por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 10, 2015 | Budismo, Creatividad, Inspiración, Mindfulness, Vida
Esta mañana durante mi zazen tuve un momento de claridad, o como decimos en México, me cayó el veinte sobre la belleza y cómo la hemos pisoteado en nuestra intensa búsqueda por cumplir metas, mantener el poder y comprar basura que no necesitamos.
Al vivir en el eterno ciclo capitalista de trabajar-comprar-dormir, perdimos la sensibilidad para apreciar la belleza de la vida. En lugar de la sencillez y la elegancia, optamos por tener más de lo que sea para mantener la obsesión por poseer.
Pagamos por tener el nuevo iLo-que-sea de Apple (o de cualquier marca, para el caso), que terminará apilado junto a todos los demás productos inútiles con diseño industrial placentero.
Pero lo que nadie nos dice es que tener demasiado de todo no nos hace más felices, sino que nos deja vacíos y secos para apreciar la realidad por lo que es. Aun más allá, este atasque por comprarlo todo y por controlarlo todo, nos ha vuelto más tontos.
Y es que admirar la belleza no requiere invertir dinero ni poseer nada, sino que es un esfuerzo mental al que ya no estamos acostumbrados y lo rechazamos categóricamente.
Mirar el amanecer, ir al museo, apreciar una pintura, disfrutar del silencio, escuchar música no popular; todas son actividades que requieren callar el pensamiento para poner atención a lo que se tiene en frente.
La realidad misma es mágica.
No necesitas comprar nada para sentir la elegante paz de la meditación zen cuando sólo miras la pared por 20 minutos.
Tampoco hay que tener 15 parejas al mismo tiempo para ver la sincronía con la que se mueve el mundo que nos rodea.
No es requerimiento el ser político destacado para rendirse ante la majestuosidad de Magritte. De hecho, nunca conocí político que disfrutara del arte.
Al contrario. Ahora escuchamos reguetón y pintamos las paredes. Destruímos. Extinguimos especies completas. Violamos culturas completas para quitarles oro u otros recursos materiales.
Cambiamos nuestro voto por un premio instantáneo, opacando la nobleza y futuro de toda una nación.
Cada vez que optamos por la fealdad, estamos renunciando a la razón y a la creatividad. Nos hemos vuelto criaturas feas en tantos sentidos, que cuesta trabajo entenderlo.
Pero al mismo tiempo… pero al mismo tiempo, aun dentro de todo este ambiente humano que ensucia la naturaleza, hay destellos de que lo hermoso vive dentro de nosotros.
Por cada 100 grafiteros, hay un pintor que es libre y vuela hacia el cosmos con sus pinceles.
Por 1000 grupos norteños o reguetoneros, hay un joven componiendo jazz o cantando ópera.
Por un millón de compradores compulsivos en fiestas navideñas, hay un padre que lleva a su hijo al museo y le explica de dónde vienen sus raíces y por qué debe estar orgulloso de ser humano.
El arte, el silencio y la elegancia viven en la simpleza de cada amanecer.
La creatividad se asoma de entre el lodo, como flor de loto.
Es cuestión de callar la mente y ver la realidad en silencio.
¿Qué ves?
—
Si quieres saber más sobre cómo callar la mente para que tu creatividad florezca, ven a Omoi, el taller de mindfulness para creativos.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 4, 2015 | Budismo, Meditación, Mindfulness, Productividad, Vida
Luego de más de 3,000 años de tradición asiática y de innumerables tomos sobre el meditar, me llama mucho la atención cómo la cultura occidental está descubriendo las maravillas de la práctica del mindfulness.
A pesar de vivir en un mundo que nos exige resultados y títulos rimbombantes, poco a poco vamos re-descubriendo que prestar atención en silencio al presente tiene más beneficios de los que podemos siquiera imaginar. Estudio tras estudio, la ciencia confirma que el mindfulness no sólo es necesario, sino que debe formar parte importante de nuestra vida.
Sin embargo el simple hecho de apagar el móvil o dejar de lado Facebook para estar en silencio por 1 minuto nos produce angustia. Nos negamos ante la espantosa posibilidad de enfrentarnos a nuestros propios pensamientos, además de que esta cultura nos ha orillado a rechazar el aburrimiento para mantenernos entretenidos con cosas irrelevantes que no requieren esfuerzo mental.
Cuando alguien se decide a probar las aguas de la meditación, siempre hay dejos de duda y de miedo. ¿Podré con esto? ¿Será tan bueno? ¿Me veré ridículo? ¿Será fácil? ¿Será del demonio? Esto es normal porque el mindfulness se ha hecho de muy mala reputación gracias a nuestros amigos del new age, que presentan el meditar como una actividad espiritual y de contacto paranormal con todo tipo de arquetipos imaginarios.
Alguna vez alguien muy clavado en el new age me aseguró que meditar le daba el poder de resucitar animales muertos.
Esto es falso. El mindfulness es una disciplina abierta, libre y natural para cualquier persona. No tiene nada de mágico, sino al contrario; es una práctica que nos pone los pies en la tierra y nos hace vivir la realidad sin basura mental.
Seguro, es posible tomar la meditación como un sistema espiritual y de crecimiento, en que se pueden alcanzar niveles muy profundos.
Pero el punto es que a nivel pragmático y cotidiano, el mindfulness nos regala más de lo que esperamos.
Aquí una lista de 10 beneficios personales contundentes que llegan después de meditar por al menos 6 semanas:
1. Reduce el estrés. Al relajar los músculos y enfocar la atención a una sola cosa, se reducen los niveles de cortisol en el cerebro.
2. Mejora la salud en general. Al entrar en mindfulness por al menos 20 minutos, se reduce el ritmo cardiaco y los niveles de inflamación del cuerpo.
3. Incrementa la capacidad de aprendizaje y estudio. Debido a que la práctica de meditación requiere entrenar la mente a fijar la atención en una sola cosa, nos es mucho más fácil mantener la concentración a la hora de aprender. Esto es de valor supremo para estudiantes.
4. Ayuda a aceptar la realidad. Cuando la realidad nos da con todo, meditar nos ayuda a entender las cosas sin crear expectativas falsa y sin sufrir. Esto se llama aceptación, lo cual nos da bases sólidas para salir adelante y sin dramas.
5. Nos hace conscientes del momento actual. Al ser humano le gusta mucho perderse en recuerdos o en planes del futuro. Esto es antiproductivo porque perdemos tiempo y dejamos de prestar atención a lo que hacemos.
6. Nos vuelve más productivos. Vivir en mindfulness nos pone los pies en la tierra y nos da enfoque para terminar nuestras actividades sin distracción.
7. Termina con la depresión. Meditar diario nos ayuda a dejar ir las cosas que nos lastiman y nos conecta con el mundo como es. Así la depresión se desgasta poco a poco hasta desaparecer.
8. Termina con el insomnio. El meditador duerme mejor porque entrena el cerebro a bajar la actividad cerebral bajo demanda.
9. Nos vuelve más creativos. La práctica del mindfulness hace que la creatividad fluya libre porque reduce el ego y las cadenas de nuestras opiniones. Así nos vuelve libres para solucionar problemas de manera más eficiente.
10. ¡Es la puerta a la felicidad! Con todos estos beneficios juntos, el meditar hace que el drama se vaya, el ego se deslava, somos más compasivos, sanos y mucho más productivos.
Con todos estos beneficios, ¿aún te resistes a practicar mindfulness?
—Si te interesa saber más, te invito a Omoi, el taller de mindulness para creativos. ¡Inicia pronto y hay pocos lugares!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 26, 2015 | Creatividad, Meditación, Mindfulness, Productividad, Vida
—Mamá, ¿porqué no intentas agregar un poco de vinagre a la sopa? Con una cucharada es suficiente. Yo lo he hecho y mejora el sabor, además de que extrae más minerales de los ingredientes.
—No. Así siempre la hemos hecho en la familia. Tu abuela no era tonta.
He escuchado discusiones de este tipo muchas veces a lo largo de mi vida, en diferentes familias.
En cuestión de aprendizaje, la experiencia de crecer en este mundo es peculiar, por decir lo menos.
Nacemos, vamos a la escuela, aprendemos todo lo que se necesita y poco a poco vamos experimentando cómo se resuelven los problemas de la vida.
Probamos un método o sistema, y si funciona, lo adoptamos para el resto de nuestros días. Quizá con algo de tiempo podemos modificar lo aprendido para ser más eficientes pero, ¿cuántos de nosotros estamos realmente interesados en cambiar los sistemas aprendidos?
La triste realidad es que muy pocas personas están dispuestas a salir de la comodidad para modificar lo que ya funciona. ¿Para qué esforzarse?
Uno de los factores que más disfruto de la vida es la asombrosa capacidad que tenemos para cambiar el medio ambiente. De hecho, uno de los motores más grandes para el crecimiento humano es la incomodidad.
Si hay algo que no nos gusta, luchamos por cambiarlo a como de lugar. Pero cuando las cosas ya están bien, regresamos a la comodidad y la búsqueda termina.
ACLARO: No tiene nada de malo aceptar las cosas como son. La aceptación es un valor budista importantísimo y necesitamos cultivarlo diario. Ésto no significa que debamos rendirnos y esperar la muerte. No. Se trata de reconocer el estado actual de las cosas y usarlo como cimiento para construir una mejorar vida para el beneficio propio y de las personas que nos rodean.
Y aquí es donde entra el impulso creativo humano.
La creatividad es la habilidad de buscar soluciones inteligentes e innovadoras para un problema dado.
Ya sea un proyecto artístico, matemático, culinario o de placer, la creatividad es una expresión natural para nosotros.
Claro que esto todo mundo lo sabe. Admiramos a las personas creativas y todo el tiempo estamos consumiendo ideas que producen otros.
Si es tan importante y tan humana, ¿entonces porqué evitamos ser creativos?
Por ego.
El ego, siempre gordo y amante de la comodidad, es el que nos impulsa a sentarnos quietos sin cambiar las cosas. Es el que nos hace sentir bien con lo establecido y evita todo tipo de esfuerzo para mejorar. Si no ponemos atención al ego y lo controlamos, nos volvemos apáticos y veremos a los creativos como enemigos.
La apatía es una fuerza negativa devastadora porque mata la creatividad; lo cual nos estanca y corta todo tipo de crecimiento personal.
¿Cómo hacer que fluya la creatividad? Existen muchos métodos, pero comparto sólo algunos que me han funcionado:
- Practicar Mindfulness diario (meditación no necesariamente budista)
- Preguntar siempre: ¿hay una mejor manera de hacerlo?
- Imaginar. Sí, imaginar una historia de cómo un super héroe resolvería el problema es divertido, pero también destapa los jugos creativos del cerebro.
- ¡Experimentar sin miedo!
El último punto será explicado con más detalle en próximos posts. Gracias a que perdí el miedo a la experimentación he hecho cambios importantes en cosas tan simples como afeitarme mejor. Suena tonto, pero ésto me ha generado ahorro y piel sin cicatrices.
¿Cómo aplicas la creatividad a tu vida cotidiana?
—
Si quieres aprender más sobre creatividad y mindfulness, te invito a Omoi, el nuevo taller de mindfulness para creativos. Clic aquí.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 24, 2015 | Inspiración, Meditación, Talleres

Todas las personas que desarrollan un trabajo creativo, que deciden comenzar un proyecto original o que necesitan incrementar su creatividad en el trabajo como en la escuela, hemos pasado por ese horrendo instante en el que la mente no coopera y todo parece congelarse en el tiempo.
Las ideas no llegan, y cuando lo hacen son imitaciones de otros trabajos o conceptos justo como NO los necesitas. Esto se traduce en tiempo quemado y el proyecto sigue igual.
La carga de estrés y de cansancio impactan nuestra vida. Dejamos de dormir bien, comer saludable y hacer ejercicio. Muchos optan por fumar o usar drogas para mantener el ritmo.
Seguro, somos jóvenes y no nos importa, pero a la larga el precio a pagar es altísimo.
Ningún proyecto creativo merece tu salud, por más fuerte que sea la presión laboral o social.
La cultura creativa ha sufrido de este mal por mucho tiempo y parecería que vivir en angustia continua es requisito para crear y ser productivo.
En Omoi decimos ¡FALSO! El Mindfulness nos da la opción a una vida más sana en la que la creatividad fluye y nos hace más productivos.
Bienvenidos al nuevo taller de Chocobuda.
Más información sobre Omoi
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ene 29, 2015 | Budismo, Meditación, Vida, Zen
Marty McFly: Doctor, deberíamos retroceder. No tenemos suficiente camino para llegar hasta las 88 millas por hora.
Dr. Emmett Brown: ¿Caminos? A donde vamos no necesitamos caminos.
¿Qué hacer con el tiempo? ¿Qué hacer cuando la mente viaja de un punto a otro?
Me siento a meditar. Mi respiración me ancla en el presente, me mantiene en casa. Mente y cuerpo están en un lugar, pero sólo por un pequeño momento.
De pronto estoy en el futuro, enfrascado en una discusión que no ha sucedido. Me apasiono, discuto y planeo la solución. Pienso en qué diré mañana cuando esto suceda. Veo las reacciones, los colores y los resultados.
Llega un flash. Todo en blanco.
Ahora estoy en el pasado, viviendo de nuevo la adolescencia. Vuelvo a sentir la soledad y el aislamiento. Estoy en mi cuarto jugando Nintendo, leyendo cómics y aterrado de ir a la fiesta. Decido no salir y quedarme en casa a leer.
Otro flash.
Salté de nuevo al futuro. Ahora estoy viviendo en medio de una guerra civil. Los abusos del gobierno nos llevaron a esto. Veo lo que haría, lo que pasaría y cómo sería la vida. Mis padres estarán muertos para entonces. Me angustia la incertidumbre y la inseguridad de un mundo en que todos están en contra de todos y nadie ganará.
Flash.
Regresé al pasado y me aferro a mis lugares felices. Mi banca del parque.
Flash.
Salto al futuro. Estoy en Japón a lado de mi maestro. Recibo sus enseñanzas y escucho con atención mientras las flores del cerezo adornan todo.
Flash.
De nuevo en el presente, conectado con mi respiración, los ruidos y la sensación de mi propio peso sobre el zafu.
Puedo ver el pasado como una joya que me dio origen a lo que soy. Pero ya no está aquí. Por eso se llama pasado. No tiene sentido aferrarse a él.
Puedo ver el futuro, siempre incierto, jugando con mi mente. Crea mil fantasías e ilusiones de cosas que no han sucedido y que son escenarios ficticios. No tengo ninguna certeza de que se vuelvan realidad.
Dejo ir el pasado.
Dejo ir el futuro.
El viaje en el tiempo es una cualidad innata de la mente humana que nos distrae de lo que realmente importa.
¿Qué hacer con el tiempo? ¿Qué hacer cuando la mente viaja de un punto a otro?
La mantenemos en el presente.
Para eso entrenamos meditación.