Para ti, que estás exhausto de pelear con tu pareja

Para ti, que estás exhausto de pelear con tu pareja

La cuestión no es saber quién está en lo correcto. Sólo estás viendo las cosas desde otro punto de vista.

Deja de intentar ser algo especial y sé tú. ¡Detente en seco y siéntate en zazen!

Todo lo malo comienza cuando dices «Yo». Lo que sigue de ahí, es pura ilusión.

Todos se imaginan que su ego nunca podrá cambiar, que es un punto central en el que gira todo el universo al rededor. Existió un hombre que dijo «¡Miren! ¡Todo mundo está muriendo, excepto yo!». Ese hombre lleva varios años muerto.

Todos hablan de casarse por amor, pero, ¿qué no se están casando realmente por sexo? ¿Qué no al final todo se trata de un pene y una vagia? ¿Porqué nadie es honesto y dice que se enamoró de un pene o una vagina?

Cuando puedas, mira la cara de un perro que acaba de tener sexo. Sólo mira al espacio con extraños ojos vacíos. Justo así es con la gente: al trabajan mucho hasta llegar al frenesí, para que al final no quede nada.

Un hombre que no entiende nada, se casa con una mujer que no entiende nada. Luego todo mundo dice, «¡Felicidades!». Eso sí que es algo que no entiendo.

Una familia es el lugar donde padres e hijos, esposa y esposo, se ponen de mal humor mutuamente.

Cuando un niño adopta una actitud desafiante,  los padres maldicen, «¡No entiendes nada!». ¿Pero cómo son los padres? ¿No es verdad que tampoco ellos entienden nada? Todo mundo está perdido en su ignorancia.

Todos hablan de educación, ¿pero para qué nos estamos educando? Para ser ciudadanos comunes, eso es todo.

Es más gracioso observar a los monos en el zoológico, siendo observados por los humanos sueltos.

Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti

Traducido por Kyonin

La diferencia entre placer y felicidad

La diferencia entre placer y felicidad

Es triste ver que con mucha frecuencia la gente dice bromas como: «El dinero no es la felicidad, pero es mejor llorar en un Ferrari».

Esto genera risas y comentarios graciosos en las redes sociales, pero el hecho de que exista una broma al respecto dice mucho de cómo el concepto de felicidad se confunde con el de placer.

De pronto tener el último objeto de moda, el mejor viaje y las comodidades más lujosas, son sinónimo de felicidad.

Y esto no puede estar más lejos de la realidad.

El placer es una ilusión dependiente del lugar, del tiempo y del espacio. Además, el placer cambia de naturaleza y muy pronto se convierte en incomodidad.

¿No me crees? Piensa en esto: una porción de helado de fresa, es deliciosa y placentera. Dos porciones está bien. Con tres porciones estamos empalagados y comenzamos a toser por el enfriamiento. Y aunque nos esforcemos, no llegamos a la quinta porción y nos vamos a buscar lo siguiente que sea placentero.

Sin duda los objetos materiales y las experiencias relacionadas con el dinero, promueven un estado de contento. Pero nunca tenemos suficiente, ya que seguimos en la búsqueda del placer. Un nuevo móvil, un mejor viaje, un auto más lujoso, una pareja más atractiva, una mejor experiencia sexual… y la lista sigue hasta la eternidad.

Con esto dicho, es un grave error confundir felicidad con placer.

Felicidad es llegar a un profundo sentimiento de serenidad y satisfacción de la vida como está, independiente de apegos y aversiones. Incluye estar en paz con el pasado y con la idea de que todo en la vida es transitorio.

Es por esta razón que un campesino en Myanmar, que no tiene nada más que una modesta choza de paja, sea más feliz que un alto ejecutivo rodeado de lujos en el mundo capitalista.

No importa la cultura o el grupo étnico al que pertenezcamos, el ser humano siempre va a buscar la felicidad. Si esto es una gran verdad, ¿porqué disfrutamos tanto la amargura, la tristeza, la ira y los celos?

Debido a que estamos enamorados de nuestro ego. Buscamos tanto acumular experiencias y posesiones  que de pronto olvidamos aceptar la vida como está. Dejamos crecer al ego sin control alguno. Buscamos más reconocimiento, más velocidad, más placer… ¡Es una locura!

Hasta que no hagamos una revisión interna y seamos 100% honestos de cuál es la raíz de nuestra felicidad, seguiremos en esta eterna rueda de hamsters en la que sólo andamos sin llegar a ningún lado.

Cuando estemos contentos con las cosas como son, con lo que somos y tenemos. Cuando aceptemos a todos los seres vivos sin reserva, sin mentir, sin abusar y sin manipular; entonces habremos llegado a casa.

Y esta casa tiene un letrero pequeño y discreto que dice Felicidad.

 

 

(Pst, pst… la palabra clave de la felicidad es GENEROSIDAD, pero no le digas a nadie. Es secreto.)

5 pasos simples para obtener paz mental

5 pasos simples para obtener paz mental

No pienses que meditar es sólo para quien practica budismo o yoga. La meditación es una herramienta mental que es parte de tu cuerpo y no tiene costo alguno.

No debes ser un monje budista o un místico consumado para meditar. Cualquiera puede hacerlo en la oficina, el baño y hasta en la cocina. ¡Sólo requiere poner atención!

La ciencia ha encontrado beneficios genuinos de la meditación consciente, que van desde apoyo a la psicoterapia, adicción o cura del insomnio.

La práctica constante de los siguientes ejercicios simples  puede ayudar a calmar la mente, el cuerpo y te ayudarán a soltar pensamientos auto destructivos.

1. Enfócate en la respiración

Entra de lleno a la experiencia de llenar tus pulmones de aire, proceso que comienza desde la nariz y va hasta los pulmones.

Siente cómo tu pecho se expande y tu abdomen se mueve. Siente el latir de tu corazón y visualiza cómo la sangre es llevada a cada rincón de tu cuerpo.

Continua poniendo atención, pero ahora al exhalar. Observa cómo el aire que sale de tu nariz se mezcla con el aire del mundo alrededor, hasta que tus pulmones se vacían y están listos para inhalar de nuevo.

Observar la respiración es una gran manera de conectarnos con el cuerpo y con el mundo que nos rodea, de una forma mucho más íntima.

2. Reconoce el dolor

Es normal que nuestra primera reacción al dolor sea de rechazo. Pero la meditación nos lleva hacia el dolor. Si hay dolor en alguna parte del cuerpo, centra tu atención en él.

¿Qué clase de dolor es? ¿Es largo, agudo o sólo es ligero?

Cuando nos acercamos al dolor de esta manera y lo aceptamos, nos volvemos uno con él.

Y cuando el dolor y nosotros somos uno, entonces ya no queda nadie para sentirlo.

3. Suelta la tensión

Ahora explora la parte del cuerpo que esté tensa. Revisa tus hombros, mandíbula y piernas. De forma consciente, suelta la tensión a la que te aferras.

Si permanece, mírala con toda la compasión que puedas. Entiende de dónde viene la tensión. Te aseguro que encontrarás orígenes que no imaginas.

4. Fluye

Cada vez que inhales, visualiza tu respiración yendo directamente hacia la parte con dolor. En cada exhalación, siente cómo el aire sale de esta parte, con toda tu atención.

Después, lleva tu atención hacia otras sensaciones; como la gravedad jalando tu peso hacia la tierra o el roce de tu ropa.

5. ¡No te des por vencido!

La única manera de hacer mal la meditación es no haciéndola. Aunque la encuentres extraña, aburrida o frustrante, la práctica es lo único que hará que obtengas los beneficios de sentarte a meditar.

Poco a poco dejarás de preocuparte por el futuro y de abrazar el pasado. Verás las cosas como realmente son.

Imagen por Melaine Weidner http://listenforjoy.com

Para ti, que estás exhausto de pelear con tu pareja

Para ti, que quisieras dejar a tus rivales en el polvo

Con frecuencia nos preguntamos quién es el mejor. ¿Pero qué no estamos todos hechos de la misma bola de arcilla?

Todos deberíamos permanecer anclados con firmeza en donde no existe «mejor» o «peor».

Tu vida completa ha sido una locura porque te la pasas pensando que es obvio que existe un «yo» y «los otros». Actúas en esta ópera donde destacas de la muchedumbre, pero en realidad ni «tú» ni «los otros» destacan. Cuando mueras lo entenderás.

El buddha-dharma significa integración sin costuras. ¿Qué costura corre entre tú y yo? Tarde o temprano terminaremos actuando como si una costura separara a amigo y enemigo. Cuando nos acostumbramos a esto, pensamos que esta costura existe de verdad.

Pobres y ricos, importantes y no importantes… ¡Nada de eso existe! Sólo es brillo en las olas del mar. Aun así, hay quien maldice al Buda porque están atorados en la infelicidad o porque alguien es más feliz que ellos.

Felicidad y amargura, importante e irrelevante, amor y odio… Todo mundo hace un alboroto por estas cosas. El mundo donde nada de esto existe, es el mundo del hishiryo.*

En occidente dicen: «El hombre es el lobo del hombre». El primer paso en la filosofía es que los lobos deben dejar de morderse unos a otros.

En el buddha-dharma no hay tal cosa como ganar o perder, amor u odio.

Algunos quieren presumir su «iluminación». Pero es claro que algo que se tenga que presumir, no tienen nada que ver con la iluminación.

Por Sawaki Kôdô Rôshi, de su libro Para ti

Traducido por Kyonin

* Hishiryo: Estado mental y filosofía de vida promovida en el Zen, donde se existe en el no-pensamiento. En palabras muy simples, es cuando nos liberamos de los apegos mentales y no complicamos los hechos de la vida con nuestros propios contenidos agregados.

Hishiry? fue descrito por primera vez por Master Dogen, creador del Budismo Zen, en su obra máxima Shobogenzo, escrita en 1235.

Acaba con la tristeza en un sólo paso

Acaba con la tristeza en un sólo paso

Uno de los sentimientos más humanos es la tristeza. La experimentamos cuando nos creemos en desventaja, tenemos una pérdida, nos sentimos impotentes y con dolor emocional.

No hay nada de malo sentirnos tristes de vez en cuando al ver que las cosas son diferentes a como las imaginamos o nos enfrentamos a una despedida. De hecho, estar tristes es parte del proceso natural de reconstrucción. Digamos que es el equivalente a la picazón en una herida que cicatriza y sana.

La tristeza nos ayuda a generar catarsis, a analizar las cosas y a aprender para seguir nuestro camino. Es un instrumento útil e ineludible de la experiencia de ser humanos.

Pero la tristeza se convierte en un problema cuando dejamos que el ego se monte sobre ella. Estar tristes es una gran excusa para ponernos en un pedestal y dejar que el universo gire alrededor de nosotros.

El ego nos hace expandir el sentimiento de pérdida y soledad porque no puede dejar ir los apegos que nos hayamos generado.

Y es que nos apegamos a todo lo que se pueda. Nos aferramos como locos a momentos significativos, a personas, a objetos y a ideas. Como estos apegos son agradables, olvidamos la verdad absoluta de la vida: todo se termina. Entonces cuando el fin llega, el dolor es inmenso.

De pronto parecería que la disfrutamos. Escuchamos canciones que nos bajan aun más la moral, vemos películas depresivas y nos empeñamos en hacer drama frente a otros para que nos levanten.

Así la tristeza se convierte en tu espectáculo personal de vanidad.

¿Porqué me pasa esto a MI? ¿Cómo YO permití que las cosas se pusieran así? Soy YO la víctima. Abusan de MI buena voluntad. ME dejó mi novio/novia. ME agredieron. ME hicieron esto y aquello. YO sufro. YO lloro. MI vida nunca volverá a ser la misma.

Yo, mi, me, yo, yo, yo, yo y más YO.

Al final la tristeza, cuando ya pasó su nivel útil, no es otra cosa más que tu grande y gordo ego sentado en una columna de 30 centímetros de altura, sintiendo mareos y vértigo.

Pero con todo esto dicho, ¿cómo acabar con la tristeza? Fácil:

Deja de pensar en ti y haz algo bueno por alguien más. 

Cuando sientas que la tristeza te inunda y ya no puedes más, es momento de ser generosos con los demás.

Puedes donar tiempo o dinero a alguien que lo necesite, limpiar la basura de un parque, ayudar a un desconocido en la calle, arreglar la casa de tus padres… o algo tan sencillo como servir una taza de té a quien más quieras.

Al hacer algo bueno por alguien y centrarte en las necesidades de otro, estás controlando al ego porque te darás cuenta de que no eres la única persona el universo que sufre. Y mejor aún, entenderás que hay problemas mucho más grandes y complejos que los tuyos.

Ayudar a los demás nos da perspectiva de nuestro propio sufrimiento porque lo vemos desde afuera.

Y entonces entendemos que no es tan grande ni tan importante como el ego pensaba.