por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 1, 2012 | Budismo, Vida
¿Te has preguntado porqué odias a los optimistas? Sí, esas personas molestas que siempre saludan, todo mundo sabe quién son, organizan el pastel de cumpleaños y siempre están pensando en la siguiente fiesta o reunión.
Son aquellos que saludan a todos, siempre están muy bien arreglados (aunque sean feos) y tienen esa estúpida sonrisa en la cara.
Y te molestan porque, ¿cómo es posible que alguien esté de buenas todo el tiempo? ¿Qué nadie se da cuenta que son unos hipócritas?
No tengo dudas de que deben haber personas que realmente quieran engañar a todos con un acto público de optimismo y buena vibra, cuando no todo en la vida es dulce. Quizá encuentren mucho provecho en organizar el pastel oficinal (cortado con circulito en el centro) y se sientan reafirmados cuando todo mundo los saluda.
Pero te son molestos por una razón: no aceptas que haya alguien que esté genuinamente de buenas 24 horas al día.
Claro que por otro lado, también están los optimistas auténticos.
Una persona optimista de verdad es la que siente todo lo que una personal normal siente. Se enoja, tiene días malos, se entristece y llora con la separación.
Pero la gran diferencia entre un optimista de pose con uno real, es que el último está atento a sus emociones, deja que fluyan y se recupera en un corto tiempo.
Y es que estar de buenas es todo un arte que necesita entrenamiento y ganas para en verdad entender que no todo en la vida es oscuro.
En el budismo estudiamos las Cuatro Nobles Verdades y la primera nos dice que la vida incluye el sufrimiento. Al comprender esto, sabemos que así como hay tristeza y abusos, también existe la sonrisa y el cariño por todos los seres vivos.
Al asumir que tu día estará lleno de personas y situaciones difíciles, estás aceptando la materia prima que tienes para construir el mejor día de tu vida.
Y sabemos que hoy es el mejor día porque todo en el universo es impermanente. Nada dura para siempre y eso es el combustible para que aprecies cada segundo que pasas en esta gran aventura.
No podemos estar de buenas todo el tiempo y sería ingenuo creerlo de corazón.
Pero podemos disfrutar lo que somos y lo que tenemos tan sólo por un día.
¿Mañana? En verdad no importa.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 28, 2012 | Budismo, Inspiración, Vida, Zen
Aquel que busca su misión verdadera no querrá perseguir una carrera. Las personas que quieren ser presidentes no saben hacia que rumbo van en la vida.
Sus elecciones son tan importantes para ellos que los presidentes y políticos hacen lo impensable por conseguir votos. ¡Idiotas! Aun si me pidieran que yo fuera presidente, diría que no. «¿Qué tan tonto crees que soy?», diría.
Alguien pierde la elección presidencial y llora. La siguiente ronda gana la elección y sonríe a la cámara. ¿De todas formas, cuál es la diferencia entre políticos y niños? Funciona exactamente igual con un niño que llora: le ofreces algún dulce y una sonrisa termina con sus lágrimas.
Un poco más de madurez en los políticos sería bienvenida.
Quien usa su curriculum como plataforma para ser, es un fracasado.
Había una vez un megalómano en el hospital de Sugamo que se llamaba así mismo «El Shogún Ashiwara». Se colgaba una medalla de cartón en su cuello y decía palabras dignas a todo el que conocía. Ahora que la guerra ha terminado, podemos ver con claridad que nuestros militares no eran diferentes. Y ahora quieren volver a instituir las medallas.
Luego de ganar la Guerra Ruso-Japonesa, pensamos que habíamos ganado colonias. ¿Pero en realidad qué ganamos? Luego de perder la Segunda Guerra Mundial, nos percatamos de que sólo habíamos ganado el odio de los rusos.
Todo mundo habla de lealtad hacia la madre patria. La pregunta es, ¿hacia dónde nos lleva este patriotismo? Estaba yo muy convencido de Japón cuando fue a la guerra contra Rusia, pero después de nuestra derrota, me di cuenta que hicimos algo que nunca debimos.
En todo caso, es mejor no crear guerras nunca.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
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NdT. A pesar de que este texto tiene palabras fuertes sobre la historia guerrera de Japón, Master Kodo toca el tema de la política y de los títulos. Una persona jamás valdrá más por sus títulos, sino por su calidad humana.
Zen y política nunca se han mezclado bien desde los tiempos de Master Dogen (1,200 – 1,253 dc), debido a que los políticos son la antítesis de toda la bondad humana. Desde entonces los maestros zen se han mantenido alejados de ellos. Es curioso, sin embargo, que algunos políticos han recurrido a la asesoría y consejo de los maestros zen a lo largo de la historia japonesa.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 26, 2012 | Budismo, Vida
Sin importar la batería de quejas que escucho y leo todo el tiempo, vivimos en una época emocionante y que no para de sorprender.
Comparado con el mundo que teníamos después de la Segunda Guerra Mundial, parecería que vivimos una fantasía futurista en la que disponemos de tecnología que sólo podía ser posible en la imaginación. Desde cosas que damos por hecho como la refrigeración en casa, hasta la realidad de tener una estación espacial volando sobre nuestras cabezas, la ciencia y los avances en comunicación no paran.
Cada día al encender mi computadora, agradezco a los miles de científicos e ingenieros que han trabajado innumerables horas para que ver mi correo mientras escucho Kitaro en streaming, sea un proceso transparente y automático.
De todo este gran universo de tecnologías disponibles, quizá el que más quiero es la Web. Esta es una de las innovaciones más significativas en la comunicación humana desde que Gutemberg inventó la imprenta.
Gracias a la web (que no es lo mismo que Internet) me gano la vida y tengo un trabajo decente, me comunico con familia y amigos, escucho música, veo películas y series, compro libros y juegos, hago operaciones bancarias y leo noticias.
Pero lo más importante de todo: la web me da una plataforma para el crecimiento personal. Es el lienzo donde doy forma mi creatividad y es el lugar en el que comparto un espacio virtual con la comunidad budista a la que pertenezco (sangha).
El Chocobuda existe gracias a esta maravillosa interconexión de textos, medios e imágenes.
Para el budista urbano contemporáneo, la web no sólo es un medio de comunicación, sino que es el templo moderno por excelencia.
Aquí acudimos a conferencias, compartimos con la sangha, nacen y florecen relaciones, leemos y escuchamos el dharma y nos sentamos a meditar juntos. Trascendemos el tiempo y el espacio. Estamos en contacto directo con los maestros que viven en otros países. No sólo los leemos, sino que interacuamos con ellos.
En la web crecemos y buscamos llenar el hueco espiritual porque entendemos que del otro lado de una página de texto o un video, está el trabajo de cariño de una persona creativa que decidió dejar un poco de su talento para la comunidad.
Pero al final, así como en otros medios de comunicación, lo que hace a la web ser lo que es, es la humanidad misma.
A todos los que hacen posible este sueño del futuro, gracias.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 24, 2012 | Generosidad, Vida
Este fin de semana fui a la supermercado a comprar algunas cosas que necesitaba. En la fila para pagar, detrás de mi, había una mujer sumergida en su ira, desesperada porque estaba esperando su turno para pagar. Igual que todos los demás, en realidad.
Gesticulaba, gritaba, empujaba a otros, como si eso fuera a borrar a todas las demás personas que esperábamos pacientes nuestro turno. «¡Pero es que esto va a tomar todo el día!», gritaba.
Lejos de enojarme, le mujer histérica se convirtió en objeto de estudio. En ese momento, ella era el catálogo de emociones adversas que son motivo de existencia para el budismo.
Lo que más llamó la atención fue el enorme ego de esta persona. En su mente ella era tan importante, que estaba dispuesta a lo que fuera con tal de que la atendieran primero. Las personas que estábamos ahí nos convertimos en objetos dispensables y susceptibles de ser eliminados.
Un ego inflamado es mucho más letal que el cáncer porque distorsiona la realidad y nos hace tomar las peores decisiones. Erradicamos la existencia de los demás y nos auto-engañamos pensando que el universo está para obedecer nuestros egoístas propósitos.
Si lo ponemos en perspectiva, el ego ha sido el causante de muchos problemas de la humanidad a lo largo de la historia. De pronto alguien decide que su forma de ver la vida es la única que vale la pena y por lo tanto, los que piensen o sean diferentes deberán ser eliminados.
Por eso creo que debemos pasar por encima del ego. Ponerlo bajo una aplanadora y reducirlo a su expresión mínima. Necesitamos destrozar ese pequeño pedestal al que subimos y que hace que la vista se pierda.
Tener un ego bien situado nos ayuda mucho y nos mantiene vivos. Es lo que nos ayuda a decidir lo bueno de lo malo y lo que queremos para vivir mejor. Nos hace entender que hay necesidades más grandes que la nuestra y nos mueve a crear un mejor lugar para vivir, con gentileza y amabilidad.
¿Cómo destrozar el ego? Siendo generosos. Dando a quien lo necesita. Escuchando al desesperado y estando presentes para quienes nos ama (amigos, pareja, familia).
Porque en la medida que seamos generosos, ablandaremos el corazón y nos redituará en tranquilidad y una mente más abierta.
Y tener la mente abierta, con el ego bajo control, son la plataforma para una vida más completa.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 21, 2012 | Budismo, Inspiración, Meditación, Zen
No puedes ni siquiera intercambiar un simple gas con la persona de a lado. Todos y cada uno de nosotros tiene que vivir su propia vida. No pierdas el tiempo pensando en quién será el mejor.
Los ojos no dicen: «Seguro, estamos un poco más abajo. Pero podemos ver».
Las cejas no responden: «Seguro, nosotras no podemos ver nada, pero estamos más arriba».
Vivir fuera del buddha-dharma significa satisfacer tus funciones por completo, sin saber que lo estás haciendo. Una montaña no sabe que es alta. El mar no sabe qué tan ancho y profundo es. Cada cosa del universo es lo que es, sin saberlo. El canto del ave y la risa de la flor aparecen de forma natural, independientes de la persona que está sentada meditando al pie del acantilado.
El ave no canta en honor de la persona en zazen. La flor no crece para sorprender a la persona con su belleza. De esa misma forma, la persona que está sentada en zazen no lo hace para obtener la iluminación. Todos los seres se percatan del yo, a través del yo, para el yo.
Religión significa vivir tu propia vida, completamente fresca y nueva, sin ser influenciado por nadie.
¡Oye! ¿Qué estás mirando? ¿No entiendes que estoy hablando de ti?
El imbécil no necesita sentirse apenado por ser imbécil. Los pies no tienen razón alguna para irse a la huelga por ser sólo pies. La cabeza no es lo más importante de todo, y el abdomen no necesita imaginarse que es el padre de todas las cosas.
Es extraño cómo la gente ve al presidente como si fuera una persona importante. La nariz no puede reemplazar a los ojos, y la boca no puede reemplazar a los oídos.
Todo tiene su propia identidad, misma que no puede ser ignorada por todo el universo.
Unos niños capturaron un ratón que ahora se retuerce en la trampa. Se divierten observando cómo el animal raspa con su nariz hasta sangrar y cómo se desgarra su cola. Al final lo arrojarán al gato para que se lo coma.
Si yo estuviera en el lugar del ratón, me diría: «¡Malditos humanos no se divertirán conmigo!». Y simplemente me sentaría en zazen.
Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti
Traducido por Kyonin
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NdT: Este texto de Sawaki Roshi es un poco criptico y rudo, pero nos habla de que cada uno de nosotros es tan importante como el otro. Todos tenemos un lugar igual de fundamental en el universo. Pero no lo sabemos. Si nos sentamos a meditar, esa barrera de ignorancia se derrumbará y podremos ver la realidad como es: todos somos un solo ente. Todos somos el universo.