por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 14, 2010 | Minimalismo, Vida
Llamado de la Comadreja: (Pull of the Weasel) Es la voz de esa pequeña comadreja que todos llevamos dentro, que nos lleva a hacer las cosas aun sabiendo que estamos mal y que sufriremos las consecuencias.
Uno de mis héroes intelectuales es Penn Jillette. Es actor, ilusionista, escritor, músico, pensador y escéptico enemigo hasta la muerte de basura que esté fuera de la razón y nuble la mente; como las religiones, new age y conspiraciones.
En su muy extrañado programa de radio, Penn Radio, él acuñó el término Pull o Call of the Weasel, y en sus propias palabras significa: «Sabes que algo está mal, pero en algún lugar de tus entrañas, una pequeña comadreja te dice que lo hagas».
En el show, esto se prestaba para todo tipo de historias muy graciosas que los escuchas reportaban por teléfono. Pero lejos del humor y pensando un poco más, todos somos atacados por la comadreja diariamente.
Cuando mentimos, manipulamos a las personas, cuando no hacemos las cosas en el momento, al no tomar un problema de frente; sabemos perfecto que estas acciones serán contraproducentes y deberíamos hacer lo posible para resolver la situación, pero obedecemos a esta maléfica sabandija y nos vamos por el lado oscuro.
Yo no soy un santo, ni un buddha, ni nada que se le parezca. Oh, no. La comadreja me acompaña todo el día y es mi lucha constante no hacerle caso y seguir con mi vida, por el camino que me ayude más. Para ilustrar todo este tema, expongo algunas llamadas comadréjicas personales, que creo que son ejemplos universales:
- Comida. Por supuesto que la báscula se da cuenta si como de más. Mi ropa también. Pero siempre pienso: ya mero me pongo a dieta, así que un poco más no hace daño. Es más, hay veces que ni lo pienso; simplemente me como esos nachos o pizza y ya.
- Ejercicio. Soy artista marcial de toda la vida, pero de algún tiempo para acá me vi obligado a dejar mi amado aikido. Sé que, al menos, debería ponerme a correr y que me va a beneficiar… pero no lo hago.
- Meditar. 20 minutos de meditación al día cambian tu perspectiva. Te calman y te centran. Te hacen tomar las cosas como son y sin la basura que nuestra mente crea. Me conviene y me gusta. Pero no lo hago con la frecuencia que debería.
- Llamar a mis padres. Me quieren y me extrañan y sé que les gusta escucharme. Pero siempre me hago menso y trato de no llamarles lo más posible.
Estos son tan sólo unos pocos ejemplos de lo que la comadreja hace conmigo todo el tiempo, pero hay algo que tengo que exponer:
La comadreja somos nosotros mismos, saboteándonos.
Echarle la culpa a un pobre mamífero imaginario es muy gracioso, pero es un intento por no tomar la responsabilidad de lo que hacemos.
Si tuviste una aventura a escondidas de tu pareja, no, no fue la tentación, ni culpa del alcohol, ni la oscuridad de la noche, ni el diablo. Fuiste tú y nadie más quien se puso en esa situación.
Si engordaste 10 kilos en diciembre, no fueron las fiestas decembrinas, ni que la tía Chayo es muy generosa con la comida. Fuiste tú por querer comer de más y ser indulgente con las cosas que SABES te hacen daño.
Si tienes que recurrir a medidas de emergencia porque no controlas tu bebida, no estás enfermo. Tú mismo te pusiste en esa situación.
En nuestra cultura latinoamericana tenemos la tonta costumbre de siempre culpar o agradecer a un ser supremo por las cosas que suceden. Se nos enseña a decir: gracias a Dios, todo salió bien. Esto significa que nos libramos de toda responsabilidad.
Llevar una vida sencilla implica librarnos de todo lo que no necesitamos para vivir. Uno de esos factores que nos estorban es el la llamada de la comadreja.
Ahora que ya sabemos que la llamada de la comadreja está ahí siempre, podemos localizarla y reconocer cuando no queremos hacernos responsables de las cosas.
Y ese es nuestro reto diario.
Nota budista: El luchar contra el llamado de la comadreja obedece al Camino Óctuple, que es la vía hacia el nibbana (tranquilidad, felicidad total). En el futuro cercano tendremos más al respecto en Choco Buddha.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 5, 2010 | Minimalismo, Vida
Uno de los propósitos más nobles de la vida es tratar de estar tranquilo y en paz. Todo mundo puede soñar con levantarse una mañana, servirse una taza de buen café y disfrutar el amanecer, en silencio.
Pero la realidad es que en este país y cultura, lograr tranquilidad es muy difícil.
Nos levantamos tarde, no desayunamos, caminamos de prisa, atravesamos la ciudad por (al menos) 1 hora y media y llegamos, a penas a tiempo, a trabajar o a la escuela. En todo este tiempo nuestra mente hizo 100 listas de pendientes, juzgó, se abrazó al pasado, comenzó a trabajar, planeó el fin de semana… todo mientras escuchábamos música en el reproductor de MP3.La vida que llevamos nos exige ser así aun a costa de nuestra salud. Tenemos que ser productivos. En este proceso descuidamos, de manera muy fuerte, nuestra mente. Nunca le damos un espacio para respirar y hay quienes llegan al borde de la infelicidad.
Aquí me atrevo a lanzar esta fórmula negativa:
Entre más tengamos de qué preocuparnos, más infelices somos.
Si tenemos 10 autos, son 10 tenencias qué pagar. Si hemos juntado la mejor colección de cómics o DVDs, mantenerla en buen estado va a ser un motivo de tensión. Si tenemos dos parejas al mismo tiempo, habrá que preocuparse por mantener dos secretos. Si tenemos 5 actividades extras al trabajo y familia, son 5 motivos para tener los nervios de punta. ¡Estrés interminable!
Nuestra cultura nos impulsa a tener más de todo. Y es un grave error.
Pero la contra fórmula para estos males es:
Entre menos tenemos, hay menos factores de estrés. Por consiguiente, somos más felicies.
Llevar una vida sencilla promueve la libertad, nos da más tiempo de hacer las cosas que nos gustan, nos pone de mejor humor y esto lo agradecerán las personas que nos quieren. Es vivir sin ostentación y adornos, sin dificultad.
Tomando todo esto en cuenta, y basado en este artículo de Zen Habits, les comparto las dos reglas para llevar una vida sencilla:
- Identifica lo que te es realmente importante para vivir
- Desecha todo lo demás
En futuros artículos hablaremos más al respecto, pero los quiero dejar con esas dos reglas.
¿Aun escuchas esa colección de cassettes de los 80’s y sólo está guardando polvo desde hace 20 años? ¿Vas al club, a clase de tejido, entrenas para un maratón, estás aprendiendo Zulu y tu novia te exige puntualidad? ¿Tienes cuenta en todas las redes sociales, 7 direcciones de correo y tratas de mantenerte al día en todo?
Siempre es buen tiempo de deshacernos de factores que no necesitamos en nuestra vida diaria, de hacer la sencilla.
En esa medida seremos más felices.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 5, 2010 | Minimalismo, Vida
Si me preguntaran qué palabra define el mundo que me rodea, a ciegas diría: saturación.
Estamos expuestos a una mega saturación de datos y todos compiten por entrar en nuestro cerebro y quedarse; y así generar una necesidad de comprar, de poseer.
Hay ruido en la calle, toneladas de anuncios, música, voces y en ningún momento nuestra mente puede estar quieta. Esto es nuestro estilo de vida y es tan abrumante que es casi imposible pensar que es bueno estar solos de vez en cuando.
Nos aferramos a lo que poseemos (personas, objetos, ideas) y nos dan valor por lo que portamos, obtenemos, conducimos y producimos. Somos objetos en un sistema infinito de producción y de consumo.
Pero este consumo nos carcome y, antes de que nos demos cuenta, se nos acaban los nervios, sufrimos cansancio crónico y vivimos tan sólo para el fin de semana.
Es la historia de mi vida y creo que de muchos.
Hace muchos años me di cuenta de esto y, aunado a mi inclinación por lo asiático, descubrí el budismo y poco a poco, luego de mucho estudio y práctica, me doy cuenta de que el camino de en medio es el que me funciona. Repara mi mente y me da calma, que está basada en lo sencillo de la vida.
Así que decidí escribir mi experiencia personal en este blog. Hablaremos de budismo como filosofía, no como religión. Promoveremos la sencillez y nos enfocaremos a hacer la vida mucho más ligera. Generaremos tantas endorfinas y felicidad, que será como comer un kilo de chocolate.
Bienvenidos a Choco Buddha, un blog de sencillez y budismo para la vida moderna.