por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Dic 15, 2010 | Budismo
Son hombres de acción, les encanta el riesgo y su misión es salvar al mundo.
El excelente artista FerGil presenta la primera aventura de estos monjes que viven del peligro y que comen balas en el desayuno.
Ellos son los G.I. Monks, monjes budistas heroicos.

Si disfrutaste este cartón, deberías dejarle a FerGil un comentario en su sitio. LINK
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 30, 2010 | Budismo, Vida

Choco mamá: ¿De dónde viene la leche, m’ijo?
Choco Buda preescolar: ¡Pos del super!
El acto de comer es una función tan automática que jamás nos detenemos a pensar en cómo la comida llegó a la mesa.
Quizá nuestra mente llegue hasta el punto en que fuimos al super mercado o hasta cuando preparamos los alimentos. Estamos conscientes del tiempo que invertimos en la compra y en la cocina, pero difícilmente llegamos a más.
Nuestra actitud hacia la comida es muy indiferente, a pesar de que gracias a ella nos mantenemos vivos y de que en torno a ella giran casi todas nuestras actividades sociales.
Nos reunimos para comer, vamos a la compra en pareja o en grupo, nos reunimos para aprender nuevas recetas. Nos alimentamos y bebemos para sentirnos acompañados.
Si los alimentos son tan importantes para la vida, ¿porqué nunca reconocemos el trabajo humano que hay detrás de ellos?
Cada bocado que saboreamos tiene cientos de horas de trabajo de la Tierra, de esfuerzo humano, de ingeniería y de dedicación de héroes sin reconocimiento que pasan sus días en el campo o en una planta industrial.
Sí, son héroes porque nuestros refirgeradores están llenos debido a que alguien en el mundo se levantó antes que tú a cultivar fruta o a revisar una línea de producción.
Con todo esto, mi punto es que somos muy pretenciosos en creer que la comida llega a nuestra mesa gracias a que pagamos una cuenta en una tienda. Por el simple hecho de trabajar y vivir en una ciudad, por recibir un sueldo, nos olvidamos de que tanto los alimentos como el agua, llegan a nuestras manos gracias a un sistema humano en el que nosotros somos la fase final de consumo.
Todos dependemos de todos y necesitamos estar consiente de ello.
En casi todas las escuelas de budismo se enseña a apreciar la comida por lo que es. Incluso existen versos como el siguiente, tomado de una escuela zen:
Primero refleccionemos en nuestro propio trabajo y en el esfuerzo de quienes nos brindaron esta comida.
Estemos conscientes de la calidad de nuestros actos mientras recibimos estos alimentos.
¿Cuánto trabajo habrá detrás de una pieza de pan? Es difícil de saber. De lo que sí estoy seguro es que un pan lleva horas de trabajo y creo que debemos tener presente esto.
Cuando comprendemos que somos parte de una enorme cadena y que todo lo que consumimos es producto del esfuerzo humano, podemos ver nuestro lugar en el mundo.
No somos tan grandes, ni tan existosos, ni tan influyentes como para ignorar el esfuerzo de los demás; nosotros mismos somos parte de otras cadenas y así el universo funciona.
Hoy cuando comas tu primer bocado piensa en esto y di gracias.
Estoy seguro que te dará una visión distinta y la palabra humildad encontrará un significado nuevo.
—
Nota choco budista: Entender el esfuerzo de los demás, comprender que no somos tan grandes como creemos y ver nuestra posición en la escala del universo, nos enseña humildad. Esta se alcanza con la práctica de la Atención, Intención y Acción Correctas, que son parte del Noble Camino Óctuple.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 29, 2010 | Budismo, Meditación, Vida
Este fin de semana tuve una muy interesante experiencia en la Feria Internacional del Libro y se las comparto.
Antecedente
Primero y antes que nada, para este punto sabrás que estoy siempre en contra de los métodos mágicos y de medicina alternativa que pongan en riesgo tu salud o tu integridad. Y la Dianética o Scientology cae justo en ese mundo.
Existen muchos artículos que dan datos mucho más duros sobre el culto de L. Ron Hubbard y los pueden ver en lugares importantes como en Times, así que no discutiré el porqué es un gran engaño y tan peligroso.
Es suficiente saber que la Scientology (no hay un término en español adecuado), clama ser una ciencia y no lo es, basa sus creencias en una obra de ciencia ficción, destruye familias, exprime tu dinero y, en algunos casos, lleva al creyente al suicidio.
La manera en la que jalan «clientes» a su credo es por medio de la venta de libros y una prueba de estrés mediante un aparato llamado E-meter, presentado aquí abajo:

Esta máquina pretende medir el estrés cuando el sujeto toma los dos electrodos, uno en cada mano y por medio de la presión que uno ejerza en ellos, el intercambio de iones entre la piel-humedad-metal y el flujo de electrones en nuestro cuerpo; una aguja bailarina se mueve toda hasta el lado derecho del lector. Más info aquí.
Con los electrodos en mano, el representante dianético hace una serie de preguntas tendenciosas como ¿Odias tu trabajo?, o ¿Qué cambiarías de tu cuerpo?. En ambas cuestiones claro que hay una respuesta emocional y una actividad cerebral que registra el E-meter. Ahí lo que importa es el tipo de preguntas y la interpretación del representante dianético, que siempre lleva a concluir que tu vida es un asco y que la Scientology tiene la solución.
La experiencia
Con estos elementos como antecedente que cualquier escéptico consumado como yo sabe, iba yo muy feliz caminando entre pasillos de libros e inteligencia rumbo a una conferencia de prensa, cuando una mujer muy sonriente me interceptó y me preguntó si quería haceme gratis una prueba de estrés.
Al ver el stand y los banners gigantes que decían Dianetica, claro que acepté con una sonrisa de oreja a oreja.
Me sentó en una silla y en la mesa estaba el E-meter, que tiene toda la apariencia de un instrumento de ingeniería y precisión. Se parece mucho a un amperímetro.
Tomé los electrodos y me explicó que me iba a hacer una serie de preguntas. Si la aguja se movía todo hasta la derecha, mi vida era un asco y necesitaba aceptar la existencia de Xenu (mente alienígena, devoradora de mundos), y comprar varios libros.
Acepté de buena gana.
-Piensa en tu trabajo, ¿qué no te gusta de él?-, preguntó.
Y pensé en la libertad, el rango de movimiento, la sencillez y lo frugal de mi esquema de negocios. Siempre hacen falta un par de clientes más, pero no me quejo. Logré romper el grillete de la vida corporativa hace años. Mantengo dos blogs y dos podcasts. Soy escritor. El camino freelancer es lo que siempre busqué. Así que por más que me esforcé, no encontré nada que genere tensión.
La aguja del E-meter se movió como un milímetro a la derecha.
Con una sonrisa, la edecán dijo:
-Quizá el trabajo está bien, pero ¿qué tal las cosas en casa?
Mi mente viajó a casa. Pocos muebles, paredes limpias, sin saturación. Por las mañanas huele a café fresco y cuando medito huele a incienso. Siempre hay comida en el refri (nevera, para mis amigos en España). Puedo tomar una siesta después de la comida. Seguro, mis vecinos armonizan mis mañanas con narco corridos, pero no es nada que mis viejos audífonos no tapen con un poco de jazz. Todo bien.
De nuevo, la aguja no se movió.
Con un poco de frustración, la mujer me preguntó:
-¿Qué no te gusta de tu cuerpo?
Estoy contento como soy. Algunos kilos menos serían bienvenidos, pero mi salud está en muy buenas condiciones. La aguja se movió un milímetro.
-Piensa en el futuro. ¿Ya sabes qué vas a hacer en tu vejez?- Inquirió.
Y de nuevo busqué en mi mente. No tengo idea qué va a pasar en el futuro. No sé si voy a despertar mañana. Mi único plan es cambiar mi celular porque el actual ya no funciona. Me importa sobre manera que llegue la noche de hoy para leer porque mi libro está muy bueno (Gauntlgrym, de R.A. Salvatore). Ah, y comer mañana. Así que no tengo estrés por el futuro.
La edecán se mostraba frustrada al ver su E-meter sin moverse y como que ya no tenía mucho más qué preguntar. Así que le ayudé.
-A ver… Me estresa la ignorancia en México.- Dije.
Y la aguja se movió sólo un poco a la derecha.
-Me estresa el mal gobierno mexicano, la televisión abierta, el maltrato animal.-
Y la aguja se volvió a mover. Me estaba divirtiendo mucho, pero la mujer no estaba ya de muy buen humor, así que solté los electrodos.
Sonriendo le platiqué que soy budista y que la meditación es parte de mi día. Que veo las cosas como son, que trato de estar siempre atento de mis emociones y reacciones y que mi relación con el mundo es muy simple: acepto la vida por lo que es.
Ella sonrió y me dijo que las personas que meditan son así. Que nada les estresa, pero que siempre hay algo que nos hace infelices.
Y bueno, básicamente terminé yo explicándole los beneficios de la meditación.
-Como tú ya eres avanzado en técnicas de la mente, te recomiendo estos libros.- Dijo, y me mostró 4 volúmenes muy bien diseñados que prometían mi superación máxima. Lástima que mi cartera no caiga víctima tan fácilmente de este tipo de cosas.
Por cortesía tomé algunos folletos y me despedí de ella. Ya se me acababa el tiempo para ir a mi conferencia de prensa.
Conclusión
Independientemente de mi postura hacia la Dianética y todo su rollo de woowoo (término para designar a los engaños y mentiras de fe), tomé consciencia de muchas situaciones:
Estoy donde quiero estar.
Estoy feliz de ser como soy.
Hay problemas y situaciones malas en mi vida, pero no me clavo en ellas, mejor las resuelvo.
No tengo estrés.
Una mente tranquila, es una mente fuerte y decidida. Es muy difícil ser manipulado y conducido hacia engaños cuando vemos las cosas como son.
Pero sobre todo, comprobé una vez más los beneficios de la disciplina y el entrenamiento en meditación.
Ya sé que suena a comercial por el taller que estoy armando, pero independientemente de que lo tomes o no, de todo corazón, te recomiendo mucho entrar de lleno a la meditación.
—

por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 25, 2010 | Budismo, Vida

Las siguientes palabras no son mías, fueron del Buda. Pero creo que son una gran lección para hacer este mundo un lugar mejor.
Estas líneas son traducidas de un texto llamado Karaniya Metta Sutta o Palabras del Buda sobre el amor gentil.
Léanlas con atención. Harán su día mejor.
Esto debe hacer quien es sabio en bondad para conseguir el camino hacia la paz:
Se debe ser honesto y capaz, sincero y de charla apacible,
humilde y no vanidoso, contento y satisfecho con facilidad,
aliviado de excesivas obligaciones, viviendo de manera sencilla.
Pacífico, tranquilo y hábil, sin un carácter orgulloso ni demandante.
No se debe hacer la mínima cosa que personas más sabias pudieran reprobar.
Desear el contento y la seguridad para que todos los seres estén bien y a salvo,
ya sean débiles o fuertes, sin omitir a ninguno.
Grandes o medianos, pequeños o diminutos, así como visibles o invisibles,
vivan cerca o lejos, existan o estén por existir.
¡Que todos estén bien!
Que uno no engañe al otro, que no haya desprecio entre ellos.
Que ninguno por engaño o mala voluntad desee el daño al otro.
Tal como una madre protege con su vida a su único hijo,
del mismo modo y con un corazón ilimitado
así es como se debe querer la protección de todos los seres vivos:
irradiando bondad sobre el mundo entero, enviándola hacia arriba hasta los cielos,
y hacia abajo hasta las profundidades; alrededor y a todas partes, sin límites.
Y así, estando libre del odio y de la mala intención,
cuando se esté de pie o caminando, sentado o tumbado,
libre de la pereza se debe mantener esta consciencia ilimitada.
Esto es la sublime morada.
Al no mantener ideas preconcebidas, se tiene el corazón purificado,
y teniendo claridad de visión y estando libre de la esclavitud de los sentidos,
no se renacerá de nuevo en este mundo.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 18, 2010 | Budismo, Meditación

Todos cuando éramos niños disfrutábamos de caminar sobre alguna viga o tronco caído. Esto era un reto a nuestro equilibrio y una actividad divertida porque implicaba poco riesgo, que nos tomaba varios intentos dominar.
Con este juego aprendimos que el proceso de equilibrio consiste en caer muchas veces hacia un lado o hacia otro. Con la práctica (que a veces tomaba tan sólo unos cuantos intentos) las caídas se convertían en movimientos rápidos para equilibrarnos, hasta que finalmente estábamos centrados y podíamos caminar por la viga sin problema alguno.
La mente es precisamente igual. Se cae hacia la izquierda, sumergiéndose en el pasado; o se cae hacia la derecha, mirando hacia el futuro. Este proceso de equilibrio toma mucho más tiempo que caminar por tronco de árbol, pero es mucho más peligroso y es necesario dominarlo.
Cuando nuestra mente se cae hacia el pasado, se abraza a las experiencias que nos dieron placer (una gran fiesta, vacaciones inolvidables) o decide aferrarse a la autodestrucción que traen los malos recuerdos (un rompimiento, la muerte de un ser amado). Este lado es muy seductor porque trae consigo la seguridad de lo que ya conocemos.
Cuando nuestra mente cae hacia la derecha, se aferra a que todo saldrá como lo planeamos (éxito en un negocio, divertirnos en una fiesta, esa persona me llamará) o genera una fantasía que asegura se cumplirá (me sacaré la lotería, él va a cambiar). Entrar en una ilusión del futuro es muy peligroso porque si las cosas no salen como en la realidad virtual que fabricamos, el daño es devastador.
Entrenar la mente para que siempre camine justo en medio de estos dos lados es muy difícil, pero es posible por medio del entrenamiento y practicando la atención consciente, que llega con la meditación budista.
El budismo es llamado con frecuencia El Camino de en Medio porque nos pide entrenar la mente todos los días, todo el tiempo, para que podamos estar siempre a la mitad del apego y la fantasía.
Practicar la meditación consciente (Sámatha, en sánscrito) nos ayuda a desarrollar un nivel de atención tal que podemos detectar cuando nuestra mente está cayendo hacia alguno de los dos lados, y detenerla para evitar caer.
Aprendemos a aceptarnos a nosotros mismos y a vivir un día a la vez, percibiendo la vida y las cosas como son.
Meditar al menos 20 minutos al día nos da fuerza y determinación para acabar con malos hábitos, concentrarnos en nuestras actividades y vivir plenamente el hoy.
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Muy pronto comenzaremos un taller de meditación. Más información en unos días.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 29, 2010 | Budismo, Meditación, Vida

El final de octubre y el principio de noviembre son la época en la que el velo que existe entre la vida y la muerte se vuelve delgado y los recuerdos de los que ya se fueron regresan. Y en la mayoría de los casos, su partida sigue doliendo porque simplemente nos negamos a dejar ir la memoria y el cariño.
Es una gran pena que estas culturas occidentales no nos enseñen que todo en la vida es impermanente, que todos vamos a morir. Si tan sólo lográramos entender esto, el proceso de muerte y despedida sería mucho más tranquilo de lo que es ahora.
Así que comparto con ustedes este pequeño ejercicio de meditación para sanar las heridas, dejar ir el pasado y seguir adelante.
Meditación de Día de Muertos
Preparativos
- Escoge un tiempo del día en el que nadie te moleste y puedas estar en silencio.
- 1 vela pequeña
Meditación
- Estira todo tu cuerpo.
- Siéntate en una silla cómoda, con la espalda recta sin recargarla en el respaldo. Si puedes sentarte en el suelo en flor de loto o seiza, adelante.
- Enciende la vela y paga las luces.
- Cierra tus ojos y respira profundamente, varias veces. Trata de tranquilizar y relajar todo tu cuerpo. No avances al siguiente paso hasta que todos tus músculos estén relajados.
- Regresa tu respiración a ritmo normal.
- Piensa en la persona que se fue y que extrañas mucho.
- Date tiempo para recordar todos los buenos momentos, el aprendizaje, las risas y las lágrimas. Quédate en ese momento favorito, donde más disfrutaste su compañía.
- Esa persona te mira a los ojos por un largo momento.
- Con una voz tranquila y en calma te dice: «Muchas gracias por recordarme, eso me hace muy feliz. Tuve una vida llena de aprendizaje. Ahora estoy bien. No tengo hambre, frío ni calor. Por favor mira la llama de esta vela. Es brillante y genera un calor muy agradable. Va a brillar por un largo rato y luego se apagará. Esta fue mi vida. Así es la vida.»
- Abre tus ojos y mira la vela.
- Di en voz alta. «Muchas gracias por tocar mi vida, aprendí mucho de ti. Es hora de que descanses y que los dos seamos libres para seguir adelante. Adiós. Adiós. Adiós.»
- Quédate en silencio observando la vela. Mira cómo se consume. Esa es nuestra vida. Esa es la naturaleza de las cosas. Todo se acaba, pero todo brilla y nos deja su calor.
Esta meditación la aprendí hace mucho años y es una experiencia muy poderosa. Si la sigues al pie de la letra y la repites varias veces durante esta temporada de muertos, te ayudará mucho.
El objetivo primordial es que entiendas que todo termina y que entre más te aferres al recuerdo de alguien que murió, nunca cerrarás el ciclo y te causarás mucho daño. No serás libre para moverte a nuevas experiencias en tu vida.
Suelta a esas personas que se fueron. Este es tiempo para que tú escribas tu propia historia. Hoy es el tiempo en que debes hacer brillar tu propia luz y dar calor a los que te rodean.
Feliz Día de Muertos.