Pensamientos aleatorios sobre diferentes cosas

Pensamientos aleatorios sobre diferentes cosas

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De vez en cuando la mente procesa datos más rápido de lo que uno quisiera. En esos momentos llegan varios temas que me gusta escribir para consultar o estudiar después. Pensé que sería interesante compartirlos esta vez. Así que puedes ignorar por completo esta entrada 🙂

La naturaleza del pensamiento y el valor del zazen

Con cada alumno que trabajo, con cada coaching personal que doy, confirmo lo que muchos maestros Zen han enseñado: nuestros pensamientos son basura. Todos. No hay un solo pensamiento que valga la pena, pues son solo una herramienta para navegar por el universo.

En el momento en que damos valor a los pensamientos, el torrente de chatarra mental no se detiene. Un pensamiento lleva a otro y a otro. Al final del día cargamos tanta chatarra en la espalda, que nos es difícil entender que sufrimos porque nosotros mismos nos hemos llenado de basura mental a la que nos abrazamos.

Caoshan Benji, alumno del Patriarca Shitou Xiqian (budismo Chan, 700-790), nos impulsaba a buscar la iluminación silenciosa. Esto implica soltar los pensamientos para dejar que la vida transcurra sin que la alteremos con pensamientos o acciones.

La iluminación silenciosa es soltar todo lo que somos para entrar en comunión con lo que nos rodea.

Hacemos zazen con lo que hay, donde podemos. No rechazamos nada, aceptamos y caminamos un paso a la vez.

 

Quiero vs. Necesito

Ayer una persona me decía que no quiere dejar de comer las cosas que le gustan, a pesar de que sabe que le hacen daño y que la han mantenido con desórdenes alimenticios toda una vida.

¿Hasta dónde estamos dispuestos a luchar por el ego? ¿Vale la pena sacrificarlo todo por una rebanada más de pizza, por una botella más o por una relación más?

Entiendo que hay un problema de ego inflamado. Todos hemos estado ahí. Es solo que me parece absurdo que el ser humano es el único que se causa daño de esa manera. En verdad se necesita entereza, disciplina y ganas de retar la comodidad para crecer.

Quiero apela al ego, a la estupidez y a la comodidad. Necesito usa inteligencia, silencio y no requiere nada más que un poco de atención.

Si hay algo que hay que cambiar, necesitamos comenzar un pequeño paso a la vez. Siendo el primer paso la búsqueda de información.

 

Ilusión de belleza

Esta cultura nos obliga a embellecernos para poder competir contra los demás. Usamos  todo tipo de ropa, colores y texturas para poder demostrar que somos bellos por afuera.

¿No sería mejor perseguir la calidad de nuestros actos?

Por ejemplo, dejar de manipular a los demás te convierte en una persona más atractiva que cualquier modelo de revista.

La belleza física termina. La belleza de nuestra compasión y nuestros actos permanecen por siglos. ¿Cuál elegir?

 

Política

El Zen nunca ha comulgado con la política. Considera a los políticos como personas enfermas que han suspendido su compasión y viven en sufrimiento. El sufrimiento provocado por su avaricia los lleva a pasar por encima de los demás, con tal de no perder terreno. Si miramos la historia de la humanidad veremos que somos el mismo simio a través de los siglos. Los políticos eran la misma escoria en la antigua Grecia, Roma, Japón medieval, Asia menor y en Medio Oriente. ¿Porqué en los países hispanos habría de ser diferente?

El problema es que queremos que los políticos reaccionen y trabajen por nosotros. Nos enojamos, manifestamos y vivimos en eterno berrinche.

¿Pero y si comenzáramos a entender que los políticos son solo un reflejo de lo que cada uno de nosotros es por dentro?

Esto viene a la mente porque en la Ciudad de México se repartirán silbatos para que las mujeres pidan ayuda al ser acosadas sexualmente. Cuando vi esta noticia, me sentí muy triste.

Puedo ver la falta de compasión, de humanidad y de inteligencia de los políticos machistas. Nunca ha sido diferente.

Lo único que veo es que como sociedad, tenemos mucho que aprender. Y el cambio siempre comienza dentro de uno mismo.

 

Violencia y bienestar

Llevo casi 2 meses que dejé de consumir violencia en medios de difusión. Es difícil, puesto todo lo que nos rodea es alguna forma de violencia. En la medida que he podido, la disminuí al mínimo.

Y los resultados han sido impactantes. Estoy de mejor humor, soy más productivo, mi zazen es más profundo y en general estoy más tranquilo y relajado.

Es un experimento que llevará algo de tiempo, pero quizá en un par de meses más escriba una entrada al respecto.

De momento me queda claro que consumir violencia es nutrir la mente con la comida equivocada.

¿No me crees? Inténtalo por una semana y verás a lo que refiero.

 

Gratitud y humildad

Estamos rodeados de bondad. Cada cosa que haces, cada alimento que consumes, cada paso que das… ¡Todo está lleno de la bondad de millones de seres que han trabajado por ti, por mi!

Tenemos tanto, estamos rodeados por tanto, que mi corazón se llena de humildad y gratitud.

Con lágrimas me rindo ante lo mucho que nos da el multiverso.

 

Lo tienes todo y no hallas felicidad. Esta es la razón.

Lo tienes todo y no hallas felicidad. Esta es la razón.

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En tu rostro se dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Eres una de las personas más felices del universo porque acabas de estrenar lo que habías deseado por meses. Luego de un camino que parecía eterno, al fin está en tus manos. No importa la deuda, no importa lo que hicieras. Aquí está. Es todo tuyo.

Lo usas, lo disfrutas y avisas a toda la sociedad que eres una persona de éxito. Triunfaste, para envidia de los demás.

Te felicitas y te bañas en tu éxito. Y un par de días después la novedad termina. El objeto de tu triunfo (auto, teléfono, televisor, nueva pareja, empleo de ensueño, viaje, o lo que sea) se funde con el entorno y ya no te hace feliz como lo habías anticipado. De hecho, ahora te topas con la realidad de que tienes que cuidarlo, mantenerlo y pagarlo).

Y justo porque este triunfo no te hizo feliz, regresas a la búsqueda de otro deseo que te de la ilusión de felicidad. Es un ciclo infinito.

¿Has estado ahí? Yo sí, más veces de las que puedo recordar. Es una condición humana natural en la que pensamos que cumplir nuestros deseos trae felicidad. Nuestros abuelos fueron educados para cumplir deseos y caprichos. Nuestros padres también, y nos educaron en la misma línea.

Vivimos bajo la ilusión de que el universo debe cumplir nuestros deseos. Crecemos y trabajamos solo para eso, pero en algún punto nos percatamos que esta búsqueda por mini euforias nunca hos ha hecho felices. De hecho estamos más vacíos y solos que nunca.

Las personas desarrollamos esta super compleja relación con los deseos, donde les asignamos valor y los tomamos como estandarte.

Pero los deseos no significan nada. Son solo pensamientos resultado de los caprichos del ego.

Piensa en uno de tus más grandes deseos. El que sea. ¿Listo? Ahora mira a tu al rededor y verás que no está. No existe. Esto es porque el deseo es solo una fantasía de tu ego. Carece de sustancia y es intangible. Es un pensamiento en la misma calidad que un recuerdo o un plan del futuro.

Como todos los pensamientos, cuando de asignas demasiado valor a tus deseos, en algún momento tomarán el control de tu razón y se convertirán en la raíz de tu sufrimiento.

No tiene nada de malo vivir con deseos en el corazón. Todos queremos una mejor vida, un mejor gobierno, una existencia más cómoda. Eso está bien. Es lo que nos hace humanos y lo que forjó la civilización.

Lo que nos hace sufrir es abrazarnos al deseo y vivir en obsesión. Si de pronto el deseo se convierte en tu motivo de vida, estás caminando el sendero del sufrimiento y en algún punto será enloquecedor.

Sentir el fuego por el progreso, por el cambio; y trabajar para lograrlo es maravilloso. Pero nunca hay que perder de vista que cumplir los deseos jamás serán felicidad, además de que la vida siempre es dinámica. La vida tiene sus propios motivos, tiempo y agenda, que nunca van a coincidir con los tuyos.

Podemos caminar paso a paso para cumplir deseos, pero siempre bajo la inteligencia de que todo es impermanente, insatisfactorio y carente de sustancia. Estas son las Tres Marcas de la Existencia que nos dejó el Buda.

Si las tienes en claro, tu relación con los deseos será muy simple y podrás verlos por lo que son: caprichos del ego sin ningún control sobre ti.

Así que respira y mira tus deseos de esta manera. Es liberador.

Bebe tu café

Bebe tu café

Shokyo Miura, a Buddhist monk and one of the on-site priests, carries cups of coffee past a statue of Buddha at Tera Cafe in Tokyo, Japan, April 1, 2016. REUTERS/Yuya Shino

En una tarde de primavera un estudiante y su viejo maestro disfrutaban una taza de café. El estudiante habló:

—¿Para qué sirve el zazen, Maestro?

—No sirve de nada— respondió el sabio.

—¿Entonces para qué practicarlo?— preguntó el alumno.

—No tengo idea. Bebe tu café.

Y el estudiante se iluminó.

Muchas personas se sientan a meditar pensando que estarán más tranquilos y que combatirán el estrés. Algunos quieren poner la mente en blanco, por alguna razón. Otros quieren ser tocados por dioses o ángeles. Un puñado más quieren viajar por el tiempo o tener profundas experiencias fuera del cuerpo.

El zazen (meditación zen) no sirve para nada. Es una pérdida de tiempo porque no te hará millonario ni exitoso. No tiene nada de especial.

Solo nos sentamos, apreciamos la vida por lo que es y dejamos pasar los pensamientos sin aferrarnos. No juzgamos nada. No comentamos nada.

En zazen nos hacemos pequeños para que la vida transcurra sin que la contaminemos con conceptos o etiquetas.

La iluminación nunca es el fin de la práctica budista. La iluminación está en contemplar la vida sin chatarra mental.

Un volcán, una nube o el excremento; nada en el universo requiere de nuestra palabrería o pensamiento para estar y cumplir su misión. Solo están.

Todas tus preocupaciones, tristezas, deseos, amores o ira. Todo es ficción que nos aleja de las cosas como son.

Así que respira. Por hoy, bebe tu café.

Belleza en todo lo que te rodea

Belleza en todo lo que te rodea

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La búsqueda de la belleza es un tema lleno de aristas y controversias. Lo que para ti es bello quizá no lo es tanto para mi. Lo que para una cultura es digno de admiración, podría ser no tan afortunado para otra.

No importa lo diferente que sea la apreciación estética que practiquemos, todos los seres humanos necesitamos ver cosas bellas cerca, pues es una necesidad clara para la especie humana. Sin embargo preferimos ir en búsqueda de los bienes materiales o de las relaciones personales, en lugar de simplemente sentarnos a contemplar todo lo hermoso que te rodea.  Me parece que hemos pisoteado la belleza en nuestra intensa búsqueda por cumplir metas, mantener el poder y comprar basura que no necesitamos.

Al vivir en el eterno ciclo capitalista de trabajar-comprar-dormir, perdimos la sensibilidad para apreciar la belleza de la vida. En lugar de la sencillez y la elegancia, optamos por tener más de lo que sea para mantener la obsesión por poseer.

Pagamos por tener el nuevo iLo-que-sea de Apple (o de cualquier marca, para el caso), que terminará apilado junto a todos los demás productos inútiles con diseño industrial placentero.

Pero tener demasiado de todo no nos hace más felices, sino que nos deja vacíos y secos para apreciar la realidad por lo que es. Aun más allá, este atasque por comprarlo todo y por controlarlo todo, nos ha vuelto más tontos.

Admirar la belleza no requiere invertir dinero ni poseer nada, sino que es un esfuerzo mental al que ya no estamos acostumbrados y lo rechazamos categóricamente.

Mirar el amanecer, ir al museo, apreciar una pintura, disfrutar del silencio, escuchar música no popular; todas son actividades que requieren callar el pensamiento para poner atención a lo que se tiene en frente.

La realidad misma es mágica.

No necesitas comprar nada para sentir la elegante paz de la meditación zen cuando sólo miras la pared por 20 minutos.

Tampoco hay que tener 15 parejas al mismo tiempo para ver la sincronía con la que se mueve el mundo que nos rodea.

No es requerimiento el ser político destacado para rendirse ante la majestuosidad de Magritte. De hecho, nunca conocí político que disfrutara del arte.

Al contrario. Ahora escuchamos reguetón y destrozamos propiedad privada. Destruímos. Extinguimos especies completas. Violamos culturas enteras para quitarles oro u otros recursos materiales.

Cambiamos nuestro voto por un premio instantáneo, opacando la nobleza y futuro de toda una nación.

Cada vez que optamos por la fealdad, estamos renunciando a la razón y a la creatividad. Nos hemos vuelto criaturas feas en tantos sentidos, que cuesta trabajo entenderlo.

Pero al mismo tiempo… pero al mismo tiempo, aun dentro de todo este ambiente humano que ensucia la naturaleza, hay destellos de que lo hermoso vive dentro de nosotros.

Por cada 100 personas malintencionadas, hay un pintor que es libre y vuela hacia el cosmos con sus pinceles.

Por 1000 grupos norteños o reguetoneros, hay un joven componiendo jazz o cantando ópera.

Por un millón de compradores compulsivos en fiestas navideñas, hay un padre que lleva a su hijo al museo y le explica de dónde vienen sus raíces y por qué debe estar orgulloso de ser humano.

El arte, el silencio y la elegancia viven en la simpleza de cada amanecer.

La creatividad se asoma de entre el lodo, como flor de loto.

Es cuestión de callar la mente y ver la realidad en silencio.

¿Qué ves?

Vida pequeña

Mi vida es muy pequeña, insignificante.
No poseo nada,
solo algunas cosas sin valor
que regresarán al origen en algún momento.
Camino por la calle con los pasos del Buda,
la mirada en las miradas que ignoran,
la respiración justo aquí.
Compro café y sonrío.
Como un mazapán y siento alegría.
Regreso a casa con el sol a cuestas
y siento lágrimas,
reverencia y gratitud.

Mi vida es muy pequeña, pero llena de lujos.
Tengo comida para hoy,
aire qué respirar,
piernas para caminar,
oídos para escuchar el silencio,
trasero para el zazen.

Mi vida es muy pequeña, insignificante.

El sarcasmo NO es inteligencia, es violencia

El sarcasmo NO es inteligencia, es violencia

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El otro día vi un meme que me pareció muy triste. Decía algo como que sólo los inteligentes son sarcásticos y los estúpidos no lo entienden.

Me quedé helado por la intención de odio y de violencia de ese mensaje. No quiero imaginar el dolor en el que vive la persona que escribe cosas así.

El sarcasmo es un tipo de expresión que todos usamos con el fin de ser graciosos. Es parte de la cultura humana desde hace milenios, se usa como recurso humorístico y para hacer pensar a los demás. Es parte importante de las bellas artes. Lo vemos en el teatro griego, en el cine y está por todos lados en la literatura. La caricatura ES sarcasmo. Usado así, sin duda es para públicos inteligentes.

El problema es que cuando recurrimos al sarcasmo en la vida cotidiana, se convierte en una forma cruel de violencia. Al igual que el albur mexicano (insulto de doble sentido de connotación sexual), es cobarde porque no dice el mensaje de forma clara y directa. Es vulgar porque se oculta bajo la etiqueta de «humor», sin elegancia o respeto.

Al final, el sarcasmo tiene la clara intención de burlarse, denigrar y herir al interlocutor.

Usado así no es de personas inteligentes. Es de gente ególatra que se asume como superior. Pero en realidad carecen de control sobre su propia ira y han cancelado su compasión por los demás.

El sarcasmo es para personas perezosas que no se esfuerzan en mejorar la calidad de sus habilidades en comunicación o cultura.

El Noble Camino Óctuple del budismo, que marca las acciones correctas para lograr una vida tranquila, nos enseña la importancia del Habla Correcta. De igual forma, uno de los Cinco Preceptos básicos de nuestra práctica nos invita a tener siempre un habla clara, cordial y libre de mentiras.

Para el Buda la comunicación humana era esencial. Nos dice que bien utilizada, cultiva la paz y promueve la compasión entre los seres vivos. Nos dejó muchas enseñanzas que nos hacen conscientes del uso de la palabra, así como del respeto y el silencio.

Tener un Habla Correcta es entender que nuestras palabras pueden herir a los demás y que tenemos una responsabilidad para ser aliados y amigos. Todo lo que decimos cuenta y tiene intención.

Si la intención es destructiva, el sufrimiento que generaremos será infinito… pero contrario a lo que la mente ególatra cree, el sufrimiento no es para los demás. Es para el sarcástico. Es él/ella quien se queda con ese odio.

Nada de malo en usar el sarcasmo para marcar una situación irónica de la que necesitamos reír. De hecho, ¡necesitamos reír más! Existen cartonistas maravillosos y humoristas que trascienden las culturas, hay que disfrutar de su trabajo. Pero ser sarcásticos para destruir a alguien, es otra historia.

Así como está, el mundo está lleno de violencia. ¿De verdad quieres crear más violencia con tus palabras y llevar esa violencia en tu corazón?