por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 10, 2014 | Vida
La primera parte de este artículo la puedes encontrar dando clic aquí.
En la entrega anterior vimos cinco malos hábitos que pueden destruir tu felicidad. Mentir, manipular, procrastinar, ser negativos o tardarnos en todo; son conductas que sangran tu felicidad.
Para continuar, expongo algunos más:
6. Lenguaje obsceno
Mi maestra de literatura afirma que el lenguaje obsceno es un atentado contra el idioma castellano. Coincido al 100% porque nuestro idioma es tan rico, que cuesta trabajo no sucumbir ante la pereza de conocer más vocabulario para expresarnos. Pero más allá de eso, las maldiciones corrompen nuestra relación con el universo debido a su carga de odio. Sí, leíste bien. Cuando dices «el puto lápiz», estás hablando con odio sobre el objeto. Lo calificas y lo denigras, cuando en realidad te está prestando un servicio. Quizá suena inocente, pero tu cerebro detecta el odio de tus palabras y comienza a etiquetar así a todo lo que te rodea. Mejor lee y aprende a expresarte de forma amable. Te aseguro relaciones personales más pacíficas.
7. Adicción a las redes sociales
Perder el tiempo, como lo mencioné antes, es delicioso. La mente adora estos espacios en los que le das miles de textos sin sentido, porque no hay esfuerzo alguno para digerirlos. Twitter y Facebook son una piñata de información. Les pegas con un clic y sueltan premios de mensajes inútiles en su mayoría. Esta simplicidad es la que los vuelve adictivos y nos hace olvidar el valor de mirar frente a frente a nuestros amigos verdaderos. Son herramientas de comunicación poderosas cuando se saben usar, pero nos encanta navegar la corriente interminable que nos presentan. Si pasas más de 1 hora al día en las redes sociales, tienes un problema de adicción.
8. Mal lenguaje corporal
Muchas personas no creen que esto sea un problema porque todo mundo lo hace. Rodar los ojos hacia arriba o hacer muecas cuando alguien te dice algo; tronar la boca cuando no crees lo que te dicen; apretar de más la mano de alguien que te salda; sentarte mal en un sillón ajeno; caminar con la espalda encorvada por pura pereza; no mirar a tu interlocutor a los ojos… todos esos son ejemplos de mal lenguaje corporal. Aunque creas que a nadie le importa, es un mal hábito que genera asperesas en tus relaciones personales.
9. Síndrome del lobo solitario
Pensar que no necesitas a nadie, que estás solo contra el mundo y que tú solo puedes cambiar el universo, expone lo grande que es tu soberbia. Hay dos malas noticias con este hábito: el ego crece y obtendrás lo que buscas. Te quedarás muy, muy solo porque a nadie le gusta estar al rededor de un soberbio egolatra. Aceptar con humildad cuando necesitas ayuda y pedirla no te hace ver menos macho. Te hace trabajar en equipo y fomentar relaciones sanas con los que te rodean.
10. Berrinches
Hacer berrinches por todo lo que no puedes obtener o porque el mundo no reacciona a tu gusto, te afecta más de lo que crees porque estableces una relación de control y frustración con lo que te rodea. Implica un rechazo absoluto a la realidad y el único que sufre eres tú. A nadie le importa que llores porque no puedes tener la nueva iPad, créeme. Pero a todos les importa cuando eres caritativo y ayudas a los demás. Hacer berrinches es un hábito de los peores porque al igual que el anterior, es el camino más certero a la soledad.
—
Estos son solo algunos de los malos hábitos que podemos tener. Creo que la mayor parte del tiempo los practicamos sin dolo o sin siquiera imaginar que estamos afectando a los demás. Nuestro ego hace que la razón se nuble y no podemos ver que todas nuestras acciones tienen consecuencias, ya sea buenas o malas.
Siempre hay personas que sufren por nuestra apatía, ignorancia o malas intenciones.
Corregir estas conductas puede ser tan sencillo como poner atención a nuestras acciones y pensar siempre en los demás. Pero hay hábitos tan incrustados en nuestra conciencia que es necesario tomar pasos extra para modificarlos.
Nótese el término: modificar.
Los malos hábitos no se pueden eliminar porque las redes neuronales necesarias para su ejecución ya están establecidas en nuestro cerebro.
Todos los hábitos obedecen un ciclo básico:
- Detonante: lo que nos impulsa a actuar.
- Procedimiento: el hábito en sí (morderse las uñas, fumar, mentir).
- Recompensa: es el premio por ejecutar el procedimiento.
Siguiendo este modelo es posible iniciar hábitos de cero. Por medio de la disciplina y la repetición los hábitos quedan grabados en nuestra personalidad.
El problema con los hábitos negativos, como fumar, es que el ciclo ya está en nuestro cerebro. Ya existe información que fluye por estas conexiones neuronales. Dejar el hábito es virtualmente imposible. Lo que sí podemos hacer cuando entendemos este ciclo, es modificar el procedimiento. En lugar de fumar podemos ir a caminar 10 minutos, por ejemplo.
Somos seres de hábitos. Más de lo que nos gustaría aceptar. Cuando nos esforzamos en entenderlos, cosas buenas comienzan a suceder.
¿Tienes algún mal hábito que quieras modificar? ¿Olvidé alguno? ¡Comenta!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 7, 2014 | Vida
Se habla mucho por todos lados sobre la importancia que tiene adquirir nuevos hábitos. Existen blogs, libros, podcasts y oradores magníficos que nos impulsan a tomar la aventura de mejorar nuestra vida con conductas sanas como salir a correr, comer mejor, estudiar más o ser más productivos.
Sin embargo los hábitos son mucho más que ganas de aprender cosas nuevas o leer libros motivacionales. Los hábitos son parte de la naturaleza humana y no podríamos ser lo que somos sin ellos.
Vivimos por y para ellos. ¿No me crees? Piensa en lo que hiciste hoy en la mañana y compáralo con lo que hiciste ayer. Estoy seguro que será lo mismo que harás mañana temprano. Es decir, tienes hábitos establecidos para despertar, comer, beber, trabajar y relacionarte con el universo que te rodea.
Por definición, los hábitos son acciones repetitivas que hacemos de forma automática y que están gravadas en nuestra personalidad.
Podrás auto engañarte pensando que eres muy libre y que eres único e irrepetible; que siempre buscas ser diferente. La realidad es que todos somos hábitos. Y eso no es malo. Al contrario.
Somos capaces de tener y desarrollar hábitos maravillosos que nos hacen crecer y tener vidas increíbles.
Pero siendo los seres de contrastes que somos, no podemos negar que también tenemos hábitos que nos hacen sufrir o que ponen en peligro nuestra salud mental, física o espiritual. Y al ser acciones automáticas, muchas veces no nos percatamos que estamos llenos de malos hábitos.
La mejor forma de comenzar a cambiar estas conductas es saber que existen y que quizá las practicamos todo el tiempo. Por esa razón comparto esta pequeña e incompleta lista de 15 hábitos que TODOS tenemos y que nos cuestan la felicidad.
1. Mentir
El Doc. House dice (y con mucha razón): Todos mentimos. A veces lo hacemos para cosas «buenas» y a veces para destruir. Como sea, estar consciente de nuestra habla nos ayudar para evitar mentir lo más que se pueda. Es mejor una verdad ruda, que vivir en falsedad.
2. Manipular
Este hábito es uno de los peores. Ya sea de forma consciente o inconsciente, todos disfrutamos tener el control de las personas o de las situaciones. Podemos llegar límites absurdos como causarnos daño para obtener atención o cariño. Si eres manipulador, revisa tus intenciones y entiende que todos los seres vivos merecen ser respetados. Si necesitas lograr algo, es mejor ser claro y directo que andar atentando contra la dignidad de los demás.
3. Procrastinar
Perder el tiempo es delicioso porque permite descansar y relajar la mente para poder seguir siendo útiles. El problema es que la mente disfruta estar enfocada en cosas que la distraen y que evitan el pensamiento. Cuando nos enganchamos en la procrastinación pueden pasar horas o días antes de que nos demos cuenta. Al final somos víctimas de eso porque mientras perdemos el tiempo, el trabajo y los proyectos se apilan. Estar consciente de cuando procrastinamos es el primer paso para vencerla.
4. Negatividad
En ocasiones la vida se pone tan ruda que todo lo vemos mal. La comida no sabe bien, el atardecer duele y en general todo es nefasto. Eso es ser negativo y es una conducta virulenta porque acaba con nuestra salud y se contagia a los demás. Afecta a todo el universo. La mejor forma de acabar con ella es estar atentos a nuestros pensamientos y al habla. No se trata de ser ingenuos felices, sino de no caer al otro extremo.
5. Tardanza
Soy el primer convencido de que las cosas nunca urgen. Pero también entiendo que esta civilización depende del tiempo. Llegar a tiempo, entregar a tiempo, hablar oportunamente… todo ello forma parte de nuestro estilo de vida, y eso está muy bien. Son reglas que no podemos romper. El problema es que nuestro ego siempre quiere ir contracorriente y se revela ante el tiempo. Cuando el mal hábito de la tardanza nos invade, afectamos a todos los que nos rodean. Estar enfocados y conscientes del momento actual nos ayuda a no caer en la tardanza.
—
En la siguiente entrega exploraremos otros 5 malos hábitos, para después hablar un poco sobre cómo cambiarlos.
Leer segunda parte.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 12, 2014 | Eventos, Talleres, Vida

Hace unos días terminó Shojiki, el taller de hábitos que comenzamos en enero de 2014, aquí en Chocobuda.
Varios amigos de México, España, Colombia, Venezuela y Costa Rica aprendimos la importancia que tienen los hábitos en nuestra vida. Algunos adquirieron un hábito nuevo y otros tomamos algún mal hábito y lo transformamos en conductas virtuosas.
Ha sido muy valioso este taller para mí, sobre todo porque ya entendí que lo mejor es el camino lento, y soy de las personas que aún le falta mucho tiempo, pero puedo decir que estoy cumpliendo con el hábito que me propuse.
—Ana Lilia Solis
Shojiki es una buena experiencia porque no sólo ve los hábitos como conductas superficiales, sino que estudia los origines primitivos de nuestra personalidad. Por medio de la meditación y la práctica consciente crea las conexiones neurológicas necesarias para que un hábito sea parte de nuestro instinto. Siempre siguiendo el camino lento porque paso a paso es la mejor manera de crecer.
El taller fue exitoso, pero lamentablemente muchas personas se quedaron sin lugar. Tuve que limitar la cantidad de participantes para no afectar la atención personal que puedo brindar.
Así que decidí lanzar un segundo grupo. Si quieres experimentar Shojiki, este es el momento.
Comenzamos el 21 de abril de 2014.
Como extra incluye un taller de meditación por separado que puedes practicar mientras comenzamos Shojiki. Es decir, son dos talleres.
Recuerda que el cupo es limitado.
Haz clic aquí para más información.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Dic 4, 2013 | Inspiración, Talleres, Vida
La seguridad es una ilusión.
No importa qué tan gruesas sean las paredes de tu casa, qué tan completas sean tus pólizas de seguro, cuántos años lleves en tu trabajo o los años que lleves de casado. Nada importa a la hora de que la Señora Impermanencia decide golpearte directo en la cabeza. Es una de las lecciones más grandes de la vida, pero a la que más nos resistimos a entender.
Si esta verdad es absoluta y no cambia, ¿porqué seguimos abrazándonos a lo que nos hace sentir seguros? Porque a los humanos nos gusta sentir que tenemos el control de todo, hasta de la misma naturaleza.
Lejos de buscar motivos o criticar esta conducta básica, podemos mejor enfocarnos en las virtudes de ello.
Tomar el control de las cosas y situaciones nos da cimientos para tener una vida tranquila. Cuando la impermanencia ataque, tendremos la calma y los elementos para actuar de manera acorde.
Por el contrario, vivir desparpajados, sin organización y sin dirección, genera angustia y sufrimientos.
Es aquí donde los nuevos hábitos se vuelven fundamentales para el desarrollo personal.
Cuando decides practicar un nuevo idioma, ajustar tu gasto, expresarte mejor, comer sano o hacer ejercicio; lo que estás haciendo en realidad es salir de tu área de comodidad para solucionar un problema de forma directa.
Para algunos se trata de tener las agallas, la disciplina y determinación para lograrlo al día siguiente.
Para otros, el camino tiene que ser lento y amigable. Poco a poco es mejor.
Como quiera que sea, todos los esfuerzos para cristalizar un nuevo hábito se traducen en tomar el control de nuestra vida.
Esto equivale a bienestar porque comprendemos que la cura para el miedo es la acción.
Nos hace personas más íntegras porque para empezar un nuevo hábito se requiere aceptar que el cambio es necesario. Pasamos encima de nuestro ego.
Nos volvemos positivos porque sabemos que el camino hacia una nueva conducta es terreno inexplorado, pero estamos dispuestos a fracasar una y otra vez hasta lograrlo.
Adoptar nuevos hábitos nos abre la mente a posibilidades que no imaginábamos e incrementa nuestra capacidad de asombro.
Sabemos que las acciones tomadas nos dan la dulce, dulce ilusión de seguridad porque no estamos sentados en nuestro gordo trasero esperando la muerte.
Un año nuevo está por comenzar y lanzo el reto:
¿Cuál será tu nuevo hábito para el año entrante?
¿Tienes los bríos necesarios para tomar el control de tu vida?
¡Actúa!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 26, 2013 | Eventos, Inspiración, Talleres, Vida
La mente humana evolucionó para fabricar pensamientos. Muchos. Y lo hace con un ciclo de entrada de datos-procesamiento-salida de datos.
En es sentido, es una maravilla. Es lo que nos vuelve lo que somos, lo que nos hace relacionar con el universo.
El problema es que produce tantos pensamientos, planes y fantasías sin parar. Y además le gusta mucho engancharse a pequeñas distracciones para evitar quedarse quieta.
Se divierte con entradas inútiles de información que, a la larga, nos afectan más que beneficiarnos. En tiempos de la conexión perpetua, la alimentamos con aun más distractores.
Con todo esto no es mentira afirmar que la mente casi nunca está donde debe estar: aquí y ahora.
Esta capacidad de no estar en el presente tiene costos muy altos para la vida cotidiana. Estamos distraídos y perdemos las llaves, nos perdemos, no escuchamos o tenemos accidentes.
Sacrificamos productividad por seguir enganchados en pequeños dulces para la mente. Vivimos nuestros días sin poner atención a nuestras reacciones y relaciones con el universo.
A la hora de querer crear hábitos, las distracciones se convierten en un obstáculo gigantesco.
Por ello quienes se proponen algo como dejar de fumar, de maldecir, comer mejor, caminar más o aprender algo; se pierden en el mar de la apatía y no logran lo que quieren.
Los que quieren aprender algo nuevo, se quedan en el intento porque las distracciones son mucho más atractivas.
Todo ello se puede evitar al poner atención al momento presente, a nuestras palabras y pensamientos, a las acciones y omisiones que estamos por ejecutar.
Vivir aquí y ahora nos devuelve la elusiva capacidad de autocontrol, misma que se pierde con mucha facilidad.
Antes de que pongas trabas o pretextos, en realidad es fácil lograrlo. Pero requiere práctica.
Aunque venga de manera tácita e invisible, cuando nos proponemos forjar un hábito nuevo estamos firmando un contrato de atención:
Quiero comer cosas que me nutran (por ende vigilaré con atención todos mis alimentos, de lo contrario impactaré mi salud y el bienestar de quienes me rodean).
Así nos es mucho más claro el compromiso de cambio y estaremos en el presente, resguardando el contrato.
Y claro, la meditación es la herramienta máxima para cultivar atención consciente. Pero eso ya lo sabías, ¿no?