por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 10, 2012 | Budismo, Inspiración, Zen
Es triste ver que con mucha frecuencia la gente dice bromas como: «El dinero no es la felicidad, pero es mejor llorar en un Ferrari».
Esto genera risas y comentarios graciosos en las redes sociales, pero el hecho de que exista una broma al respecto dice mucho de cómo el concepto de felicidad se confunde con el de placer.
De pronto tener el último objeto de moda, el mejor viaje y las comodidades más lujosas, son sinónimo de felicidad.
Y esto no puede estar más lejos de la realidad.
El placer es una ilusión dependiente del lugar, del tiempo y del espacio. Además, el placer cambia de naturaleza y muy pronto se convierte en incomodidad.
¿No me crees? Piensa en esto: una porción de helado de fresa, es deliciosa y placentera. Dos porciones está bien. Con tres porciones estamos empalagados y comenzamos a toser por el enfriamiento. Y aunque nos esforcemos, no llegamos a la quinta porción y nos vamos a buscar lo siguiente que sea placentero.
Sin duda los objetos materiales y las experiencias relacionadas con el dinero, promueven un estado de contento. Pero nunca tenemos suficiente, ya que seguimos en la búsqueda del placer. Un nuevo móvil, un mejor viaje, un auto más lujoso, una pareja más atractiva, una mejor experiencia sexual… y la lista sigue hasta la eternidad.
Con esto dicho, es un grave error confundir felicidad con placer.
Felicidad es llegar a un profundo sentimiento de serenidad y satisfacción de la vida como está, independiente de apegos y aversiones. Incluye estar en paz con el pasado y con la idea de que todo en la vida es transitorio.
Es por esta razón que un campesino en Myanmar, que no tiene nada más que una modesta choza de paja, sea más feliz que un alto ejecutivo rodeado de lujos en el mundo capitalista.
No importa la cultura o el grupo étnico al que pertenezcamos, el ser humano siempre va a buscar la felicidad. Si esto es una gran verdad, ¿porqué disfrutamos tanto la amargura, la tristeza, la ira y los celos?
Debido a que estamos enamorados de nuestro ego. Buscamos tanto acumular experiencias y posesiones que de pronto olvidamos aceptar la vida como está. Dejamos crecer al ego sin control alguno. Buscamos más reconocimiento, más velocidad, más placer… ¡Es una locura!
Hasta que no hagamos una revisión interna y seamos 100% honestos de cuál es la raíz de nuestra felicidad, seguiremos en esta eterna rueda de hamsters en la que sólo andamos sin llegar a ningún lado.
Cuando estemos contentos con las cosas como son, con lo que somos y tenemos. Cuando aceptemos a todos los seres vivos sin reserva, sin mentir, sin abusar y sin manipular; entonces habremos llegado a casa.
Y esta casa tiene un letrero pequeño y discreto que dice Felicidad.
(Pst, pst… la palabra clave de la felicidad es GENEROSIDAD, pero no le digas a nadie. Es secreto.)
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 8, 2012 | Meditación, Vida
No pienses que meditar es sólo para quien practica budismo o yoga. La meditación es una herramienta mental que es parte de tu cuerpo y no tiene costo alguno.
No debes ser un monje budista o un místico consumado para meditar. Cualquiera puede hacerlo en la oficina, el baño y hasta en la cocina. ¡Sólo requiere poner atención!
La ciencia ha encontrado beneficios genuinos de la meditación consciente, que van desde apoyo a la psicoterapia, adicción o cura del insomnio.
La práctica constante de los siguientes ejercicios simples puede ayudar a calmar la mente, el cuerpo y te ayudarán a soltar pensamientos auto destructivos.
1. Enfócate en la respiración
Entra de lleno a la experiencia de llenar tus pulmones de aire, proceso que comienza desde la nariz y va hasta los pulmones.
Siente cómo tu pecho se expande y tu abdomen se mueve. Siente el latir de tu corazón y visualiza cómo la sangre es llevada a cada rincón de tu cuerpo.
Continua poniendo atención, pero ahora al exhalar. Observa cómo el aire que sale de tu nariz se mezcla con el aire del mundo alrededor, hasta que tus pulmones se vacían y están listos para inhalar de nuevo.
Observar la respiración es una gran manera de conectarnos con el cuerpo y con el mundo que nos rodea, de una forma mucho más íntima.
2. Reconoce el dolor
Es normal que nuestra primera reacción al dolor sea de rechazo. Pero la meditación nos lleva hacia el dolor. Si hay dolor en alguna parte del cuerpo, centra tu atención en él.
¿Qué clase de dolor es? ¿Es largo, agudo o sólo es ligero?
Cuando nos acercamos al dolor de esta manera y lo aceptamos, nos volvemos uno con él.
Y cuando el dolor y nosotros somos uno, entonces ya no queda nadie para sentirlo.
3. Suelta la tensión
Ahora explora la parte del cuerpo que esté tensa. Revisa tus hombros, mandíbula y piernas. De forma consciente, suelta la tensión a la que te aferras.
Si permanece, mírala con toda la compasión que puedas. Entiende de dónde viene la tensión. Te aseguro que encontrarás orígenes que no imaginas.
4. Fluye
Cada vez que inhales, visualiza tu respiración yendo directamente hacia la parte con dolor. En cada exhalación, siente cómo el aire sale de esta parte, con toda tu atención.
Después, lleva tu atención hacia otras sensaciones; como la gravedad jalando tu peso hacia la tierra o el roce de tu ropa.
5. ¡No te des por vencido!
La única manera de hacer mal la meditación es no haciéndola. Aunque la encuentres extraña, aburrida o frustrante, la práctica es lo único que hará que obtengas los beneficios de sentarte a meditar.
Poco a poco dejarás de preocuparte por el futuro y de abrazar el pasado. Verás las cosas como realmente son.
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Imagen por Melaine Weidner http://listenforjoy.com
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 5, 2012 | Budismo, Inspiración, Vida, Zen
Con frecuencia nos preguntamos quién es el mejor. ¿Pero qué no estamos todos hechos de la misma bola de arcilla?
Todos deberíamos permanecer anclados con firmeza en donde no existe «mejor» o «peor».
Tu vida completa ha sido una locura porque te la pasas pensando que es obvio que existe un «yo» y «los otros». Actúas en esta ópera donde destacas de la muchedumbre, pero en realidad ni «tú» ni «los otros» destacan. Cuando mueras lo entenderás.
El buddha-dharma significa integración sin costuras. ¿Qué costura corre entre tú y yo? Tarde o temprano terminaremos actuando como si una costura separara a amigo y enemigo. Cuando nos acostumbramos a esto, pensamos que esta costura existe de verdad.
Pobres y ricos, importantes y no importantes… ¡Nada de eso existe! Sólo es brillo en las olas del mar. Aun así, hay quien maldice al Buda porque están atorados en la infelicidad o porque alguien es más feliz que ellos.
Felicidad y amargura, importante e irrelevante, amor y odio… Todo mundo hace un alboroto por estas cosas. El mundo donde nada de esto existe, es el mundo del hishiryo.*
En occidente dicen: «El hombre es el lobo del hombre». El primer paso en la filosofía es que los lobos deben dejar de morderse unos a otros.
En el buddha-dharma no hay tal cosa como ganar o perder, amor u odio.
Algunos quieren presumir su «iluminación». Pero es claro que algo que se tenga que presumir, no tienen nada que ver con la iluminación.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
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* Hishiryo: Estado mental y filosofía de vida promovida en el Zen, donde se existe en el no-pensamiento. En palabras muy simples, es cuando nos liberamos de los apegos mentales y no complicamos los hechos de la vida con nuestros propios contenidos agregados.
Hishiry? fue descrito por primera vez por Master Dogen, creador del Budismo Zen, en su obra máxima Shobogenzo, escrita en 1235.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 1, 2012 | Budismo, Vida
¿Te has preguntado porqué odias a los optimistas? Sí, esas personas molestas que siempre saludan, todo mundo sabe quién son, organizan el pastel de cumpleaños y siempre están pensando en la siguiente fiesta o reunión.
Son aquellos que saludan a todos, siempre están muy bien arreglados (aunque sean feos) y tienen esa estúpida sonrisa en la cara.
Y te molestan porque, ¿cómo es posible que alguien esté de buenas todo el tiempo? ¿Qué nadie se da cuenta que son unos hipócritas?
No tengo dudas de que deben haber personas que realmente quieran engañar a todos con un acto público de optimismo y buena vibra, cuando no todo en la vida es dulce. Quizá encuentren mucho provecho en organizar el pastel oficinal (cortado con circulito en el centro) y se sientan reafirmados cuando todo mundo los saluda.
Pero te son molestos por una razón: no aceptas que haya alguien que esté genuinamente de buenas 24 horas al día.
Claro que por otro lado, también están los optimistas auténticos.
Una persona optimista de verdad es la que siente todo lo que una personal normal siente. Se enoja, tiene días malos, se entristece y llora con la separación.
Pero la gran diferencia entre un optimista de pose con uno real, es que el último está atento a sus emociones, deja que fluyan y se recupera en un corto tiempo.
Y es que estar de buenas es todo un arte que necesita entrenamiento y ganas para en verdad entender que no todo en la vida es oscuro.
En el budismo estudiamos las Cuatro Nobles Verdades y la primera nos dice que la vida incluye el sufrimiento. Al comprender esto, sabemos que así como hay tristeza y abusos, también existe la sonrisa y el cariño por todos los seres vivos.
Al asumir que tu día estará lleno de personas y situaciones difíciles, estás aceptando la materia prima que tienes para construir el mejor día de tu vida.
Y sabemos que hoy es el mejor día porque todo en el universo es impermanente. Nada dura para siempre y eso es el combustible para que aprecies cada segundo que pasas en esta gran aventura.
No podemos estar de buenas todo el tiempo y sería ingenuo creerlo de corazón.
Pero podemos disfrutar lo que somos y lo que tenemos tan sólo por un día.
¿Mañana? En verdad no importa.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 28, 2012 | Budismo, Inspiración, Vida, Zen
Aquel que busca su misión verdadera no querrá perseguir una carrera. Las personas que quieren ser presidentes no saben hacia que rumbo van en la vida.
Sus elecciones son tan importantes para ellos que los presidentes y políticos hacen lo impensable por conseguir votos. ¡Idiotas! Aun si me pidieran que yo fuera presidente, diría que no. «¿Qué tan tonto crees que soy?», diría.
Alguien pierde la elección presidencial y llora. La siguiente ronda gana la elección y sonríe a la cámara. ¿De todas formas, cuál es la diferencia entre políticos y niños? Funciona exactamente igual con un niño que llora: le ofreces algún dulce y una sonrisa termina con sus lágrimas.
Un poco más de madurez en los políticos sería bienvenida.
Quien usa su curriculum como plataforma para ser, es un fracasado.
Había una vez un megalómano en el hospital de Sugamo que se llamaba así mismo «El Shogún Ashiwara». Se colgaba una medalla de cartón en su cuello y decía palabras dignas a todo el que conocía. Ahora que la guerra ha terminado, podemos ver con claridad que nuestros militares no eran diferentes. Y ahora quieren volver a instituir las medallas.
Luego de ganar la Guerra Ruso-Japonesa, pensamos que habíamos ganado colonias. ¿Pero en realidad qué ganamos? Luego de perder la Segunda Guerra Mundial, nos percatamos de que sólo habíamos ganado el odio de los rusos.
Todo mundo habla de lealtad hacia la madre patria. La pregunta es, ¿hacia dónde nos lleva este patriotismo? Estaba yo muy convencido de Japón cuando fue a la guerra contra Rusia, pero después de nuestra derrota, me di cuenta que hicimos algo que nunca debimos.
En todo caso, es mejor no crear guerras nunca.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
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NdT. A pesar de que este texto tiene palabras fuertes sobre la historia guerrera de Japón, Master Kodo toca el tema de la política y de los títulos. Una persona jamás valdrá más por sus títulos, sino por su calidad humana.
Zen y política nunca se han mezclado bien desde los tiempos de Master Dogen (1,200 – 1,253 dc), debido a que los políticos son la antítesis de toda la bondad humana. Desde entonces los maestros zen se han mantenido alejados de ellos. Es curioso, sin embargo, que algunos políticos han recurrido a la asesoría y consejo de los maestros zen a lo largo de la historia japonesa.