por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 23, 2010 | Budismo, Minimalismo, Vida
En la vida todos nos hemos encontrado en la situación en la que pensamos necesitar algo para ser felices y estar contentos. Por ejemplo, podemos pensar que requerimos un auto nuevo o una televisión de modelo reciente para que nuestra vida esté completa.
También es muy común creer que nuestro bienestar depende de la reacción de otras personas; como decir «hasta que termines la carrera, voy a estar tranquilo», o «sólo él/ella me puede hacer feliz».
Este tipo de pensamientos, aunque no nos demos cuenta de ello, son bastante comunes y forman parte de nuestra cultura occidental. Ponemos nuestra felicidad en manos de otras circunstancias o personas, en lugar de mirar hacia adentro. Digamos que es un auto engaño en el que entramos porque no queremos mirar las piedras enormes que carga nuestro corazón.
Me explico.
En budismo existen Tres Venenos de la mente y el corazón: la avaricia, la ira y la ignorancia. Estos tres factores ya los hemos cubierto antes, pero hoy me voy a enfocar en la ignorancia.
En el contexto budista, ser ignorante no significa un impedimento para leer o tener bajo nivel socio cultural.
Para el Buda, la ignorancia (moha, en pali) es el veneno más fuerte que hay porque desata la avaricia y la ira, que nos llevan a tomar malas decisiones no sólo para los demás, sino hacia nosotros mismos.
Ser ignorantes es cuando no podemos ver el potencial que tenemos adentro para ser felices y hacemos todo lo posible para que el universo cumpla nuestros caprichos.
¿Recuerdas cómo estabas cuando no tenías un reproductor de DVD? Lo veías en todas partes y mirabas a la gente en las tiendas comprando uno. Tus películas favoritas salían una tras otra y estabas seguro de necesitarlo (avaricia), pero no te alcanzaba el dinero porque al principio eran caros. El no tener este aparato tecnológico te hacía sentir mal porque todo mundo ya tenía el suyo y tú no. Era muy frustrante (ira) y no descansaste hasta que tuviste el tuyo.
El mismo ejemplo se puede aplicar para parejas, amigos, autos, discos, libros, casas y todo lo que puedas imaginar.
Podemos desear algo con toda la fuerza del mundo, pero lo que nunca vemos es que este ciclo de avaricia-ira se dispara debido a que no volteamos hacia adentro para ver que necesitamos arreglar nuestro caos interno. Necesitamos querernos un poquito, antes de depositar nuestra felicidad en manos de terceros.
Este auto engaño se llama ignorancia.
¿Cómo se puede mejorar o erradicar la ignorancia?
En realidad no es tan difícil hacerlo. Sólo se necesita constancia y detenernos un poco antes de tomar una decisión. Sí, todo lo que hacemos es nuestra decisión. El amor, los amigos, las compras, el sufrimiento y la tristeza. Todo está en nuestras manos.
No tiene nada de malo querer comprar un DVD, un auto o una casa. Al contrario, creo que es magnífico que siempre estemos buscando la manera de mejorar nuestra vida. Lo que no debemos permitir es que el deseo nos provoque ira y frustración.
No sufrir, en pocas palabras.
Aquí les pongo una experiencia personal. Amo los video juegos. Con pasión insana. Tanto que por 10 años tuve una adicción muy fuerte hacia ellos y no podía parar, hasta que me di cuenta de que me estaba haciendo daño. En esos 10 años no produje ideas, no escribí, no pinté ni dibujé nada. Viví en una isla en la que sólo consumía y lo único que me hacía feliz era comprar los nuevos lanzamientos.
Un buen día me di cuenta de esto y decidí parar. No más video juegos, tomé el teclado y retomé la escritura. Regresé a mis cuentos, novela y blog.
Como siempre, me siguen gustando mucho y juego de vez en cuando (¿alguien dijo Starcraft II?), pero ya no soy infeliz si no los tengo. Terminé la ignorancia que me causaba desearlos y con la furia que me daba por no tener lo nuevo.
Terminar con la ignorancia nos da sabiduría y mejor marco de referencia para toma de decisiones más acertadas. Pero primero tenemos que localizar qué es lo que nos está dañando, para luego soltarlo y que no cause infelicidad.
Terminar con la ignorancia para una vida minimalista
Una vida minimalista es en la que sólo se usa lo que realmente se necesita. Engancharnos en la ignorancia nos lleva por el camino de la ilusión de necesitar cosas para ser felices.
Antes de entrar en berrinche por no tener un nuevo teléfono móvil, hay que pensar que si el que tenemos está en buenas condiciones, hay que seguir usándolo un poco más. El ser humano llegó hasta donde está sin celulares.
Es mejor enfocarse en la experiencia misma de la vida que en los objetos o personas.
Un nuevo teléfono no te hace mejor persona. Ser amable, hablar con la verdad y siempre sonreir, sí.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 21, 2010 | Minimalismo, Vida

Me llama la atención que le hacen mucha publicidad al Día Mundial Sin Auto (22 de septiembre), como si fuera una actividad exclusiva, un sacrificio que hacemos por la Madre Tierra.
El no usar tu auto por un día pretende hacerte sentir bien porque eres uno de los que sí hacen algo por el calentamiento global y toda esa colección de argumentos.
Lo que en realidad necesitamos es promover Una Vida SIN Auto y celebrarla todos los días.
Ya sé lo que estás pensando: Es que lo necesito, es que es por seguridad, es que se ven bonitos, es que soy aficionado a los autos…
Por desgracia en las culturas de Latino América tenemos muy bien identificado el estatus y el clasicismo. Un buen auto te vuelve mejor persona, más poderoso y te permite entrar a mejores círculos sociales. Creo que eso es muy triste.
Te reto a que pienses 5 argumentos honestos y reales por los cuáles tu vida sea más feliz con un auto. Creo que no vas a llegar ni a 3.
Si piensas objetivamente, si eres honesto contigo mismo; a menos que tu trabajo sea repartir bienes, nadie necesita un auto.
Un auto y toda su mercadotecnia te da las siguientes…
Ilusiones de tener auto
- Seguridad. Falso. Si pretenden robarte lo harán en tu auto, sin él o en tu casa. Lo más coherente que puedes hacer en cuestión de seguridad es reducir los riesgos. Ya sea por asaltos o accidentes, el auto aumenta el riesgo. Tener auto te vuelve ostentoso porque primero viene el modelo del año, luego el mega sistema de audio, luego el iPod y el GPS. Poco a poco te conviertes en mejor target para el crimen.
- Estatus. Falso. Lo que te da éxito en la vida son tus acciones, tus palabras de aliento, que la gente a tu lado sea feliz. El que poseas cosas por estatus te vuelve frío.
- Tranquilidad. Falso. El tener auto te da muchas capas extras de estrés. Quizá no te des cuenta al principio, pero con el paso del tiempo se vuelve una carga para la vida. Sólo por mencionar algunas de estas capas de tensión gratuita: impuestos, combustible, reparaciones, permisos, licencias, placas, verificaciones, multas, estacionamiento y pensión.
- Comodidad. Falso. Pasar 3 o más horas en el tráfico, ¿te parece cómodo? No lo creo. Tampoco es muy cómodo estar esquivando otros conductores o cuidarte de la policía.
- Tiempo. ¿Crees que el auto te hace llegar más rápido a donde vayas? No hay nada más erróneo. Tienes que ver este video. LINK
No es que tenga yo algo en contra de la industria automotriz. Al contrario, ha sido determinante para llevar esta civilización hasta donde está, pero creo que es momento de frenarla en beneficio de nosotros mismos.
¿Porqué digo todo esto? Por pura experiencia personal.
Después de 15 años de tener varios autos, un día vendí el último. De pronto mi vida cambió para siempre porque pude ver, con otros ojos, cómo era mi ciudad y su gente. Y a pesar de que viví casi toda mi vida en la Ciudad de México, NUNCA tuve ningún asalto ni fui víctima de algún crimen.
Por el contrario, esa decisión me hizo una persona muy feliz.
Beneficios de vivir sin auto
- Seguridad. Como mencioné, jamás tuve ningún tipo de problema al usar transporte público. También reduces MUCHO los riesgos porque no tener auto evita que salgas de noche, no eres ostentoso y como en la selva, la seguridad se da en manada, no en aislamiento.
- Tranquilidad. Al no tener auto no erradicas cientos de factores qué micro-administrar. También está el hecho de que no tienes que lidiar con otros conductores. La vida se vuelve muy buena.
- Tiempo. Vivir sin auto me regresó a devorar libros, cómics y escuché cientos de podcasts. Me di cuenta que de mi casa al trabajo hacía menos tiempo en transporte público que en auto.
- Economía. El no tener auto es como si te subieran el sueldo. En países desarrollados tener auto implica gastar cerca de US$8,000 al año. En México el gasto por tener auto es de aproximadamente $40,000, que se esfuman en el éter. Los gastas sin darte cuenta, pero si ese dinero mejor lo inviertes, al final del año vas a estar muy feliz.
- Ecología real. ¿Autos con mejores motores? ¿Combustibles inteligentes? ¿Empresas socialmente responsables? Ninguno de estos argumentos mercadológicos puede vencer a una sencilla verdad: caminar o usar la bici son las actividades más ecológicas que existen.
- Ejercicio. Estar sin auto me hizo caminar. Mucho. Y no tengo qué decirte los beneficios que esto trae a tu salud.
- Conciencia. Estar encerrado 4 horas al día en un auto te aisla del mundo. No ves lo que hay en la calle, a la gente, no convives con nadie, no puedes observar las historias que los ojos de los demás cuentan.
Ya sé que me vas a decir que el transporte público apesta, que todos van apretados, que los conductores son como simios, que los hombres ven con lujuria a las mujeres y todo el check list acostumbrado. Sin embargo, son tiempos difíciles para la economía y para la seguridad.
Creo que hay que dejar de lado las pretenciones y pensar en maneras óptimas en las que podamos vivir mejor. El tráfico en las ciudades siempre va a empeorar y no lo contrario. La seguridad igual. El no tener auto aminora riesgos y te devuelve el control de muchos aspectos de tu vida. También te vuelve más puntual porque te obliga a salir con buen tiempo de casa.
Yo pude deshacerme de mi auto hace 3 años y soy muy feliz. Y si yo pude, que soy un tipo normal, sin ninguna especie de cualidad extra a las tuyas, estoy seguro que tú también.
Es cuestión de pensar y actuar.
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Nota choco budista: Aprender a ver la vida como es, aceptarla sin apegarte a lo material es practicar Aceptación. Esta cualidad del budismo nos enseña a tomar la vida como es.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 9, 2010 | Minimalismo

En ocasiones, al caminar por la calle, te pones de malas y te presionas. Te sientes agobiado por el tráfico, la gente y el calor de la ciudad.
Al llegar a casa sientes alivio, frescura y tranquilidad. La razón es que tu hogar está decorado como te gusta, como siempre te ha hecho sentir bien. Tu casa contiene aromas familiares, pero también tiene los colores familiares que te dan la bienvenida.
Sin embargo, no siempre esto es verdad. ¿Te has fijado que hay hogares en los que no te sientes cómodo? Entre muchas razones, esto se debe a la saturación visual que existe.
Gracias a años de observación y de vivencia con mi propia familia, me he percatado de que en las culturas latino americanas se nos enseña que debemos tener una cantidad tremenda de decoración y entre más caótica, mejor.
Tan sólo mira la vitrina del comedor de cualquier casa que conozcas. Estos muebles son el un muestrario interminable de adornos que parecen competir entre si por ver cuál de ellos es de peor gusto: copas y vasos de fiestas pasadas, figuras de porcelana de mil estilos destinos, tarjetas de navidad, recuerdos de boda y; el peor de todos, el tétrico niño dios gigante que la mamá siempre viste con disfraz diferente cada año.
Las paredes de las casas no son diferentes a la regla de saturación. Hay adornos kistch de interminables tipos: paisajes, cenefas, motivos religiosos, carteles de música, imágenes deportivas, las espantosas caritas de un bebé en distintas poses, mi gran favorito: el tapete de perros jugando poker; y tantos etcéteras que no terminaríamos de describirlos.
Y te estarás preguntando… ¿Qué tiene de malo guardar recuerdos o de decorar las paredes?
Guardar la envoltura de chicle que te dio la Kukis en el kinder y ponerlo en la vitrina del comedor, implica aferrarte al pasado. Cada pieza que guardamos por razones sentimentales, lo que sea, cultiva nuestra obsesión por no soltar lo que ya se fue.
No tiene nada de malo recordar con cariño a las personas, pero el atesorar objetos que con el tiempo pierden el objetivo de mantener viva la memoria, contribuye a que poco a poco tu hogar vaya siendo un museo al mal gusto y a la saturación visual.
Ahora piensa en la decoración de las paredes de tu casa. ¿Puedes nombrar rápidamente todos los adornos que tienes? Te apuesto que no. Esto se debe a que los adornos pierden su calidad decorativa y se funden con el entorno.
Imagina que te encuentras el cartel más hermoso del universo en una tienda y lo compras. Llegas a casa y lo colocas en tu pared. Los primeros 3 días te detienes a mirarlo y piensas «está increíble». Luego de la primera semana ya no lo notas porque se ha fundido con el entorno. De ahí en adelante, sólo contribuye a crear ruido y, aunado a lo demás, crea estrés.
Como diseñador gráfico, he hecho cientos de carteles a lo largo de mi vida y sé que luego de un tiempo, el cartel más perfecto se convierte en un estorbo a la tranquilidad.
Lo que este blog propone es romper con esa saturación. Si tu casa es un lugar para descansar, estar a gusto vivir, al terminar con el exceso de decoración, será aun más el lugar perfecto para la felicidad.
Cómo lograrlo
¿Has visto en la televisión esos programas de re decoración de interiores? Siempre sale una mujer estadounidense quejándose de lo fea que se ve su casa. Llega el decorador experto y en cuestión de minutos, su casa se ve hermosa y limpia.
Si analizas bien estos programas te darás cuenta de algo importante: se deshacen de lo que no es necesario. Una pared saturada que se limpia, de pronto se ve espectacular. Y el único truco es una capa de pintura y tirar el resto de lo que estorba.
Para llegar al punto de entender que el problema de carga visual puede terminar, sólo tenemos que pensar en la regla de oro del Choco Buda: Menos es más, siempre.
Así que toma una caja y guarda todo. Lo que se pueda tirar o regalar, adelante. Estoy seguro que no extrañarás el vaso de los XV años de la prima Nepomucena.
Hablando de las paredes, sólo deja una pieza de decoración por muro. Y si puedes no dejar nada, mejor.
Seguro te encontrarás con que los cuadros dejaron su fantasma de mugre en la pared. ¿No crees que es buen momento para pintar de un color fresco?
Este ejercicio te servirá de mucho porque, sin que te des cuenta, te vas a deshacer de objetos y adornos que cumplieron su objetivo hace años. Dirás adiós al objeto, no a la persona.
Piensa que las personas no son una taza o un cuadro. Las personas son nuestros compañeros de viaje y al llevarlos en el corazón y en la mente, no necesitas un objeto para recordar.
Te aseguro que tu casa será el mejor lugar de la ciudad para estar.
¡No olvides invitarme!
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Nota choco budista: El gatillo más grande que hay para atesorar objetos decorativos, es el apego. El camino a una vida tranquila comienza al comprender que los apegos de todo tipo son siempre una carga para el corazón y la mente. Practicar el desapego es parte primordial del budismo.
Dejar ir el pasado también es parte de la disciplina de la renunciación. Esto es: saber decir adiós a las cosas a su debido tiempo.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 7, 2010 | Budismo, Vida
Pues ya estoy de regreso en la acción y me siento muy bien. Tomé dos días de intenso estudio y meditación.
Leí un libro completo, una intro y fragmentos de Dhammapada (compilación de moral y ética). Investigué el significado de ciertas palabras en sánscrito y medité mucho.
También vi tres documentales importantes que no había tenido oportunidad de analizar. Los reseñaré para ustedes en los próximos días.
Entre muchas cosas aprendidas y reafirmadas:
- Subí mi tiempo de meditación al doble. Ahora estoy en los 40-45 minutos.
- Todos somos uno.
- La vida se entreteje en todo lo que hacemos.
- Reafirmé las Cuatro Nobles Verdades.
- Necesito poseer menos cosas.
- Entendí el papel importantísimo de comunicar más sobre minimalismo.
- Dejé ir un par de asuntos que me molestaban.
- Y tengo una lista interminable de asuntos a tratar en mi y una tonelada de documentos qué analizar y aprender.
Pero sobre todas las cosas, soy un tipo muy suertudo por estar en este momento del tiempo.
En suma, estamos de regreso con muchas ideas para compartir en este pequeño blog.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 31, 2010 | Minimalismo, Vida
Si pudiera describir el mundo moderno con una sola palabra, esta sería saturación.
Nuestros sentidos, la comunicación humana, nuestras casas, ciudades, productos y hasta lo que no se supone que debería, compite por nuestra atención. Esta es una cultura en la que entre más ruido y distracciones haya, es mejor.
Por desgracia, esta filosofía de llenarlo todo está implantada en nuestra mente de una manera tal, que ya ni siquiera la cuestionamos. Parecería que el coleccionar cosas como libros, discos, teléfonos viejos, platos o revistas es una necesidad humana básica, pero en realidad no lo es.
Entre más cosas tengamos, más crece el apego emocional por ellas. Conozco personas de 40 años que no se atreven a deshacerse de una taza porque su tía Chona se las regaló cuando tenían 5 años. Pero no sólo atesoran una taza sino cajas enteras de cosas que no se necesitan.
Por supuesto, también nuestra economía sufre mucho al atesorar cosas. Cuando te dedicas a comprar de manera desmedida, vas enfocando dinero a artículos que no necesitas en realidad. Recuerda que el dinero que no gastas hoy, te puede sacar de aprietos grandes mañana.
El almacenamiento se convierte en una carga. Poco a poco vamos llenando nuestro entorno. Saturamos nuestros espacios vitales y nuestra vista con cosas llenas de color, sonidos, tamaños y texturas. Nos vemos en la necesidad de cuidar, limpiar y mantener todos esos objetos, lo cual es trabajo innecesario.
Y no nos damos cuenta, pero esto nos lleva a vivir bajo tensión y con una especie de caos que no podemos explicar hasta que nos detenemos a analizar.
Mira tu escritorio, tu habitación, tu casa. Míralos con honestidad y responde a esta pregunta: ¿no se vería mejor si no hubieran tantas cosas? La respuesta es sí.
Ser minimalista me ha funcionado a lo largo de los años. Y es mucho más fácil serlo cuando sigues las cuatro R’s, que no sólo se aplican para los objetos, sino para todo lo que haces en tu vida.
Reduce
Contra todo lo que me puedas decir, estoy seguro que no necesitas tener 75 tazas para café. Tampoco necesitas los libros de la universidad porque la mayoría son obsoletos y no los has revisado en, al menos, 5 años.
Haz una revisión de todo lo que hay en tu casa, escritorio u oficina. Si algún objeto no lo has usado en el último mes, en realidad no lo necesitas. Es hora de dejarlo ir.
Para reducir tus pertenencias puedes organizar una venta de garage o donar todo a personas que lo necesiten.
Como consejo extra, recuerda esto: las superficies planas deben estar limpias, sin cosas.
Reutiliza
Esta cultura está fabricada para que poseer cosas nuevas nos de la ilusión de bienestar. Y esta es una idea muy equivocada.
El comprar artículos nuevos todo el tiempo impacta directamente a tu economía y al planeta Tierra.
Por ejemplo, piensa en un refrigerador. El metal tuvo que salir de algún lado. Lo mismo aplica para el plástico, gomas, cables y gases. La mercadotecnia oculta el hecho de que hay recursos no renovables detrás de todo lo que compramos. Estos recursos se agotan día a día y pronto no alcanzarán para todos.
Si necesitas muebles, un auto, un refrigerador o un escritorio, revisa los anuncios clasificados. Es muy posible que encuentres lo que buscas a una fracción del precio de un artículo nuevo.
Cambia el paradigma de las cosas nuevas. No tiene nada de malo comprar un artículo usado si es que está en buenas condiciones.
Reemplaza
Si ha llegado el momento de comprar una camiseta nueva, revisa lo que tienes actualmente. Selecciona la que necesita irse, la que tenga más hoyos y conviértela en trapos para limpieza. Compra sólo una para reemplazarla.
La idea es que no acumules, sino que reemplaces sólo lo que necesites.
De esta forma vas a mantener la saturación bajo control. Reemplazar aplica para libros, discos, cocina, ropa y casi todo lo que posees.
Respira
La tranquilidad que da de ver tu hogar u oficina sin saturación es maravillosa. Aporta calma y promueve la concentración.
En suma, te permite respirar y descansar de la locura y ruidos externos.