Mi cabeza afeitada

El frío pega directo en la piel de mi cabeza.

No hay cabello que lo proteja, hace tiempo renuncié al lujo de la vanidad.

Mi cabeza afeitada enfrenta al mundo que me mira como si estuviera loco, como si fuera enfermo terminal.

Camino el camino del dharma, un paso a la vez.

Un libro a la vez.

Un aprendizaje a la vez.

Una renuncia a la vez.

Un remiendo a la vez.

Sin prisa.

Observo. Escribo.

Guardo silencio y hago zazen para explorar la vacuidad de la mente. Me uno al cosmos para entender que el ego es veneno.

El yo se desvanece por un momento y da paso al Buda.

El vacío es el Buda.

Zazen es el Buda.

La Okesa que cubre mi cuerpo es el Buda.

Mi cabeza afeitada es el Buda siendo el Buda.

Silencio.

4 hábitos de los monjes budistas que puedes adoptar hoy

4 hábitos de los monjes budistas que puedes adoptar hoy

Contrario a la creencia popular, la evidencia histórica apunta a que Shakyamuni Buda (el Buda histórico) no era un ser mágico. Tampoco fue enviado por los dioses y no tenía nada de especial.

Sin dudad era un tipo inteligente. Eso lo llevó a llevar una vida de estudio, introspección y de enseñanza; que se traducen en una sola palabra: disciplina.

El Buda era una persona que desarrolló hábitos poderosísimos, documentados en el documento Sumangala-Vilsini. Le ayudaron a cuidar su cuerpo, mente y su relación con el universo.

Muchas de estas prácticas nos fueron transmitidas a la comunidad monástica para ser practicadas a diario.

Así que pensando sobre esto, concluí que sería interesante hacer un resumen de los hábitos que todos podemos desarrollar hoy mismo.

Pero no hay de qué preocuparse. No son rituales complejos, ni versos en idiomas extraños. Son hábitos que promueven la introspección, la calma mental y son prácticos.

1. Posee sólo lo necesario

El Buda nació en la nobleza y rodeado de lujos. Conforme iba creciendo entendió que los bienes materiales, a pesar de que algunos son necesarios, la mayoría son insatisfactorios.

Cuando tienes algo que cubre un capricho y es novedoso, terminará siendo sustituido por el siguiente artículo que te dicte el deseo.

Pero muchos hemos encontrado que comprar poco, estar conscientes de los impulsos y entender lo vacío que es el materialismo, trae la paz mental.

Sí, leíste bien. Tener pocas cosas, tranquiliza los nervios.

Algunos monjes budistas van por la vida con unas 20 cosas.

No se trata de que dejes de comprar para siempre. Se trata de que seas tú quien controla el impulso por comprar.

Es más fácil de lo que crees. Sólo pregunta con honestidad: ¿Realmente necesito esto? Casi siempre la respuesta será no.

2. Cultiva la generosidad

Ser generosos no es una cuestión de moda o de que los demás nos vean como héroes.

Es el acto más noble y humano que existe porque si somos generosos, estamos promoviendo un mundo en el que vale la pena vivir.

Además, la generosidad es un hábito que tiene recompensas gigantescas. Cuando ayudas a alguien sin esperar nada a cambio, estás cuidando a la humanidad en general.

Te hace compasivo, comprendes a los demás y pateas al ego lejos de ti. La depresión se aminora, la tristeza se va y vienen sentimientos de satisfacción y armonía.

Ser generosos no es difícil. Cede el paso. Sonríe a todos y saluda. Regala algo de comida a quien tenga hambre. Dona un poco de dinero a alguna institución en la que creas.

Al final del día, tus actos y tu pensamiento serán purificados con el fuego de la bondad.

3. Medita

Nunca me cansaré de promover la meditación.

Es la disciplina mental por medio de la cual enfocamos la mente a una sola cosa. Nos enseña a soltar lo que no vale la pena. Nos da cimientos para ser mejores fomentando la generosidad y la compasión.

¿Cómo comenzar a meditar? Aquí hay algunas ideas.

4. Sigue a los sabios

Llega el momento en la vida en el que debemos aceptar que no lo sabemos todo.

De hecho, muchos somos bastante tontos, a pesar de poner todo el empeño 😀

Cuando entendemos esto, es el momento de buscar un maestro.

¿Necesitas aprender una nueva habilidad para tu trabajo? Busca a algún experto que te enseñe por medio de un curso, libro o charla.

¿Quieres cocinar mejor? Sigue a algún chef que comparta sus conocimientos.

¿No sabes cómo correr sin lastimarte? Encuentra a algún maratonista que te inspire.

Cuando caminamos a la sombra de un sabio, sus conocimientos nos benefician. Pero más allá, estamos ablandando el ego porque reconocemos que siempre hay alguien que es mejor.

El Buda siguió a muchos maestros, por años y años. ¿Porqué tú no?

—

Pero Chocobuda, todo esto es muy difícil de lograr. 

Claro que no lo es. Sólo hay que decidir hacerlo y entender que los beneficios son mucho más grandes. No sólo saldrás ganando tú.

El universo se beneficia con tu práctica.

 

Pensamiento sobre zazen

Pensamiento sobre zazen

Entre más dharma y zazen practiquemos, el universo se beneficia porque nos queda claro que la vida está interconectada.

Si me corto un dedo mientras cocino, a ti no te saldrá sangre ni sentirás el dolor.

Pero adquiero consciencia de que existe el dolor y que hay seres sufriendo mucho más que yo.

Entonces es cuando la compasión nos mueve a hacer algo por los demás.

Es claro que no importa cuánto me esfuerce, no acabaré con el hambre o las guerras. Pero hacer sonreír a un adulto mayor es suficiente. Enviar ayuda a las víctimas de desastres naturales y saber que al menos tienen un poco de comida, es suficiente para hacerme seguir adelante.

Al meditar limpiamos la cabeza de tanta basura personal para enfocarnos a servir.

No meditamos para propósitos egoístas.

Hacemos zazen para el universo.

Tu sonrisa: arma de felicidad masiva

Tu sonrisa: arma de felicidad masiva

«Si estamos en paz, si somos felices, podemos sonreír y florecer. Así cada persona en nuestra familia, en nuestra sociedad, se beneficiará con nuestra paz.»

Thich Nhat Hanh

—

El Zen a veces puede ser muy serio y lleno de rigidez. Existen formas arcanas irrompibles y ceremonias que deben ser seguidas cuidando cada detalle. Así ha sido y así será. Es parte de la mística y la verdad es que se disfruta.

Dejando de lado el budismo, la seriedad está por todos lados también.  La cultura occidental nos obliga a tomarlo todo demasiado en serio. Siento que nos dice: hay que vestir de gris para tener una vida gris.

Y olvidamos el humor y la sonrisa, que son parte de lo que nos vuelve humanos y hacen que la vida se vuelva una fiesta colorida donde cada sencillo detalle puede ser una explosión a los sentidos. Incluso los desafíos que nos encontramos en el camino, por supuesto.

Sé que hay momentos en los que hay que tomar las cosas en serio para poder resolver un problema. También sé que no podemos ser ingenuos y tomar todo tan a la ligera. Eso nos haría negligentes ante la vida.

No. Se trata de simplemente sonreír.

Inspirado en las enseñanzas de Master Thich Nhat Hanh sobre la sonrisa, en los últimos 3 meses he estado experimentando e investigando la neurociencia sobre el sonreír como medio de alcanzar mejores estados de meditación. Y lo que he encontrado es sorprendente porque los resultados afectan no sólo al zazen, sino a todos los aspectos de la vida cotidiana.

Sabemos que la ciencia tiene estudios enormes sobre cómo la sonrisa disminuye el estrés, ayuda a prevenir y recuperarse de la enfermedad y promueve una vida más larga y sana; pero quería probarlo personalmente.

En general soy un tipo que sonríe con frecuencia. Pero me di cuenta que podía sonreír más, así que comencé el experimento.

Un día me senté a meditar y mantuve la sonrisa por los 40 minutos de mi zazen matutino. Y comprobé lo que dicen algunos estudiosos: aunque no haya nada gracioso de qué sonreír, si mantenemos el gesto por unos 10 o 15 minutos, el cerebro comenzará a soltar endorfinas.

Y me sentí radiante. Vi colores en patrones fractales (mandalas) y el cuerpo se llenó de energía.

Claro que esto era inusual y podía ser efecto placebo, así que en mi siguiente sesión repetí las acciones. Y el resultado fue aun más sorprendente. Mi meditación fue mucho más profunda y me fue más fácil dejar ir pensamientos, recuerdos e imágenes.

Al tercer día lo volví a intentar, obteniendo los mismos resultados… con la diferencia de que cuando terminó mi sesión, la sonrisa permaneció mucho más allá de los 40 minutos.

A lo largo del día la risa y el humor me era más fáciles, los problemas cotidianos los resolví con ligereza y me sentí muy bien en general.

A la semana integré la sonrisa a mi práctica de yoga y al running, resultando en mayor energía y mejores estados de ánimo.

Una semana se convirtió en un mes; y un mes se tornó en tres meses sonriendo al meditar. Y no podría estar más feliz.

Así que comparto mis hallazgos no científicos y 100% personales.

Sonreír, aunque no tengas ganas…

  1. Centra y da perspectiva ante los problemas, abriendo más opciones para resolverlos
  2. Combate el estrés
  3. Permite mejor concentración, resultando en mayor productividad
  4. Te vuelve más creativo ( lo siento emos y poetas depresivos… la sonrisa es la mejor herramienta creativa que he encontrado)
  5. Llena el cuerpo con energía y disminuye el cansancio
  6. Combate los sentimientos de tristeza y soledad
  7. Si meditas sonriendo, te hará llegar a una profundidad que nunca habías alcanzado
  8. Mejora tu interacción social. La gente te responde y sonríe de regreso.
  9. Hace que ell tiempo pasa más rápido porque te la estás pasando bien
  10. Aligera la carga emocional en situaciones difíciles

¡Así que sonríe! Sonríe al leer esto, al despertar, cuando des el primer sorbo a tu café, cuando veas a algún desconocido, cuando tengas un grave problema en frente, cuando estés triste. Créeme, el cerebro es muy sabio y te premiará con mejores días y mejor salud.

Como siempre, la lista no está completa. ¿Qué experiencias has tenido al sonreír? ¡Sonríe y comparte en los comentarios!

¡Oye, cara de palo: SONRÍE!