por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 15, 2011 | Budismo, Vida

Hay ocasiones en que pensamos que tenemos todo resuelto en la vida.
El trabajo, la familia, los amigos… todo funciona con una estabilidad que no podría ser mejorada ni en un cuento de hadas.
Y de pronto, de la nada sale un ninja que nos arroja una serie de estrellas mortales (shuriken) que hay que evadir a toda costa. Algunas las podemos evitar, pero otras dan en el blanco.
Entonces la realidad como la conocemos cambia y nos tenemos que ajustar a este nuevo orden de las cosas.
Algunas personas salen muy bien libradas de estas encrucijadas de la vida, pero una fuerte cantidad de personas sufre debido a que no pueden soportar la idea de que nada es para siempre.
A esto se le llama Impermanencia y es una de las verdades del universo que no puede ser modificada por más que nos esforcemos.
Luego de años de estudio y meditación, el Buda llegó a la conclusión de que nada en el universo es permanente.
Según el dharma, hay cinco procesos de los que no nos podemos escapar y que no podemos controlar: el envejecimiento, la enfermedad, la muerte, la decadencia de las cosas y la destrucción de las cosas.
A pesar de que todos sabemos que nada es para siempre, a pesar de que todos tenemos en cuenta que vamos a morir y que las cosas que tenemos no durarán, nos esforzamos en ignorar este hecho.
Simplemente escondemos la cabeza bajo tierra y deseamos con todo el corazón que las cosas nunca cambien. Nos formamos la ilusión de que siempre vamos a estar jóvenes, sanos, que siempre vamos a tener una relación perfecta, que nuestros padres jamás morirán y que siempre vamos a tener empleo.
Y cuando los shuriken llegan, el impacto es devastador. No comprendemos cómo es posible que todo haya cambiado, si antes estaba perfecto.
De acuerdo al Buda, la vida es como un río. Es un momento progresivo, una sucesión de momentos distintos unidos para dar la impresión de movimiento continuo.
Este río se mueve de causa a causa, de efecto a efecto, de un punto a otro, de un estado de la existencia a otro; dando la idea de que es un movimiento continuo y unificado. Pero en realidad no lo es. El río de ayer no es el mismo río que el de hoy. El río de este momento no va a ser el mismo río del próximo segundo.
Así es la vida. Cambia todo el tiempo y se vuelve algo distinto de un momento a otro.
Nosotros mismos somos el ejemplo viviente de esto. Es una falacia pensar que somos la misma persona de cuando éramos pequeños. Siempre estamos creciendo, aprendiendo y con el tiempo, envejecemos.
Cuando comprendemos que nada es para siempre, es cuando la vida adquiere su carácter de joya preciosa.
Vivir el día de hoy como si fuera el último es lo que hace que nuestra experiencia sea maravillosa.
Si tenemos que decir te amo, hay que decirlo.
Si tenemos la oportunidad de reunirnos con alguien del pasado, hay que disfrutarlo.
Si hay que trabajar mucho, debemos enfocarnos y resolverlo.
Si tenemos que llorar y decir adiós, hay que hacerlo sin pensar dos veces.
Si la realidad cambia por sucesos inesperados, hay que adaptarnos, modificar el camino y seguir adelante.
A diferencia de los video juegos, en la vida no tenemos 3 oportunidades para terminar el nivel.
Sólo tenemos una oportunidad para hacer las cosas.
Y al estar conscientes de que todo es impermanente, hacemos que cada día sea una celebración de victoria.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 8, 2011 | Budismo
En esta serie de El Abecedario, he estado desmenuzando conceptos del budismo y de la experiencia humana vistos desde la mente budista.
El más reciente artículo fue K de Karma y revisándolo me percaté que olvidé mencionar un par de factores importantes sobre el karma y vipaka, acción y reacción. Si no lo has leído, corre que yo aquí te espero. LINK
Sistema de castas, vipaka y renacimiento

India es un país lleno de tradiciones y uno podría pensar que estas son buenas porque reflejan la riqueza cultural de un pueblo. Esto es real en esencia, pero hay tradiciones que tienen un impacto negativo en las sociedades y en cómo se integran al mundo en un planeta cada vez más pequeño y conectado.
Una de estas tradiciones y formas de ver la vida es el sistema de castas que aun se practica de alguna forma en India.
Las castas son divisiones sociales por sectores de producción. Hace 2,500 años había 4 castas oficiales: esclavos, comerciantes, guerreros y clérigos. Había un quinto sector aun más oprimido: los intocables. A ellos les tocaban los peores trabajos, los más humillantes.
La casta principal controlaba a la de abajo y así sucesivamente hasta llegar a la base, que eran los esclavos, quienes no tenían acceso a mejorar su vida y mucho menos a la educación. Habían nacido en este estrato social y en él morirían.
India y muchas sociedades asiáticas funcionaron con este injusto sistema por siglos y la manera de evitar que los esclavos se revelaran era el control por medio de la religión. Como los esclavos no tenían acceso al estudio ni tenían tiempo de sobra como para dedicarlo a la filosofía o al pensamiento, no tenían marco de referencia para cuestionar a los amos.
Entonces nació la idea de venderles el paraíso a cambio de ser sumisos en esta vida. Este concepto de control ideológico no es exclusivo del sistema de castas de India, sino de todas las religiones primitivas. COF COF CRISTIANISMO COF COF. Perdón, esta tos no me deja.
Si un esclavo era lo suficientemente inteligente como para cuestionar estos conceptos, lo mataban. Y a su familia también.
Este concepto del paraíso y mejor vida después de la muerte, se unió con un sistema de creencias desarrollado por los hombres santos de India, quienes aseguraban que toda acción recibe una reacción.
Así que el concepto filosófico era: si eres buen esclavo y sufres lo suficiente en esta vida, cuando mueras te graduarás y renacerás en la siguiente casta. PERO si tus pecados son grandes o no has aprendido tus lecciones, regresarás como esclavo… o algo peor.
Con esto explicamos cómo la idea del renacimiento se implantó en las creencias hindi y budistas, pero también nos dice mucho de cómo el karma/vipaka fueron implantados en la cultura para controlar a las castas inferiores.
Por supuesto, cuando analizamos la historia, todas las propiedades mágicas del karma desaparecen y nos queda la lucha humana por el control de los demás.
Karma-vipaka-no-creyente
Cuando la gente me pregunta sobre budismo, una de las primeras cuestiones es el karma y la otra es el renacimiento. Este último será tratado cuando El Abecedario llegue a la R, pero de momento es suficiente decir que no soy fan del karma como un tablero cósmico de resultados donde se suman o restan los buenos actos.
Karma/vipaka son sólo conceptos filosóficos que nos enseñan sentido común. Si quieres que la gente te trate bien, trátalos bien. Si te comportas como basura, te tratarán como basura. Si quieres obtener algo, trabaja por ello. Así de simple.
Sin embargo resulta curioso ver cómo la gente se aferra a la creencia de hadas y magia cuando le da un sentido místico a este concepto que no tiene nada de noble en su origen.
Y es aquí donde yo me pregunto: ¿porqué depositamos la responsabilidad de nuestros actos en seres mágicos todo poderosos?
«Yo no fui, es el karma que me traigo de otra vida». My ass. Hay que aceptar que nuestra felicidad, nuestro éxito y nuestro destino están en nuestras manos.
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Bibliografía
La ruina del mundo antiguo. Georges Sorel. Ed. Intermundo.
El budismo. Su esencia y su desarrollo. Edward Conze. Fondo de Cultura Económica.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 3, 2011 | Budismo

Siempre he dicho que las cadenas más grandes y la peor esclavitud es la que nos imponemos nosotros mismos.
Y este concepto ha sido explorado por muchos filósofos a lo largo de la historia y siempre han coincidido en que pensar y actuar de forma egoísta y ventajosa sólo trae consecuencias a nuestra vida.
El post del día de hoy es corto, pero es una reflexión que les comparto.
Son palabras que dejó el Buda sobre la mente clara y bondadosa.
¿Cómo son tus palabras? ¿Cómo son tus actos?
Toda experiencia es precedida por la mente,
guiada por la mente,
hecha por la mente.
Si hablas o actúas con mente corrupta,
te seguirá el sufrimiento,
como una carreta sigue a las pesuñas del buey.
Toda experiencia es precedida por la mente,
guiada por la mente,
hecha por la mente.
Si hablas o actúas con mente en paz,
te seguirá la felicidad,
como una sombra que nunca se separa.
Dhammapada (1-2), enseñanzas del Buda.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ene 31, 2011 | Budismo, Minimalismo, Vida

Pollo Teriyaki a la Chocobuda. Platillo para dos personas, dos días (4 porciones grandes). Preparado en casa en menos de 30 minutos. Costo: MX$70.00 / US$5.8 / €4.25
A pesar de que una de mis pasiones es la cocina, este no es un blog culinario. Sin embargo, las peticiones han sido muchas y no tengo más que obedecer la voluntad de todos los que me escribieron. 🙂
Esta es la receta del pollo teriyaki que cociné la semana pasada y del cual incluí una foto en el post anterior. Es barato, fácil de preparar y es simplemente delicioso.
Y claro que no te ibas a librar del mensaje chocobudista. Al final hay una lista de todo lo que implica la experiencia de cocinar.
Pollo Teriyaki a la Chocobuda
Pollo
- Medio kilo de pollo, cortado en cuadritos
- 1 taza de calabaza cruda, picada en cuadros de 1 cm
- 1 taza de zanahoria cruda, picada en cuadros de 1 cm
- 1 taza de brócoli crudo, sin tallo, cortado en «arbolitos»
- Ajo en polvo al gusto
- Sal al gusto
- Salsa de soya al gusto
- 2 cucharada de aceite
Preparación
Calentar 1 cucharada de aceite en un wok o cazuela de teflón. Cocinar el pollo hasta que se haya secado el agua. Agregar 1 cucharada de aceite, los vegetales, el ajo, la sal y la salsa de soya. Mover constantemente para que no se sobre cuezan los vegetales, pero que sí se calienten. La idea es que las zanahorias queden cocidas pero crujientes.
Arroz al vapor
- 2 tazas de arroz
- 2 1/4 tazas de agua
Preparación
Lavar el arroz al chorro de agua, por 3 minutos, moviendo con la mano constantemente. Con esto le quitamos el almidón y residuos.
En una cazuela de teflón, poner a calentar el arroz con el agua hasta que comience a hervir. Bajar la flama al mínimo, tapar la cazuela y contar 10 minutos. Repito: 10 minutos. El tiempo es muy importante y nada de abrir la cazuela.
Apagar el fuego y dejar la cazuela tapada por 10 minutos más. Repito: sin abrir la cazuela. De lo contrario interrumpirás la cocción y tu arroz quedará duro.
Abrir la cazuela y esponjar el arroz con un tenedor.
Salsa teriyaki
- 1/4 de taza de agua fría
- 1/4 de taza de salsa de soya (menos, si no la quieres muy fuerte)
- 2 cucharadas de fécula de maíz (Maicena)
- 3 cucharadas de azúcar moreno
- Ajo en polvo al gusto
- Gengibre en polvo al gusto
Preparación
Fuera de la estufa, combinar MUY bien todos los ingredientes en una cazuela pequeña. Poner al fuego hasta que hierva, luego bajar la flama al mínimo y dejar que se cocine por 3 minutos, moviendo constantemente.
Para servir
En un plato grande poner una cama de arroz, servir el pollo y vegetales encima. Bañar con la salsa. Decorar con cacahuates salados.
Notas chocobudistas
Aunque parezca tonto, el cocinar tus propios alimentos tiene muchas enseñanzas o dharma.
Conexión con tus alimentos. Cuando preparas tu propia comida te estás conectando con la Madre Tierra y con el trabajo que hay para que un plato llegue a tu mesa.
También controlas la calidad de lo que comes y siempre queda como a ti te gusta.
Aprendizaje. Como he mencionado antes, cocinar es una habilidad para la vida y no es una actividad restringida a un género. Sin sabes cocinar, siempre es muy bueno aprender poco a poco. Quizá no te salga bien a la primera, pero te aseguro que con paciencia y práctica, mejorarás. Y si te fijas, así es la vida misma.
Cultivas amor gentil. Al cocinar para ti, estás queriéndote y fomentando tu auto estima. Cuando un platillo te queda rico, sin que te des cuenta estarás de mejor humor.
Cultivas generosidad. Parte de la experiencia humana de comer es que es una actividad social. Y no hay nada mejor que comer acompañado de alguien especial. Preparar alimentos para tus amigos y pareja son actos de generosidad por definición.
Cultivas atención y concentración. Nada mejor que el riesgo de cortarte con un cuchillo al cocinar, para aprender a poner atención a lo que haces. Es un método fuerte, pero créeme que funciona. El tener algo en el fuego, estar batiendo una mezcla, mientras preparas una ensalada, todo al mismo tiempo, te forzan a poner atención a todo, a estar presente.
Cultivas disciplina. El cocinar requiere toda tu atención, pero también hábitos sanos. El poner empeño en tener todo limpio, bien lavado y desinfectado son disciplinas que te ayudarán a la vida.
Cultivas el Camino Óctuple. Cocinar usa casi todos los ocho factores del camino que nos lleva a la vida tranquila, al nibbana. Al decidir que es mejor cocinar que gastar en un restaurante, estarás practicando Visión Correcta e Intención Correcta. Al poner todo tu ser en preparar un platillo, estás cultivando Acción Correcta, Esfuerzo Correcto, Atención Consciente Correcta y Concentración Correcta.
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Cocinar es una actividad que se puede llegar a disfrutar mucho. Es cuestión de empezar a hacerlo y estar atento a todas las lecciones que vienen incluidas.
¿Te gustaría compartir alguna anécdota de la cocina? ¡Adelante, que para eso están los comentarios!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ene 11, 2011 | Budismo

Antes de empezar necesito aclarar estos puntos de forma urgente:
- Karma no es una fuerza divina que vaya guardando puntos de acciones buenas y acciones malas, para dar después un premio o castigo.
- No hay un dios justiciero que esté llevando el marcador de tus acciones.
- A pesar de los grandes esfuerzos de las escuelas budistas, la reencarnación es un acto de fe y todo apunta a que no existe, que es sólo una bonita idea de que algo nos espera después de la muerte. Por ende, no acarreamos «karma» de una vida a otra.
- Lo que conoces como karma, en realidad se llama vipaka.
Comienzo este post así porque desde hace mucho tiempo tengo la espina clavada de lo mal que está comprendido el karma en nuestra sociedad.
Se piensa que es una especie de colección de puntos buenos o malos y que al final uno recibirá una especie de recompensa o reprimenda.
También se cree que el karma es una especie de aliento divino con el que la justicia del universo siempre cobrará venganza y que hay muchísimas formas de adquirir buen o mal karma.
Y todo esto está muy lejos de la realidad.
Hace unos 3,500 años, aproximadamente, en la región de Nepal e India, había una tradición religiosa llamada shramana. Esta corriente de pensamiento, con base en la observación de la vida y meditando por sesiones extendidas, se percató que en la vida hay una fuerza de acción y otra de reacción.
Con la poca ciencia que existía en ese tiempo, se pudieron hacer afirmaciones como que a cada día le corresponde una noche, para el frío hay calor; y que para la salud hay enfermendad.
Para aquellos monjes mendicantes, el mundo estaba basado en un equilibrio muy fino que podía ser extrapolado hacia los seres humanos.
De esta manera, también establecieron que para una persona malvada siempre hay una persona bien intencionada, para cada lágrima hay una sonrisa y para cada rosa hay una espina (JAJAJA no lo pude evitar, esa canción de Poison me gustaba mucho).
Cuando una persona es maléfica, egoísta y poco honesta; lo más probable es que obtenga el mismo trato de la gente que lo rodea.
Si esto te suena conocido es porque ahora basamos nuestra ciencia en las Leyes del Movimiento de Newton; y la Tercera Ley nos dice que las fuerzas mutuas de acción y reacción entre dos cuerpos son iguales, opuestas y colineales. O sea: a cada acción le corresponde una reacción, directa y opuesta.
Este balance tenía dos partes muy claras: la acción y la reacción. Así que los monjes ascetas las llamaron karma y vipaka.
Y es justo el punto con todo este post.
En realidad, el karma es la acción y es tan mágica y mística como: lavarte los dientes, cambiar un neumático, encender la computadora, sentarte o abrir los ojos.
En contraste, vipaka es lo que resulta de la acción. Y, de igual forma, es tan mágico como: tener dientes limpios, poder continuar un viaje, trabajar en tu computadora, pararte de una silla o cerrar los ojos.
Los monjes shramana continuaron sus observaciones y con el tiempo, esta corriente se dividió en varias tradiciones; entre ellas el budismo y el janaísmo.
El karma/vipaka no es magia, es sentido común.
Con todo esto, lo que quiero decir es que el karma no es magia. Es tan sólo un juego de observaciones de las fuerzas opuestas del universo que aplican también a nuestro comportamiento.
Si te comportas con dignidad, decoro y ayudas; la gente te va a tratar igual.
Si te comportas como basura, te tratarán como basura.
Es así de simple. Si quieres ser tratado con respeto, tienes que dar respeto.
La idea de portarte bien toda la vida para recibir una recompensa al morir, es totalmente absurda.
Toda la basura mágica que le adjudicaron a karma/vipaka fue añadida siglos después por gente que necesitaba explicar estas ideas a la población que venía del hinduísmo y necesitaba seguir creyendo en seres fantásticos para entender las nuevas ideas budistas de simplicidad.
Y cuando el budismo llegó a América y los hippies lo tomaron como bandera, bueno la cosa se puso peor. Y de ahí heredamos el concepto actual de karma.
Al final de todo, creo que no necesitamos fuerzas divinas o venganza cósmica para vivir nuestra vida de manera tranquila.
Está en nuestras manos tener una experiencia como queremos que sea, aun con las limitantes de la economía o la seguridad.
Y no, el karma no se llama karma. Se llama vipaka. Y no, no es mágico.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Dic 16, 2010 | Budismo, Vida
El mayor logro es la generosidad.
El valor más grande es conquistarte a ti mismo.
La mejor cualidad es buscar ayudar a otros.
El mejor precepto es la atención continua.
La mejor medicina es el vacío de todo.
La más grande acción es no conformarte como es el mundo.
La magia más grande es calmar las pasiones.
La generosidad más grande es no apegarte a las cosas o personas.
La mayor bondad es una mente en calma, en paz.
La mejor característica es la humildad.
El mejor esfuerzo es no preocuparte por el resultado.
La mejor meditación es una mente que deja ir.
La sabiduría más grande es poder ver a través de las apariencias.
Atisha, monje budista. 980–1054 EC