por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 20, 2013 | Budismo, Talleres, Vida, Zen
Contrario a la creencia popular, la evidencia histórica apunta a que Shakyamuni Buda (el Buda histórico) no era un ser mágico. Tampoco fue enviado por los dioses y no tenía nada de especial.
Sin dudad era un tipo inteligente. Eso lo llevó a llevar una vida de estudio, introspección y de enseñanza; que se traducen en una sola palabra: disciplina.
El Buda era una persona que desarrolló hábitos poderosísimos, documentados en el documento Sumangala-Vilsini. Le ayudaron a cuidar su cuerpo, mente y su relación con el universo.
Muchas de estas prácticas nos fueron transmitidas a la comunidad monástica para ser practicadas a diario.
Así que pensando sobre esto, concluí que sería interesante hacer un resumen de los hábitos que todos podemos desarrollar hoy mismo.
Pero no hay de qué preocuparse. No son rituales complejos, ni versos en idiomas extraños. Son hábitos que promueven la introspección, la calma mental y son prácticos.
1. Posee sólo lo necesario
El Buda nació en la nobleza y rodeado de lujos. Conforme iba creciendo entendió que los bienes materiales, a pesar de que algunos son necesarios, la mayoría son insatisfactorios.
Cuando tienes algo que cubre un capricho y es novedoso, terminará siendo sustituido por el siguiente artículo que te dicte el deseo.
Pero muchos hemos encontrado que comprar poco, estar conscientes de los impulsos y entender lo vacío que es el materialismo, trae la paz mental.
Sí, leíste bien. Tener pocas cosas, tranquiliza los nervios.
Algunos monjes budistas van por la vida con unas 20 cosas.
No se trata de que dejes de comprar para siempre. Se trata de que seas tú quien controla el impulso por comprar.
Es más fácil de lo que crees. Sólo pregunta con honestidad: ¿Realmente necesito esto? Casi siempre la respuesta será no.
2. Cultiva la generosidad
Ser generosos no es una cuestión de moda o de que los demás nos vean como héroes.
Es el acto más noble y humano que existe porque si somos generosos, estamos promoviendo un mundo en el que vale la pena vivir.
Además, la generosidad es un hábito que tiene recompensas gigantescas. Cuando ayudas a alguien sin esperar nada a cambio, estás cuidando a la humanidad en general.
Te hace compasivo, comprendes a los demás y pateas al ego lejos de ti. La depresión se aminora, la tristeza se va y vienen sentimientos de satisfacción y armonía.
Ser generosos no es difícil. Cede el paso. Sonríe a todos y saluda. Regala algo de comida a quien tenga hambre. Dona un poco de dinero a alguna institución en la que creas.
Al final del día, tus actos y tu pensamiento serán purificados con el fuego de la bondad.
3. Medita
Nunca me cansaré de promover la meditación.
Es la disciplina mental por medio de la cual enfocamos la mente a una sola cosa. Nos enseña a soltar lo que no vale la pena. Nos da cimientos para ser mejores fomentando la generosidad y la compasión.
¿Cómo comenzar a meditar? Aquí hay algunas ideas.
4. Sigue a los sabios
Llega el momento en la vida en el que debemos aceptar que no lo sabemos todo.
De hecho, muchos somos bastante tontos, a pesar de poner todo el empeño 😀
Cuando entendemos esto, es el momento de buscar un maestro.
¿Necesitas aprender una nueva habilidad para tu trabajo? Busca a algún experto que te enseñe por medio de un curso, libro o charla.
¿Quieres cocinar mejor? Sigue a algún chef que comparta sus conocimientos.
¿No sabes cómo correr sin lastimarte? Encuentra a algún maratonista que te inspire.
Cuando caminamos a la sombra de un sabio, sus conocimientos nos benefician. Pero más allá, estamos ablandando el ego porque reconocemos que siempre hay alguien que es mejor.
El Buda siguió a muchos maestros, por años y años. ¿Porqué tú no?
—
Pero Chocobuda, todo esto es muy difícil de lograr.
Claro que no lo es. Sólo hay que decidir hacerlo y entender que los beneficios son mucho más grandes. No sólo saldrás ganando tú.
El universo se beneficia con tu práctica.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 13, 2013 | Generosidad, Talleres, Vida
Continuamos con estos pequeños razonamientos sobre el cultivo de hábitos.
Revisando libros, blogs y otros materiales, me percaté de que casi toda la documentación y motivos existentes en torno a esta materia están enfocados al ego.
Dan por hecho que el motor del cambio está dado por una búsqueda personal de engrandecimiento propio. Algunos llegan tan lejos como firmar un contrato con uno mismo para no fallar.
Bajarás de peso, meditarás diario, harás ejercicio, serás más productivo, no te desvelarás… Tú. Sólo tú. Firma aquí.
Por supuesto la mente traduce esto como: el beneficio de estos esfuerzos es para mi.
Yo me veré mejor.
Yo tendré más concentración.
Yo reduciré mi estrés.
Yo mejoraré mi salud.
Yo generaré más dinero.
Nos cerramos a la realidad de que absolutamente todos en esta vida estamos interconectados. Y estos métodos de hábitos olvidan enseñar que todos nuestros actos tienen consecuencias, buenas o malas.
Cuando nuestra motivación para el cambio es egoísta, las posibilidades de falla se incrementan; al igual que la probabilidad de sufrimiento.
Nos visualizamos teniendo éxito en lo que emprendemos, disfrutando la recompensa del arduo trabajo. Sin embargo, olvidamos que estamos rodeados de un universo al cual pertenecemos. Entonces, cuando el universo no cumple nuestras fantasías, viene la frustración y la culpa. Es decir, sufrimos.
Esta tendencia de fracaso puede continuar ad infinitum. Sólo se romperá hasta que comprendamos que nuestras acciones repercuten en el universo que nos rodea, que nuestras relaciones personales son afectadas y que podemos inspirar a los demás.
Si abrimos la mente, olvidando por un momento el conocimiento convencional, y observamos nuestra propia vida; podremos notar los finos hilos que conectan la realidad.
Cualquier cambio de hábitos es mucho más grande que nuestro ego. Nos afectan a todos.
Ejemplos:
Al trabajar de forma más eficiente mejoras a la empresa en la que trabajas. Esto genera más recursos y dinero para mantenerte a ti y a tus compañeros con empleo.
Al comer alimentos saludables mejorarás tu salud. Esto te dará salud y energía para disfrutar a tu familia y amigos, quienes se benefician de esto para su propia felicidad.
Al meditar diario mejorarás tu mente. Ello te dará calma y paciencia para que los demás se sientan seguros y tranquilos junto a ti; haciendo que trabajen mejor, que tengan mejores días.
Cuando entendemos esto, los hábitos adquieren un nuevo matiz porque comprendemos la responsabilidad que hay de por medio.
Somos los responsables de nuestra propia felicidad, eso es real. Pero también somos responsables de la felicidad de quienes nos quieren, de nuestra familia y amigos, y del universo en general.
Muchos métodos de hábitos se centran en una recompensa final ególatra.
Pero creo que es mucho mejor pensar en nuestra responsabilidad de mejorar a los demás, de empujarlos hacia adelante.
Eso es más grande que tú y que yo juntos.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 7, 2013 | Eventos, Productividad, Vida

«Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto. Es un hábito.»
Aristóteles
Una de las acciones más nobles que podemos tomar es la creación de un hábito nuevo. Es el resultado de la irreverencia máxima, de querer tomar el control de nuestra vida, de retar el conocimiento convencional y a nuestros propios demonios.
¿Cuántas veces lo has intentado y fallado?
Forjar un nuevo hábito es emocionante y un muy buen reto para iniciar el año, pero sin una guía e inspiración, estamos condenados a repetir los errores.
Existen muchos métodos y enseñanzas para alcanzar este fin, pero casi todos se enfocan en el hábito mismo. No exploran la raíz ni lo que produce el impulso del cambio.
Shojiki es un taller 100% online diseñado por Chocobuda para cultivar un hábito que transforme tu vida, contrarrestando la locura y la prisa de la vida cotidiana.
Sí, leíste bien. Un sólo hábito.
Shojiki es una palabra japonesa que significa sinceridad, buena fe, honestidad, honradez, confiabilidad. Estos son los valores que promueven el cambio y son explorados mediante ejercicios 100% prácticos que impulsan la disciplina necesaria para el cambio.
#OraSi
Este es el hashtag que define al taller en redes sociales. «Ora sí» es una frase mexicana que contrae la palabra ahora. Y la utilizamos todo el tiempo para marcar el inicio de un cambio, de una actividad.
#OraSi voy a cambiar.
#OraSi comeré mejor.
#OraSi tomo el control de mi vida.
Te reto a iniciar un hábito y a tomar el control de tu vida.
Te doy la bienvenida a Shojiki.
Más información e incripciones
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 28, 2013 | Talleres, Vida
En cualquier blog o libro de productividad con los que me he topado, encuentro que el tiempo ideal para desarrollar un nuevo hábito va de los 21 a los 30 días.
Los expertos en productividad al estilo estadounidense nos dicen que debemos vivir con la mentalidad de cambio y realizando afirmaciones que pongan la mente en el camino ideal. Aunado a acciones pequeñas, al final de los 30 días el hábito quedará en la mente y será parte de nuestra vida.
Suena fácil y sencillo. Uno piensa que con un esfuerzo de tan sólo unos días podrá comer ensaladas cual vaca o salir a incendiar las calles con el running.
Sin embargo, encuentro una falla inmensa en este sistema. Esta teoría está pensada con la mentalidad de la recompensa inmediata.
Para la mentalidad estadounidense, los cambios deben llegar sin esfuerzo y de la manera menos incómoda posible. Si algo produce un poco de sudor en la frente, es descartado. Es más, si pueden pagar por que alguien más se esfuerce, lo hacen.
No en vano Estados Unidos es el país que más productos milagrosos lanza. Basta con echar un vistazo a los informerciales, que intentan vendernos desde pelador de patatas mágico, hasta un aparato de tortura medieval para ejercitar el abdomen. Todo es fácil y con el menor esfuerzo posible.
Y nosotros, los hispano parlantes, no somos diferentes.
La recompensa inmediata es uno de los daños más grandes que la sociedad de consumo ha casado en el crecimiento personal y espiritual.
Todo lo queremos aquí y ahora, y los hábitos no se escapan.
Por eso, al intentar cumplir metas y adquirir mejores disciplinas, fallamos miserablemente. Cuando vemos la cruda realidad de que los hábitos requieren esfuerzo y hasta un poco de sacrificio, los abandonamos.
Después de algún tiempo de reflexión y experimentación personal, decidí retar la idea de los 21 a 30 días.
Ya sea curar mi insomnio, volverme corredor, aprender un idioma o a cocinar… todos mis procesos de hábitos nuevos han tomado más de 3 meses. Algunos más complejos han tomado unos buenos 4 años. Todas y cada una de mis mejoras personales han llevado un largo proceso de introspección, investigación, experimentación, muchos errores y caídas, y práctica constante.
Quizá soy muy tonto. Es posible que mi cerebro de mandril no pueda con una meta corta de 21 días. Pero lo que sí puedo decir es que los cambios que se han quedado y que forman parte de mi cotidiano, han sido logrados al 100% y los practico hasta el día de hoy.
Pero todos han tomado mucho tiempo y, sobre todo, disciplina.
No me cansaré de decirlo. El secreto de la vida es la disciplina. La necesitamos para estudiar, trabajar, divertirnos y hasta para dormir.
Creo que es hora de comenzar a entenderlo.
En el próximo post de la serie hablaremos sobre una razón más por la que fallamos al crear hábitos: egoísmo.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 24, 2013 | Talleres, Vida
Sigo con el tema de nuevos hábitos y pensando en el gran daño que la cultura de la recompensa inmediata ha causado.
Esto genera una avalancha de obstáculos que nos hacen fallar de maneras épicas al momento de querer mejorar nuestra experiencia de vida.
La sociedad parece aplaudirnos cuando alguien come mal por estar muy ocupado, dormir poco por dedicar tiempo a las fiestas, despertar tarde en fin de semana, o al empeñar el futuro con deudas de tarjetas de crédito.
Y ni qué decir de la mercadotecnia. Nos vende la fantasía de que con una píldora mágica/gadget/bebida/amuleto dormiremos mejor, bajaremos de peso o tendremos más energía.
Sin embargo, lo que todo mundo se esfuerza en ignorar es el hecho de que los nuevos hábitos se apoyan en la disciplina. No hay más.
No existen los milagros, la magia, la providencia, ni El Secreto. Sólo existe el trabajo, la dedicación y la constancia.
Para evitar el desarrollo de nuevos hábitos existe una gran colección de obstáculos, casi todos basados en nuestro gran y pesado ego. Aquí presento una pequeña lista:
- Pereza
- Auto complacencia
- Esperanza en la píldora mágica
- Seguir a la manada
- Apego a las costumbres y tradiciones
- Miedo a experimentar
- Miedo al cambio
- Ignorancia / falta de información
- Rebeldía
- Mala alimentación
Sí, el número 10 es la mala alimentación. A pesar de que la subestimamos, la nutrición es la clave de la vida. Comer alimentos procesados y abusar de las harinas nos vuelve pesados y apáticos.
Es mucho más fácil generar hábitos duraderos cuando la nutrición es equilibrada.
¿Te has enfrentado con algún obstáculo fuerte al crear nuevos hábitos? ¡Comparte en los comentarios!