El Zen es muy atractivo porque en la superficie es una filosofía muy práctica. Nos da las herramientas necesarias para no sufrir la vida. Pero al estudiar los textos clásicos vemos que hay conceptos tan profundos que no se pueden explicar, a menos que se vivan. Este es el caso de los Tres Cuerpos del Buda o Trikaya, en sánscrito.
Esta enseñanza es central para el Budismo Mahayana, y nos permite mirar más allá de lo evidente (10 puntos frikis si me das la referencia). El Buda no solo es la figura de piedra o de madera que está en los altares, sino que es un ser con tres cuerpos que existen en lo profundo de la práctica y la cosmovisión del Mahayana.
En el capítulo VI del Sutra de la Plataforma, el Sexto Patriarca del Zen, Huineng, da una brillante y simple explicación de qué es este concepto tan elusivo.
Pero antes de explicar qué es Trikaya, comparto esta pequeña historia que ilustra cómo estas enseñanzas pueden transformar nuestra percepción y nuestra vida diaria.
Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo agrícola de Japón, vivía un campesino llamado Kenji. Kenji era un hombre sencillo, dedicado a sus campos de arroz y a su familia. Un día, mientras trabajaba bajo el sol abrasador, un monje errante pasó por su arrozal. Kenji, sediento y cansado, le ofreció un poco de agua. El monje, agradecido, se sentó a descansar y notó la expresión preocupada en el rostro de Kenji.
«¿Qué te aflige, Kenji-san?», preguntó el monje con voz serena.
Kenji suspiró. «Reverendo, intento ser un buen budista, pero los textos son tan densos. Me hablan de cosas como los ‘tres cuerpos del Buda’, y no logro entender cómo eso se aplica a mi vida de sembrar y cosechar.»
El monje sonrió. «Kenji-san, el Buda no está lejos de ti. De hecho, está en todo lo que ves y en todo lo que eres.» Luego, el monje le explicó los tres cuerpos del Buda de una manera que Kenji pudo comprender.
«Piensa en el sol, Kenji-san,» dijo el monje. «Su luz es pura y brillante, la esencia misma del sol. Eso es como el Dharmakaya, el Cuerpo de la Esencia Pura. Es la verdad intrínseca de todas las cosas, sin mancha, como tu propia mente en su estado más puro.»
«Ahora, mira el calor del sol que sientes en tu piel y la energía que da vida a tus cultivos. Esto es una manifestación del sol, una forma en que se experimenta su poder. Esto es como el Sambhogakaya, el Cuerpo de la Manifestación Gozosa. Es la forma en que la iluminación se manifiesta para aquellos que la perciben con pureza.»
«Finalmente,» continuó el monje, «mira la cosecha que brota de tu campo, el arroz que alimenta a tu familia. Esa es una forma tangible del sol, su energía convertida en alimento. Esto es como el Nirmanakaya, el Cuerpo de la Manifestación o Encarnación. Es el Buda que se manifiesta en el mundo para ayudar a todos los seres, en la forma que sea necesaria.»
Kenji escuchó atentamente, y una expresión de asombro apareció en su rostro. De repente, la sabiduría del Buda no era algo distante, sino algo palpable en su propia vida. Entendió que su campo, el sol que lo nutría y el arroz que cosechaba, eran todos reflejos de la misma verdad fundamental. A partir de ese día, Kenji trabajó con una nueva apreciación, viendo la presencia del Buda en cada semilla que plantaba y en cada grano de arroz que recolectaba. Comprendió que los tres cuerpos del Buda no eran conceptos abstractos, sino realidades vivas que habitaban dentro y alrededor de él.
Explicando los Tres Cuerpos del Buda: Dharmakaya, Sambhogakaya y Nirmanakaya
En el Budismo Zen y Mahayana, el concepto de Trikaya es fundamental para comprender la naturaleza de la budeidad y cómo se manifiesta en el universo y en nosotros mismos. Huineng nos guía a través de estas ideas, no como algo externo a buscar, sino como inherentes a nuestra propia Esencia de la Mente.
Los tres cuerpos del Buda no son conceptos externos al ser, sino aspectos de nuestra propia naturaleza iluminada.
Dharmakaya es la luz de la Esencia de la Mente
Dharmakaya (Cuerpo de la Esencia Pura) es la verdad última, la realidad tal como es, sin distorsiones. Es la naturaleza búdica inherente en todos los seres, pura y sin mancha, como el cielo despejado. Es la Luz Dorada del Buda que lo une todo.
Reconocer Dharmakaya implica cultivar la atención plena y la autoconciencia para comprender que las emociones y pensamientos negativos son pasajeras, y que nuestra verdadera naturaleza, pura e inmaculada, permanece inalterable. La práctica de Zazen nos ayuda a experimentar directamente esta pureza inherente, permitiendo que la mente se calme y revele su esencia.
Huineng enfatiza que para reconocer y contemplar Dharmakaya, es fundamental purificar la Esencia de la Mente eliminando el egoísmo, la falsedad, el desprecio, la arrogancia y otras perversidades que puedan surgir.
Sambhogakaya es la Manifestación Gozosa
Sambhogakaya (Cuerpo de la Manifestación Gozosa o de Retribución) es la manifestación de la iluminación que se experimenta en un nivel más sutil y puro. Es el cuerpo que disfrutan los Bodhisattvas y los Budas en sus reinos puros, lleno de gozo y sabiduría. Huineng lo compara con la luz de una lámpara que «puede romper la oscuridad que ha estado allí por miles de años, así una chispa de Sabiduría puede quitar la ignorancia que ha durado por años.»
Esto es difícil de entender para una mente egocéntrica, pero Sambhogakaya se manifiesta en nuestra práctica diaria a través de la alegría que surge de la compasión, la bondad y la sabiduría. Cuando actuamos desde un lugar de no-dualidad, sin apegarnos a juicios o expectativas, experimentamos una profunda satisfacción. Esto produce una mente clara e íntegra que nos acerca a la experiencia de este cuerpo del Buda.
Nirmanakaya es la forma física
Nirmanakaya (Cuerpo de la Manifestación o Encarnación) es el cuerpo físico que el Buda adopta para interactuar directamente con el mundo y enseñar el Dharma a los seres sintientes. Es la forma en que la sabiduría y la compasión se manifiestan en el plano terrenal, adaptándose a las necesidades de cada individuo.
Aunque la realidad última (Dharmakaya) es vacía de existencia inherente y la manifestación gozosa (Sambhogakaya) es sutil, Nirmanakaya es la forma en que la budeidad se hace accesible a nosotros en nuestra vida cotidiana. Es el Buda histórico, pero también es la manifestación de la compasión en cada acto de ayuda, en cada palabra amable, en cada enseñanza que nos guía.
En nuestra vida diaria, Nirmanakaya se manifiesta a través de nuestra capacidad de actuar con compasión y sabiduría en el mundo. Cada vez que ayudamos a alguien, cada vez que ofrecemos una palabra de aliento, cada vez que practicamos la paciencia y la bondad, estamos encarnando Nirmanakaya.
Es la práctica de convertir el Dharma a acciones concretas, de ser un ejemplo viviente de las enseñanzas. Los tres cuerpos del Buda se unen en nuestra propia existencia cuando vivimos de esta manera.
Los Tres Cuerpos del Buda son la vía
El concepto de los tres cuerpos del Buda no es una doctrina abstracta, sino una invitación a reconocer la naturaleza búdica en cada uno de nosotros. Como Kenji, el campesino japonés, podemos encontrar la sabiduría del Buda en las experiencias más cotidianas: en la vida oficinal, en las personas difíciles, en los retos del día, en el calor del sol, en el crecimiento de una planta, en un acto de bondad.
En las enseñanzas de Huineng dentro del capítulo VI del Sutra de la Plataforma nos ofrecen una hoja de ruta clara para la práctica budista moderna. Nos enseñan que la iluminación no es un destino lejano, sino una realidad que podemos experimentar aquí y ahora, a través de la purificación de nuestra mente, el cultivo de la sabiduría y la manifestación de la compasión en cada acción.
¿Cómo incluir estos conceptos en tu práctica diaria? Solo observa la vida con gratitud y ve al zafu. Antes de que te des cuenta, Trikaya será parte de tu experiencia.
El Budismo Soto Zen tiene muchas ceremonias y versos que practicamos a diario. Entre ellos está un pequeño texto llamado San Kie Mon (Verso de los Tres Refugios). Intentamos recitarlo para tomar refugio, y lo hacemos con sinceridad porque nos aceptamos como practicantes de budismo, pero se necesita un poco de estudio para llegar a penetrar el verdadero significado.
Pero hay un pequeño problema, sobre todo cuando estamos recién llegados al Zen. A menudo buscamos estabilidad, paz y dirección fuera de nosotros mismos. Nos aferramos a ideas, personas o instituciones, esperando que nos den el ancla que necesitamos. Sin embargo, ¿qué pasaría si el verdadero refugio no estuviera en el exterior, sino dentro de nuestro propio ser?
En el capítulo VI del Sutra de la Plataforma, Huineng nos da una mirada fresca y muy interesante sobre el significado de tomar refugio.
Saludo al refugio que es el Buda
Saludo al refugio que es el Dharma
Saludo al refugio que es la Sangha
Tomo refugio en el Buda
Tomo refugio en el Dharma
Tomo refugio en la Sangha
He tomado completo refugio en el Buda
He tomado completo refugio en el Dharma
He tomado completo refugio en la Sangha
La monja y el refugio cotidiano
Esta es una historia que siempre me ha gustado y creo que viene muy bien para cuando queremos entender qué significa tomar refugio..
La venerable monja budista, Myoshin, estaba sentada en una cafetería bulliciosa. Había sido un día particularmente desafiante en el templo. Su meditación matutina se sintió dispersa, la sesión de estudio de Dharma fue interrumpida por un dolor de cabeza persistente, y una discusión trivial con otro monje la dejó sintiéndose irritada. Mientras sorbía su té, observó a una joven madre luchando por calmar a su bebé que lloraba, mientras su café se enfriaba en la mesa. La madre, con el rostro tenso, finalmente logró que el bebé se durmiera, pero su alivio fue efímero; el café ya no era apetecible.
Myoshin sonrió para sí misma. En ese momento, se dio cuenta de algo profundo. La joven madre había buscado refugio en la calma externa, en el silencio del bebé, en la promesa de un sorbo de café caliente. Pero la vida, como un río, sigue fluyendo, trayendo consigo nuevas olas de desafíos. La verdadera paz no podía depender de que el bebé durmiera o de que el café se mantuviera caliente.
De repente, un pensamiento la golpeó: «Si mi paz depende de que mi meditación sea perfecta, de que mi estudio de Dharma sea ininterrumpido o de que mis relaciones sean siempre armoniosas, ¿dónde está mi refugio cuando estas cosas fallan?» Fue en ese instante de profunda introspección cuando Myoshin comprendió la esencia de tomar refugio interior. No se trataba de las condiciones externas, sino de una fuente inagotable de fortaleza y sabiduría que residía dentro de ella. Este entendimiento transformó su día, y con él, su práctica.
La Triple Gema no es externa
Tradicionalmente en el budismo, se nos enseña a tomar refugio en la Triple Gema: el Buda, el Dharma y la Sangha. Para muchos, esta idea se percibe de una manera muy externa. Vemos imágenes del Buda, y nuestros ojos nos dicen que esa imagen está fuera de nosotros, una representación histórica o idealizada. Es una figura a la que veneramos, un maestro al que admiramos, pero que sentimos distante.
De manera similar, cuando leemos el Dharma con nuestros ojos o lo escuchamos con nuestros oídos, lo interpretamos como un conjunto de enseñanzas, escrituras o discursos que provienen de una fuente externa. Asumimos que es un conocimiento ajeno a nosotros, algo que debemos aprender y aplicar, pero que no es intrínseco a nuestro ser. Intuimos que es una verdad que existe «allá afuera» de lo que somos.
Y luego está la Sangha, la comunidad de practicantes. Sabemos que formamos parte de una sangha, nos reunimos con otros, compartimos experiencias y nos apoyamos mutuamente.
Sin embargo, aunque todos seamos practicantes de budismo, las etiquetas y los nombres persisten como una separación absoluta. Juan sigue siendo Juan, María sigue siendo María. Aunque compartimos un camino, todavía hay una sutil distinción: Juan es Juan, pero Juan aún no es YO. Esta percepción de la Sangha como un grupo de individuos separados, aunque afines, refuerza la idea de que el refugio es algo que encontramos en la colectividad, pero que no emana de nuestro propio interior.
Tomar refugio en uno mismo
Aquí es donde la enseñanza Zen del Sexto Patriarca Huineng nos da una comprensión más profunda y transformadora de tomar refugio. Cuando estudiamos bien el Zen, especialmente al realizar postraciones o al recitar los votos de refugio, nos damos cuenta de que no estamos recurriendo a algo externo. No estamos pidiendo ayuda a una deidad china o a un texto antiguo como si fueran amuletos mágicos. En realidad, estamos confiando ciegamente en nuestras propias capacidades y en nuestro potencial inherente para el despertar.
Huineng nos enseña la Guía Triple Sin Forma, una reinterpretación radical de la Triple Gema que la sitúa dentro de nosotros, no en lo exterior.
Buda es tu potencial para despertar (Iluminación): No es una estatua de oro o una figura histórica lejana. Es la semilla de la budeidad que reside en cada uno de nosotros, nuestra capacidad innata para la sabiduría y la compasión. Es la Iluminación, la culminación de Punya (el mérito) y Prajna (la Sabiduría). Es la mente que, libre de maldad y falsas ilusiones, disminuye el deseo obsesivo, desconoce el descontento y no se ata a la lujuria y la avaricia. Tomar refugio en esta Iluminación significa cultivar esta mente pura y despierta.
Dharma es tu estudio y sabiduría que adquieres cuando estudias las escrituras (Ortodoxia): No son solo los libros en la estantería o tu conteo en Good Reads. Es la verdad que descubres a través de tu propia práctica y comprensión, la sabiduría que florece al aplicar las enseñanzas en tu vida. Es la Ortodoxia, la mejor forma de desprendernos de la obsesión por los deseos. Al tomar refugio en esta Ortodoxia, nuestra mente se libera de puntos de vista erróneos, lo que a su vez elimina el egoísmo, la arrogancia y la avaricia. Es un refugio en la verdad que se está en nuestro interior.
Sangha es confianza en que puedes mejorar como persona (Pureza): No es solo el grupo de personas con las que meditas. Es la pureza de tu propia mente, tu compromiso con el camino y la confianza en tu capacidad para purificar tus acciones, palabras y pensamientos. Es la Pureza, la cualidad más noble de la humanidad. Al tomar refugio en esta Pureza, nuestra mente no puede ser contaminada por los objetos sensoriales, la avaricia y el deseo, sin importar la circunstancia. Es la comunidad interna de todas las cualidades virtuosas que cultivamos.
La Triple Gema no está afuera de ti. La Triple Gema eres tú. Esta es la esencia de la enseñanza de Huineng.
El Buda en tu interior
Huineng nos enseña un punto crucial:
«El practicar la ‘Guía Triple’… significa refugiarse en uno mismo (por ejemplo, en nuestra propia Esencia de la Mente. Las personas ignorantes, asumen la ‘Guía Triple’ día y noche, pero no la entienden. Si afirman que toman refugio en Buda, ¿saben ellos donde está Él? Pero si no pueden ver a Buda, ¿cómo pueden tomar refugio en Él? ¿No es esa afirmación equivalente a una mentira?… debemos tomar refugio en nuestro Buda interior, y no tomar refugio en otros Budas. (Es más), si no tomamos refugio en nuestro Buda interior, no hay otro lugar donde retirarnos. Habiendo aclarado este punto, tomemos refugio en las ‘Tres Gemas’ de nuestra mente. Internamente, debemos controlar nuestra mente; externamente, debemos ser respetuosos con otros. Esta es la forma de tomar refugio dentro de nosotros mismos.»
Esta es la joya de la enseñanza. El verdadero refugio no está en una entidad externa, sino en nuestra propia Esencia de la Mente. Es aceptar y estar en paz con nuestra propia vacuidad.
Pretender tomar refugio en un Buda que percibimos como externo, sin comprender su significado interno, es una afirmación vacía. ¿Dónde estamos buscando realmente el refugio?
El Sutra de la Plataforma nos guía hacia nuestro Buda interior. Si no encontramos refugio allí, no hay otro lugar verdadero donde retirarnos. La práctica de tomar refugio se convierte entonces en un acto de auto-maestría y auto-respeto. Controlamos nuestra mente internamente, cultivando la Iluminación, la Ortodoxia y la Pureza. Y externamente, manifestamos esta transformación a través del respeto hacia los demás, viviendo en armonía con el mundo siendo mejores personas.
Tomar refugio para la vida cotidiana
La enseñanza de tomar refugio en nuestra propia Esencia de la Mente es profundamente práctica para la vida cotidiana. Nos libera de la dependencia de condiciones externas para nuestra felicidad y bienestar. Cuando enfrentamos desafíos, en lugar de buscar soluciones fuera de nosotros, podemos recurrir a nuestra propia sabiduría innata (Dharma), a nuestro potencial de despertar (Buda) y a nuestra capacidad de mantener una mente pura y resiliente (Sangha).
Esta perspectiva del Zen no niega el valor de los maestros, las enseñanzas o la comunidad. Al contrario, los integra. Los maestros nos señalan el camino, las enseñanzas nos proporcionan el mapa y la comunidad nos ofrece apoyo. Pero el viaje, y el refugio final, es siempre interno. Es un camino de auto-descubrimiento y auto-liberación.
Cuando comprendemos que la Triple Gema reside en nosotros, cada momento es una oportunidad para la práctica. Cada desafío es un llamado a activar nuestro Buda interior, cada decisión una oportunidad para aplicar el Dharma de nuestra propia sabiduría, y cada interacción una ocasión para manifestar la Pureza de nuestra Sangha interna.
¿Dónde buscas tu refugio en la vida? ¿Es en lo externo, en lo que puede cambiar y desaparecer? O, ¿tienes la disposición para explorar la inmensidad de tu propia Esencia de la Mente?
Una mañana de verano en el templo, cuando me tocó servir la mesa de Oryoki para mis compañeros por primera vez, estaba muy nervioso. A pesar de que había entrenado varios días para poder cumplir esta obligación con decoro y de acuerdo con el protocolo, el miedo a equivocarme estaba muy presente. Los recuerdos de mis múltiples descuidos anteriores me hacían difícil aceptar el pasado para servir adecuadamente en el presente.
Ese día era yo el encargado de servir la sopa de miso. Con una mano cargaba la olla y con la otra servía usando una cuchara grande de madera. Los primeros dos platos los serví sin problema, pero en el tercero me tropecé con mi propio atuendo y tiré sopa de miso en el tatami (piso de paja tejida que se daña muy fácil con los líquidos).
Todos mis compañeros miraron cómo en cámara lenta la sopa caía al delicado suelo. Nadie dijo nada porque el voto de silencio debía ser mantenido. Con decoro, elegancia y sin mostrar molestia alguna, el compañero más experimentado se levantó, caminó rápido a la cocina por una toalla, regresó y rápidamente limpió el piso.
Me sorprendió su serenidad. Días más tarde, cuando se nos permitió hablar, le pregunté: “¿Cómo lograste no enfadarte ni un poco por mi torpeza?”.
Su respuesta fue sencilla y sonriente: “Por las Cuatro Promesas del Bodhisattva que recitamos diario. La forma en que actúo hoy determina cómo se corrige mi pasado y el de todos. Tiraste la sopa en el tatami no por maldad. Fue un error porque estabas pensando en el pasado”.
Aquello me dejó reflexionando durante días. Fue entonces cuando comprendí que en el Zen, aceptar el pasado no es un ejercicio de nostalgia ni de culpa; es un acto presente y futuro.
¿Qué son las Cuatro Promesas y porqué las practicamos? La respuesta es Fu
En el Budismo Zen recitamos diariamente las Cuatro Promesas del Bodhisattva, que aparecen en el Sutra de la Plataforma del Sexto Patriarca Huineng.
Estas no son simples palabras que repetimos sin sentido. Son compromisos con la práctica espiritual y con nuestro YO del futuro, para crear intenciones virtuosas en nuestros actos. Arreglamos el futuro desde hoy, para crear consecuencias positivas en todo lo que estamos por pensar, decir y hacer. A esto Huineng le llama Fu.
Huineng también nos enseña que los seres que debemos salvar primero son los que habitan en nuestra propia mente: el mentiroso, el engañado, el malévolo. En otras palabras, salvamos a Mara que está en nosotros.
Las Cuatro Promesas no son solo un acto altruista hacia otros, sino una forma de reconciliarnos con nuestra propia historia. Aceptamos lo que hemos sido en el pasado, sin remordimientos, culpas ni reproches.
Recitar estas promesas establece un puente entre nuestro presente y lo que deseamos para el futuro, sanando las heridas del pasado al ofrecerles un nuevo significado.
¿Qué significa aceptar el pasado según el Zen?
Aceptar el pasado, en la visión Zen, no es resignarse. Tampoco es olvidar. Aceptar el pasado es reconocer que nuestras acciones, palabras y pensamientos de ayer son parte de quienes somos hoy, pero no determinan necesariamente nuestro mañana.
Desde el punto de vista budista, el karma es dinámico. Y una forma directa de transformar ese karma es cultivar una intención virtuosa, como nos enseña el voto del Bodhisattva.
El “arrepentimiento vacío” de Huineng es precisamente entender el tiempo, nuestra historia y el futuro desde la perspectiva de la vacuidad. El Sexto Patriarca nos dice:
“Liberarse a uno mismo por su propia Esencia de la Mente significa liberarse de los ignorantes, engañosos, e instigadores seres en el interior de nuestra mente, por medio de la Visión Correcta.”
Esa visión correcta nos permite ver el pasado con honestidad, sin negar nuestros errores ni aferrarnos a ellos.
Las Cuatro Promesas y su relación con el Sutra de la Plataforma
El Sutra de la Plataforma deja claro que las Cuatro Promesas son más que una formalidad sin sentido. Son un método para trabajar con las pasiones y engaños internos. Al prometer liberar a los seres, romper con los autoengaños, aprender el Dharma y alcanzar la Budeidad, no buscamos la perfección inmediata, sino establecer una orientación continua.
Esa orientación nos permite agradecer lo vivido, incluso lo difícil, porque gracias a ello hemos llegado al momento presente. Son un mapa de hacia dónde caminamos para crear un mejor futuro.
Lo que nos dicen las Cuatro Promesas
1. Salvar a todos los seres vivos, aunque los seres vivos sean incontables
En un sentido literal, parece imposible y hasta pretencioso. Sin embargo, el Sutra de la Plataforma nos enseña que esos “seres vivos” también son aspectos de nuestra propia mente. Cada vez que liberamos un pensamiento negativo o una emoción destructiva, estamos salvando un “ser”.
En la práctica cotidiana, esto se traduce en gestos simples como escuchar con paciencia, actuar con honestidad, ofrecer ayuda sin esperar recompensa. Cada acto virtuoso tiene un eco que va más allá de nosotros mismos.
2. Destruir mis autoengaños, aunque mis autoengaños sean innumerables
Los autoengaños son las historias que nos contamos como “No soy suficiente”, “Nunca cambiaré”, “Esto es lo que me tocó vivir”. Estas ideas nos atan al pasado y limitan nuestro presente.
Mediante la práctica de Shikantaza y la introspección, podemos ver esos patrones mentales con mayor claridad. Nuestra práctica no es una lucha violenta contra ellos, sino un suave desmantelamiento mediante la visión correcta, la aceptación de nuestras sombras y la sabiduría que desarrollamos con la experiencia.
3. Percibir la realidad, aunque la realidad sea infinita
El Zen no busca imponer una única verdad. Por el contrario, reconoce que la realidad está en constante cambio. Percibirla es vivir cada instante con atención plena, sin aferrarse a ideas fijas.
Aceptar el pasado implica entender que nuestras percepciones son siempre parciales y condicionadas. Hoy podemos mirarlas con otros ojos, desde el silencio interior y la apertura del corazón.
4. Caminar hacia la iluminación, aunque a esta nunca llegue
Este voto es tal vez el más característico del espíritu del Soto Zen. No practicamos para llegar a un destino final, sino porque el propio caminar ya es la práctica.
Cada paso, cada respiración, cada error incluso, forma parte del camino del Bodhisattva. Aceptar el pasado es reconocer que incluso nuestras caídas han tenido un valor: nos han permitido levantarnos una y otra vez.
Aceptar el pasado en el Zen moderno
Hoy, muchos practicantes laicos y monásticos recitan las Cuatro Promesas al comenzar o terminar su día. En mi experiencia, incluirlas en la rutina diaria es una forma poderosa de recordar nuestra dirección ética y espiritual.
Puedes hacerlo de la siguiente manera:
Al despertar, recita en voz baja o mentalmente las Cuatro Promesas.
Durante el día, cuando enfrentes un momento difícil, repítelas interiormente.
Antes de dormir, reflexiona sobre cómo has vivido en relación con esas promesas.
Poco a poco, notarás que creando un futuro virtuoso, tu relación con el pasado se suaviza. Lo que antes parecía un peso, se convierte en aprendizaje.
Sanar el futuro para aceptar el pasado
En el Zen, sanar el futuro no significa olvidar el pasado, sino transformar su significado mediante una acción presente clara y compasiva. Las Cuatro Promesas del Bodhisattva nos ofrecen una guía práctica para cultivar esa transformación día a día.
Aceptar el pasado, entonces, es un acto vivo, no un recuerdo estático. Es reconocer que podemos seguir aprendiendo, creando, creciendo y floreciendo, sin importar lo que haya quedado atrás.
Recuerdo una mañana silenciosa durante mi entrenamiento en un templo de las montañas de Japón. Había terminado de barrer la explanada y me senté un instante bajo el alero del zendo. El compañero a mi lado, sin mirarme, dijo algo como «¡Qué ksana tan duro!». Y mi mente de inmediato pensó: «Ksana, ksana, colita de rana«, como la rima que dicen las madres cuando un hijo se lastima. Sí, ksana como en el Sutra de la Plataforma.
Ese momento quedó flotando en mi mente. Más tarde, al estudiar el Capítulo VI del Sutra de la Plataforma, comprendí que cada instante, por mínimo que parezca, es una puerta hacia el despertar. El arrepentimiento que nos propone Huineng no es indigno ni es sobre culpa, sino trata de presencia total, ksana a ksana, instante a instante.
Este capítulo está lleno de sabiduría, por lo que lo compartiremos en varias entregas. Hoy nos centraremos en el inicio de este texto y en conceptos clave que podemos aplicar en nuestra vida diaria.
El significado de ksana más allá del Sutra de la Plataforma
En el contexto del budismo Mahayana, un ksana es una fracción de tiempo extremadamente breve, casi imperceptible. Es algo más breve que un milisegundo. Se podría decir que es lo que en verdad mide el presente.
En el Sutra de la Plataforma, se nos invita a vivir de un ksana a otro, atentos al momento. Vivir cada ksana con plena conciencia es vivir en meditación. No se trata de escapar del tiempo, sino de habitarlo plenamente.
Cuando mantenemos la mente en el presente, no nos arrastran los errores del pasado ni nos distraen las expectativas del futuro. Cada ksana se convierte en una oportunidad para purificar la mente y despertar.
Alcanzar nuestro Dharmakaya personal
Huineng nos dice que debemos «alcanzar nuestro propio Dharmakaya». Dharmakaya es el cuerpo del Dharma, la verdad esencial más allá de forma y distinción. No es un lugar al que vamos, sino una realización de nuestra naturaleza original.
Es abrir la conciencia a que somos conciencia, y que pertenecemos a una conciencia más grande, perfecta y completa.
Cuando purificamos la mente en cada ksana, cuando nos liberamos del odio, la codicia y la ignorancia, el Dharmakaya se manifiesta desde dentro. Alcanzar el Dharmakaya es alcanzar al Buda en nuestro propio corazón.
El incienso y los Silas son la fragancia de la conducta recta
El Sexto Patriarca nos habla de los «Inciensos» del arrepentimiento sin forma. No se refiere al incienso físico, sino a las cualidades internas que purifican y elevan nuestra mente. El primero de estos es el Incienso de Sila, o conducta ética.
Sila se refiere a los principios éticos del budismo, que se resumen en los Cinco Silas:
1. No matar: Cultivar la compasión hacia todos los seres.
2. No robar: Practicar la generosidad y el respeto por lo ajeno.
3. No tener conducta sexual dañina: Respetar el cuerpo, los vínculos y la confianza.
4. No mentir: Comunicar con verdad y silencio, con intención de armonía.
5. No intoxicar la mente: Evitar sustancias y actitudes que nublan la claridad.
Vivir los Silas es encender ese incienso interno que perfuma nuestra vida y relaciones.
Los cinco Inciensos del arrepentimiento sin forma
El arrepentimiento sin forma no se hace ante un altar externo, sino en la propia mente, con honestidad y compromiso. El Sutra de la Plataforma describe cinco inciensos metafóricos:
1. Incienso de Sila
Es el fundamento. Una mente libre de maldad, envidia, ira y codicia es una mente clara y digna de confianza.
2. Incienso del Samadhi
Samadhi es concentración o estabilidad mental. Este incienso representa una mente imperturbable ante las circunstancias. Es la calma que no depende de que todo vaya bien.
3. Incienso de Prajna
Prajna es sabiduría. Es mirar dentro de uno mismo y ver con claridad. Abstenerse del mal no por miedo, sino por comprensión. Actuar con respeto, humildad y benevolencia.
4. Incienso de la Liberación
Cuando no nos aferramos al bien ni al mal, cuando actuamos sin ego, la mente se libera. Este incienso representa la mente abierta, sin apegos ni resistencias.
5. Incienso de la Sabiduría del Logro
Es el fruto de todo lo anterior. Una sabiduría espontánea, que no está atrapada en vacío ni inercia. Es acción sabia, presencia activa y desapego genuino.
Arrepentimiento sin forma es purificación sin culpa
El Patriarca no nos invita a lamentarnos por nuestras fallas, sino a verlas claramente y dejarlas ir. El arrepentimiento para nosotros es un volver a empezar en cada ksana. No se requiere un ritual externo, sino encender los cinco inciensos desde dentro.
Enseñanzas para aplicar ahora
Este capítulo del Sutra de la Plataforma nos recuerda algo por lo que vivimos en el Zen: práctica diaria es la iluminación misma. El Budismo no es un sistema de creencias, sino una práctica viva. En cada ksana podemos purificar nuestra mente, vivir los Silas y manifestar el Dharmakaya. No necesitamos esperar a la mañana perfecta ni al retiro ideal. El camino comienza ahora.
Práctica para hoy
Cierra los ojos un instante. Respira. Pregúntate: ¿cuál de los cinco inciensos necesito encender hoy? Quizás es el incienso de la paciencia, o el de la sabiduría. Quizás es recordar que no necesito ser perfecto para comenzar. Que este ksana, este mismo instante, sea tu portal al despertar.
Imagina a Huineng en el Sutra de la Plataforma diciendote «ksana, ksana, colita de rana».
Hace años, en una mañana cualquiera, mientras caminaba al trabajo por una calle ruidosa y llena de tráfico, noté que mi mente iba a mil por hora. Preocupaciones, listas de pendientes, discusiones imaginarias; hasta que una pequeña pausa en el semáforo me hizo detenerme. Respiré profundo y, sin buscarlo, todo se aquietó. Escuché el canto de un pájaro, vi cómo el sol tocaba las hojas de un árbol, y por un instante muy chiquito, estaba totalmente presente. Esa breve experiencia me recordó lo que enseña el maestro Huineng: el verdadero Zen en la vida cotidiana no es escapar del mundo, sino despertar dentro de él.
El Capítulo 5 del Sutra de la Plataforma, “Dhyana”, es muy breve. Sin embargo, es una enseñanza poderosa y sencilla sobre cómo practicar Zazen sin depender del zafu ni de condiciones especiales. Nos recuerda que la práctica Zen es posible en todo momento del día. Cada segundo del día es sagrado y una expresión de la budeidad a la que pertenecemos. No lo podemos ver porque estamos muy ocupados siendo nosotros mismos, pero es posible tocar esta Tierra Pura si entendemos este capítulo.
La palabra Zen proviene del término sánscrito Dhyana, que significa meditación o concentración. Sin embargo, como lo aclara Huineng, no se trata de meditar como un acto aislado, formal o ritualizado. Dhyana es más importante que eso para el Zen. Lo entendemos como ver directamente la naturaleza de la mente y vivir sin apego.
“Dhyana significa ver la naturaleza de la mente. Ver la naturaleza es Bodhi.”
Por eso, practicar Dhyana es practicar Zen porque vivimos con atención plena, con las menores distracciones posibles, y sin quedar atrapados por etiquetas como “bueno” o “malo”. Entrenamos día tras día para permitir que la mente vuelva a su estado natural de claridad y presencia.
Zen en la vida cotidiana es atención en cada acción
Huineng deja claro cómo llevar esta práctica a cada momento de la vida:
“El sentarse en meditación no significa fijar la mente en la ausencia de movimiento. Significa estar libre de apegos al bien y al mal.”
Aunque los maestros del Zen nos piden sentarnos en un zafu, Zazen no está limitado a un tiempo o lugar. El estado de presencia y atención se manifiesta cuando lavamos los platos con atención, cuando escuchamos sin juzgar, cuando respiramos con conciencia mientras esperamos el autobús. El verdadero Zen en la vida cotidiana es cultivar una mente libre, despierta y no reactiva, justo en medio del caos y la rutina.
A veces me gusta pensar que la práctica Zen nos vuelve creativos, no reactivos.
En el centro del Zen hay claridad sin rigidez
Así como el Maestro nos enseñó en el capítulo 4, en este apartado nos insiste en estar atentos para evitar el malentendido común de pensar que meditar es dejar la mente en blanco o aislarla del mundo. Huineng dice que “una mente sin movimiento no es necesariamente una mente despierta”. Lo importante no es erradicar los pensamientos, sino que no haya aferramiento a ellos.
“El verdadero Dhyana no consiste en sentarse sin moverse, sino en mantener la mente libre en toda situación.”
Esto ayudó a construir el Soto Zen como lo conocemos hoy. Para nosotros el énfasis no está en alcanzar estados especiales, sino en estar completamente presente con lo que hay, sin rechazo ni apego.
Si hay tristeza, nos sentamos con ella. Cuando estamos felices, nos sentamos con esa felicidad. No importa si hay ruido interno o externo, la práctica de Shikantaza debe ser mantenida.
Vínculo con el capítulo 4, meditación y sabiduría
En el capítulo anterior, Huineng explicaba que Samadhi (meditación) y Prajna (sabiduría) son inseparables. Aquí en el capítulo 5, esa enseñanza se vuelve más práctica porque nos dice que la meditación es ver la mente tal como es, y eso es ya un acto de sabiduría.
La práctica de Zazen en el Soto Zen refleja esta visión. Nos sentamos sin objetivo, sin querer lograr algo, y en ese dejar-ser surge una comprensión profunda. No estamos vaciando la mente, sino viendo con claridad lo que surge y dejándolo pasar.
Zen sin separación
Por los años que llevo practicando y enseñando, estoy convencido de que tenemos un fallo fundamental en nuestra espiritualidad. Nunca la tomamos en serio y la dejamos como una actividad más para el fin de semana.
Por eso creo que uno de los aportes más revolucionarios de Huineng es mostrar que no hay separación entre práctica espiritual y vida cotidiana. Cuando comprendemos esto, la idea de que sólo se medita en el zafu desaparece. Cada instante puede ser una oportunidad para despertar.
Trabajo es Buda. Escuela es Buda. Comida, descanso, enojos, tristeza, todos son Buda. Si los separamos, el budismo y toda la sabiduría de los Patriarcas dejan de funcionar.
Huineng no desecha la meditación sentada, por supuesto. Pero sí advierte que si la usamos como un refugio o como un acto separado del resto de la vida, hemos perdido el corazón del Dharma. El verdadero Zen en la vida cotidiana es vivir cada momento con claridad, presencia y sin aferramiento.
¿Cómo practicar esto hoy?
Independientemente de que practiques Zen o no, la atención plena es nuestro derecho. Es solo que no viene gratis y tenemos que esforzarnos en lograrla. Practicar Zazen es la mejor manera que tenemos, pero si no te gusta el budismo, puedes comenzar con algunas ideas fáciles de implementar.
Observa tu respiración mientras trabajas.
Come sin distracciones, sintiendo cada bocado.
Escucha a alguien con todo tu ser, sin planear tu respuesta.
Camina como si cada paso fuera sagrado.
Guarda silencio a lo largo del día y pon atención al discurso mental.
Apaga la música. Pon atención a la vida que te rodea.
Estas pequeñas acciones son semillas de Dhyana. Y si las haces con sinceridad, descubrirás que el Zen ya está ocurriendo.
Es importante decir que estas acciones no logran nada si solo las haces una vez. Elige una y repítela por muchos días. Sin hábito, no hay aprendizaje.
La meditación está en ti y es tu derecho
El capítulo 5 del Sutra de la Plataforma nos enseña que el verdadero Dhyana no se trata de inmovilidad ni de lograr algo especial. Se trata de reconocer lo que ya está presente en nosotros. Una mente clara, libre, compasiva.
Practicar Zen en la vida cotidiana no es un ideal lejano ni una meta que se alcanza tras años de esfuerzo. Es una forma de estar, aquí y ahora, reconociendo la plenitud del instante presente sin adornos ni rechazos. Por tener esta mente y cuerpo humano, es tu derecho.
Hoy, al terminar de leer, detente. Mira a tu alrededor. Respira. ¿Puedes estar aquí por completo? ¿Puedes dejar de perseguir objetos mentales y simplemente estar?
Luego de un sesshin, de esos intensos donde a los monjes no se nos permite ni bañarnos para enfocarnos solo en Zazen, tocaba lavar la ropa usada durante los 10 días. ¡Era más que necesario! Mientras preparaba la lavadora, que es una de esas tareas simples que hacemos casi sin pensar, me sorprendí sintiendo una claridad poco habitual. No estaba esforzándome por estar presente, simplemente estaba. Cada movimiento era natural, sin esfuerzo, sin distracción. En ese momento me quedó claro algo de lo que el Patriarca Huineng dice en el Sutra de la Plataforma: que la profunda meditación y sabiduría no están separadas. Surgen juntas, como la luz de una vela y su llama.
En el capítulo IV de este sutra, Samadhi y Prajna, Huineng nos muestra que meditar no es escapar del mundo ni forzar la mente al silencio, sino reconocer su naturaleza libre y clara.
Es un capítulo corto que está dividido en tres partes que explicaré en este post. Pero antes haré una parada para explicar algunos conceptos.
Samadhi es una palabra sánscrita que significa concentración profunda o absorción. En el contexto Zen, Samadhi no es simplemente sentarse en silencio o suprimir los pensamientos. Es una estabilidad mental que surge cuando no estamos apegados al pensamiento. Es la quietud de una mente libre, presente y no reactiva.
Para Huineng, Samadhi no implica inmovilidad física ni mental, sino una capacidad de actuar sin perturbación interna, una calma que está en el centro de cualquier situación. Por supuesto, esto solo se alcanza con nuestra práctica de Zazen.
¿Qué es Prajna?
Prajna, como vimos en el capítulo 2 de este sutra, es la sabiduría intuitiva, la comprensión directa de la realidad tal como es. No se trata de conocimiento intelectual, sino de una percepción clara que nace de la práctica cotidiana, del silencio y la observación. Prajna ve la vida sin filtros ni juicios, sin separarse de lo que es.
Por eso para nosotros es tan importante llevarnos lo aprendido del Dharma a la vida diaria. Huineng nos pide vivir con y para el Dharma.
¿Qué es Tathata?
En todo el capítulo subyace el principio de Tathata, que en sánscrito significa “talidad” o “lo tal como es”. Es la realidad vista sin distorsión, la verdadera naturaleza de todas las cosas.
Comprender Tathata es practicar Prajna. Es ver sin esforzarnos en agregar algo o en quitarle algo. Es ser parte de la realidad sin editarla. En palabras simples: es estar presente con lo que es, sin lucha. Cuando aceptamos lo que surge y lo atravesamos con claridad, estamos tocando la verdad más grande del Dharma.
Reconocer Tathata al lavar los platos, en la oficina, en la escuela o al escuchar sin interrupciones es un acto de sabiduría encarnada.
Meditación y sabiduría son una sola cosa indivisible
El corazón del capítulo IV es esta frase: “Samadhi es la quinta esencia del Prajna, mientras que Prajna es la actividad del Samadhi… En el mismo momento que alcanzamos Prajna, el Samadhi es inmediato y viceversa.”
Esto significa que meditación y sabiduría no son dos caminos distintos, sino un solo proceso vivido desde distintas perspectivas. Si hay calma real, surge claridad. Si hay visión verdadera, la mente se aquieta.
Primera parte: inseparabilidad
En la primera parte del capítulo, Huineng insiste en que separar Samadhi y Prajna es un error. Quien medita sin sabiduría cae en la rigidez; quien reflexiona sin estabilidad mental se vuelve superficial. El Maestro nos dice:
“Son análogos a una lámpara y su luz. Con una lámpara, hay luz. Sin una lámpara, habrá oscuridad… En nombre son dos cosas, pero en sustancia son una y la misma.”
Esta metáfora deja claro que no podemos tener una sin la otra. Practicar solo meditación sin comprensión es como tener una lámpara sin encender. Solo cuando ambas están presentes, hay verdadera transformación.
Segunda parte: Samadhi no es poner la mente en blanco
En esta sección, Huineng responde a quienes creen que Samadhi significa vaciar la mente completamente, ponerla en blanco o mantenerse inmóvil. Él responde con firmeza:
“El sentarse quietamente sin pensamientos es una visión errónea. Tal interpretación nos colocaría con los objetos inanimados, y es un obstáculo en el Camino Correcto.”
Aquí critica la práctica inútil de quedarse en blanco, sin pensamiento ni discernimiento. El Zen busca una mente viva, libre, despierta, no un estado de pasividad.
Aquí aplica mi comentario recurrente: si un maestro de meditación te dice que meditar es poner la mente en blanco, ¡huye hacia las montañas! ¡No sabe lo que está haciendo!
Tercera parte: pensamiento liberado
Huineng introduce el concepto del pensamiento liberado, que es llegar a Prajna y practicarla sin aferramiento:
“El ‘pensamiento liberado’ es ver y conocer todos los Dharmas con una mente libre de apego… Cuando nuestra mente trabaja libremente sin ningún obstáculo… logramos el Samadhi de Prajna.”
Es decir, hay que vivir la meditación y sabiduría en lo cotidiano. Cuando observamos sin juzgar, cuando actuamos sin ego, cuando respondemos sin rigidez, esa es la práctica más profunda.
Vivir desde la meditación y sabiduría
La enseñanza de Huineng no es solo para el zafu. Nos dice que la iluminación no está en huir del mundo, sino en vivir con atención, calma y claridad en medio de él. Que Samadhi y Prajna no se encuentran al final de un retiro, sino en la forma en que respondemos a este momento.
Cocinar, trabajar, hablar, caminar, estudiar o descansar; todo puede ser práctica si estamos presentes. Esa es la revolución silenciosa del budismo Zen: descubrir que meditación y sabiduría están disponibles ahora mismo.
La lámpara ya está encendida
El capítulo IV del Sutra de la Plataforma nos recuerda que no necesitamos buscar la iluminación como algo separado. Si hay verdadera meditación (Zazen), hay sabiduría. Si hay sabiduría viva, hay calma. El camino está en unir ambas en cada acción. Practicar meditación y sabiduría en la cocina o al hablar con alguien, es entrar en el corazón del Zen
La lámpara y la luz son inseparables. La práctica no es juntar piezas, sino ver que ya están unidas. Solo hace falta reconocerlo.
¿Te has dado cuenta que las enseñanzas budistas apuntan a una sola acción? No hay calma ni sabiduría sin meditación. ¿Qué pasaría si cada cosa que haces hoy la convirtieras en tu práctica de meditación y sabiduría?
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Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi