiones que nos mantienen atrapados en el ciclo del sufrimiento. La espada de la sabiduría es afilada y precisa, capaz de separar la verdad de la falsedad y la iluminación de la ignorancia.

Historia de Monju

La historia de Monju Bosatsu se remonta a los textos budistas antiguos, como el Sutra del Loto, donde aparece como una figura central. Según la tradición budista, Manjushri es considerado un Bodhisattva, alguien que ha alcanzado un alto nivel de iluminación, pero elige quedarse en el ciclo de renacimiento para ayudar a todos los seres sintientes a alcanzar la liberación.

Se dice que Manjushri vivió hace incontables eras en el pasado y que recibió enseñanzas directamente del Buda histórico, Siddhartha Gautama. Su sabiduría excepcional y su dedicación para enseñar el Buddhadharma a otros lo convirtieron en una figura muy venerada en la tradición Mahayana.

Cómo se le rinde culto en los templos budistas de Japón

Monju es venerado en todo el mundo budista, pero en Japón, su culto ha adquirido una importancia particular en la tradición Soto Zen al grado de que, en muchos zendos, Monju es más grande que el propio Buda.

Los devotos a menudo realizan rituales y ofrendas en su honor, buscando su ayuda para desarrollar la sabiduría y la comprensión ante las pruebas e incertidumbres de la vida.

El ritual de ofrecer incienso y realizar postraciones frente a una imagen de Manjushri es una forma común de rendirle homenaje. Los practicantes también pueden recitar su mantra para invocar su ayuda y protección en la búsqueda de la iluminación.

Cómo incorporar a Monju Bosatsu en la práctica cotidiana

La influencia de Manjushri puede ser incorporada de manera significativa y bella en nuestra práctica cotidiana. Aquí hay algunas formas de hacerlo:

  1. Meditación sobre la sabiduría: Esta meditación no reemplaza a Zazen. Pero puedes tomar unos minutos de tu día para esta práctica. Durante una meditación, puedes visualizar a Manjushri cerca de ti y que estás recibiendo su luz y sabiduría, permitiendo que te guíe en la búsqueda de la comprensión profunda de algún problema o incertidumbre que te cause ansiedad.
  2. Reflexión sobre la espada de la sabiduría: Antes de tomar decisiones importantes o enfrentar situaciones difíciles, puedes recordar la espada de Manjushri y preguntarte qué decisión sería la más sabia y beneficiosa para todos los seres.
  3. Estudio de textos sagrados: Puedes estudiar textos budistas que contengan enseñanzas sobre la sabiduría y la comprensión, especialmente aquellos que mencionen a Manjushri. Estas lecturas pueden ayudarte a profundizar en tu comprensión de la sabiduría budista. En Grupo Zen Ryokan estudiamos frecuentemente el Sutra del Loto, Sutra del Diamante y Sutra del Corazón, que tiene mucho que ver con las enseñanzas de Monju.
  4. Recitación del Mantra: Recitar el mantra de Manjushri es una práctica común para invocar su energía y sabiduría. También nos calma y nos hace ver salidas y opciones que antes ni siquiera creíamos posibles.

Recitar el mantra de Manjushri: Om A Ra Pa Ca Na Dhih

El mantra de Manjushri es una poderosa herramienta para conectar con su energía y sabiduría. El mantra en sánscrito es «Om A Ra Pa Ca Na Dhih». Aquí está el significado de cada sílaba:

Om: Representa la vibración primordial del universo y la unión con la divinidad.

A Ra Pa Ca: Estas sílabas se dice que son la expresión del cuerpo, la palabra y la mente de Manjushri.

Na: Simboliza la sabiduría y la comprensión profunda.

Dhih: Significa «inteligencia» o «comprensión».

Recitar este mantra con devoción puede ayudarte a cultivar la sabiduría en tu propia vida y eliminar obstáculos en tu camino hacia la iluminación.

Esta es la manera de recitarlo:

Conclusión

Manjushri Bodhisattva es una figura venerada en la tradición del Budismo Soto Zen, personificando la sabiduría suprema y la comprensión profunda. Su representación como un Bodhisattva que monta un león y sostiene una espada en su mano derecha evoca la fuerza, el coraje y la capacidad de cortar la ignorancia. La historia de Manjushri lo presenta como un maestro iluminado que dedicó su vida a enseñar a otros. En los templos budistas de Japón, se le rinde culto a través de rituales y ofrendas, y los practicantes pueden incorporar su influencia en su vida diaria a través de la meditación, la reflexión y la recitación de su mantra. Manjushri Bodhisattva es una fuente de inspiración y guía en el camino hacia la iluminación y la sabiduría en el Budismo Soto Zen.

Jizo Bosatsu. Bodhisattvas en el Budismo Zen 2

Jizo Bosatsu. Bodhisattvas en el Budismo Zen 2

Continuamos nuestra serie de Bodhisattvas en el Zen. En el post anterior dimos una breve introducción a estos seres que nos ayudan en la práctica espiritual.

Hoy veremos a uno de ellos que es muy especial porque me inspira en mi práctica cotidiana y llena mi corazón de ternura.

Y no, no se llama «budita bebé».

Se trata de Jizo Bosatsu, también conocido como Ksitigarbha, en sánscrito. Él es la personificación de nuestro compromiso de cuidar de:

  • Niños.
  • Mujeres embarazadas o que quieren hijos.
  • Seres que necesitan fuerza para seguir en esta vía.
  • Seres que cuidan a otros seres, como policías y bomberos.
  • Seres en migración o viaje.
  • Los recién muertos.
  • Las personas atrapadas en el infierno de los Tres Venenos de la mente.

En este post visitaremos a Jizo Bosatsu, exploraremos su origen, simbolismo, juramento y su lugar en la práctica budista, especialmente para el Soto Zen.

Origen y significado de Jizo Bosatsu

La fe hacia Jizo Bosatsu se originó en las enseñanzas del budismo Mahayana, aproximadamente desde el siglo IV a.C. Su nombre en chino es Dizang, que al pasar a japonés se convierte en Jizo.

Se le considera uno de los ocho grandes Bodhisattvas (los veremos todos en esta serie).

Su vestimenta, mudra (gesto de las manos) y accesorios simbolizan su papel como protector y guía. Viste okesa, que representa las enseñanzas del Buda, la compasión y la ayuda a los demás. En su mano derecha sostiene un vajra, un símbolo de sabiduría, mientras que su mano izquierda sostiene un cetro salvavidas, un símbolo de protección y apoyo a los seres en su viaje.

A menudo se le representa con una corona o halo detrás de su cabeza, indicando su naturaleza iluminada. Esta aureola también simboliza su capacidad para guiarnos hacia la luz y la liberación. En algunas imágenes, Jizo aparece sosteniendo un cáliz que contiene las llamas de la sabiduría, que disipan la oscuridad de la ignorancia.

El nombre Ksitigarbha se traduce como «El que tiene la tierra como su refugio», lo que resalta su compromiso de cuidar el reino terrenal y los seres que lo habitan.

Su imagen a menudo se encuentra en lugares sagrados, templos y cementerios.

En muchos templos de China y Japón podemos encontrar los Seis Jizo. Cada estatua es una representación y enseñanza de Jizo para cada uno de los Seis Reinos Humanos de la Rueda de la Vida.

El Juramento de Jizo

La devoción de Jizo hacia la protección y guía para los seres sintientes se refleja en su juramento. Él hizo un voto solemne ante el Buda histórico, Shakyamuni. Este juramento implica que Jizo se comprometió a permanecer en el reino de los muertos hasta que el infierno se vaciara por completo y todos los seres fueran liberados.

No se trata del infierno de Dante, sin el infierno de los Tres Venenos de la Mente: avaricia, ira y autoengaño.

Este compromiso inquebrantable es lo que hace que Jizo sea especialmente reverenciado como el bodhisattva de la compasión en los momentos de sufrimiento y transición.

Jizo en la Cultura Popular Japonesa

La figura de Jizo Bosatsu tiene una presencia notable en la cultura japonesa y es ampliamente reverenciada por personas de todas las edades. ¡Prácticamente está en todas las esquinas! En Japón, los altares y estatuas de Jizo se encuentran comúnmente en templos, cementerios y lugares públicos. También es un tema recurrente en la literatura, el arte y la cultura popular.

Los festivales y eventos dedicados a Jizo, como el festival Obon, son ocasiones especiales para honrar a este bodhisattva y mostrar gratitud por su compasión. Durante el festival Obon, se encienden faroles y velas en honor a las almas de los difuntos, y las estatuas de Jizo se visten con atuendos rojos y gorros de lana para mantenerse calientes mientras ayudan a los difuntos en su viaje.

Jizo y la compasión

La devoción a Jizo Bosatsu va más allá de las representaciones físicas. Jizo personifica la compasión activa y la ayuda a los que sufren. En el Budismo Zen, la compasión es una cualidad fundamental que se cultiva a través de la práctica de Shikantaza. Jizo nos recuerda la importancia de extender esta compasión hacia los demás, especialmente aquellos que enfrentan dificultades y desafíos.

Jizo en la práctica Budista cotidiana

Jizo Bosatsu desempeña un papel significativo en la práctica Zen. Los creyentes a menudo recurrimos a él para buscar protección, sanación y orientación espiritual. Las ofrendas de flores, juguetes, incienso y alimentos se presentan ante las estatuas de Jizo como expresiones de gratitud y devoción.

Lo incluimos en nuestros altares para recordar la dulzura del Dharma, el júbilo que llega a nuestros corazones cuando servimos a los seres y que nuestra felicidad está en función de nuestros actos de compasión hacia los demás. Nos da esperanza que podemos salir del infierno.

Al mismo tiempo, nos anima a cuidar y proteger a los niños.

Aunque el Zen no requiere mantras para la práctica diaria, cantamos a Jizo para crear paz y enfoque en nuestra experiencia. Su mantra es Om ka ka kabi sanmae sowaka, y lo recitamos 108 veces.

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