por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 5, 2013 | Productividad, Vida, Vida oficinal
¡Me super URGE! es una de las frases más comunes en las oficinas en México.
Implica que algo es de suprema importancia… pero en superlativo, exagerado y expandido. Si el conflicto no es resuelto o la petición no es atendida en tiempo inhumano, habrán serias consecuencias.
Y claro, es una de las oraciones más estúpidas que jamás escuché.
Cuando alguien lanza esta gema lingüística, por lo regular lo hace para:
- Fingir que está trabajando más que tú.
- Para exhibir su pequeño nivel de poder.
- Para declarar su incompetencia y su pobre planeación.
- Para compartir su miseria y tensión con todo el ecosistema oficinal.
Con esto se logra avanzar en el trabajo apilado y también poner tensos a todas las partes interesadas en el proyecto en cuestión.
Y es bastante triste, en realidad.
El lenguaje jamás es inocente. Todo lo que decimos tiene una intención, y ¡Me super URGE! es quizá la frase más egoísta que pueda existir.
Pasa por alto las necesidades, sentimientos y carga de trabajo de otras personas; para satisfacer los deseos y frustraciones de alguien con un poco más de poder.
Convierte en objetos a las personas que tienen la desgracia de estar un nivel más abajo en la jerarquía de la oficina.
Obliga a la gente a trabajar a toda velocidad, incrementando el margen de error y las posibilidades de fracaso. Y cuando las cosas salen mal, al que le super URGÍA el proyecto, se desligará de toda responsabilidad.
Sé que es difícil evitar el ¡Me super URGE!, pero no imposible.
Si tienes buena planeación, un método de productividad que funcione y sabes decir que no a trabajos de emergencia, poco a poco tu entorno se volverá más amable. Lo digo por experiencia.
Al final de cuentas, nuestro trabajo hablará por nosotros.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ene 28, 2013 | Budismo, Vida

NOTA: Este post está obsoleto. Por favor lee la nueva versión aquí.
El budismo es una filosofía que llama a muchas personas, pero existe tanta información y fuentes diferentes, que es difícil saber por dónde comenzar.
A diferencia de otras filosofías y religiones, al budismo no le interesa reclutar más miembros. No existe un «Vaticano» budista, no hay una autoridad máxima y tampoco existe un camino claro qué seguir. Uno tiene que comenzar a investigar por su parte, dejando toda la responsabilidad en nuestras manos.
Por otro lado, tampoco existe una manera rápida de ser budista. Es un proceso que puede tardar años, así que la paciencia es una de las herramientas más útiles.
Esto podría abrumar a muchos, así que preparé una pequeña lista de pasos a seguir para quien se interese en adoptar las enseñanzas del Buda.
Para comenzar en budismo
1. Entiende que será lento
Saber esperar y vivir un día a la vez es básico. En budismo no existe una iglesia donde por medio de un ritual mágico nos conviertan en practicantes. Llegar a ser budista será un camino largo, pero lleno de crecimiento.
Aquí no hay prisas, no hay límites de tiempo ni urgencias. Sólo disfruta el viaje y nunca te obsesiones.
2. Lee. Mucho
El budismo es una filosofía apoyada 100% en conocimiento; mismo que sólo llega por medio de la lectura. Seguro, puedes ser una persona muy observadora y sacar conclusiones maravillosas; pero si no lees, no tendrás marco de referencia alguno.
El primer paso en la ruta hacia el budismo comienza cuando terminas tu primer libro. Y el segundo paso es cuando terminas el segundo libro.
Y por «libro» me refiero a esas pilas de hojas con letras y sin ilustraciones que ya nadie toca ni por error.
Mientras lees libros, lee foros y blogs. También puedes escuchar podcasts.
Nunca pares de leer.
Cuando estés cansado de leer, lee un poco más.
Budismo para Dummies es un buen libro para comenzar.
3. Medita
Budismo = meditación. No hay salida. Si quieres ser budista, tienes que pasar meditando el triple de tiempo que pasas leyendo.
El conocimiento entra con la lectura, pero necesitas dar espacio y silencio a la mente para que asimile lo que vas aprendiendo.
Por otro lado, la ciencia ha demostrado infinitos beneficios resultantes de meditar con disciplina. En realidad hay mucho qué ganar y nada qué perder.
¿No sabes cómo comenzar? ¡Bienvenido!
4. Aplica lo aprendido
El budismo nos abre la puerta a códigos de conducta éticos y a la tranquilidad interna.
Aplica lo aprendido a tu vida cotidiana, lo mejor que puedas.
Sin duda te toparás con muchas preguntas y dudas. Te darás contra la pared más de una vez y tus valores familiares/personales/religiosos se cimbrarán.
Cuando estés en este punto, será tiempo de buscar un grupo.
5. Encuentra un grupo
Es posible ser practicante solitario, pero formar parte de una sangha (comunidad budista) es muy agradable. Siempre encontrarás talleres, festivales, buena comida y lo mejor: excelentes amigos.
Sin embargo, unirse a un grupo por primera vez puede ser una experiencia dura. Se hablará de temas que no entiendes, habrán códigos de conducta que no conoces y dirán palabras que jamás has escuchado. En suma, te sentirás fuera de lugar.
Por esto, recomiendo mucho que se busque una comunidad hasta después de haber leído dos libros de budismo básico.
¿Qué comunidad budista elegir? Asiste varias veces a diferentes sanghas hasta que te sientas cómodo en alguna. Es cuestión de experimentar.
Y quizá aquí es donde encontrarás a algún maestro que será tu guía. Pero eso no lo sabrás hasta que llegue el momento.
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Cada camino es diferente, así que esta lista es sólo una colección de sugerencias. ¿Tienes algún punto qué compartir? ¡Para eso están los comentarios!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ene 24, 2013 | Budismo, Vida
Uno de los grandes problemas de la humanidad a través de los tiempos, ha sido la xenofobia.
El odio, repudio y miedo hacia las culturas distintas o características genéticas diferentes a la nuestra, se manifiestan de forma irremediable en agresión.
A pesar de que casi todas las leyes y constituciones del mundo hablan de igualdad y de que todos los seres humanos tienen los mismos derechos; la realidad es que el odio hacia lo diferente lo podemos ver justo afuera de la venta… o peor aun, dentro de nuestra casa.
Hablando sólo de México, el racismo es un problema que nos ha seguido por toda la historia y parecería que jamás nos olvidaremos de él.
Odiamos al indígena y despreciamos su cultura y tradiciones. En algún momento convertimos en objetos a las personas con piel morena y menos oportunidades.
Y cuando eso pasa es muy fácil odiarlos e utilizarlos.
Hace tiempo hablaba con una persona que emigró por un par de años a Europa. Él trabajaba para una empresa importante y vivía en un apartamento cerca de su oficina. Todo era bueno para él, excepto el hecho de que contratar ayuda doméstica no sólo era caro, sino que tenía que pagar seguro y pensión al trabajador o trabajadora.
Es decir, en este país las cosas se hacían de forma legal y beneficiosa para el empleado. Como debería ser.
Y él vivía añorando su vida en México, donde una empleada doméstica indígena trabaja por muy poco dinero y sin ningún derecho laboral. Es decir, la mano de obra indígena en México es barata porque él y toda la gente de su nivel socio-cultural, consideran que los mexicanos sin mezcla extranjera son objetos disponibles para su servicio.
No hay leyes, seguridad social ni prestaciones. Es un tipo de esclavitud cotidiana que a nadie parece importarle.
Por desgracia esto es tan sólo un ejemplo. En muchos países latinos sucede lo mismo, y el círculo de la xenofobia nunca termina. Lo pasamos de padres a hijos.
¿No es horrible?
Cambiar la xenofobia no es fácil. La tenemos muy grabada en las idiosincrasias nacionales. Pero con voluntad y poniendo atención a nuestros actos, podemos ver más allá y dejar de etiquetar a la gente, para convertirla en hermanos habitantes de esta Tierra.
Con el corazón abierto debemos mirar a los ojos de todas las personas y entender que todos los seres vivos somos una sola expresión de la vida. Somos moléculas de agua en un océano cósmico.
Todos los actos ignorantes realizados contra cualquier ser humano afectan al universo y a la realidad misma.
La naturaleza del Buda está en todos nosotros. Es cuestión de querer crecer como especie.
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Foto: http://www.elmundo.es
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ene 16, 2013 | Budismo, Vida
En mis años de vida me he encontrado con situaciones y personas muy graciosas que, si se pone la atención debida, resultan en gran aprendizaje.
Recuerdo la vez en la que mi padre quería inventar las palomitas sabor uva. A pesar de que todos le pedimos que no lo hiciera, él decidió seguir adelante con el experimento. A final del día terminamos con una olla explotada, jalea de uva pegada a las paredes y granos de maíz incrustados en la piel de los participantes. Y eso sin mencionar las quemaduras de segundo grado.
También hace algunos años se supo la noticia de que en algún lugar de Asia se estaba llevando a cabo un ritual para la buena fortuna. Los participantes bailaban y brincaban sobre un puente… mismo que no soportó el movimiento y colapsó hacia el vacío, matando a una decena de participantes que jamás vieron llegar la buena suerte. A pesar de la pérdida humana, considero este hecho el pináculo del humor negro.
Y justo esta mañana leí un comentario de una amiga que acaba de dejar la Ciudad de México debido al crimen y la inseguridad. Lleva tres semanas viviendo en París… justo cuando Francia acaba de entrar en guerra y la Ciudad Luz está amenazada con ser destruida.
Si lo vemos en perspectiva, un poco de crimen no se compara en nada contra el riesgo de genocidio. Entonces, ¿qué ciudad resulta más peligrosa?
Sin discutir sobre inseguridad, me llama mucho la atención esta nueva broma jugada por Impermanencia de las Cosas.
Nos movemos por la vida pensando en mejorar, luchando contra la realidad y revelándonos contra lo que no podemos aceptar. Sólo para caer en nuevas situaciones difíciles que crearán nuevas insatisfacciones.
Es un círculo vicioso que jamás será roto hasta que practiquemos Aceptación y entendamos que nada en el universo es permanente.
El crimen no es para siempre, la seguridad es sólo una ilusión, el amor perece, la fama se evapora. Tu madre, todas las personas que amas, tú y yo; todos moriremos algún día.
Con esto no quiero decir que nos tenemos que sentar sin movernos hasta que llegue la muerte. No, lejos de eso. Se trata de entender que no hay nada seguro en la vida y que las situaciones y cosas cambiarán en cualquier momento, nos guste o no.
Nuestro trabajo es nunca aferrarnos a ideales y tener la mente abierta para recibir cualquier cambio de las cosas.
Y así las bromas de la vida comenzarán a causar verdaderas carcajadas.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ene 14, 2013 | Minimalismo, Vida
Este es el tercero de una serie de artículos sobre minimalismo de año nuevo. ¡Feliz 2013! Parte 1. Parte 2.
Durante la cena de Año Nuevo una persona me preguntó cuáles eran mis propósitos para 2013.
De inmediato respondí que mi único propósito es: comer diario.
Soy un convencido de que entre más metas y propósitos nos hagamos, menos cumplimos. Esto es porque nos llenamos de acciones y actividades que satura nuestra mente y perdemos enfoque.
Pensamos que al ser pretenciosos y querer comernos el mundo con la energía que trae el nuevo año, podremos contra todo y contra todos. Nos llenamos de expectativas y fabricamos futuros ideales en nuestra imaginación, bajo el pretexto de que la visualización nos ayudará.
Pero olvidamos que el ego se inflama con facilidad y nubla nuestra visión para que nos aferremos a estas fantasías.
Bajar de peso, viajar, levantarse más temprano, titularse… la lista puede ser interminable. Cuando estos propósitos no se cumplen nos sentimos frustrados y pequeños ante la crudeza de la realidad.
¿No sería mejor simplificar la lista? En lugar de 10 propósitos, es mejor plantearse sólo uno.
Por ejemplo, bajar de peso es quizá uno de los más comunes. Pero el problema es que sólo desearlo no nos lleva a ningún lado. Lo siento, fans de The Secret; su Ley de la Atracción y su mecánica cuántica no sirven de nada si no se toman acciones realistas.
Para cumplir metas hay que ser inteligentes, trazar el camino y ponerse a trabajar. Bajar de peso implica cambiar los hábitos alimenticios, hacer ejercicio y acudir con un especialista; para comenzar a movernos hacia la meta un día a la vez. Sin distracción.
Si mantuviste el enfoque e hiciste todo lo que debías, para diciembre (o antes) habrás llegado a tu objetivo.
La fórmula es simple: plantearse un único propósito, dividirlo en acciones ejecutables y llevarlas a cabo.
¿Porqué mi propósito fue comer diario?
Porque comer diario es una bendición y, por desgracia, no todas las personas en el mundo son tan afortunadas como para llevar arroz a la mesa.
Porque para comer diario necesito estar sano, tener la mente tranquila y productiva para poder trabajar. Si trabajo genero los recursos necesarios para llevar alimento a mi mesa.
Y cuando me alimento tengo energías para seguir adelante en esta gran y maravillosa aventura llamada vida.