Este es el segundo de una serie de artículos sobre minimalismo de año nuevo. ¡Feliz 2013! Parte 1. Parte 3.
Una de las reacciones frecuentes al explicar el minimalismo, es la incredulidad.
La gente no puede dar crédito que vivamos con tan poco, que renunciemos al consumo sin cerebro y a vivir de manera sencilla. Pero quizá lo que más trabajo cuesta entender es que no acumulamos cosas.
Y en verdad así es. Los minimalistas buscamos por todos los medios tratar de no coleccionar basura, ya sea física o mental.
Sin embargo sería ingenuo decir que reducimos todo al 100%. Al despedirnos de unas cosas, tenemos que aumentar otras; para tratar de buscar el punto medio en la vida.
Justo por eso el minimalismo y el dharma van tan bien juntos. Ambos buscan el equilibro en la vida… aunque algunos vayamos un poco más lejos. Pero bueno, esa es locura personal.
Así pues, en este camino vale la pena explorar un poco y saturarnos de cosas o situaciones que enriquezcan nuestra vida. Siempre y cuando sepamos reconocer cuando caemos en excesos que rompan el balance y la tranquilidad.
Estas son algunas ideas de cosas y acciones que podemos aumentar para tener un gran 2013:
Aumenta:
La generosidad. Ayuda, dona, apoya y escucha a todos los seres vivos.
La amabilidad.
Las sonrisas.
Tu silencio.
Las veces que dices gracias con el corazón.
El tiempo de meditación. Si no has meditado, no sabes lo que te estás perdiendo.
El respeto hacia todo: planeta, seres vivos, tú mismo.
Tu sentido de realidad, dejando atrás el autoengaño y la manipulación.
La cantidad de libros que lees.
La música que escuchas. Date el mágico regalo de escuchar música de todo el mundo.
Tu consciencia alimenticia. Piensa qué estás comiendo, de dónde viene y en las personas que trabajaron para producirlo.
Tu apreciación por la cultura, arte y ciencia.
Tus habilidades. ¡Aprende algo nuevo!
Y la lista puede seguir. ¿Me ayudas a completarla? El único requerimiento es que sea una acción fácil y positiva.
El cambio hacia una mejor humanidad está en nuestras manos, y se logra con pequeñas acciones como estas.
Este es el primero de una serie de artículos sobre minimalismo de año nuevo. ¡Feliz 2013!
A menos que hayamos hecho un ejercicio consciente de ser mesurados, las fiestas decembrinas se caracterizan por el exceso. Por todos lados hay mucha comida, muchas reuniones, mucho alcohol, muchos compromisos y (si somos suertudos) muchos regalos.
Vivir las vacaciones de invierno con esa intensidad es parte de la gran experiencia de ser humano. Es increíble pasar tiempo con los amigos y gozando las bondades de la época navideña.
Sin embargo, la Impermanencia de las Cosas no puede ser olvidada porque este periodo de excesos también termina; para llevarnos de regreso al trabajo o a la escuela con nuevos bríos.
El nuevo año nos recibe con páginas en blanco listas para ser escritas. Y el minimalismo nos impulsa a mantener estas páginas tan blancas como se pueda. Es decir, a vivir con la menor saturación posible.
Sobra decir que cuando aplicamos técnicas de minimalismo tenemos más calma, tranquilidad y tiempo libre para disfrutar las cosas que nos gustan de la vida.
Con pequeñas acciones que no cuestan nada de trabajo, podemos mejorar nuestras vidas y las de los demás.
¡A simplificar!
Reduce:
Las cosas que dañan tu salud (alcohol, tabaco, drogas)
Tus porciones de comida
La cantidad de ropa que no utilizas
Los libros que están sin leer desde hace años
Tu uso del automóvil
Tu consumo de telefonía móvil
Tu tiempo en redes sociales
El tiempo de televisión
Tu ego y sé generoso
La basura que produces
Chantajes, mentiras, engaños y todas las artimañas que usas para dañar a la gente
El estrés… ¡Medita!
Como todas las listas del Chocobuda, esta también está incompleta. ¿Me ayudas aportando ideas? ¡Gracias!
Era un día normal para Narayanan Krishnan en Bangalore.
El trabajo en el hotel había sido tan rudo como siempre. Se sentía cansado, pero estaba feliz porque había sido seleccionado como nuevo chef para trabajar en un hotel en Suiza.
La vida era muy buena. Era el rey del mundo.
Esa noche salió de trabajar para ir a casa. Y lo que vio en un callejón cambió su vida para siempre.
—Vi a un hombre muy viejo que literalmente, se estaba comiendo su propio excremento por el hambre, —recuerda Narayanan. —Regresé al hotel y pregunté qué tenían disponible. Tenían idli. Lo compré y se lo di al viejo. Créeme, nunca había visto a una persona comer tan rápido. Mientras comía, sus ojos estaban llenos de lágrimas. Eran las lágrimas de la felicidad».
Al igual que al Buda, el chef fue marcado de por vida por este hecho.
Luego de pensarlo, renunció a su trabajo y desde 2002 se dedica a alimentar a «los olvidados»: ancianos, pobres, enfermos mentales y hombres santos*.
Pero su labor no sólo abarca la alimentación. También corta el cabello y afeita a casi 400 personas al día. Es un trabajo de tiempo completo.
En palabras de Narayanan:
—Alimentamos a los indigentes, a los viejos y a los enfermos mentales que han sido abandonados por la sociedad. La gente está sufriendo por falta de alimento. Si no los alimentamos, morirán de hambre.
«Les corto el cabello, los afeito y los baño. Para ellos, sentirse de nuevo seres humanos ha tenido un gran impacto psicológico. Les da una mano en la cual apoyarse y esperanza para vivir.
«El alimento es una parte. El amor es la otra. Así que la comida les da nutrición física, pero el amor y afecto que les muestras les da nutrición mental.
«Todos tenemos 5.5 litros de sangre. Yo soy sólo un humano. Para mi todos son iguales.
«Existen miles y miles de personas sufriendo.
«¿Cuál es el propósito máximo de la vida? Es dar.
«Comienza a dar. Experimenta la felicidad de dar.
Esta inspiradora historia hace que nuestra mente vuele y pensamos que Narayanan y todas las personas generosas tienen un halo divino en ellos.
Pero esto está muy lejos de la realidad.
Narayan, tú o yo somos exactamente igual. Todos tenemos al rededor de 5.5 litros de sangre.
La diferencia es que él decidió dejar de lado su ego para mejorar a la humanidad.
Todos tenemos Naturaleza del Buda en nosotros. Es cuestión de quitar la basura que la cubre.
¿Hasta cuándo comenzarás a dar?
——-
* En India es común ver a los bikkhu en la calle. Son hombres que renunciaron a todo para buscar la iluminación. Viven en las calles en condiciones infrahumanas.
Esta mañana preparaba el desayuno cuando tocaron a la puerta.
Era un hombre viejo, con bigote y ojos amables. Lo reconocí porque lo he visto antes caminando por la calle. Vestía ropa cómoda y en su cabeza llevaba una gorra de algún equipo de futbol.
—Buenos días —dijo con una sonrisa.
Respondí tanto a la sonrisa como al saludo.
—Me he estado acordando de usted porque siempre veo que sale a correr. Aunque no lo he visto desde hace una semana —reclamó.
Le expliqué que he estado enfermo, pero prometí que tan pronto la tos se fuera, regresaría a mi entrenamiento. Como el hombre habló con tono tranquilo y sonriendo, no sentí desconfianza. Quizá curiosidad.
—En el periódico salió este suplemento para corredores —me extendió la revista para que la viera—. Trae información para que caliente mejor, haga estiramientos y el calendario de carreras de la ciudad. Estoy seguro de que le va a servir.
Tomé en mis manos la publicación, leí el título y mi sonrisa creció de oreja a oreja.
Le agradecí y le dije que me iba a ser de mucha utilidad. Le prometí que lo leería para aprender.
Comenzó a despedirse, estrechó mi mano y le pregunté su nombre:
— Raúl.
Y se fue. Cerré la puerta, dejé la revista en mi escritorio y continué preparando el desayuno. Por supuesto, estaba yo muy feliz.
Me di cuenta de que había sido objeto de un acto aleatorio de generosidad. Don Raúl no me conoce, no estamos relacionados de ninguna forma, pero aún así pensó en hacer algo bueno por alguien.
No lo esperaba y jamás imaginé que alguien se interesara por mi afición de correr.
Estas pequeñas acciones son las que restauran la confianza en la humanidad.
Podrán haber malas noticias, crisis mundial, políticos corruptos y personas malintencionadas; la amabilidad es parte de nuestra programación genética.
Cuando rompemos la barrera de la vergüenza y del ego para hacer algo por los demás, construimos un mundo en el que vale la pena vivir.
Muchas gracias, Don Raúl.
¿Has sido objeto de un acto de generosidad aleatorio? ¿Has hecho alguno?
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Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi