Sesshin sin juguetes, por Uchiyama Roshi

Sesshin sin juguetes, por Uchiyama Roshi

La práctica de Sesshin es muy importante para el Soto Zen. Es un retiro donde solo hay Zazen y Kinhin. No hay pláticas, no hay yoga ni nada que nos distraiga de Shikantaza.

Es con estos eventos intensivos que podemos sentir y comprobar lo que es Budismo Zen en verdad. Hacemos de lado el ego y nos entregamos por completo a Zazen.

Por supuesto que no es fácil. De hecho, Sesshin necesita ser difícil para que funcione.

Uchiyama Roshi es uno de los maestros que forjaron nuestra tradición. Fue abad de uno de los monasterios en los que entrené, Antai-ji.

En su libro Abrir la Mano del Pensamiento, nos explica de forma maravillosa qué es Sesshin; las razones por las que debemos participar y lo que sucede con la mente y el cuerpo.

Aquí comparto unos párrafos que nos pueden ser valiosos.


Quisiera aclarar mejor la realidad de la práctica y nuestra actitud vital de acuerdo con zazén, a partir de los retiros intensivos, sesshin, y lo que en ellas se experimenta. La palabra sesshin significa “tocar o escuchar la mente” y una sesshin consiste en varios días dedicados casi por entero a zazén…

En todas estas sesshin el horario consiste en una simple repetición de catorce períodos de Zazen, intercalados por breves períodos de meditación Zen caminando (kinhin), desde las cuatro de la mañana a las nueve de la noche. [Nuestras Sesshin] tienen sólo dos características. La primera es que no se habla en absoluto. No hay saludos ni socialización y ni siquiera hay canto de sutras como sucede en otras ocasiones en un templo…

Los cinco días de absoluto silencio sirven para ayudar a cada uno a convertirse en el ser que no es diferente del ser universal, sin socializar ni desviar su atención hacia otros…

Me parece que pasamos toda nuestra vida jugando con juguetes. Comenzamos tan pronto hemos nacido. El primero de todos es el chupete del biberón. Cuando crecemos un poco, nos entretenemos con muñecas y osos de peluche. Después con juegos “hágalo usted mismo”, cámaras y coches. De adolescentes nos interesamos por el sexo y luego viene el estudio y la investigación, la competencia y los deportes, junto a la ambición por los negocios y tal vez la búsqueda de la fama. ¡Esto no es más que entretenerse con juguetes! Hasta nuestra muerte, cambiamos un juguete por otro y terminamos nuestra vida sin haber hecho otra cosa que entretenernos con juguetes.

Hacer Zazen significa actualizar la realidad de la vida. Zazen es el ser que es sólo el ser del universo, sin entretenerse con juguetes [mentales]. Zazen es como el instante anterior a nuestra muerte, en el que se han apartado todos los juguetes. No obstante, incluso en ese momento buscamos alrededor algo para entretenernos, aunque sea por un instante.

¿Qué hacer si uno se adormece durante una sesshin en Antai-ji? Si el propósito del kyosaku es despejar nuestro sopor, no se puede evitar adormilarse cuando no se usa. Pero no hay que preocuparse; no hay nadie que pueda dormir durante la totalidad de las setenta y dos horas de una sesshin de cinco días. Inevitablemente uno se despierta.

Debido a que se trata de la propia práctica, tan sólo hay que entregarse de corazón a hacer Zazen, nada más. Zazen no es algo que estemos obligados a hacer. Es una práctica que se hace por decisión propia, tal como el ser que es sólo el ser.

Habrá momentos en los que uno está despierto pero aburrido. Con el fin de pasar el tiempo puede que uno piense en algo particular y se entretenga con esa idea. Como se trata de la propia práctica, es ridículo pasar el tiempo así, aunque a veces la gente lo hace. Si uno es mentalmente equilibrado, no podrá mantener estas fantasías indefinidamente; en una sesshin en la que sólo hay silencio y prolongadas y continuas sesiones de Zazen, uno puede llegar a sentir que está enloqueciendo. Una mente sana no puede soportar lidiar con un solo pensamiento falso durante un período extenso. Al final, se dará cuenta por sí mismo de que lo mejor es soltar las ilusiones y concentrarse en una postura estable de Zazen. En otras palabras, este tipo de sesshin consiste en sólo sentarse como el ser que es sólo el ser, sin ningún tipo de limitaciones externas. En consecuencia,
no es posible evitar el regreso al ser que es solo el ser, a la única vida que sucede aquí y ahora, y que no se perturba con pensamientos engañosos…

Cuando realizamos este tipo de sesshin, comprendemos muchas verdades a partir de la vivencia personal y no desde la teoría. Lo primero que no podemos evitar sentir cuando nos sentamos en estas sesshin es la tremenda dilatación del tiempo.

Del tiempo de una sesshin se dice que «un día es tan extenso como la eternidad» y «un día parece tan largo como cuando éramos pequeños». Con frecuencia en nuestra vida diaria compartimos un buen rato con algún amigo o vemos televisión y, antes de que lo notemos, ya ha pasado la mitad del día o tal vez todo el día. Pero cuando nos sentamos en Zazen durante todo un día, el tiempo no pasa tan ligero. Nos duelen las piernas, nos llenamos de aburrimiento y no podemos hacer otra cosa que experimentar el tiempo como la realidad de la vida, momento a momento.

Durante la sesshin, las actividades están reguladas por una campana. Suenan dos tañidos, nos ponemos de pie y comenzamos a caminar. Mientras caminamos en kinhin, surge el pensamiento de lo hastiados que estamos y entonces, descorazonados, nos damos cuenta de que todavía es la mañana del segundo día y que no ha transcurrido ni siquiera la mitad de la sesshin. Estoy seguro de que todos aquellos que han realizado una sesshin han tenido tales pensamientos.
¿Cómo vamos a ser capaces de llegar al final? Al llegar a este punto lo único que podemos hacer es trascender el tiempo. Si no nos olvidamos de aquello llamado tiempo, será imposible para nosotros continuar a través de lo que queda de la sesshin…

Cuando trascendemos el tiempo, nos olvidamos de él y encontramos la fresca realidad de la vida. El tiempo existe para nosotros porque comparamos un momento con otro y en el batiburrillo de nuestras percepciones sentimos que el tiempo fluye rápido. Cuando dejamos de comparar y simplemente somos el ser que es sólo el ser, podemos trascender
la velocidad o la comparación de lo que llamamos tiempo…

Este tipo de experiencia muestra en realidad qué es el tiempo y revela el significado de antes del tiempo. En general damos por hecho que todos vivimos en el mismo tiempo, pero a través de la sesshin podemos experimentar directamente que no es así. Por el contrario, la vida del ser crea la aparición del tiempo…

Cuando hacemos Zazen cruzamos nuestras piernas y nos sentamos inmóviles. Podría decirse que es doloroso si lo comparamos con el tipo de vida indulgente en el cual podemos movernos como nos plazca… Lo más importante durante una sesshin es soltar incluso esas ideas sobre vencer o soportar el dolor, sobre lo capaces que somos de perseverar en
medio del dolor, dejándonos sumergir por Zazen tal como es, como el ser siendo el ser por sí mismo. Al sentarnos quietos y abandonarlo todo a la postura, el tiempo pasará a su propio ritmo. Cuando soltemos nuestras ideas de dolor y de perseverancia, seremos capaces de finalizar una sesshin sin ansiedad.

A través de las sesshin podemos experimentar lo que significa soltar del todo nuestros pensamientos acerca de perseverar y sufrir, con la consiguiente influencia sobre nuestra vida diaria. En los asuntos cotidianos encontramos muchos problemas e infortunios, pero normalmente sucede que al afrontar un problema empezamos a luchar. Y al hacerlo nos colocamos en una situación peor. Es fácil verlo cuando se trata de otra persona. Cuando otros han caído en la adversidad, como observadores podemos decirles que deberían «dejar de combatir» o «simplemente calmarse». Desde fuera podemos decir esto con mucha tranquilidad, pero cuando se trata de nuestro problema, de repente perdemos la capacidad de permanecer en calma. ¿Cómo podemos hacer que este ser que no puede evitar luchar, deje de hacerlo y se calme? No existe el cómo, a menos que abandonemos la raíz de nuestros pensamientos sobre sufrimiento y perseverancia. Durante la sesshin estamos en condiciones de hacerlo. Sesshin es la práctica que realizamos antes de la distinción entre el poder propio y el poder de los otros, antes del tiempo y antes de la idea de persistencia.

Creemos. Crecemos. Renacemos. Creamos

Creemos. Crecemos. Renacemos. Creamos

Cuando estamos en retiros de Budismo Soto Zen, o Sesshin, la mente entra en un estado de presencia y paz que es difícil de describir.

Hacemos reverencia al zafu y al Buda, nos sentamos en silencio y luego de unos treinta minutos suena la campana. Entonces el maestro llama a kinhin y caminamos en linea. No hay prisa, no hay a dónde ir y no hay nada que ganar.

Solo seguimos la vida a donde nos llevan los pies y no cuestionamos.

Creemos que el Buda está presente en nosotros y nos lleva por la Vía para ayudar a todos los seres vivos.

Crecemos cada vez que leemos o escuchamos el Dharma.

Renacemos con cada segundo que nos regalamos al universo para ayudar a todos los seres vivos.

Creamos sinergia con Todo Lo Que Es para dar fuerza a los demás seres y ver por su bienestar. Adoptamos una conciencia similar a la que tenemos en los sueños, donde el acercamiento a las vidas que nos rodean abre nuestro corazón a la Luz de Amida.

Esta es la Luz que disipa la confusión y el dolor que nos trae la cultura humana. Es este manto luminoso en el que sabemos que todo es posible cuando nos movemos como uno solo, sin división.

La dulzura del Dharma evapora el pasado y no nos deja mudarnos al futuro. Nos hace ver que una piedra, una espiga de pasto, un humano o un planeta entero son exactamente la misma cosa.

Estamos al borde un abrir de ojos cósmico que hará que todo lo que pensamos que es caos, tenga orden y un sentido.

Pero solo podremos percibirlo si caminamos en kinhin por la vida, un paso consciente y completo a la vez.