Algunos consejos para combatir la tristeza

Algunos consejos para combatir la tristeza

ATENCIÓN: No soy médico. No soy psicólogo. No soy nadie, en realidad. Si padeces depresión crónica acude con un profesional para que te ayude. Sé responsable con tu salud.

La tristeza es parte normal del proceso de sanación.

Dolor y sufrimiento son diferentes. Debemos prestar atención a nuestras emociones. El dolor por la pérdida y por cierres siempre es abrumadora y es normal llorar mucho por ello. Puede tardar semanas o meses. Poco a poco se irá deslavando hasta llegar a la tranquilidad de nuevo.

Sin embargo sufrir es distinto. Sufrir es cuando ponemos el ego por delante y pensamos «¿porqué a mi?», «me duele mucho», «me muero», «me rompieron el corazón»… Es decir, nos enfocamos en el YO y nos convertimos en víctimas.

Sé que es difícil de entender, pero aquí la meditación es nuestra herramienta principal. Con la constancia la mente aprenderá a dejar ir la tristeza y a ver el dolor por fuera, como espectadores. Así nos desasociamos de las emociones y es más fácil manejarlas.

Entiendo que meditar en tiempos de crisis es difícil, pero es cuando más se necesita.

La práctica de la meditación en budismo zen se llama shikantaza: sólo siéntate y medita. Sin cuestionar y sin intelectualizar. Sólo hazlo.

Otro consejo que siempre funciona es que hagas algo por los demás. Salir de casa e involucrarnos con alguna causa noble es de gran ayuda.

La tristeza y el sufrimiento se controlan muy bien cuando nos enfocamos a aplacar  el dolor y la necesidad ajenas. Sólo así comprendemos que todos los seres tienen problemas y necesitan ayuda.

Cuando somos generosos y compasivos, la tristeza pasa a segundo grado y una cascada de felicidad nos bañará.

Por supuesto estas acciones no son sustituto de terapia profesional, en caso de ser necesaria.

Sin embargo estas medidas seguro ayudan.

 

Adiós a un gran Maestro Zen. Nishijima Roshi 1919-2014

Adiós a un gran Maestro Zen. Nishijima Roshi 1919-2014

«El budismo no es otra cosa que humanismo.» — Nishijima Roshi

Gudo Wafu Nishijima era un hombre sencillo que practicó zazen por 80 años. Era abogado de carrera, pero su actividad principal era de asesor financiero. Así se ganaba la vida.

Sin embargo, su actividad más importante era el estudio y enseñanza de budismo zen a todas las personas que se lo pedían. Nunca decía que no y abría su corazón en especial a estudiantes extranjeros. Creía que el zen es universal y que todos deben tener la oportunidad de practicarlo, en cualquier parte del planeta.

Nishijima Roshi también predicaba que los monjes jamás debían estar encerrados en un monasterio, sino trabajando y siendo útiles en el mundo real. Enseñaba que el dharma se vive allá afuera, con problemas reales y que un monje debía tener familia, hijos, un empleo y además la obligación de mantener vivas las enseñanzas del Buda y Dogen.

Abogaba por la equidad entre practicantes y no hacía distinción de sexo, nacionalidad o jerarquías. Para él todos somos una sola persona.

Esta apertura abrió el paso a maestros como Brad Warner y Jundo Cohen para establecer comunidades mundiales, utilizando la tecnología de Internet como plataforma de comunicación.

Nishijima Roshi nació en noviembre 29 de 1919 y dejó este mundo a los 94 años. Fue estudiante de Sawaki Kodo Roshi y se obtuvo la Transmisión del Dharma de Master Rempo Niwa en el templo Eihei-ji, en 1973.

Gracias a su trabajo mis Maestros pudieron aprender y ordenarse. Gracias a Nishijima Roshi yo estoy hoy aquí.

Nunca pude conocerlo, pero su trabajo vive a través de mi práctica y mis estudios.

Todo mi agradecimiento y respeto.

Sus últimas palabras fueron a su enfermera cuando él rechazó la máscara de oxígeno: «Yo decido cuando muero».

Eterna reverencia a Nishijima
vivo o muerto
porque somos uno, no dos
y al mismo tiempo
lágrimas de felicidad y de tristeza

eterna reverencia a Nishijima
por ser valiente y atrevido aquí y ahora
por dar una simple flor
a tontos como tú, como yo

reverencia en la reverencia
dulce, tan dulce
los caminos esfumados

esto es la realidad

esto es tan real

— Taigu Turlur

Lo vacío de la vanidad

Lo vacío de la vanidad

Una amiga corredora me hablaba sobre cómo el simple hecho de salir a correr se ha convertido en un espectáculo de micro poderes y vanidad; y se siente desilusión por ello.

Las carreras, que para mi son eventos donde intento vencer mis demonios internos, se han convertido en pasarelas donde la gente va a presumir sus tiempos, su ropa, sus gadgets y la unión y poder que transmite su grupo social.

Pero esto no es una sorpresa y tampoco es nuevo.

Ya sea una carrera, demostración de tupperware, reunión de contadores o congreso de diseño gráfico; la vanidad prevalece porque donde hay seres humanos siempre habrá competencia por ver quién es el mejor en lo que sea.

Si me lo preguntan, creo que este concurso de vanidad no escrito es más bien un despliegue del vacío que las personas cargamos por dentro.

Entre más vacío estés por dentro, más necesitas una marca de ropa/auto/perfume/gadget para ser.

Tener más y mejor que los demás es símbolo de estatus y de que estamos pendientes de la moda. Pero lo que en realidad pasa es que estamos demostrando lo débiles y susceptibles que somos a la manipulación mercadológica.

No me malinterpretes. No tiene nada de malo tener cosas que nos ayuden en la vida. Tampoco tiene nada de malo cuidar el cuerpo o pertenecer a un club que nos impulse a ser mejores. ¡Por el contrario! Estas son actividades virtuosas que nos llevan a una mejor vida. Gozar los frutos de nuestro trabajo es maravilloso.

El problema es que cuando estamos tan secos y vacíos por dentro, necesitamos juguetes que nos ayuden a tapar los huecos que nosotros mismos generamos.

La vanidad termina siendo un veneno que nos roba la identidad e incrementa el culto al ego. Nos transforma en criaturas frías con tendencia dañar a los demás.

¿De verdad estamos tan vacíos? ¿De verdad estamos tan solos?

Creo que la mejor manera de parar la vanidad es tomando consciencia de nuestro lugar en el universo y de la impermanencia de las cosas. No somos tan grandes ni tan maravillosos ni tan eternos.

Somos contenedores hechos de cruda materia que comienza a descomponerse desde que nacemos.

Pero en nuestras manos está llenar la materia con luz y virtud.

Viviendo con compasión y entendiendo que nadie está por encima de los demás.

Promover la compasión, mi cruzada personal

Promover la compasión, mi cruzada personal

Durante mi tiempo fuera de línea en diciembre me di oportunidad de acudir a un retiro y de hacer sesiones de zazen más largas. Como resultado de esto tuve un momento ¡Eureka! que no significa nada para nadie, pero a mi me dio introspección sobre algo que me venía molestando desde hace algún tiempo y no sabía qué era.

Cuando alguien me preguntaba ¿porqué pasa X cosa mala en el universo?, la respuesta casi siempre apuntaba a falta de generosidad, exceso de ego o que era consecuencia directa de malas decisiones. Es una forma simple de ponerlo, claro, pero el punto es que mis respuestas siempre parecían incompletas para mi mismo.

Pero en semanas recientes he observado con atención. La violencia es más alta que nunca, existen más atropellos económicos y la maldad y el egoísmo están ganando terreno. Hay más tristeza y desesperación, que llevan a la indiferencia y a la inacción.

En suma, la infelicidad es grande.

Y todo viene porque hemos dejado de lado la compasión.

Esta cualidad única de los humanos está formada de dos partes:

co, que significa juntos, y

pasión, que significa sentimiento fuerte

La compasión es el sentimiento de hermandad y de empatía que nos lleva a ayudar a los demás. Pero más allá, es la fuerza que nos mueve para esforzarnos a que todos los seres vivos estén bien y que sean libres del sufrimiento.

Cuando este valor importantísimo se deja de lado:

  • El rico acapara más recursos e ignora las necesidades de los demás.
  • El político utiliza a la gente y su dinero para su beneficio.
  • El policía no se tienta el alma para sobornar.
  • El manipulador ignora el corazón de su víctima y el daño que causa.
  • El bullying entre los niños y adolescentes crece y se hace cotidiano.
  • La mentira y la traición se vuelven fáciles.
  • El crimen organizado crece. Y crece. Y crece sin control.
  • El racismo y los crímenes de odio son ejecutados.
  • Las diferencias sociales hieren a culturas completas.
  • Las corporaciones se sienten justificadas de vender veneno a la gente (te estoy viendo, Coca-Cola).

Es decir, la falta de compasión hace que todos suframos al entrar a una espiral sin fin donde todos están contra todos.

Creo que el mundo se beneficiaría mucho si todos compartiéramos, nos apoyáramos, tuviéramos empatía por el dolor ajeno y nos preocupáramos por el de a lado.

Sabríamos lo que es bueno para nosotros si primero supiéramos lo que es bueno para los demás.

He dicho esto antes: la base de la felicidad es la generosidad. Eso es muy cierto. Pero para que haya generosidad, primero hay que conectarnos directamente con los sentimientos del otro por medio de la compasión.

¿Qué es la compasión, entonces?

No, no es sólo decir «pobre tonto» a alguien que pasa un mal rato.

Compasión es sentir empatía por los demás, es la respuesta emocional al sufrimiento de los demás y tomar acción para ayudar.

Compasión es ser super honesto y tratar a los demás como queremos ser tratados. Así de simple.

Desde hoy en Chocobuda promoveré la compasión. Será parte importante de mi práctica y un motivo para seguir.

Lo sé. Soy un tonto, ingenuo e idealista.

¿Hasta dónde llegaré? No lo sé. Pero sin duda serán aventuras interesantes y espero me acompañes 🙂

 

Que 2014 sea un muy mal año

Que 2014 sea un muy mal año

Cada año que comienza las felicitaciones y buenos deseos se desbordan por doquier.

Todos nos dejamos llevar por la costumbre y gritamos ¡Feliz año!, esperando que estas vacías palabras cumplan la magia de lograr nuestras metas, objetivos, que tengamos trabajo y salud, y que la prosperidad llegue sola y sin esfuerzo.

Luego de la primera semana comenzamos a romper promesas y a abandonar propósitos. Regresamos a nuestro viejo patrón de comodidad y la vida sigue igual.

En contraste a la cultura convencional, el budismo zen es crudo y brutalmente honesto. No te consiente ni te dice palabras bonitas porque sí.

Es rudo, frío y te hace pensar.

Así que siendo monje budista en entrenamiento y practicante de zen…

¡TE DESEO UN MUY MAL AÑO NUEVO! Y que sea peor que el anterior.

Que sea un año incómodo. Porque sólo así usarás tu creatividad para salir adelante.

Que te rompan el corazón. Así podrás valorar el amor, lo que significa ser correspondido y aprenderás a tratar bien y a respetar a tu pareja.

Que te traicionen. Así entenderás el valor de la lealtad y lo que se siente ser víctima del ego descontrolado.

Que alguien en el trabajo o escuela te pisotee para su beneficio. Porque así verás lo que se siente cuando has usado a la gente como plataforma profesional.

Que te demuestren lo tonto que eres. Para que entiendas que no eres la persona más sabia ni hábil del mundo. Así se aprende humildad.

Que sientas soledad inmensa. Así aprenderás que estar contigo mismo no es malo.

Que llores mucho. Sólo entonces valorarás la risa y la sonrisa.

Que tengas muchos días fríos y nublados. Así darás valor a la luz del sol y al aire fresco.

Que te enfermes. Para que entiendas que cuidar al cuerpo es lo más importante de tu experiencia de vida. Buena alimentación, ejercicio y descanso… son las acciones que has olvidado ejecutar.

Que tengas confusión, pesadillas y caos. Para que por fin te convenzas a meditar diario.

Que el dinero te haga falta. Así buscarás alternativas inteligentes para cubrir tus necesidades y tendrás nueva dimensión de que cuidar tus finanzas personales es esencial.

Que necesites ayuda y nadie te la de. De esta forma entenderás que todos los seres vivos sufrimos y que la compasión es lo que nos saca adelante como especie.

Que 2014 sea un año incómodo, lleno de retos y que tu ego termine arruinado.

Si superas todo esto, la noche del 31 de diciembre de 2014 habrás aprendido, crecido y serás una persona mejor de lo que eres hoy.

Creo que estos son mejores deseos que sólo gritar ¡Feliz año nuevo!

 

 

 

Sin expectativas

sin plan alguno

soltando etiquetas y juicios

sin expectativas

en meditación profunda recibo el nuevo año

zazen infinito no-infinito

sereno

en calma

con la sonrisa del Buda en mi rostro

sentado en el Shobogenzo y con Master Dogen a mi lado,

me baño en el silencio de la fría primera mañana

dejo de existir por un momento

me convierto en uno de más de los secretos hilos que tejen la realidad

para ver las cosas como son

sin apegos

sin expectativas

en silencio

un año que empieza

¿pero es que alguno ha terminado?