Cinco tips para combatir la soledad

Cinco tips para combatir la soledad

Estos son tiempos emocionantes. La tecnología nos permite disfrutar servicios que hace algunos años sólo sucedían en las historias de ciencia ficción. Hoy tenemos acceso a información en tiempo real, a bases gigantescas de conocimiento, a música de todo el mundo y entretenimiento sin límites.

Por supuesto también estamos conectados con millones de otros internautas, coleccionamos amigos como si fueran cromos y hacemos lo que sea por conseguir un retweet o un Me gusta.

Las ciudades son más grandes que nunca y la población ha crecido a niveles peligrosos.

Entonces, si estamos rodeados por millones de personas y conectados con cientos de amigos, ¿porqué nos sentimos tan solos?

La soledad es una enfermedad que ha pegado muy fuerte en los últimos años y, por más que lo neguemos, todos la hemos sentido… y no parece mejorar.

Existen muchas explicaciones para el sentimiento de soledad, pero una de las que más me ha hecho reflexionar es que la cultura del mundo se ha volcado al cultivo y adoración del ego.

En otras palabras; la ropa está diseñada para que YO me vea bien. La comida y la bebida están creadas para YO obtenga placer. El iPhone está hecho para YO esté más conectado. Tengo automóvil para que YO viaje más cómodo. YO sólo acudo a los eventos que ME convienen.

Las redes sociales están creadas con una idea que no aplica en la vida real: edición.

En Twitter y Facebook puedes editarlo todo. Tus fotos, para que la gente vea un ideal de ti. Tu información, para que tus amigos vean lo elocuente que eres. Tus preferencias, para experimentes el software como te gusta.

Este poder de editar la vida nos permite vender una idea engañosa de quiénes somos. Nos expresamos sin mirarnos a los ojos, sin sentirnos.

No importa cuántas personas nos rodeen o cuántos amigos reales tengamos, la saturación de ego es extenuante y termina por drenar cualquier voluntad de interactuar en la vida real. Esto se convierte en un vacío tan grande, que no tenemos con qué llenarlo, por más Me gustas o retweets que tengamos.

Intentamos tapar la soledad compartiendo fotos de comida o con mensajes de «tengo calor», esperando que alguien escuche. Quien sea.

Como mencioné, este es un problema complejo que da para libros enteros, no sólo un humilde post como este.

Pero eso no evita pueda compartir algunos consejos que me han funcionado para combatir la soledad.

1. Piensa en Nosotros

La palabra nosotros es hermosa porque implica trabajo en equipo, solidaridad, democracia, amor y compasión. En lugar de hacer cosas para satisfacer tu ego, haz cosas que ayuden a los demás, que impulsen a tus amigos o familia hacia adelante.

2. Sé más amable

La amabilidad es todo un tema de estudio para el budismo. Sin embargo ser cuidadoso de los modales y la cortesía siempre gana amigos. Saludar, sonreír, responder con atención y mirar a los ojos son actitudes que forman relaciones muy agradables.

3. Deja (o controla) las redes sociales

Sí, sí. Las redes sociales se convirtieron en una necesidad y todos disfrutamos de ellas. Eso lo entiendo. Pero no dejes que un timeline sea tu vida. La vida y las relaciones personales duraderas suceden allá afuera.

4. Pasa tiempo a solas

Sé que esto es un oxímoron, pero pasar tiempo a solas ayuda a no sentirse solo. Aprendes a vivir con lo que tienes, con lo que eres. Meditar, leer libros de papel (o en digital PERO sin conexión a Internet), escuchar música (sin video), beber un café o té por la tarde mientras escuchas el ruido de la ciudad; todo eso ayuda mucho.

5. Ayuda a la gente

La mejor forma de hacer amigos y de ver sonrisas, es siendo menos egocéntrico y ayudar a la gente. Dona tiempo o dinero a alguna institución en la que creas. Visita a tus viejos. Llama a tus amigos. Sonríe y saluda en la calle a todo mundo.

El secreto para combatir la soledad siempre ha estado en tus manos. Es cuestión de aprender a ver más allá del ego.

En este lugar no hay tú

Siéntate a meditar porque es el único sitio del universo donde tú no existes.

Es donde puedes llegar, respirar tranquilo y saber que al entrar estás dejando el ego fuera de ti. Te miras por fuera y por dentro. Viajas por un espacio infinito donde están tus recuerdos, tus miedos y tus deseos.  Hilas todos los cabos sueltos que forman tu vida, pero aprendes a dejar ir todo.

Lo bueno y lo malo flotan y se pierdan en la inmensidad. Se van los pensamientos y los sueños para dejar un vació efímero en donde el cuerpo y las leyes de la física ya no son relevantes.

En este lugar todos los budas se sientan en ti. Eres el Buda siendo el Buda, meditando como el Buda. Ya no eres tú. Eres el flujo de la vida que mueve al universo. Te conviertes en una gota más que cae y se une al océano cósmico.

Al meditar estás doblando el tiempo y el espacio para convertirlos en una sola masa relativa que da origen a lo absoluto.

Quizá el cuerpo esté en un zendo, en una escuela de yoga, en una estación del metro o en un hospital. La mente vacía abandona todo y te une al todo.

Eres todo. Todo eres. Es la dulce dualidad del ser en la que aprendemos que la tristeza y la desilusión son sólo parte de la vida y tenemos que abrazarlas justo como abrazamos la dicha y la felicidad.

Cuando meditas se eliminan las barreras y la división entre tú y no-tú. Ya no hay más fronteras, colores ni opiniones.

Cuando meditas alcanzas ese lugar donde no hay tú.

La respuesta está en el silencio

La pregunta más difícil de responder es ¿por qué?

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué la maldad, el abuso, el odio, la división?

¿Por qué la confusión, el caos, el desorden, la desigualdad?

¿Por qué la violencia, el ejército, los policías y el terrorismo?

¿Por qué lo políticos, los medios masivos, la corrupción, la manipulación?

¿Por qué estoy aquí?

¿Por qué estamos aquí?

¿Por qué debo hacer esto, aquello?

¿Por qué obedecer, hacer, aprender, lograr?

¿Por qué meditar, actuar, mentir o hablar con la verdad?

¿Por qué hay que esforzarse, subir y vencer al oponente?

¿Por qué hay oponentes? ¿Por qué perdemos y dejamos que nos pisoteen?

Junta todos los por qués te tengas.

Siéntate con ellos. Juega con ellos en tu mente, como si fueran barajas.

Ahora déjalos ir. Suéltalos. No los necesitas.

¿Qué es lo que queda?

Sólo silencio.

Para cambiar tu país

Para cambiar tu país

Son tiempos duros y muy tristes para la humanidad. Por todos lados parece haber atropellos a nuestros derechos básicos de alimentación, economía, educación, paz y democracia.

Basta leer un poco de las noticias para terminar con el espíritu  consternado y con el corazón oprimido. Venezuela la está pasando muy mal. México tiene uno de los peores gobiernos de la historia y una narco guerra abominable. Siria sigue perdiendo hijos en una cruel y violenta guerra civil. Hay disturbios en Myanmar, Kiev y crímenes de odio por todos lados.

La crueldad y el egoísmo están creciendo de forma terrible. ¿O será que ahora estamos más conectados y podemos compartir más de lo peor?

No lo sé y no es mi papel juzgar diplomacia ni política internacional. Me declaro un completo ignorante, además de que mi opinión no tiene validez alguna.

Pero puedo hablar desde mi humanidad afectada por la ingenuidad del budismo.

Es muy posible que esté errado al pensar que nuestros problemas más fuertes no son nuestros gobiernos. Somos nosotros mismos y nos hemos ganado a pulso los gobiernos que tenemos.

Mientras sigamos siendo corruptos, ventajosos, hablemos con la mentira de por medio, odiando al que es diferente, maltratando a la mujer, manipulando a los demás, sobornando a la autoridad, robando, pasando por encima de otros para subir o no sabiendo cumplir promesas, olvidando a los pobres y a los adultos mayores o siendo crueles con los animales; todas estas pesadillas políticas seguirán sucediendo.

¿Cómo quejarse de un mal gobierno si espiamos a nuestra pareja o si atropellas los derechos de los demás para conseguir nuestros objetivos?

Nuestras quejas pierden validez si no las sustentamos con nuestros propios actos virtuosos.

El cambio no está en la revolución. Nunca lo ha estado. La historia nos demuestra una y otra vez que las revoluciones no funcionan. Generan más violencia y crueldad para terminar con gobernantes peores que los anteriores.

El cambio está en nosotros mismos, en la educación que nos procuramos y damos a nuestros hijos.

El cambio verdadero llega cuando integramos la compasión como valor principal a nuestra forma de vida. Al ponernos en los zapatos de los demás para entender que todos sufrimos.

Si todos los políticos del mundo entendieran un poco sobre compasión, sus crímenes serían menores.

Si cada uno de nosotros sintiera compasión por las personas en nuestra comunidad y ayudáramos a mejorar sus vidas, en lugar de envidiar u odiar, tendríamos grupos de personas comprometidas con un cambio social que comience con pequeños actos.

Si sintiéramos compasión por nosotros mismos cultivaríamos la mente, cuidaríamos la alimentación y daríamos lo mejor a nuestros cuerpos.

Repito, sé que soy demasiado ingenuo, que no tengo autoridad para hablar de lo que no sé.

¿Pero si nos esforzáramos un poco por entender sobre compasión y pasarla a los jóvenes?

Quizá todos los problemas se suavizarían un poco. No lo sé.

Es sólo algo que he estado pensando en los últimos días.

El ego llega por la puerta y el amor sale por la ventana

El ego llega por la puerta y el amor sale por la ventana

Febrero siempre trae consigo el día del amor y la amistad. Las tiendas son decoradas con corazones, cupidos y, si somos suertudos, alguien se acordará de nosotros y nos dará un chocolate.

Fijamos nuestra atención en el amor de pareja y quizá en el amor de amigos. Y eso está bien. El problema es que olvidamos muy fácilmente que el amor es un concepto mucho más profundo que un chocolate.

Celebrar el amor es una de las actividades humanas más maravillosas. Necesitamos el amor para sentirnos bien y, según el Buda, es el camino hacia la libertad.

No voy a profundizar en un tema que ha sido tratado por la filosofía en numerosas ocasiones. Basta con leer a Aristóteles, Fromm o a Schopenhauer. Ellos son mucho más sabios y tienen cosas más inteligentes qué decir.

En lo que quiero enfocarme en un factor que afecta todas nuestras relaciones sentimentales y, con frecuencia, las convierte en sufrimiento: el ego.

Cuando se piensa más en las necesidades propias, cuando se ve a la otra persona como objeto, cuando no sabemos de compasión; hemos dejado al ego entrar por la puerta grande.

Trata de hacer memoria de tus relaciones personales. Estoy seguro que más de una vez has sufrido porque la relación no resultó como querías. O quizá tu pareja no hizo lo que tú esperabas. Es posible que ella/él no cumpliera tus expectativas. O no se comportó en público de la forma que imaginabas. Los celos pudieron haberse manifestado.

Como sea, cuando el ego entra por la puerta y permitimos que nos domine, el amor se ve sacrificado para dar paso a la autocomplacencia y a los despliegues de mini-poder.

Estar centrados en nuestro propio ser en lugar de cuidar a nuestra pareja como algo precioso, nos traerá sufrimiento porque ella/él jamás llegarán a cumplir nuestros requerimientos. Trataremos de hacerlo cambiar a como de lugar.

El ego es el que nos hace imaginar cosas y justifica nuestros temores y fantasías destructivas. Eso nos da el poder de lastimar.

Lo peor del caso es cuando dos egos chocan. Entonces tenemos una relación basada en la mentira, la manipulación y las verdades a medias. Y estas relaciones son venenosas porque enferman al alma y contaminan todo lo que tocan. Se convierten en shows de poder, y el poder es tan venenoso como es adictivo.

Ahora trata de recordar la  relación en la que hayas sido más feliz. Estoy seguro que resultó porque pudiste dejar al ego de lado, al menos por un momento.

Dejar al ego encerrado en una caja con candado y varias cerraduras nos da la felicidad de relaciones honestas y duraderas. Basamos el cariño en atender las necesidades del otro. Escuchamos, acariciamos y entendemos lo que se dice, aún sin necesidad de palabras.

Sin ego tratamos a la persona como lo que es: la joya más preciosa.

Y si ambos tiran el ego a la basura, resulta en felicidad mutua y trabajo en equipo.

Lograr esto no es imposible. Es cuestión de compasión en el sentido budista: es estar atentos a los sentimientos de la pareja y tratar de ver la vida con sus ojos. De ponerse en sus zapatos y tratarla/tratarlo de la misma forma que quieres que te traten. Con agradecimiento y humildad.

Pero no me creas a mi. Rétame y ponme a prueba. Demuestra que estoy mal y que soy un loco insensato.

Tira el ego a la basura y trata a tu pareja como quisieras ser tratado.

Si no te resulta en felicidad, te regreso tu ego para que sufras como te gusta.