Una característica clásica de los humanos es que detestamos la crítica. Somos muy buenos para marcar los errores y omisiones de otros, pero cuando alguien nos dice algo, saltamos a la defensiva. Y es que no estamos acostumbrados a observar nuestra propia conducta.
Hablamos sin pensar, actuamos solo para acariciar el ego; y en este proceso caemos en comportamientos compulsivos. Si no estamos constantemente vigilando nuestros pensamientos, nos convertimos en personas con tendencias a la compulsión.
Al entrar en la mente compulsiva, llegamos a un estado en el que la vida es como un sueño. Hacemos cosas sin entender lo que hacemos. El adicto a la comida comienza a comer sin pensar. El adicto a las relaciones personales entra en la perpetua espiral de la seducción. El egoísta hará lo que sea para acariciar su ser interior, sin observar las consecuencias. El apostador lo dará todo para poder sentir la adrenalina fluir con la emoción de un juego de azar. Despertamos de ese sueño cuando es demasiado tarde y el daño está hecho. Muchas veces es irreparable.
Cuando meditamos aprendemos a seguir nuestra respiración. Con el paso del tiempo aprendemos a observar los pensamientos sin juzgarlos y sin abrazarnos a ellos. Cuando detectamos que hay compulsión o angustia por repetir algo, solo lo notamos para dejarlo pasar… como nubes al viento.
Definitivamente no es fácil. Sentarse a meditar por 10 minutos implica 10 minutos menos de Facebook, de teléfono móvil y de cualquier cosa que no requiera inteligencia.
Meditar es dejar ir el ego para que la vida transcurra sin nuestra influencia. Es guardar silencio para contemplar los pensamientos y entender que nunca han sido la realidad, sino tan sólo una pobre interpretación personal.
Sin embargo, luego de unas 6 u 8 semanas de práctica, la vida cambia. Los pensamientos compulsivos comienzan a tener otro carácter. Ya no provocan angustia, sino que comenzamos a distinguirlos para no engancharnos a ellos.
Se adquiere una mejor relación con la comida, por ejemplo. Nos volvemos conscientes de que comer de más o alimentos de mala calidad daña nuestra salud.
Prestamos más atención a las cosas sencillas de la vida y se mira todo desde un punto más tranquilo.
Todas las cosas que nos generan adicción y compulsiones, pasan a segundo término. Por ello no es secreto que meditar es una de las herramientas más útiles para alejarse de las drogas o el alcohol. Miles de terapeutas en el mundo recomiendan algún tipo de meditación a sus pacientes.
Romper los pensamientos compulsivos no es fácil en una economía que lucra con nuestros excesos. Pero existe una salida, aunque es un camino personal y tiene que comenzar en algún lado.
Meditar por unos 10 minutos al día es el inicio de un viaje de millones de kilómetros. Si no das el primer paso, jamás lo lograrás.
El martes 3 de agosto tuvimos un buen Chocoscopio sobre cómo mantener la creatividad y la inspiración. A veces es necesario entender que ambas no dependen del ego, sino de la constancia y la disciplina.
Ser creativo no significa ser desparpajado o abusar del cuerpo. Crear requiere entrenamiento y dedicación. Todo ello se puede lograr cuando tenemos la mente en paz. Y para ello contamos con la mejor herramienta del mundo: la meditación.
En esta transmisión nuestro CEO, El Tamal, estuvo dormido. Así que esperamos que aparezca a cuadro la próxima.
La vida creativa puede ser miserable y poco sana por la falacia de que el creativo debe vivir en angustia perpetua para ser productivo. Es un mito que debemos extinguir para no sacrificar la calidad de vida y salud mental del creativo. Saber más.
El trabajo creativo y los jugos que promueven las ideas están sujetos a mil variables. Hay días en que la creatividad fluye a través de nosotros, pero en otros solo miramos la hoja en blanco, esperando que alguna musa perdida llegue a nuestro lado. Buscamos inspiración por todos lados, pero parece que nada ayuda.
En estos bloqueos creativos, por desgracia, muchas personas recurren a herramientas que causan más problemas que soluciones. Algunos toman bebidas energéticas, otros drogas o cultivan alguna adicción profunda. Sí, quizá la creatividad fluya, pero en algún punto el cuerpo y la mente pasan la factura por el abuso.
Esto no solo aplica para disñadores, mercadólogos o publicistas. La creatividad puede detenerse en cualquier momento para cualquier persona.
Un creativo es quien decide tomar los retos con mente fresca y se atreve a salir de su área de comodidad para proponer soluciones nuevas.
Esto es bien sabio por directores de empresas en todo el mundo, como Virgin o Google, en donde se premia a los empleados que proponen ideas para mejorar la producción o las condiciones de trabajo de sus compañeros.
A nivel personal todo el tiempo estamos proponiendo ideas creativas para nosotros mismos. Hay quien piensa en una nueva forma de afeitarse, quien inventa un nuevo sistema para pintar las paredes o quien mejora la receta de la abuela.
Si todos somos creativos la mayor parte del tiempo, ¿entonces porqué nos congelamos cuando se nos pide que lo seamos? ¿Por qué pensamos que sólo los artistas pueden ser creativos? Porque nunca pensamos que la creatividad se usa para todos los campos de nuestra vida, y no damos crédito a nuestra propia inventiva porque comparamos nuestros resultados con los de los profesionales.
A nuestro alcance, todos somos creativos. Y aunque lo neguemos, todos disfrutamos resolver problemas. Está en nuestro código genético.
Hay ocasiones en que la creatividad fluye de manera natural e inesperada. Otras veces hay que empujar un poco para que las ideas lleguen.
A lo largo de mi vida creativa (es decir, toda ella), he puesto en práctica estas 10 acciones que promueven el flujo de ideas y que me ponen en buena actitud para resolver problemas. Espero te funcionen también.
1. Medita
Esta es la práctica base para mantener la mente fresca y libre de las ataduras que son las opiniones. He encontrado que entre más arraigada es una opinión, menos libres somos para crear. Los clásicos argumentos de «es que es mi estilo» o «yo siempre he sido así», generan más problemas que soluciones. El mindfulness termina con ellos y nos pone en buen camino para que las ideas fluyan.
2. Escucha música distinta
Estar abiertos a todo tipo de música y disfrutar todo tipo de géneros del mundo es por demás enriquecedor. Promueve la cultura y nos mantiene la mente abierta para aceptar todo tipo de ideas.
3. Lee
Ya sé que todo mundo quiere que leas. Yo también. Leer novela y cuento hace que la imaginación vuele y se ejercite. Esto resulta en más y mejores ideas.
4. Cuida tu alimentación
Nunca podré decir suficiente sobre nutrición. Si alimento es de buena calidad, tus ideas serán más fluidas y cada vez mejores. Enfocarte te será mucho más fácil, haciéndote mucho más fácil encontrar soluciones.
5. Practica gratitud
Un problema clásico de las personas creativas es que cuando resolvemos algo de buena forma, el ego nos convierte en un pavo real enorme que va presumiendo el plumaje, buscando reconocimiento. Es importante cancelar esto porque nos hace perder humildad y nos cierra ante el hecho de que una buena idea no significa un camino creativo para siempre. Al practicar gratitud estamos reconociendo que somos un engrane más de un sistema más complejo de lo que imaginamos. Esto nos regresa a la tierra para seguir trabajando.
6. Haz ejercicio
Mantener el cuerpo en buen estado es básico para que la mente funcione de manera correcta. Si dedicas al menos 30 minutos al día para caminar, correr o ir al gimnasio, tu cerebro recibirá sangre con oxígeno y adrenalina. Nada mejor para generar ideas frescas. Tip especial: el yoga es el mejor compañero del creativo. ¡Inténtalo!
7. Apágalo todo
Los bloqueos creativos también pueden llegar por saturación de información. Si tienes al mismo tiempo redes sociales, móvil, música y trabajo; es hora de apagarlo todo por unos buenos 30 minutos. Sal a caminar, toma aire, luz de sol (si te es posible) y a seguir trabajando.
Estas acciones me han sido siempre útiles. ¿Tienes otra fuente de creatividad que quieras compartir?
Pronto regresará Omoi, el taller de meditación y creatividad. Si necesitas información, escribe a elchocobuda ARROBA gmail.com
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi