por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 26, 2016 | Budismo, Vida, Zen

El concepto de Impermanencia es extraño y lejano para muchos porque la sociedad occidental se asume como indestructible. Afirmamos que las personas son para siempre, que el amor dura, que los planes siempre saldrán bien y que la salud es inquebrantable. Si nos toca pasar por despedidas o perder cosas materiales, creemos que el dolor será eterno y no vemos la salida a los problemas.
Cuando la Señora Impermanencia decide visitarnos para enseñar una lección, la vida se nos cae en pedazos porque no tenemos manera de asimilar todo lo que pasa.
El budismo nos presenta un sistema muy completo y profundo para entender la impermanencia, pero al final se trata más de sentido común que de religión. No hay que pasar miles de horas estudiando si prestamos atención y observamos la vida desarrollarse ante nuestros ojos.
Aquí comparto una serie de acciones que en combinación con una práctica estable de meditación, harán que la impermanencia sea una fuerza de cambio, gozo y aprendizaje.
1. Reconoce que la vida es cambio
Absolutamente todo lo que te rodea y todo lo que eres, cambia. No eres la misma persona que comenzó a leer este artículo porque dentro de ti murieron millones de seres microscópicos y nacieron otros tantos. Tus ideas eran otras hasta antes de leer estas palabras. Han pasado minutos en los que el sol ha avanzado su marcha, la Tierra gira y millones de organismos en el universo han cambiado su bioquímica, masa y posición en el espacio. Tu auto, tu casa, tu ropa; todo se ha hecho un poco más viejo. Ayer eras otra persona, al igual que hace 5 o 10 años.
Sentarte en silencio por unos momentos y observar lo que pasa a tu lado es un gran ejercicio porque se puede ver y sentir cómo las cosas cambian.
Esto aplica también para tus planes y tus objetivos en la vida. No importa qué tan perfecto sea un plan, la vida tiene otros esquemas y agenda. Por lo regular no compaginan con lo que hay en tu imaginación.
No es que no debas tener una ruta planteada para tu vida, es solo que también hay que considerar que la vida te puede cambiar todo en un segundo.
2. Acepta que no eres inmortal (y nadie que ames tampoco)
Pensar en tu propia muerte no es algo con lo que estemos relacionados. De hecho le tenemos miedo a imaginarlo y huimos de la idea.
Pero saber que tienes fecha de caducidad le da sentido a todo lo que haces. Justo porque vas a morir y no sabes cuándo, cada instante que vives es precioso. Cada beso, helado, despertar, sonrisas, trabajo… todo es una joya preciosa que debes agradecer. Sí, aun las cosas que no te gustan.
Vas a morir, es un hecho. Es el final de todas las historias humanas. Entonces, ¿de verdad quieres desperdiciar tiempo en causar daño a los demás? ¿De verdad vas a dedicarte a dar vuelo a la avaricia y deseos? ¿No sería mejor dejar el mundo un mejor lugar y ser gentil con todos los seres?
Aceptar nuestra mortalidad y disfrutar cada segundo nos convierte en personas más sensibles y felices, por más descabellado que suene.
3. Reduce expectativas
Esperar demasiado de los demás y de la vida, es el camino seguro a sufrir. No importa cuán fuerte lo intentes, la vida y las personas jamás llenarán los zapatos imaginarios que has generado.
Conozco una persona cercana a mi (COF COF mi padre COF COF… perdón, es que tengo tos), que crea expectativas de todo y vive con el corazón roto porque nada se le cumple. Hace unos meses, por alguna razón, se inventó la fantasía de que alguien de la radio, amigo suyo, le pediría una entrevista. Pasó un par de semanas acariciando su momento de fama y planeando lo que diría en la transmisión. Al final su amigo no le volvió a llamar, y la entrevista jamás sucedió. Lo que siguió fueron dos semanas amargas en las que el universo no se acomodó a sus planes.
Crear expectativas y vivir de ilusiones y esperanzas es muy peligroso. Es mejor conservar una cabeza fría y mantener la imaginación bajo control.
4. Acepta que nunca has tenido nada bajo control
Justo porque la vida es dinámica y el ser humano es un macaco pretencioso, nunca, NUNCA hemos tenido el control de nada. No controlamos el clima, las placas tectónicas, a las personas, el paso del tiempo y ni siquiera nuestra propia salud.
Lo que tenemos es la fantasía de que somos ultra poderosos y eso nos hace sentir bien. Por ello los cambios nos cuestan tanto trabajo.
No tiene nada de malo hacer planes y diseñar procesos. ¡Está perfecto! Pero siempre hay que recordar que somos nosotros los que se adaptan al flujo de la vida. A la vida no le importan tus planes y no te escucha.
5. Aprende del cambio
Cuando el cambio llega en forma de muerte, desastre o despedida, por lo regular nos descarrilamos como tren a toda velocidad.
Es normal tener dolor y debemos dejar pasar el tiempo para procesar lo que pasa. El problema es que el cambio nos congela y evita que nos movamos. ¿Cuántas personas no conoces que no han podido soltar por años el sufrimiento de la muerte de alguien?
Mantener una mente abierta a las lecciones de la vida hace que el cambio siempre sea positivo, por más difícil que sea la situación.
6. Camina un paso a la vez
Tengo pocos recuerdos de mi abuelo paterno, pero una frase que decía constantemente era: no te comas el mundo a puños porque te atragantas. Visto a la distancia, creo que tenía razón.
Tratar de vivir demasiado rápido, querer ganar/vencer siempre o ser impaciente con los demás; nos llevará a sufrir.
¿Y si sólo vivimos por hoy? ¿Si solo te enfocas en lo que estás haciendo en este momento? Al fin y al cabo este momento ya terminó.
7. Disfruta todo
Tener un auto de lujo, o lo que sea de lujo, nos trae mucho placer. Buscamos siempre pasarla bien y creamos industrias completas para ello.
Pero hay gozo en las cosas simples también, como una simple taza de té, sentir el aire en la piel y la luz naranja del atardecer.
Al mismo tiempo, la tristeza, la separación y la muerte son gozosas en el sentido que nos hacen crecer como personas.
Si quieres saber más sobre impermanencia, muerte y karma, te invito a las charlas en Guadalajara.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 24, 2016 | Budismo, Vida, Zen

«Gracias a la impermanencia todo es posible» —Thich Nhat Hanh
Todas las cosas que tienen forma y sustancia, así como las que no la tienen; son impermanentes. Es un hecho al que los seres humanos nos resistimos una y otra vez, y en cada ocasión nos creamos más sufrimiento que la vez anterior. Vamos por el mundo asumiendo que somos invencibles, eternos e infértiles.
No queremos que termine le película, no queremos que acabe el amor o el empleo. Justo porque nos negamos a que se termine el placer de un pastel (torta) de chocolate o una pizza, queremos comerlo todo el tiempo.
Cuando somos jóvenes nos negamos al hecho de que en algún momento envejeceremos y moriremos. Peor aun, jamás abrimos la mente a entender que encima de todo, enfermaremos y la belleza se extinguirá.
De forma intelectual podemos intuir que las cosas terminan, pero no dedicamos ni un pensamiento a en verdad penetrar el significado de la impermanencia.
Aprovechando que por estos días en México celebramos el Día de Muertos, decidí declarar que esta semana será dedicada a la Señora Impermanencia.
¡Bienvenidos a la Semana de la Impermanencia! En el blog, en Twitter y en los eventos programados aquí, estaremos abordando este tema que causa escalofríos al más temerario y maduro.
Anicca, la teoría budista de la impermanencia
Luego de años de estudio y meditación, el Buda llegó a la conclusión de que nada en el universo es permanente y que existen Tres Marcas de la Existencia: todo es insatisfactorio (Dukkha), todo es impermanente (Anicca), todo es y todo carece de sustancia y personalidad propia (Anatta).
Según el dharma, Anicca contiene cinco procesos de los que no nos podemos escapar y que no podemos controlar: el envejecimiento, la enfermedad, la muerte, la decadencia de las cosas y la destrucción de las cosas.
A pesar de que todos sabemos que nada es para siempre, a pesar de que todos tenemos en cuenta que vamos a morir y que las cosas que tenemos no durarán, nos esforzamos en ignorar este hecho.
Simplemente escondemos la cabeza bajo tierra y deseamos con todo el corazón que las cosas nunca cambien. Nos formamos la ilusión de que siempre vamos a estar jóvenes, sanos, que siempre vamos a tener una relación perfecta, que nuestros padres jamás morirán y que siempre vamos a tener empleo.
Y cuando llega la hora de la verdad, el impacto es devastador. No comprendemos cómo es posible que todo haya cambiado, si antes estaba perfecto.
De acuerdo al Buda, la vida es como un río. Es un momento progresivo, una sucesión de momentos distintos unidos para dar la impresión de movimiento continuo.
Este río se mueve de causa a causa, de efecto a efecto, de un punto a otro, de un estado de la existencia a otro; dando la idea de que es un movimiento continuo y unificado. Pero en realidad no lo es. El río de ayer no es el mismo río que el de hoy. El río de este momento no va a ser el mismo río del próximo segundo.
Así es la vida. Cambia todo el tiempo y se vuelve algo distinto de un momento a otro.
Nosotros mismos somos el ejemplo viviente de esto. Es una falacia pensar que somos la misma persona de cuando éramos pequeños. Siempre estamos creciendo, aprendiendo y con el tiempo, envejecemos.
Cuando comprendemos que nada es para siempre, es cuando la vida adquiere su carácter de joya preciosa.
Vivir el día de hoy como si fuera el último es lo que hace que nuestra experiencia sea maravillosa.
Si tenemos que decir te amo, hay que decirlo.
Si tenemos la oportunidad de reunirnos con alguien del pasado, hay que disfrutarlo.
Si hay que trabajar mucho, debemos enfocarnos y resolverlo.
Si tenemos que llorar y decir adiós, hay que hacerlo sin pensar dos veces.
Si la realidad cambia por sucesos inesperados, hay que adaptarnos, modificar el camino y seguir adelante.
A diferencia de los video juegos, en la vida no tenemos 3 oportunidades para terminar el nivel.
Sólo tenemos una oportunidad para hacer las cosas.
Y al estar conscientes de que todo es impermanente, hacemos que cada día sea una celebración de victoria.
Por eso me gusta decir: La mala noticia es que morirás. La buena es que tienes el resto de tu vida para hacer que cada segundo valga la pena.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 21, 2016 | Budismo, Vida, Zen

Sozan preguntó al ViejoToku:
—El verdadero Cuerpo-Dharma del Buda es como el cielo vacío. Manifiesta su forma con relación a las cosas; justo como la luna en el agua. ¿Cómo explicas el principio de esta relación?
—Es como un burro mirando hacia dentro de un pozo— dijo Toku.
—Lo pones de una forma linda, pero sólo pudiste decir el 80%— respondió Sozan.
—¿Y qué es para ti, Maestro?— preguntó Toku.
—Es como un pozo mirando al burro— concluyó Sozan.
Traducido por Kyonin.
Cuando buscamos respuestas a cuestiones que nos roban la tranquilidad, con frecuencia olvidamos que miramos al mundo de acuerdo a nuestra experiencia personal. Nuestros apegos, aversiones y cultura son determinantes para apreciar todo lo que hay. Son un estorbo.
Entonces nos perdemos en un universo de relaciones, comparaciones y etiquetas; lo que nos evita entender que el problema no existe como tal. Somos nosotros quienes lo inventamos.
Si te liberas de todo ello por un segundo, podrás entender que quizá no eres tú buscando una solución porque la solución ya te ha encontrado hace mucho… y te está mirando.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 10, 2016 | Budismo, Zazen, Zen

Un día Yaoshan estaba sentado [haciendo zazen] sobre una pierda.
Shitou le preguntó qué hacía.
Yahoshan dijo que no estaba haciendo nada.
Shitou preguntó: «¿Sólo estás sentado ahí?»
Yaoshan respondió: «Estar sentado aquí haciendo nada es hacer algo».
Shitou preguntó: «¿A qué te refieres exactamente al decir haciendo nada?»
Yaoshan dijo: «Si preguntas a todos los sabios, no te podrían decir».
Entonces Shitou escribió un poema:
Una persona no sabe cómo funcionan las cosas,
solo se mueve en sincronía y con naturalidad.
Ni todos los sabios de la historia lo pueden explicar,
tampoco la gente común lo entiende.
—De los Registros de Yaoshan Weiyan. Traducido por Kyonin.
Yaoshan Weiyan (745-827 DC) fue un maestro Chan que vivió durante la dinastía Tang, China. Fue alumno de Shitou Xiqian y de Mazu Daoyi, ambos pilares del budismo Chan y Zen.
Esta pequeña historia se refiere a una de las enseñanzas más puras del Zen: el pensar-no-pensando. La mente humana produce pensamientos todo el tiempo; es su función. Pero somos nosotros los que nos aferramos a los pensamientos.
Pensar en no pensar es estar pensando… pero al mismo tiempo es la voluntad del practicante para entender que está pensando SIN aferrarse a las imágenes, al pasado o al futuro.
La práctica de zazen nos lleva irremediablemente a esto, a apreciar la vida. A pensar-no-pensando-pensando. Y contemplamos en silencio la mente, como si viéramos pasar de lejos al huracán.
Lo que queda es el ser puro, sentado sobre una piedra y contento con lo que hay.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 5, 2016 | Budismo, Editorial, Eventos, Zen

Queridos amigos,
Con el corazón lleno de gratitud aviso que las inscripciones al curso formal de estudio de Introducción al Budismo Zen, están cerradas.
Comenzaremos actividades el 18 de octubre de 2016 con un círculo de amigos que han llegado de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Escocia, España, México y Venezuela. Todos en búsqueda de aprender y aplicar el dharma a la vida cotidiana.
Eso no significa que el Grupo Zen Ryokan esté cerrado. Al contrario, ¡sólo estamos iniciando! Esta comunidad abrazará festividades budistas zen, ofrecerá zazen gratuito (como siempre) y llevará el Zen en español a personas que no pueden desplazarse a un centro budista.
Trascendemos fronteras, tiempo y todo tipo de barreras. Aprendemos y crecemos, unidos como un solo ser perfecto e indivisible.
Somos compañeros de sangha en un templo llamado Madre Tierra.
Gracias a todos. Es hora de trabajar.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 3, 2016 | Budismo, Vida, Zen

Un querido amigo me ha preguntado:
Tengo una pequeña inquietud a propósito de la validez del buddhismo en la actualidad —algo que, personalmente no pongo en duda—, y es ¿cómo conjugarlo, introducirlo en mi activismo político? ¿Hay publicaciones, análisis, que se hayan hecho al respecto? Porque para mí, la expresión «anarcobuddhismo» tiene todo el sentido del mundo, pero me gustaría saber qué se cuece por ahí y tener más elementos de discusión
Como la respuesta es compleja decidí escribir esta entrada. Hay mucho qué decir y se han escrito cientos de artículos y libros al respecto, pero daré mi opinión personal con base en lo poco que sé.
A lo largo de la historia el budismo se ha tratado de mantener alejado de todo tipo de política o movimiento social. O al menos en teoría. El problema de los grupos budistas es que está lleno de humanos con ego (y ganas de conservar el pellejo), que siempre estarán dispuestos a pelear por que su opinión sea la ganadora. Las cosas han escalado al punto de que la violencia física entre escuelas budistas ha sido tema común, en especial en la trayectoria del budismo en China, durante la dinastía Song (960–1279 Era Común).
Es justo el caso de Hotei, el buda gordo de los chinos. Originalmente Hotei era un dios de la abundancia y la felicidad. Cuando el budismo llegó a China (50-70 EC) fue atacado por las prestigiadas escuelas taoistas y confucionistas, que dominaban el panorama y recibían el favor de los poderosos. Para conservar la vida, los monjes budistas tuvieron que admitir que Hotei era el Buda y aceptar las filosofías locales. Con el tiempo nació la leyenda de que Hotei había sido un monje Chan dedicado a ayudar a los demás.

En Japón medieval los monjes Rinzai y Zen se alineaban con diferentes regidores para conservar la vida, también.
En la actualidad hay naciones como Myanmar en las que el budismo se ha mezclado con política y los resultados son cientos de muertos. Es lamentable.
Por otro lado también hay que mencionar que han habido maestros budistas que caen en las trampas de la política y viven por ella. Pero eso solo implica que son políticos que usan la bandera del budismo como instrumento de propaganda.
Y es que budismo y política son mutuamente excluyentes. Son las personas en el poder las que no recibían bien las ideas de paz y compasión del budismo. Entonces los monjes necesitan crear alianzas y acuerdos para que las escuelas continúen con recursos… y con vida.
La política es avaricia, conflicto, el descontrol que trae la pasión y hambre por el poder. El budismo es paz, protección de la vida, calma y renuncia.
De hecho, las escuelas modernas de Zen consideran a los políticos como personas enfermas.
Han habido gobernantes que intentan practicar algún tipo de budismo, pero tan pronto el poder y la opulencia tocan el corazón, se alejan para siempre del dharma.
Entonces, ¿cómo incluir el budismo en el activismo político? Hay que abandonar el activismo porque es un concepto excluyente y que evoca combate. Si lo que queremos es ayudar a los demás, crear sociedades justas y que afirmen la vida, hay que trabajar por el bien de los demás seres vivos, en equipo y bajo los preceptos de Gratitud, Compasión y Generosidad.
No hay banderas, partidos políticos, no hay ningún tipo de alineamiento. Solo avanzar un paso a la vez, un día a la vez, un ser vivo a la vez.
Finalmente «anarquía» tampoco comulga con el budismo. De ninguna manera. Anarquía es un estado social de desorden que rechaza todo tipo de control o autoridad.
El budismo es disciplina, autocontrol, renuncia. Es respeto y reverencia por los maestros que nos han dejado su conocimiento, dedicación y vida. Vivimos por reglas claras que son los Preceptos, las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Camino Óctuple; y juntos son la Vía que nos lleva a terminar el sufrimiento. De igual forma nos alineamos a la constitución de nuestros países, a las reglas de la sociedad… a menos, claro, que vayan en contra de la vida misma.
Algunas publicaciones y papers que he leído al respecto: