Sesshin sin juguetes, por Uchiyama Roshi

Sesshin sin juguetes, por Uchiyama Roshi

La práctica de Sesshin es muy importante para el Soto Zen. Es un retiro donde solo hay Zazen y Kinhin. No hay pláticas, no hay yoga ni nada que nos distraiga de Shikantaza.

Es con estos eventos intensivos que podemos sentir y comprobar lo que es Budismo Zen en verdad. Hacemos de lado el ego y nos entregamos por completo a Zazen.

Por supuesto que no es fácil. De hecho, Sesshin necesita ser difícil para que funcione.

Uchiyama Roshi es uno de los maestros que forjaron nuestra tradición. Fue abad de uno de los monasterios en los que entrené, Antai-ji.

En su libro Abrir la Mano del Pensamiento, nos explica de forma maravillosa qué es Sesshin; las razones por las que debemos participar y lo que sucede con la mente y el cuerpo.

Aquí comparto unos párrafos que nos pueden ser valiosos.


Quisiera aclarar mejor la realidad de la práctica y nuestra actitud vital de acuerdo con zazén, a partir de los retiros intensivos, sesshin, y lo que en ellas se experimenta. La palabra sesshin significa “tocar o escuchar la mente” y una sesshin consiste en varios días dedicados casi por entero a zazén…

En todas estas sesshin el horario consiste en una simple repetición de catorce períodos de Zazen, intercalados por breves períodos de meditación Zen caminando (kinhin), desde las cuatro de la mañana a las nueve de la noche. [Nuestras Sesshin] tienen sólo dos características. La primera es que no se habla en absoluto. No hay saludos ni socialización y ni siquiera hay canto de sutras como sucede en otras ocasiones en un templo…

Los cinco días de absoluto silencio sirven para ayudar a cada uno a convertirse en el ser que no es diferente del ser universal, sin socializar ni desviar su atención hacia otros…

Me parece que pasamos toda nuestra vida jugando con juguetes. Comenzamos tan pronto hemos nacido. El primero de todos es el chupete del biberón. Cuando crecemos un poco, nos entretenemos con muñecas y osos de peluche. Después con juegos “hágalo usted mismo”, cámaras y coches. De adolescentes nos interesamos por el sexo y luego viene el estudio y la investigación, la competencia y los deportes, junto a la ambición por los negocios y tal vez la búsqueda de la fama. ¡Esto no es más que entretenerse con juguetes! Hasta nuestra muerte, cambiamos un juguete por otro y terminamos nuestra vida sin haber hecho otra cosa que entretenernos con juguetes.

Hacer Zazen significa actualizar la realidad de la vida. Zazen es el ser que es sólo el ser del universo, sin entretenerse con juguetes [mentales]. Zazen es como el instante anterior a nuestra muerte, en el que se han apartado todos los juguetes. No obstante, incluso en ese momento buscamos alrededor algo para entretenernos, aunque sea por un instante.

¿Qué hacer si uno se adormece durante una sesshin en Antai-ji? Si el propósito del kyosaku es despejar nuestro sopor, no se puede evitar adormilarse cuando no se usa. Pero no hay que preocuparse; no hay nadie que pueda dormir durante la totalidad de las setenta y dos horas de una sesshin de cinco días. Inevitablemente uno se despierta.

Debido a que se trata de la propia práctica, tan sólo hay que entregarse de corazón a hacer Zazen, nada más. Zazen no es algo que estemos obligados a hacer. Es una práctica que se hace por decisión propia, tal como el ser que es sólo el ser.

Habrá momentos en los que uno está despierto pero aburrido. Con el fin de pasar el tiempo puede que uno piense en algo particular y se entretenga con esa idea. Como se trata de la propia práctica, es ridículo pasar el tiempo así, aunque a veces la gente lo hace. Si uno es mentalmente equilibrado, no podrá mantener estas fantasías indefinidamente; en una sesshin en la que sólo hay silencio y prolongadas y continuas sesiones de Zazen, uno puede llegar a sentir que está enloqueciendo. Una mente sana no puede soportar lidiar con un solo pensamiento falso durante un período extenso. Al final, se dará cuenta por sí mismo de que lo mejor es soltar las ilusiones y concentrarse en una postura estable de Zazen. En otras palabras, este tipo de sesshin consiste en sólo sentarse como el ser que es sólo el ser, sin ningún tipo de limitaciones externas. En consecuencia,
no es posible evitar el regreso al ser que es solo el ser, a la única vida que sucede aquí y ahora, y que no se perturba con pensamientos engañosos…

Cuando realizamos este tipo de sesshin, comprendemos muchas verdades a partir de la vivencia personal y no desde la teoría. Lo primero que no podemos evitar sentir cuando nos sentamos en estas sesshin es la tremenda dilatación del tiempo.

Del tiempo de una sesshin se dice que «un día es tan extenso como la eternidad» y «un día parece tan largo como cuando éramos pequeños». Con frecuencia en nuestra vida diaria compartimos un buen rato con algún amigo o vemos televisión y, antes de que lo notemos, ya ha pasado la mitad del día o tal vez todo el día. Pero cuando nos sentamos en Zazen durante todo un día, el tiempo no pasa tan ligero. Nos duelen las piernas, nos llenamos de aburrimiento y no podemos hacer otra cosa que experimentar el tiempo como la realidad de la vida, momento a momento.

Durante la sesshin, las actividades están reguladas por una campana. Suenan dos tañidos, nos ponemos de pie y comenzamos a caminar. Mientras caminamos en kinhin, surge el pensamiento de lo hastiados que estamos y entonces, descorazonados, nos damos cuenta de que todavía es la mañana del segundo día y que no ha transcurrido ni siquiera la mitad de la sesshin. Estoy seguro de que todos aquellos que han realizado una sesshin han tenido tales pensamientos.
¿Cómo vamos a ser capaces de llegar al final? Al llegar a este punto lo único que podemos hacer es trascender el tiempo. Si no nos olvidamos de aquello llamado tiempo, será imposible para nosotros continuar a través de lo que queda de la sesshin…

Cuando trascendemos el tiempo, nos olvidamos de él y encontramos la fresca realidad de la vida. El tiempo existe para nosotros porque comparamos un momento con otro y en el batiburrillo de nuestras percepciones sentimos que el tiempo fluye rápido. Cuando dejamos de comparar y simplemente somos el ser que es sólo el ser, podemos trascender
la velocidad o la comparación de lo que llamamos tiempo…

Este tipo de experiencia muestra en realidad qué es el tiempo y revela el significado de antes del tiempo. En general damos por hecho que todos vivimos en el mismo tiempo, pero a través de la sesshin podemos experimentar directamente que no es así. Por el contrario, la vida del ser crea la aparición del tiempo…

Cuando hacemos Zazen cruzamos nuestras piernas y nos sentamos inmóviles. Podría decirse que es doloroso si lo comparamos con el tipo de vida indulgente en el cual podemos movernos como nos plazca… Lo más importante durante una sesshin es soltar incluso esas ideas sobre vencer o soportar el dolor, sobre lo capaces que somos de perseverar en
medio del dolor, dejándonos sumergir por Zazen tal como es, como el ser siendo el ser por sí mismo. Al sentarnos quietos y abandonarlo todo a la postura, el tiempo pasará a su propio ritmo. Cuando soltemos nuestras ideas de dolor y de perseverancia, seremos capaces de finalizar una sesshin sin ansiedad.

A través de las sesshin podemos experimentar lo que significa soltar del todo nuestros pensamientos acerca de perseverar y sufrir, con la consiguiente influencia sobre nuestra vida diaria. En los asuntos cotidianos encontramos muchos problemas e infortunios, pero normalmente sucede que al afrontar un problema empezamos a luchar. Y al hacerlo nos colocamos en una situación peor. Es fácil verlo cuando se trata de otra persona. Cuando otros han caído en la adversidad, como observadores podemos decirles que deberían «dejar de combatir» o «simplemente calmarse». Desde fuera podemos decir esto con mucha tranquilidad, pero cuando se trata de nuestro problema, de repente perdemos la capacidad de permanecer en calma. ¿Cómo podemos hacer que este ser que no puede evitar luchar, deje de hacerlo y se calme? No existe el cómo, a menos que abandonemos la raíz de nuestros pensamientos sobre sufrimiento y perseverancia. Durante la sesshin estamos en condiciones de hacerlo. Sesshin es la práctica que realizamos antes de la distinción entre el poder propio y el poder de los otros, antes del tiempo y antes de la idea de persistencia.

10 acciones sutiles y budistas para que la gente te quiera a su lado

10 acciones sutiles y budistas para que la gente te quiera a su lado

Aunque muchos asumimos que el Buda era una persona reservada y silenciosa, cuenta la leyenda que, en el punto más alto de su sangha, tenía hasta 5,000 monjes que lo seguían. Siempre estaban atentos a sus enseñanzas y dispuestos a seguir sus instrucciones para ayudar a todos los seres vivos.

No solo era un gran líder, sino que era un amigo carismático y su comportamiento hacía que la gente quisiera pasar tiempo a su lado.

Lo mismo aplica para otras personas importantes en las diferentes escuelas de budismo del mundo. SS Dalai Lama, Thich Nhat Hanh; hasta nuestros queridos Dogen Zenji y Nishijima Roshi; todos ellos han sabido comportarse de tal manera que se rodearon de amigos y alumnos.

Pensando en que muchos de nosotros somos tímidos e introvertidos, he preparado esta lista de acciones budistas que podemos llevar a la vida cotidiana y que nos harán personas más agradables para los demás. Por supuesto, sin sacrificar nuestros valores personales ni filosofía. Son más bien acciones de sentido común que vale la pena intentar.

Deja de aparentar lo que no eres

Sé que todos estamos presionados por ser algo en la vida. Pero muchos no nos damos cuenta de que nos volvemos personas mentirosas cuando presumimos lo que no somos o lo que no tenemos.

En la práctica Zen la humildad es un valor muy apreciado porque nos hace ver y amar lo que somos. La gente nos percibe mejor cuando no actuamos como el sabelotodo de la región.

Bodhidharma, el Primer Patriarca del Zen, era famoso por no avergonzarse en decir no lo sé con todo el corazón.

Deja las prisas y urgencias de lado

Una de las razones que más sufrimiento y enfermedad nos causan, es la mala comprensión del tiempo. En la práctica Zen, el tiempo fluye de manera distinta. Es lento cuando necesita ser lento, es rápido cuando necesita ser rápido. Para el Soto Zen, la comprensión del tiempo es parte de la práctica espiritual y nos esforzamos en aprender.

La ilusión que tenemos es que, si vivimos con prisas, los demás nos perciben como propositivos y trabajadores. Pero es lo opuesto. Una persona con prisa y urgencias es alguien irritable, irritante y que no sabe administrar su trabajo.

Aprender a hacer mejor uso del tiempo, llegar puntual a todos lados, te volverá una persona confiable para ti mismo y para los demás.

No es coincidencia de que en los templos Zen del mundo seamos tan respetuosos con los horarios, pero relajados con la comprensión del mismo.

Juega más

Ryokan Taigu, el Maestro Zen que inspira el nombre de esta sangha, era famoso por dedicar parte de su día a jugar pelota o escondidas con los niños del pueblo. Chicos y adultos disfrutaban de su forma de ser ligera y juguetona.

¿Hace cuánto no juegas como niño? ¿Hace cuánto no haces una broma inteligente y que no ofenda? ¿Hace cuánto no ríes sin importarte el mundo?

El Buda, Dogen, Nishijima Roshi, SS Dalai Lama y todos nuestros ancestros budistas han sido famosos por sus juegos, risas y bromas.

Ser una persona juguetona y amable hará que los demás se sientan cómodos a tu lado.

Haz sentir bien a los demás

¿Te has dado cuenta cómo, al enterarte de una noticia, de inmediato comienzas a hablar de ti? Esto es porque cuando hablamos con alguien, tratamos de participar en la conversación dirigiendo la atención hacia uno mismo.

Esto te hace parecer egocéntrico y que no sabes escuchar. Mejor pon atención, escucha en silencio y felicita cuando haya que hacerlo. Da una palmada en el hombro ante un buen trabajo. Di «Ya veo. Es cierto, tienes razón» con más frecuencia.

Pero cuidado. Jamás hables del físico de otros. Habla de sus ideas, su trabajo, sus logros y sus aciertos.

Nunca tomes nada personal

Siempre que hay una discusión, es normal que los ánimos se calienten y se digan palabras hirientes. Quien insulta o dice cosas sarcásticas, siempre está sufriendo y ataca porque su inteligencia ha sido cancelada por la emoción.

Por lo tanto, dicen cosas que vienen desde un lugar profundo de su sufrimiento. Se insultan ellos mismos, pero lanzan anzuelos para provocar una reacción en ti. Han sido dominados por los Tres Venenos de la Mente.

Cuando una persona comienza a insultar, no se le puede tomar en serio y mucho menos a título personal.

Sonríe mucho y cuando sea oportuno, pero no por todo

Sonreír es una de las mejores formas de conectar con los demás. Si pones atención, en todas las imágenes, el Buda aparece con una ligera sonrisa. SS Dalai Lama tiene una sonrisa maravillosa que nos invita a sonreír con él.

Aprender a sonreír requiere práctica. Vale la pena porque sonreír en esta vida hace que las cosas sean menos pesadas.

Solo ten cuidado de no sonreír cuando te estén dando una noticia importante y seria para la persona.

Dignidad en tu espacio

Con mucha frecuencia nos hacemos pequeñitos ante una persona dominante o ante un reto enorme. Incluso hay quienes caminan con la espalda encorvada porque no se sienten suficientes. Esto ahuyenta a la gente porque se nos percibe como débiles y poco aptos.

Cuando practicamos Zazen aprendemos a florecer en una posición digna que ocupa correctamente el espacio vital. En Zazen nos sentamos con la espalda recta y con elegancia, que se pueden transmitir a la vida cotidiana.

Espalda derecha, mirada al frente y a los ojos. Ocupa todo tu espacio vital y los demás notarán seguridad y sinceridad en ti.

Uso inteligente de tus comunicaciones

No mentir y no manipular son acciones de sentido común. Pero las comunicaciones humanas son más complejas que solo eso. En el Noble Sendero Óctuple existe el valor del Habla Correcta, que implica hacer uso virtuoso de todas las maneras en las que nos comunicamos. Ya sea por texto, memes, hablar o lenguaje corporal, tenemos una responsabilidad fuerte de cuidar las intenciones con las que hablamos. Y claro, no nos involucramos en chismes.

Antes de comunicar algo de manera volitiva, hay que preguntarse: ¿Es necesario? ¿Es verdad? ¿Ayuda a alguien? ¿Es amable? Si alguna de estas preguntas las respondes con no, es mejor guardar silencio.

Adáptate al cambio

La vida es dinámica y todo el tiempo está cambiando. No hay manera de parar a la Señora Impermanencia. Cuando queremos estar en contra y dominarla, la Impermanencia de las Cosas nos abofetea cruelmente y sufrimos mucho. Aceptarla es objeto de estudio de todas las escuelas budistas del mundo.

Entender que la vida cambia es importante. Pero es más importante no sufrirlo y adaptarnos a las nuevas situaciones. Claro, sin enojarse ni hacer berrinche.

Una persona que se adapta es alguien más ligero de tratar. Y dicen por ahí que es parte de lo que forma a los buenos líderes.

Deja de querer controlarlo todo

Por más que nos esforcemos en la fantasía de que controlamos algo, la verdad es que no controlamos absolutamente nada. Y peor aún, esa fantasía nos evita que disfrutemos la Impermanencia de las Cosas.

No tiene nada de malo hacer planes y esforzarse para ser mejores, pero al igual que el punto anterior, es siempre más sabio aprender y corregir, que congelarse por la frustración.

Saber adaptarse al cambio y permitir que la vida sea, te vuelve una persona menos oscura, pero propositiva para los demás.

Espero que estas acciones te den un poco de claridad hacia dónde va la práctica budista. Al practicar compasión de manera activa, de adentro de uno mismo hacia afuera, la percepción que tienen los demás sobre nosotros cambia.

Como siempre, no me creas nada. Pero te reto a que lo intentes. Lo peor que puede pasar es que lleguen nuevos amigos a tu vida.

Para ti, que no has encontrado el sentido de la vida

Para ti, que no has encontrado el sentido de la vida

Esta playa cósmica tiene muchos granos de arena. A simple vista podrías pensar que si un grano de arena falta, pues nadie se entera. Pero resulta que los granos de arena están contados. Todos son necesarios. Todos importan. Si falta 1 solo grano de arena, este sería un universo totalmente diferente.

La vida necesita de cada uno de los granos de arena. Si no estuvieras tú aquí, yo no estaría escribiendo esto para ti, enseñando o ni siquiera sería yo. Aunque el ego no te lo permita ver, eres una persona necesaria y sin ti este mundo no sería igual. No sé tú, pero yo agradezco que estés.

La vida, el Buda y todos los seres vivos necesitamos que la vida siga adelante. Nuestro trabajo es justo eso, hacer que la vida siga. ¿Cómo lo hacemos? Viendo por el bienestar de todos los seres vivos. Practicamos activamente las Paramitas, nos esforzamos, buscamos que los demás estén bien. Es ahí donde está el sentido de la VIDA. En mayúsculas porque VIDA es distinto a YO. YO es solo una manifestación de la vida. Tu personalidad es solo una ilusión construida por ti, por lo tanto, no puede ser tomada en serio.

Entre más busque el YO un sentido de la vida, menos lo encontrará. Entre más pura sea tu práctica Zen, más sentido llegará.

Morimos, nacemos y ¿luego qué? Estás viendo la vista con ojos de YO, y la visión desde ahí es muy limitada. Recuerda que además de YO (ser individual), está tu Ser Universal. Eres fuerza vital compartida con plantas, bacterias, motas de polvo, ballenas y galaxias completas. Todos somos ese Ser Universal. A este lo descubres en el silencio de Zazen y en la contemplación de todo lo que te rodea, sin cuestionarlo.

Cada esfuerzo cuenta. Y no, no los esfuerzos no son placebos. No tienes ideal el poder que existe detrás de tu sonrisa. Literal, aunque no lo veas, cambias la via al rededor.

Un acto de bondad simple y tonto, como dar un vaso de agua al repartidor de Amazon, hace el mundo un mejor lugar para él, para su familia, para su comunidad. El efecto mariposa de tu bondad es para siempre. No lo subestimes.

Las Tres Marcas de la Existencia se manifiestan todo el tiempo. Hay sufrimiento (dukkha), nos angustia el vacío existencial (Anatta) y le tenemos mucho miedo a la impermanencia (Anicca). Son constantes y siempre están.

No hay manera de que la vida sea 100% algodón de azúcar. Necesitamos el conflicto para salir adelante, pare crecer y para tener parámetros para saber lo que sí queremos lograr. ¿Será rápido? No, claro que no. La mente humana quiere todo rápido, pero la vida se toma sus buenos millones de años en evolucionar. Entonces, nos cuesta mucho y nos duele mucho que no haya una píldora mágica para borrar las cosas que no nos gustan.

Siempre lo he dicho y siempre lo diré. El Buda no está en las frases lindas. El Buda está en los feminicidios, en los politicos corruptos, en la guerra. ¿Por qué? Porque solo ahí podemos comprobar que el Dharma nos puede ayudar a trascender todo ello y estar en paz en el ojo de la tormenta.

El mejor ejemplo para entender este Dharma es tu propio cuerpo. Tienes salud gracias a los millones de conflictos y guerras que hay en tu organismo. Tu cuerpo está bajo ataque 24/7 por lo que respiras, lo que comes, lo que te pones en el pelo y en la piel. Y hay retos todo el tiempo. Tu sistema inmunológico entra a trabajar y libra guerras épicas. Y al final de la batalla, aprende para hacer mejor su trabajo en el futuro. Y tú ni cuenta te das.

La humanidad es justo eso. Necesitamos el conflicto constante y todo aquello que no nos gusta. Para aprender y crecer. Eso también es Buda.

¿Por qué? Porque eres un ser vivo, no un dios. Nuestro paso por el mundo, como todos los seres vivos, crea una cadena de consecuencias. A veces nos toca causar daño, otras podemos ayudar. La práctica Zen nos da la sorprendente capacidad de darnos cuenta de nuestros pensamientos-palabras-actos, para que con el tiempo podamos causar el menor impacto posible. 

Sí, hay algo de karma-vipaka en todo esto. Hay cosas que nos toca pagar y que sucedieron antes de que naciéramos. Pero como somos un solo ser vivo gigante, pues lo entendemos como parte de la naturaleza. De igual manera, habrá futuros humanos que paguen el daño que nos causamos con la pandemia y mil cosas más. 

¿Cómo llegar a entenderlo? ¿Es algo que hay que experimentar? Sí. Zazen es el primer paso, por supuesto. 

Pero también está vivir por los Preceptos que nos dejan Shakyamuni y Dogen. Esforzarnos todos los días para ser bodhisattvas sirve a la vida, pero también nos hace sentir conectados con reverencia y humildad, a la realidad que formamos parte de algo más grande. Este algo grande es el Buda, donde todo tiene una razón, un propósito y un lugar. 

Tú y yo estamos intercambiando estas líneas gracias a que somos una sola persona, en realidad. Soy lo que tú eres. La relación alumno-maestro solo es un espejo que me gusta mantener limpio. 

Solo sigue con tu práctica.

Eres Buda. Solo contempla la vida y nunca pares de servir a los demás. En ese silencio están tus respuestas.

Las 108 Puertas de la Iluminación del Dharma

Las 108 Puertas de la Iluminación del Dharma

Las 108 Puertas de la Iluminación del Dharma es un fascículo dentro de Sh?b?genz?, la obra maestra de Dogen Zenji.

Es quizá uno de los textos más pragmáticos que nos dejó Dogen por que nos sirven para entender que el Dharma ya está iluminado y llevar sus enseñanzas a la vida cotidiana. El practicante de Zen no busca la iluminación porque el universo ya es luz. Lo que hacemos es despertar a esta realidad para ser parte de algo más grande.

Desde que lo conocí, me ayudó a soltar muchas ideas preconcebidas y a centrarme en servir a todos los seres. Decidí que sería valioso ponerlo a disposición de la sangha y toda persona interesada en el Zen.

Me tomó un año de estudio, traducción y adaptación, pero aquí está.

Este texto no es una obra original de Dogen. Está compuesto de una traducción de El Sutra Colección de las Obras Pasadas del Buda, de la escuela Chan; más los comentarios finales y notas del Maestro Dogen.

Son 108 aforismos que son estudiados para profundizar la práctica Zen. En muchos templos de Japón, es común recitar estas frases junto con 108 campanadas para recibir el año nuevo.

Los estudiamos porque nos apuntan la dirección adecuada de hacia dónde llevar nuestra práctica. También nos ayuda a entender y soltar conceptos complejos para que puedan ser introyectados en el ser.

Para leer el texto completo y descargar un PDF, ir aquí.

Para ver toda la serie de videos con Zazen y explicación, ir aquí.

Zen y el sentido de MI vida

Zen y el sentido de MI vida

En la cultura occidental somos expertos en sufrimiento. Sería increíble que nos dieran fracciones de bitcoin por sufrir. ¡Seríamos millonarios! Y una de las cosas que más dolor causan es el no encontrar sentido a la vida.

Estas preguntas son comunes: ¿Quién soy? ¿Cuál es mi misión? ¿Para qué sirvo? ¿Qué sentido tiene mi vida?

Pero si pones atención, verás que en todas ellas la palabra YO está implícita. Ahí yace la razón de por qué la pasamos tan mal.

Desde el punto de vista del Soto Zen, no existe un sentido individual de la vida. Entre más buscas un sentido para ti como ser aislado del universo, más sufrirás porque entras en el ciclo de buscar satisfacción para solo 1 individuo.

Y es precisamente el problema con el mundo occidental. Al venir de una cultura donde el cristianismo define nuestra relación con el universo, estamos educados para la salvación personal. «Yo quiero ir al cielo», «yo quiero superarme», «yo quiero conquistarlo todo». Y por eso jamás encontraremos sentido a la existencia.

El budismo, y en especial el Zen, destrozan por completo el argumento de la salvación y el sentido de la vida personal. Primero porque no hay un YO, pues solo es una ilusión. ¿Entonces qué es lo que se salva? ¿Qué le da sentido a la vida?

Somos luz. Y no me refiero al contexto de ser asquerosamente positivos. Somo luz porque tenemos exactamente la misma naturaleza que la luz. Cada uno de nosotros es un fotón, una partícula. Tenemos vida de partículas, vamos a la escuela de partículas y cuidamos de nuestra salud de partícula. Pero al mismo tiempo somos onda, que se mueve por el universo junto con las otras partículas. Los fotones hacen que la luz sea posible y siga adelante.

Nuestra misión como seres vivos y como parte del universo, es ayudar a que la vida siga adelante. No importa la filosofía que elijas, entre más das al universo, más paz habrá en todas partes, comenzando por tu corazón. ¿Cómo encontrar el sentido de la vida para ti? Ese es solo un camino que tú debes recorrer. No importa si elijes trabajar en una cocina comunitaria o dar clases a personas con bajos recursos económicos, el sentido de la vida para nosotros es la manera en la que hacemos que la vida sea bonita para los demás.

Por supuesto, la vida no toda es linda. Hay retos y personas difíciles. El Zen es la aceptación radical de la vida como es. Es decir, no sufrimos por las condiciones que existen. Decidimos no pasarla mal para poder, entonces, tomar acciones.

Zen es una filosofía activa, viva, que actúa para mejorar las condiciones de vida de todos los seres. Si hay una condición de abuso, por ejemplo, aceptamos que así son las cosas sin rechazarlas. Y con la mente clara, sin sufrir y sin buscar venganzas, entonces actuamos. A veces se guarda silencio, a veces se llama a las autoridades, a veces es tiempo de ser activistas.

El Budismo Soto Zen nos enseña todo esto y entonces nuestra vida se pone linda. Con base en el Buddhadharma y las enseñanzas de Dogen, cultivamos ecuanimidad para ayudar a todos los seres vivos.

Aunque seamos ateos, estamos moldeados por la mente de salvación personal implantada por el cristianismo. Esa mente cristiana siempre se busca un final feliz. YO quiero ir al cielo, el mejor puesto, la mejor familia, la ceremonia de graduación y la medalla al cruzar la meta. Como nos enfocamos en solo el resultado final, olvidamos ver lo que en realidad nos vuelve ricos y felices: el camino.

No buscamos un sentido a la vida porque el sentido de la vida es solo vivir, no encontrar. El camino del Bodhisattva es justo eso: vivir de manera ética y compasiva para mejorar las condiciones de vida de todos los seres, sin importarnos un resultado final o encontrar nada. Un instante a la vez. No hay nada qué encontrar.

Paz en el corazón, alegría por existir, todo eso llega como resultado de qué tanto das a los demás. Entre más compasión y generosidad practicas, más paz hay en ti.

No estás para tomar cosas del universo. Estás para regalarte al universo.

Practicamos budismo en beneficio de los seres vivos. Si alguien se suicida, entonces se pierden todas las oportunidades de mejorar la vida. Por otro lado, el suicidio viene de la mente egocéntrica. En el Zen dejamos el ego de lado, entonces las ganas de suicidarse se borran.

Tu pasado solo puede ser definido por la palabra GRACIAS.

Tu presente debe ser definido por la palabra SERVICIO.

Asi que, ¿cuándo empiezas a ayudar a los demás?

Compasión por el mundo. Poema por el Maestro Muuija (Corea, 1178–1234)

Compasión por el mundo. Poema por el Maestro Muuija (Corea, 1178–1234)

Preocupados solo por ropa y comida, no por la mente;
granjeros y tejedores viven encarcelados.
Por eso todo el mundo sufre frío y hambre.
Pero si les digo, ¿me creerían?

Los cultivos y los gusanos de seda han fallado todos estos años,
hambruna y desastres vienen uno detrás de otro.
Las calamidades no son causadas por la gente indefensa.
Al no entrenar la mente, culpan a los cielos.


El Maestro Muuija nos visita de nuevo en este blog y estamos muy felices porque su sabiduría es importante.

Este poema fue escrito hace unos 1000 años y sigue vigente.

Ahora todos estamos muy preocupados por obtener objetos y reconocimiento. El nuevo teléfono, el auto más grande. Queremos derrocar gobiernos y que la civilización se acomode a nuestro ego al designar nuevos pronombres y siglas.

¡Se nos va la vida amasando las cosas para que se ajusten al ego! Pero en ese proceso, todo mundo sufre.

Pero pocos se atreven a ver que la mente no entrenada es la causa de nuestras calamidades. Una mente iluminada por el Dharma puede ver que todo es Buda.

Las situaciones de la vida solo son Buda. Ya sea político corrupto, crimen o huracán, sonrisa de los niños, las puestas de sol hermosas; todo es Buda.

Mientras el enfoque de nuestros esfuerzos sean trivialidades del ego, idealizaciones del propio Buddhadharma; estamos condenados a hacer de nuestra experiencia una calamidad.

Si te digo todo esto, ¿me creerías?