por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 31, 2011 | Budismo, Minimalismo, Vida

No, este Nirvana no es del que hablaremos hoy.
No, no vamos a hablar de la icónica banda de Kurt Cobain, por más que me guste.
Al igual que karma, nirvana o nibbana, es otro término budista que fue adoptado por nuestra cultura, pero que nadie tiene una idea clara de qué significa.
Muchas personas lo asocian con el cielo cristiano o con un estado de euforia donde sólo existe la felicidad, que es alcanzado por designio divino o circunstancias mágicas.
Alguna vez también escuché decir que nirvana era tener el estómago lleno después de una comilona épica.
Lamento desilucionar a quienes piensen eso, pero estudiando un poco de budismo nos podemos dar cuenta que nirvana no tiene nada qué ver con resultados mágicos de ninguna especie.
Nirvana es el estado perfecto de la mente en el que nos liberamos del deseo y la ira.
Es el fin del mundo porque ya no hay identidad ni límites para la mente.
Quien entra en nirvana está en paz con el mundo, tiene compasión por todos y deja de lado sus obsesiones y fijaciones.
Esta paz se obtiene cuando terminamos con los caprichos y aversiones porque sólo así se puede dejar de sufrir.
También es muy importante aclarar que podemos llegar al nirvana en este momento. En esta vida. No es una recompensa cósmica al morir, ni tampoco es un sendero mágico. Llegar al nirvana es para todos, aquí y ahora.
¿Cuántas veces no hemos sufrido porque no podemos comprar un auto nuevo? ¿Cuántas veces no hemos sufrido porque una persona no nos ama como quisiéramos? ¿Cuántas veces nos hemos sentido defraudados porque los planes no salen como lo imaginábamos?
Entre más desees algo, más sufres.
Y en el otro extremo, entre más luches por alejar algo de tu vida, más sufres.
El deseo y la aversión son fuerzas muy poderosas que han acompañado a la raza humana desde el principio de los tiempos. Pero también el sufrimiento.
Basta con escuchar cualquier canción pop, de cualquier cultura. Todas dicen «te amo y te deseo» o «te odio, aléjate» o «¡Qué triste estoy, me voy a lacerar aun más!». Pero aun no he encontrado ninguna que diga acepto la realidad como es, estoy en paz y sigo adelante.
Para llegar a un estado de calma en el que la vida es buena y estemos en paz con todo lo que somos y tenemos, necesitamos controlar los deseos y las aversiones. Con ello, de forma casi inmediata, llega la aceptación de la realidad como es.
Entre menos autos, casas, ropa, discos, libros, juegos y viajes necesitemos, vamos a estar mucho más tranquilos con el mundo porque no seremos objetivo de la presión social por tener cosas.
Entre menos deseemos a una persona, cuando dejamos a la enfermedad estar ahí sin causar sufrimiento, entre menos peleas tengamos con la pareja, cuando dejamos que la vida fluya; se terminarán muchas razones para ser infelices.
Yo sé que se lee fácil, pero la realidad es que para entrar en nirvana se necesita atravesar un largo camino de entrenamiento y meditación. Pero la buena noticia es que es posible hacerlo.
Como ya lo he escrito, el desapego es la actividad minimalista por excelencia y lo mejor de todo es que es gratis. Claro que no es fácil, pero al estar conscientes de nuestros hábitos y preferencias, podemos lograrlo.
Pero Chocobuda, tú dices eso porque estás loco. A una persona normal se le antoja tener todo y estar siempre feliz. No, no estoy loco. Y me cuesta mucho trabajo mantenerme desapegado y ver la vida por lo que es. Es una labor de disciplina, meditación y de introspección diarias.
¿Que si se me antoja tener cosas? ¡Claro! Sin embargo valoro mucho más la paz y calma que trae el poseer poco y este sentimiento de felicidad constante que me sigue desde hace algunos años.
Esta calma, pocos factores de preocupación y vivir con ética, forman el camino más seguro al nirvana.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 29, 2011 | Budismo, Minimalismo, Vida

Por contradictorio que parezca, muchas veces la solución a los problemas más grandes está en no hacer nada.
No, no me volví emo ni tampoco soy nini.
Imagina el problema más grande que jamás hayas tenido. Todos pasamos por tiempos oscuros en nuestras vidas, donde el universo parece conspirar contra nosotros. Las flores no florecen, el aire es áspero, toda la comida sabe más y las sonrisas son remplazadas por lágrimas.
Este problema enorme que cambió tu mundo, te causó angustia y pesar. Pero poco a poco saliste de él y fue quedando en el pasado. Aprendiste y creciste.
Si volteas y ves el problema hoy, ¿no te hubiera gustado que te causara menos daño y que la solución hubiera aparecido por arte de magia?
Por supuesto no es posible cambiar el pasado… y eso es muy bueno. El pasado, esté como esté, es perfecto porque es lo que te forjó para ser la persona que eres hoy.
Si lo piensas y realmente haces un análisis a conciencia, quizá el problema no era tan enorme, sino que lo amplificaste con tu reacción.
Esta cultura nos ha enseñado que en la vida hay que tener reacciones dramáticas prefabricadas a la adversidad. Hay que llorar, gritar y desgarrarnos la ropa ante la muerte. Hay que tomar tequila y cantar canciones lacerantes ante el desamor. Hay que deprimirse y sentirse el tonto más grande del mundo ante el fracaso. Hay que sentir culpa de todo.
Pero, ¿no serían los problemas menos amargos si estuviéramos en calma para poder pensar qué hacer? No tiene nada de malo tener drama en situaciones serias, pero el problema es que el drama dura más de lo que debería. Así llamamos más la atención, nos encanta sentir culpa… pero son rocas gigantes que cargamos en la espalda.
Cuando entendemos esto, sabemos el valor de conservar la calma durante las crisis. Antes de reaccionar, hay que tomar un momento para detenerse y pensar.
Si le damos a nuestra mente unos minutos de espacio, podremos tomar mejores decisiones sin engancharnos en el calor de la situación.
Hacer sin hacer. Movernos sin movernos. Sentarse y ver las cosas sin apegos para poder pensar.
Esto es minimalismo. Esto es zen.
—
Nota chocobudista: El poder de detenerse y dar espacio a la mente sólo se obtienen mediante la meditación como hábito. Ver las cosas sin apegos para poder actuar en situaciones de crisis cultivan Acción Correcta, Concentración Correcta, Pensamiento Correcto; que son parte del Camino Óctuple.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 24, 2011 | Budismo, General

No es un secreto que las palabras cuando están bien dichas, tienen un gran efecto sobre nosotros. Un insulto puede causar un daño devastador si lo dejamos, y una palabra de aliento puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.
Todo está en el valor que nosotros mismos le damos a lo que escuchamos.
Pero, ¿y si esas palabras vienen de nosotros mismos?
Por desgracia he conocido personas que fueron educados con las palabras «eres feo» y «eres un tonto» y esto se convierte en su mantra, en frases que los siguen, a veces hasta la muerte, sin que nunca se las hayan podido sacudir de encima.
Por otro lado está el extremo de quien usa las frases para motivarse y justificar el abuso hacia los demás. «Soy un vencedor», «soy el mejor líder» o «el mundo es mío» son mantras terribles que validan que se pueda usar a los demás como tapete.
En la antigüedad se pensaba que las palabras tenían un poder mágico sobre la vida y que si repetías constantemente una frase, podrías realizar cambios en el universo a tu alrededor.
De hecho, se desarrollaron sistemas completos de comunicación para entonar frases mágicas.
Sin entrar en la historia de los mantras, basta decir que al final el poder de las palabras no es mágico, sino que tienen un poder psicológico contundente en nuestra forma de ser.
Como siempre, aclaro que ni el budismo ni los mantras tienen magia. Tampoco nos conectan con ningún tipo de dios o ser místico.
Un mantra es una palabra o frase capaz de crear cambios en la vida de quien las entona, y son un medio muy efectivo para enfocarse en una meta. Es psicología pura.
El budismo utiliza muchos mantras que ayudan a subir el nivel de consciencia y a prepararnos para la tarea que queremos realizar. También se utilizan para tranquilizarnos debido a que algunos de ellos, aunque no significan nada en especial, hacen que nuestras cuerdas bucales y tórax vibren, provocando un descanso de la tensión del día.
También meditar con mantras es muy útil porque cancelamos el ruido externo, pero más importante, el ruido interno.
De la misma forma, usar mantras en nuestras tareas cotidianas puede ser muy útil ya que podemos crear nuestras frases personales, siempre y cuando sean las mismas y las usemos con disciplina.
Por ejemplo, un mantra muy muy útil para tranquilizarnos en la oficina es una simple tonada con los labios cerrados. Es decir, un sencillo «mmmmmmmmmm… mmm… mmmmm» repetido por unos 10 minutos ayudarán a tu concentración y a bajar el estrés.
Cada mañana puedes entonar un pequeño mantra al verte al espejo. Alguna cita célebre o fragmento de canción pueden funcionar muy bien.
Y si quieres algo con mucho más profundidad, entonces puedes estudiar un poco de los mantras clásicos del budismo.
Om mani padme hum, uno de los más comunes y hermosos, evocan a nuestra compasión por todos los seres del universo.
El usar una frase ayuda mucho. De verdad sugiero que lo intentes y compartas tus experiencias en los comentarios.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 14, 2011 | Budismo, Vida

La situación actual con el terremoto, tsunami y crisis nuclear en Japón me da mucho qué pensar y me ha puesto muy sensible a ver cómo reaccionamos todos en distintos países. Pero sobre todo, he reflexionado en cómo funciona la compasión.
En esta cultura dominada por el pensamiento cristiano nos enseñan a ver la compasión como un simple hecho de sufrir con los que sufren. Es llegar al punto de decir «pobrecitos» los que sufren, pero hasta ahí.
He visto reacciones de todo tipo. Hay quienes en verdad sufren con las personas necesitadas, hay quienes hacen chistes, hay quienes sólo ven la desgracia como un programa más en la TV. Y por fortuna están los que dicen «pobrecitos, hay que ayudar».
En budismo la compasión o karuna, es muy distinta. Es el querer que los demás se liberen del sufrimiento y esa es la motivación más grande para comprender que todos sufrimos y que podemos tomar acción para ayudar a quienes están pasando por tiempos difíciles.
Para no meterme demasiado en filosofía y definiciones duras, basta decir que la compasión budista es más parecida a la solidaridad.
Es aceptar el sufrimiento ajeno y tomar acción para mitigarlo.
Esto yo lo aprendí antes de ser budista, cuando era niño, durante las acciones de rescate en el terremoto de 1985, en la Ciudad de México. Vi cómo la sociedad civil lloraba desgarrada al tiempo que llenaba cajas con alimentos, agua, medicamentos y cobertores. Algunos se enrollaban las mangas y se ponían a sacar heridos y muertos del escombro.
Honrábamos a nuestros muertos mientras hacíamos lo posible para sacar adelante a los necesitados.
La tragedia en Japón es del mismo estilo, multiplicada por 1 millón porque no cayó una ciudad, sino que toda una nación está en crisis.
«Pidamos a Dios que esto nunca nos pase a nosotros. JAJAJAJA!» – Comentario visto en Facebook
Este mensaje está mal en muchos niveles. Es egoísta, racista, ignorante, insensible y demuestra una falta de humanidad que me parece muy triste.
¿El que sean de otra raza y cultura los hace menos humanos, más lejanos?
Entiendo que no queremos que esto nos suceda o que nuestras familias y amigos pasen por algo así, pero lo que esta persona no entiende es que la tragedia en Japón, también nos sucede a nosotros.
Esta persona no entiende que hay un problema nuclear enorme y que si la radiación escapa de las plantas de energía nuclear, todo el planeta sería alcanzado de alguna manera. Por si no recuerdan, el continente americano se vio afectado por las radiaciones de Chernobyl en 1986.
En este mundo global, si una nación poderosa cae, la economía del mundo cae con ella. Así de simple.
Pon atención al gobierno de tu país
No es secreto que siempre que la atención se desvía a lo más fuerte en las noticias (en este caso la crisis en Japón) los gobiernos aprovechan para hacer movimientos a la ley que sólo convienen a pocos.
Mientras sentimos pena y ayudamos a Japón, no olvides consultar las noticias locales. Es todo lo que digo.
Ayuda
Creo que no tiene nada de malo sentir empatía por las personas que están sufriendo en Japón, siempre y cuando esté acompañada de una acción de generosidad.
La compasión es vacía si no te motiva a actuar.
Consulta los medios de comunicación de tu país y el sitio de la embajada japonesa local. Ellos te dirán cómo puedes mandar un poco de alivio para mitigar esta emergencia humanitaria.
Todos somos humanos y todos necesitamos de todos. Ayuda.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 24, 2011 | Budismo, Vida

«Así como en el océano hay un sólo sabor, el sabor de la sal; así en esta doctrina y disciplina hay un sólo sabor, el sabor de la libertad». El Buda.
La libertad es uno de los conceptos filosóficos que más atención han tenido a lo largo de los tiempos.
Responder preguntas como ¿Somos realmente libres? ¿Estamos en posición de tomar decisiones sin afectar a nada? ¿La libertad es real o es sólo una ilusión? ¿Somos libres de hacer lo que queremos?; ha mantenido ocupados a los filósofos por siglos.
La libertad existe, a pesar de las cadenas, a pesar de la presión social y es completamente posible cosecharla.
Recuerdo muchos ejemplos como el de Nelson Mandela o más recientemente, el de Aung San Suu Kyi, quienes pasaron años encerrados en una prisión, pero sus mentes jamás pudieron ser encarceladas. Fueron libres, creativos y motivados por el espíritu indomable de una mente en constante desarrollo.
Si la libertad la llevamos dentro y todo mundo puede obtenerla, ¿entonces porqué nos empeñamos en ponernos cadenas de sufrimiento y posesiones?
Veo cómo la gente sufre porque no tiene un mejor auto, porque tiene que pagar deudas, porque quiere el mejor gadget o porque no puede comprar un abrigo de diseñador.
Hay quienes se la pasan muy mal y se hacen heridas profundas al apretar más las cadenas del pasado. También tenemos personas que se amarran más y más lastre con las preocupaciones del futuro.
Y en general es bastante triste ver que en una era donde la información fluye en todos sentidos, es cuando más buscamos estar atados y lastimarnos más y más.
Sin embargo, la libertad existe. Es real y palpable. Sólo que está dentro de nosotros mismos.
Ser libre no es sólo un concepto que esté en un libro. Es un camino de vida, una filosofía y, sobre todo una responsabilidad.
Somos libres cuando podemos ver la vida sin apegarnos a las personas o las cosas, cuando trabajamos para mejorarnos y para ayudar a los demás.
Ser libre es el compromiso de llevar en el corazón la flama del intelecto y transmitirlo a todo mundo.
Somos libres cuando tendemos la mano a quien lo necesita y los ayudamos a obtener la libertar.
Sin importar el dinero que tengamos, los bienes materiales, las relaciones que cultivemos; ser libre es la expresión de los seres que pueden ver el mundo como un libro en blanco en el que escribirán su historia.
Vivir para ayudar. Eso es libertad.
Para romper las cadenas hay que nos detienen, hay que ver para adentro y actuar sin miedo. Siempre.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 21, 2011 | Budismo, Vida
Caminando este fin de semana me econtré este stencil en la calle y se me hizo muy curioso.
Me pregunto si este artista urbano tendrá conciencia de que está difundiendo el budismo. Supongo que nunca lo sabré.
Buda urbano.
Ese es justo el concepto del Chocobuda. Nice!
