La siguiente enseñanza de Sawaki Roshi fue un poco difícil de traducir.
En primer lugar, el título nos lleva a pensar que todo mundo asume que los monjes tienen la vida fácil y que Roshi nos va a decir que no es así. En realidad, este texto se refiere a que, en efecto, los monjes tienen la vida demasiado fácil. Las cosas para el monje budista Zen en Japón actual son demasiado fáciles. Se han vuelto perezosos y comodinos.
A Sawaki Roshi se le conocía como el Indigente Sawaki, porque siempre se mantuvo lejos de las comodidades y era un monje sin templo. Pasaba temporadas donde le hacían espacio para dormir, pero vagaba por Japón enseñando el Dharma. Esto lo volvió imparable y muy respetado, pero al mismo tiempo muy criticado.
Siempre promovió que una vida dedicada al Dharma debía ser modesta y llena de retos, de lo contrario se pierde el sentido de existir y el enfoque en la práctica misma.
Entonces, estas palabras del Maestro son un comentario no solo para monjes, sino para todos los practicantes de Zen sobre cómo la vida llena de confort hace que dejemos de esforzarnos para crecer. Entre más comodidad se tiene en la vida, más sufrimiento llega.
Y coincido con el Maestro. Siendo uno de los Ancestros de Grupo Zen Ryokan, sus enseñanzas dan en el blanco y me inspiran para llevar este estilo de vida.
La otra consideración que hace a esta enseñanza un poco lejana para nosotros es que hace varias menciones a cultura japonesa tradicional, que en occidente no entendemos del todo. Por ejemplo, la relación que hay entre una geisha y sus patrocinadores.
Las geisha no son prostitutas, como se puede entender en occidente. Son personas altamente educadas en muchas disciplinas y son contratadas como acompañantes de personas importantes. A menos que la geisha lo desee, no hay contacto físico alguno.
Ellas cobran por sus servicios de compañía y si trabajan bien, el cliente puede ofrecer una propina. Cosa que está muy mal vista por la sociedad y por las geisha mismas. En Japón no existen las propinas. Ofrecerlas es una ofensa a la capacidad y al servicio de la persona.
Este texto hace referencia a una persona rica que ofreció una jugosa propina a una geisha. Esto pone a la persona como alguien de privilegio y ego elevado que ofende a una honorable geisha. Al final él le escribe un haiku donde ve cómo su vida cómoda es poco admirable, en contraste con la de un monje (Bodhidharma).
Finalmente, Sawaki Roshi habla de templos maravillosos en las áreas de Kioto y Nara. Estos templos no fueron construidos para que los monjes entrenaran, sino para acariciar los egos de los patrocinadores y protectores ricos. Por ejemplo, Kinkaku-ji y Ginkaku-ji, tienen sus paredes forradas con oro y plata, respectivamente. Para nada algo útil al Dharma.
Entonces, esta enseñanza de Sawaki Kodo Sensei es un comentario ácido y duro para hacer despertar a los monjes. Se extiende para todos los practicantes del Dharma. La vida cómoda es lo peor que nos puede pasar porque nos vuelve holgazanes y dejamos de esforzarnos.
En tiempos de la recompensa inmediata y donde hemos dejado de educar a los hijos con disciplina, las palabras de Roshi tocan fibras importantes.
Con todo esto de contexto, Sawaki Roshi nos dice…
Otani Kobutsu era una persona famosa en el Periodo Taisho porque una vez le dio una propina de 10,000 yenes a una geisha. Encima de eso, le escribió un haiku:
Mi vida es un desperdicio comparada con los 90 años en los que el patriarca se vestía con papel.
Es un buen haiku, pero ¿es lo que podemos esperar de alguien que da una propina de 10,000 a una geisha?
Kinkaku-ji, así como el pabellón dorado de Horyu-ji no fueron construidos para que los monjes practicaran. En lugares como estos, los monjes se pueden ganar la vida tan solo por haraganear ahí.
¿Para qué propósito fueron construidos Todai-ji y Horyu-ji? Al final, solo para albergar a monjes buenos para nada. Entonces no es de sorprender que estos monjes hayan prendido fuego a Kinkaku-ji o Enryaku-ji (Kioto). Lo mismo va para Ginkaku-ji.
En el primer año de la Era Meiji, la pagoda de cinco pisos de Horyu-ji se puso a la venta por 50 yenes, y no llamó la atención de ningún posible comprador. Sin embargo, sí hubo quien comprara la pagoda de cinco pisos de Kofuku-ji por 30 yenes, pero solo la quería para prenderle fuego y poder recoger los detalles de oro al final. Cuando le dijeron que, si lo hacía, todo el pueblo de Nara se incendiaría, mandó a los monjes al infierno. Esa es la única razón por la que esa pagoda sobrevive hasta hoy.
El precio de cosas como estas cambia. No hay nada grandioso en las cosas cuyo valor de venta cambia. Podríamos estar sin ellas. Hay cosas más importantes. Zazen es lo que importa
Puntos de vista obsoletos. Lo que los adultos enseñan a los niños no es otra cosa que puntos de vista obsoletos. Decir que bueno es bueno y que malo es malo, es cosa del pasado. Incluso un vegetal que algún día estaba bueno queda incomible cuando ha pasado su tiempo. Siempre debemos ver las cosas con una perspectiva fresca. Dices «esto es importante», pero ¿qué es importante? No hay nada que sea tan importante. Al morir dejaremos todo atrás de cualquier forma. Los bienes culturales y los tesoros nacionales de Nara o Kioto desaparecerán tarde que temprano. ¡Podríamos prenderles fuego justo ahora!
Últimamente hay templos en Kioto que son hoteles y casas de huéspedes. Es extraño cómo algunas personas no pueden pensar más allá de dinero y comida.
Un monje es alguien que lo ha dejado todo completamente. También significa que ha dejado ir la estupidez de grupo. El monje actual solo quiere aferrarse a las cosas. Por eso son unos buenos para nada.
Cuando le das premios a un gato, pierde el interés por cazar ratones. Un perro consentido ya no vigila. Hasta los humanos dejan de ser útiles para trabajar cuando tienen dinero y se relajan.
El chisme (cotilleo) es una de nuestras formas de comunicación más comunes. A todos nos gusta hablar a escondidas de los demás porque es divertido y delicioso. Y en tiempos de super conexión facilitada por las redes sociales en línea, millones de chismosos comparten información en plataformas sin censura ni autocontrol, lo que hace al chisme aún más dañino que antes.
Aunque aparentemente chismear une a la gente porque les da un tema de conversación para compartir, en realidad es malas noticias para todos los involucrados.
Desde el punto de vista de la práctica Zen, el chisme se convierte en una práctica poco hábil y nos mantenemos alejados de ella por muchas razones.
El Buda, en el Sammaditthi Sutta (Discurso de la Visión Correcta, parte del Noble Sendero Óctuple) nos dice:
«¿Y qué es poco hábil? Tomar vidas es poco hábil. Tomar lo que no se ha dado libremente, hacer mal uso de la sexualidad, mentir, habla divisiva, habla cruel, la charla inútil es poco hábil«.
El chisme es precisamente una charla inútil porque no ayuda y causa daño. Su punto de origen son los Tres Venenos de la Mente (Ira, Avaricia e Ignorancia) y el ego.
Cuando hablamos de alguien a sus espaldas, el ego crece porque el chismoso posee información que los demás no. Esto causa la ilusión de control de «algo» y pone al chismoso en una posición de ventaja ante sus pares.
La ignorancia se manifiesta en los chismosos porque se borra de tajo la Primera Noble Verdad: todos los seres experimentamos dukkha. Juzgamos a los demás y opinamos sobre su vida, dejando de lado el hecho de que es un ser vivo con un corazón que puede ser roto, que quizá estaba teniendo un mal día o que hace algo que no encaja en nuestro esquema de cómo deben ser las cosas.
La avaricia se manifiesta porque poseer información «exclusiva» sobre alguien nos motiva a buscar más datos e información que nadie más puede tener.
La ira se manifiesta al violentar la imagen y dignidad de alguien, cancelando la inteligencia y compasión del chismoso.
En la práctica Zen valoramos mucho el estado de silencio. Entrenamos para que antes de hablar hagamos una reflexión sobre la utilidad o las intenciones de nuestro mensaje. Y el chisme siempre está en contra de nuestros preceptos y por eso no nos enganchamos en ello.
¿Qué hago para no involucrarme o decir chismes?
Si está en ti la urgencia de criticar a alguien a escondidas, pregúntate si te gustaría que te lo hicieran. Casi siempre la respuesta es NO. Entonces es mejor guardar silencio.
¿Qué hacer cuando alguien llega conmigo con la intención de decir chismes de alguien?
Nada. Absolutamente nada. Es muy fácil detectar las intenciones de chisme de alguien. Comienza desde el lenguaje corporal y el tono de voz. Si detectas que alguien con ganas de iniciar chisme, solo escucha, pero no participes. Esto parecerá rudo, pero el chismoso pierde el interés si no le das la respuesta emocional que busca.
Con el tiempo te buscarán solo para comunicaciones necesarias.
¿Qué hacer si me entero de un chisme gordo y jugoso?
Nada. Absolutamente nada. No es tu información para compartir y ni siquiera para hacer juicios en tu mente. Dedícate a tu vida y listo.
—
Valorar la privacidad y respetar la dignidad de todos los seres vivos es primordial para nuestra práctica. Guardar silencio siempre será mejor.
La práctica de Sesshin es muy importante para el Soto Zen. Es un retiro donde solo hay Zazen y Kinhin. No hay pláticas, no hay yoga ni nada que nos distraiga de Shikantaza.
Es con estos eventos intensivos que podemos sentir y comprobar lo que es Budismo Zen en verdad. Hacemos de lado el ego y nos entregamos por completo a Zazen.
Por supuesto que no es fácil. De hecho, Sesshin necesita ser difícil para que funcione.
Uchiyama Roshi es uno de los maestros que forjaron nuestra tradición. Fue abad de uno de los monasterios en los que entrené, Antai-ji.
En su libro Abrir la Mano del Pensamiento, nos explica de forma maravillosa qué es Sesshin; las razones por las que debemos participar y lo que sucede con la mente y el cuerpo.
Aquí comparto unos párrafos que nos pueden ser valiosos.
Quisiera aclarar mejor la realidad de la práctica y nuestra actitud vital de acuerdo con zazén, a partir de los retiros intensivos, sesshin, y lo que en ellas se experimenta. La palabra sesshin significa “tocar o escuchar la mente” y una sesshin consiste en varios días dedicados casi por entero a zazén…
En todas estas sesshin el horario consiste en una simple repetición de catorce períodos de Zazen, intercalados por breves períodos de meditación Zen caminando (kinhin), desde las cuatro de la mañana a las nueve de la noche. [Nuestras Sesshin] tienen sólo dos características. La primera es que no se habla en absoluto. No hay saludos ni socialización y ni siquiera hay canto de sutras como sucede en otras ocasiones en un templo…
Los cinco días de absoluto silencio sirven para ayudar a cada uno a convertirse en el ser que no es diferente del ser universal, sin socializar ni desviar su atención hacia otros…
Me parece que pasamos toda nuestra vida jugando con juguetes. Comenzamos tan pronto hemos nacido. El primero de todos es el chupete del biberón. Cuando crecemos un poco, nos entretenemos con muñecas y osos de peluche. Después con juegos “hágalo usted mismo”, cámaras y coches. De adolescentes nos interesamos por el sexo y luego viene el estudio y la investigación, la competencia y los deportes, junto a la ambición por los negocios y tal vez la búsqueda de la fama. ¡Esto no es más que entretenerse con juguetes! Hasta nuestra muerte, cambiamos un juguete por otro y terminamos nuestra vida sin haber hecho otra cosa que entretenernos con juguetes.
Hacer Zazen significa actualizar la realidad de la vida. Zazen es el ser que es sólo el ser del universo, sin entretenerse con juguetes [mentales]. Zazen es como el instante anterior a nuestra muerte, en el que se han apartado todos los juguetes. No obstante, incluso en ese momento buscamos alrededor algo para entretenernos, aunque sea por un instante.
¿Qué hacer si uno se adormece durante una sesshin en Antai-ji? Si el propósito del kyosaku es despejar nuestro sopor, no se puede evitar adormilarse cuando no se usa. Pero no hay que preocuparse; no hay nadie que pueda dormir durante la totalidad de las setenta y dos horas de una sesshin de cinco días. Inevitablemente uno se despierta.
Debido a que se trata de la propia práctica, tan sólo hay que entregarse de corazón a hacer Zazen, nada más. Zazen no es algo que estemos obligados a hacer. Es una práctica que se hace por decisión propia, tal como el ser que es sólo el ser.
Habrá momentos en los que uno está despierto pero aburrido. Con el fin de pasar el tiempo puede que uno piense en algo particular y se entretenga con esa idea. Como se trata de la propia práctica, es ridículo pasar el tiempo así, aunque a veces la gente lo hace. Si uno es mentalmente equilibrado, no podrá mantener estas fantasías indefinidamente; en una sesshin en la que sólo hay silencio y prolongadas y continuas sesiones de Zazen, uno puede llegar a sentir que está enloqueciendo. Una mente sana no puede soportar lidiar con un solo pensamiento falso durante un período extenso. Al final, se dará cuenta por sí mismo de que lo mejor es soltar las ilusiones y concentrarse en una postura estable de Zazen. En otras palabras, este tipo de sesshin consiste en sólo sentarse como el ser que es sólo el ser, sin ningún tipo de limitaciones externas. En consecuencia, no es posible evitar el regreso al ser que es solo el ser, a la única vida que sucede aquí y ahora, y que no se perturba con pensamientos engañosos…
Cuando realizamos este tipo de sesshin, comprendemos muchas verdades a partir de la vivencia personal y no desde la teoría. Lo primero que no podemos evitar sentir cuando nos sentamos en estas sesshin es la tremenda dilatación del tiempo.
Del tiempo de una sesshin se dice que «un día es tan extenso como la eternidad» y «un día parece tan largo como cuando éramos pequeños». Con frecuencia en nuestra vida diaria compartimos un buen rato con algún amigo o vemos televisión y, antes de que lo notemos, ya ha pasado la mitad del día o tal vez todo el día. Pero cuando nos sentamos en Zazen durante todo un día, el tiempo no pasa tan ligero. Nos duelen las piernas, nos llenamos de aburrimiento y no podemos hacer otra cosa que experimentar el tiempo como la realidad de la vida, momento a momento.
Durante la sesshin, las actividades están reguladas por una campana. Suenan dos tañidos, nos ponemos de pie y comenzamos a caminar. Mientras caminamos en kinhin, surge el pensamiento de lo hastiados que estamos y entonces, descorazonados, nos damos cuenta de que todavía es la mañana del segundo día y que no ha transcurrido ni siquiera la mitad de la sesshin. Estoy seguro de que todos aquellos que han realizado una sesshin han tenido tales pensamientos. ¿Cómo vamos a ser capaces de llegar al final? Al llegar a este punto lo único que podemos hacer es trascender el tiempo. Si no nos olvidamos de aquello llamado tiempo, será imposible para nosotros continuar a través de lo que queda de la sesshin…
Cuando trascendemos el tiempo, nos olvidamos de él y encontramos la fresca realidad de la vida. El tiempo existe para nosotros porque comparamos un momento con otro y en el batiburrillo de nuestras percepciones sentimos que el tiempo fluye rápido. Cuando dejamos de comparar y simplemente somos el ser que es sólo el ser, podemos trascender la velocidad o la comparación de lo que llamamos tiempo…
Este tipo de experiencia muestra en realidad qué es el tiempo y revela el significado de antes del tiempo. En general damos por hecho que todos vivimos en el mismo tiempo, pero a través de la sesshin podemos experimentar directamente que no es así. Por el contrario, la vida del ser crea la aparición del tiempo…
Cuando hacemos Zazen cruzamos nuestras piernas y nos sentamos inmóviles. Podría decirse que es doloroso si lo comparamos con el tipo de vida indulgente en el cual podemos movernos como nos plazca… Lo más importante durante una sesshin es soltar incluso esas ideas sobre vencer o soportar el dolor, sobre lo capaces que somos de perseverar en medio del dolor, dejándonos sumergir por Zazen tal como es, como el ser siendo el ser por sí mismo. Al sentarnos quietos y abandonarlo todo a la postura, el tiempo pasará a su propio ritmo. Cuando soltemos nuestras ideas de dolor y de perseverancia, seremos capaces de finalizar una sesshin sin ansiedad.
A través de las sesshin podemos experimentar lo que significa soltar del todo nuestros pensamientos acerca de perseverar y sufrir, con la consiguiente influencia sobre nuestra vida diaria. En los asuntos cotidianos encontramos muchos problemas e infortunios, pero normalmente sucede que al afrontar un problema empezamos a luchar. Y al hacerlo nos colocamos en una situación peor. Es fácil verlo cuando se trata de otra persona. Cuando otros han caído en la adversidad, como observadores podemos decirles que deberían «dejar de combatir» o «simplemente calmarse». Desde fuera podemos decir esto con mucha tranquilidad, pero cuando se trata de nuestro problema, de repente perdemos la capacidad de permanecer en calma. ¿Cómo podemos hacer que este ser que no puede evitar luchar, deje de hacerlo y se calme? No existe el cómo, a menos que abandonemos la raíz de nuestros pensamientos sobre sufrimiento y perseverancia. Durante la sesshin estamos en condiciones de hacerlo. Sesshin es la práctica que realizamos antes de la distinción entre el poder propio y el poder de los otros, antes del tiempo y antes de la idea de persistencia.
Aunque muchos asumimos que el Buda era una persona reservada y silenciosa, cuenta la leyenda que, en el punto más alto de su sangha, tenía hasta 5,000 monjes que lo seguían. Siempre estaban atentos a sus enseñanzas y dispuestos a seguir sus instrucciones para ayudar a todos los seres vivos.
No solo era un gran líder, sino que era un amigo carismático y su comportamiento hacía que la gente quisiera pasar tiempo a su lado.
Lo mismo aplica para otras personas importantes en las diferentes escuelas de budismo del mundo. SS Dalai Lama, Thich Nhat Hanh; hasta nuestros queridos Dogen Zenji y Nishijima Roshi; todos ellos han sabido comportarse de tal manera que se rodearon de amigos y alumnos.
Pensando en que muchos de nosotros somos tímidos e introvertidos, he preparado esta lista de acciones budistas que podemos llevar a la vida cotidiana y que nos harán personas más agradables para los demás. Por supuesto, sin sacrificar nuestros valores personales ni filosofía. Son más bien acciones de sentido común que vale la pena intentar.
Deja de aparentar lo que no eres
Sé que todos estamos presionados por ser algo en la vida. Pero muchos no nos damos cuenta de que nos volvemos personas mentirosas cuando presumimos lo que no somos o lo que no tenemos.
En la práctica Zen la humildad es un valor muy apreciado porque nos hace ver y amar lo que somos. La gente nos percibe mejor cuando no actuamos como el sabelotodo de la región.
Bodhidharma, el Primer Patriarca del Zen, era famoso por no avergonzarse en decir no lo sé con todo el corazón.
Deja las prisas y urgencias de lado
Una de las razones que más sufrimiento y enfermedad nos causan, es la mala comprensión del tiempo. En la práctica Zen, el tiempo fluye de manera distinta. Es lento cuando necesita ser lento, es rápido cuando necesita ser rápido. Para el Soto Zen, la comprensión del tiempo es parte de la práctica espiritual y nos esforzamos en aprender.
La ilusión que tenemos es que, si vivimos con prisas, los demás nos perciben como propositivos y trabajadores. Pero es lo opuesto. Una persona con prisa y urgencias es alguien irritable, irritante y que no sabe administrar su trabajo.
Aprender a hacer mejor uso del tiempo, llegar puntual a todos lados, te volverá una persona confiable para ti mismo y para los demás.
No es coincidencia de que en los templos Zen del mundo seamos tan respetuosos con los horarios, pero relajados con la comprensión del mismo.
Juega más
Ryokan Taigu, el Maestro Zen que inspira el nombre de esta sangha, era famoso por dedicar parte de su día a jugar pelota o escondidas con los niños del pueblo. Chicos y adultos disfrutaban de su forma de ser ligera y juguetona.
¿Hace cuánto no juegas como niño? ¿Hace cuánto no haces una broma inteligente y que no ofenda? ¿Hace cuánto no ríes sin importarte el mundo?
El Buda, Dogen, Nishijima Roshi, SS Dalai Lama y todos nuestros ancestros budistas han sido famosos por sus juegos, risas y bromas.
Ser una persona juguetona y amable hará que los demás se sientan cómodos a tu lado.
Haz sentir bien a los demás
¿Te has dado cuenta cómo, al enterarte de una noticia, de inmediato comienzas a hablar de ti? Esto es porque cuando hablamos con alguien, tratamos de participar en la conversación dirigiendo la atención hacia uno mismo.
Esto te hace parecer egocéntrico y que no sabes escuchar. Mejor pon atención, escucha en silencio y felicita cuando haya que hacerlo. Da una palmada en el hombro ante un buen trabajo. Di «Ya veo. Es cierto, tienes razón» con más frecuencia.
Pero cuidado. Jamás hables del físico de otros. Habla de sus ideas, su trabajo, sus logros y sus aciertos.
Nunca tomes nada personal
Siempre que hay una discusión, es normal que los ánimos se calienten y se digan palabras hirientes. Quien insulta o dice cosas sarcásticas, siempre está sufriendo y ataca porque su inteligencia ha sido cancelada por la emoción.
Por lo tanto, dicen cosas que vienen desde un lugar profundo de su sufrimiento. Se insultan ellos mismos, pero lanzan anzuelos para provocar una reacción en ti. Han sido dominados por los Tres Venenos de la Mente.
Cuando una persona comienza a insultar, no se le puede tomar en serio y mucho menos a título personal.
Sonríe mucho y cuando sea oportuno, pero no por todo
Sonreír es una de las mejores formas de conectar con los demás. Si pones atención, en todas las imágenes, el Buda aparece con una ligera sonrisa. SS Dalai Lama tiene una sonrisa maravillosa que nos invita a sonreír con él.
Aprender a sonreír requiere práctica. Vale la pena porque sonreír en esta vida hace que las cosas sean menos pesadas.
Solo ten cuidado de no sonreír cuando te estén dando una noticia importante y seria para la persona.
Dignidad en tu espacio
Con mucha frecuencia nos hacemos pequeñitos ante una persona dominante o ante un reto enorme. Incluso hay quienes caminan con la espalda encorvada porque no se sienten suficientes. Esto ahuyenta a la gente porque se nos percibe como débiles y poco aptos.
Cuando practicamos Zazen aprendemos a florecer en una posición digna que ocupa correctamente el espacio vital. En Zazen nos sentamos con la espalda recta y con elegancia, que se pueden transmitir a la vida cotidiana.
Espalda derecha, mirada al frente y a los ojos. Ocupa todo tu espacio vital y los demás notarán seguridad y sinceridad en ti.
Uso inteligente de tus comunicaciones
No mentir y no manipular son acciones de sentido común. Pero las comunicaciones humanas son más complejas que solo eso. En el Noble Sendero Óctuple existe el valor del Habla Correcta, que implica hacer uso virtuoso de todas las maneras en las que nos comunicamos. Ya sea por texto, memes, hablar o lenguaje corporal, tenemos una responsabilidad fuerte de cuidar las intenciones con las que hablamos. Y claro, no nos involucramos en chismes.
Antes de comunicar algo de manera volitiva, hay que preguntarse: ¿Es necesario? ¿Es verdad? ¿Ayuda a alguien? ¿Es amable? Si alguna de estas preguntas las respondes con no, es mejor guardar silencio.
Adáptate al cambio
La vida es dinámica y todo el tiempo está cambiando. No hay manera de parar a la Señora Impermanencia. Cuando queremos estar en contra y dominarla, la Impermanencia de las Cosas nos abofetea cruelmente y sufrimos mucho. Aceptarla es objeto de estudio de todas las escuelas budistas del mundo.
Entender que la vida cambia es importante. Pero es más importante no sufrirlo y adaptarnos a las nuevas situaciones. Claro, sin enojarse ni hacer berrinche.
Una persona que se adapta es alguien más ligero de tratar. Y dicen por ahí que es parte de lo que forma a los buenos líderes.
Deja de querer controlarlo todo
Por más que nos esforcemos en la fantasía de que controlamos algo, la verdad es que no controlamos absolutamente nada. Y peor aún, esa fantasía nos evita que disfrutemos la Impermanencia de las Cosas.
No tiene nada de malo hacer planes y esforzarse para ser mejores, pero al igual que el punto anterior, es siempre más sabio aprender y corregir, que congelarse por la frustración.
Saber adaptarse al cambio y permitir que la vida sea, te vuelve una persona menos oscura, pero propositiva para los demás.
—
Espero que estas acciones te den un poco de claridad hacia dónde va la práctica budista. Al practicar compasión de manera activa, de adentro de uno mismo hacia afuera, la percepción que tienen los demás sobre nosotros cambia.
Como siempre, no me creas nada. Pero te reto a que lo intentes. Lo peor que puede pasar es que lleguen nuevos amigos a tu vida.
Esta playa cósmica tiene muchos granos de arena. A simple vista podrías pensar que si un grano de arena falta, pues nadie se entera. Pero resulta que los granos de arena están contados. Todos son necesarios. Todos importan. Si falta 1 solo grano de arena, este sería un universo totalmente diferente.
La vida necesita de cada uno de los granos de arena. Si no estuvieras tú aquí, yo no estaría escribiendo esto para ti, enseñando o ni siquiera sería yo. Aunque el ego no te lo permita ver, eres una persona necesaria y sin ti este mundo no sería igual. No sé tú, pero yo agradezco que estés.
La vida, el Buda y todos los seres vivos necesitamos que la vida siga adelante. Nuestro trabajo es justo eso, hacer que la vida siga. ¿Cómo lo hacemos? Viendo por el bienestar de todos los seres vivos. Practicamos activamente las Paramitas, nos esforzamos, buscamos que los demás estén bien. Es ahí donde está el sentido de la VIDA. En mayúsculas porque VIDA es distinto a YO. YO es solo una manifestación de la vida. Tu personalidad es solo una ilusión construida por ti, por lo tanto, no puede ser tomada en serio.
Entre más busque el YO un sentido de la vida, menos lo encontrará. Entre más pura sea tu práctica Zen, más sentido llegará.
Morimos, nacemos y ¿luego qué? Estás viendo la vista con ojos de YO, y la visión desde ahí es muy limitada. Recuerda que además de YO (ser individual), está tu Ser Universal. Eres fuerza vital compartida con plantas, bacterias, motas de polvo, ballenas y galaxias completas. Todos somos ese Ser Universal. A este lo descubres en el silencio de Zazen y en la contemplación de todo lo que te rodea, sin cuestionarlo.
Cada esfuerzo cuenta. Y no, no los esfuerzos no son placebos. No tienes ideal el poder que existe detrás de tu sonrisa. Literal, aunque no lo veas, cambias la via al rededor.
Un acto de bondad simple y tonto, como dar un vaso de agua al repartidor de Amazon, hace el mundo un mejor lugar para él, para su familia, para su comunidad. El efecto mariposa de tu bondad es para siempre. No lo subestimes.
Las Tres Marcas de la Existencia se manifiestan todo el tiempo. Hay sufrimiento (dukkha), nos angustia el vacío existencial (Anatta) y le tenemos mucho miedo a la impermanencia (Anicca). Son constantes y siempre están.
No hay manera de que la vida sea 100% algodón de azúcar. Necesitamos el conflicto para salir adelante, pare crecer y para tener parámetros para saber lo que sí queremos lograr. ¿Será rápido? No, claro que no. La mente humana quiere todo rápido, pero la vida se toma sus buenos millones de años en evolucionar. Entonces, nos cuesta mucho y nos duele mucho que no haya una píldora mágica para borrar las cosas que no nos gustan.
Siempre lo he dicho y siempre lo diré. El Buda no está en las frases lindas. El Buda está en los feminicidios, en los politicos corruptos, en la guerra. ¿Por qué? Porque solo ahí podemos comprobar que el Dharma nos puede ayudar a trascender todo ello y estar en paz en el ojo de la tormenta.
El mejor ejemplo para entender este Dharma es tu propio cuerpo. Tienes salud gracias a los millones de conflictos y guerras que hay en tu organismo. Tu cuerpo está bajo ataque 24/7 por lo que respiras, lo que comes, lo que te pones en el pelo y en la piel. Y hay retos todo el tiempo. Tu sistema inmunológico entra a trabajar y libra guerras épicas. Y al final de la batalla, aprende para hacer mejor su trabajo en el futuro. Y tú ni cuenta te das.
La humanidad es justo eso. Necesitamos el conflicto constante y todo aquello que no nos gusta. Para aprender y crecer. Eso también es Buda.
¿Por qué? Porque eres un ser vivo, no un dios. Nuestro paso por el mundo, como todos los seres vivos, crea una cadena de consecuencias. A veces nos toca causar daño, otras podemos ayudar. La práctica Zen nos da la sorprendente capacidad de darnos cuenta de nuestros pensamientos-palabras-actos, para que con el tiempo podamos causar el menor impacto posible.
Sí, hay algo de karma-vipaka en todo esto. Hay cosas que nos toca pagar y que sucedieron antes de que naciéramos. Pero como somos un solo ser vivo gigante, pues lo entendemos como parte de la naturaleza. De igual manera, habrá futuros humanos que paguen el daño que nos causamos con la pandemia y mil cosas más.
¿Cómo llegar a entenderlo? ¿Es algo que hay que experimentar? Sí. Zazen es el primer paso, por supuesto.
Pero también está vivir por los Preceptos que nos dejan Shakyamuni y Dogen. Esforzarnos todos los días para ser bodhisattvas sirve a la vida, pero también nos hace sentir conectados con reverencia y humildad, a la realidad que formamos parte de algo más grande. Este algo grande es el Buda, donde todo tiene una razón, un propósito y un lugar.
Tú y yo estamos intercambiando estas líneas gracias a que somos una sola persona, en realidad. Soy lo que tú eres. La relación alumno-maestro solo es un espejo que me gusta mantener limpio.
Solo sigue con tu práctica.
Eres Buda. Solo contempla la vida y nunca pares de servir a los demás. En ese silencio están tus respuestas.
Las 108 Puertas de la Iluminación del Dharma es un fascículo dentro de Sh?b?genz?, la obra maestra de Dogen Zenji.
Es quizá uno de los textos más pragmáticos que nos dejó Dogen por que nos sirven para entender que el Dharma ya está iluminado y llevar sus enseñanzas a la vida cotidiana. El practicante de Zen no busca la iluminación porque el universo ya es luz. Lo que hacemos es despertar a esta realidad para ser parte de algo más grande.
Desde que lo conocí, me ayudó a soltar muchas ideas preconcebidas y a centrarme en servir a todos los seres. Decidí que sería valioso ponerlo a disposición de la sangha y toda persona interesada en el Zen.
Me tomó un año de estudio, traducción y adaptación, pero aquí está.
Este texto no es una obra original de Dogen. Está compuesto de una traducción de El Sutra Colección de las Obras Pasadas del Buda, de la escuela Chan; más los comentarios finales y notas del Maestro Dogen.
Son 108 aforismos que son estudiados para profundizar la práctica Zen. En muchos templos de Japón, es común recitar estas frases junto con 108 campanadas para recibir el año nuevo.
Los estudiamos porque nos apuntan la dirección adecuada de hacia dónde llevar nuestra práctica. También nos ayuda a entender y soltar conceptos complejos para que puedan ser introyectados en el ser.
Para leer el texto completo y descargar un PDF, ir aquí.
Para ver toda la serie de videos con Zazen y explicación, ir aquí.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi