Agradecer cada bocado [Blog Action Day 2011]

Agradecer cada bocado [Blog Action Day 2011]

No podemos construir un mundo pacífico con estómagos vacíos y miseria humana

Norman Bourlag. Héroe

Sí, ya sé que voy muchos días atrasado con el Blog Action Day, pero de cualquier forma creo que el tema es muy importante y hay que sacarlo siempre que se pueda.

Desde que vi el tema para este año, muchas alarmas sonaron en mi cabeza porque recientemente me he estado reeducando en la forma de comer y en mi relación con los alimentos. Imposible no tomarlo de manera personal.

En el mundo del Zen, el alimento y quien lo prepara son vistos como el pilar del templo. El cocinero es quizá la persona más reverenciada y respetada porque gracias a su trabajo los monjes pueden comer y seguir estudiando.

En la vida cotidiana el cocinero es, quizá, la persona que más olvidamos porque simplemente compramos, comemos sin pensar y seguimos adelante.

Pasamos por alto no sólo el trabajo de quienes están en una cocina, sino que olvidamos que detrás de una zanahoria en nuestro plato, existen horas de trabajo.

Sí, ya sé que los fundamentalistas en contra de la industrialización del alimento me van a replicar, pero el hecho consumado es que cada grano de maíz, lo querramos o no, lleva mucho esfuerzo humano detrás.

Y lo olvidamos.

Desperdiciamos comida como si siempre la tuviéramos o como si nunca se fuera a terminar. Y si te digo que existen escenarios reales en el mundo donde no la hay, donde hay niños que tienen que cazar lagartijas para comer, ¿me creerías?

El hambre y el desperdicio de alimentos y esfuerzo humano son tragedias lamentables que opacan todo el progreso humano hasta ahora.

¿Cómo es posible que estemos gastando en tanques de guerra, entretenimiento o campañas políticas, cuando este dinero podría ser usado para mandar comida a los pueblos que lo necesiten? Esta realidad humana me supera. No la entiendo.

Existen muchísimas causas políticas y sociales por las cuales aun al día de hoy tenemos personas con hambre. Existen actores e instituciones tan poderosas que está en sus manos hacer llegar o no el alimento a los necesitados, pero los intereses particulares pesan más.

Con todo, creo que el poder de uno es mucho más grande que el de una corporación. Y estoy seguro que tú, en casa y en tu cuerpo, puedes hacer un mejor uso y tener una relación mucho más humana con los alimentos.

¿Cómo? Bienvenido a mi oficina.

  • No desperdicies
  • Consume sólo lo que necesitas
  • Compra en mercados y tianguis (mercados móviles)
  • Apoya a los productores locales
  • Infórmate. Come alimentos que te benefician, no que ponen en riesgo tu salud
  • Come lo suficiente y no abuses
  • Reconoce todo el trabajo humano detrás de cada bocado
  • AGRADECE cada vez que sientas alimento en tu estómago. No todos son tan suertudos

Pero el punto más importante de todos:

Sé generoso y ayuda

Si tienes la fortuna de poder llevar comida a tu mesa y que nada te falte, haz un esfuerzo extra y comparte tu alimento. Claro que también puedes compartir un poco de dinero a instituciones que se dedican a mitigar el hambre en tu país.

¿No estás en buena posición como para dar  dinero? Ayudar es tan fácil como dar un clic con el mouse.

http://www.thehungersite.com

En The Hunger Site cada clic al día que des, equivale a una taza de comida para alguien que lo necesita. Así que despégate de Facebook y Twitter y haz clic cada mañana. Te tomará sólo unos segundos.

¿Tienes alguna experiencia ayudando a quien necesita alimento? ¡Compártela en los comentarios!

R de Responsabilidad [El Abecedario del Choco Buda]

R de Responsabilidad [El Abecedario del Choco Buda]

Una persona me dijo hace algún tiempo:

Es que no fue mi culpa haber engañado a mi esposa. La culpa fue del maldito alcohol.

Al escuchar esta, la más pobre de las excusas,  mis ojos se tornaron blancos, mi piel comenzó a cambiar de color hacia el verde, mis músculos crecieron rompiendo mi camisa y mi pantalón morado quedó ajustado. HULK SMASH!

¿Cómo es posible que una persona adulta, que sabe perfectamente lo que le conviene y lo que le hace daño, sea capaz de echar la culpa a un agente externo tan tonto como el alcohol?

Corríjanme si me equivoco, pero según mi pobre lógica, el alcohol no entra solo a un cuerpo, ¿o sí?

Luego de convertirme en Hulk por el enojo con mi amigo, me tranquilicé y me puse a pensar.

Buscar pretextos, excusas e historias para no aceptar nuestra responsabilidad en la vida, es de lo más común. Y es una pena porque a la larga los costos personales y sociales son altísimos.

La mente que evade responsabilidades es la mente capaz de mentir, de manipular, de odiar y de no respetar la vida.

Cuando no tomamos en serio las consecuencias de nuestros actos es muy fácil auto engañarnos y culpar de todo a entes supremos, el clima, la situación política y un sin número de factores que nos inventamos. Y es que para las excusas nuestra creatividad es ilimitada.

Al final quienes sufren por la evasión de responsabilidad somos nosotros mismos. Debilitamos nuestro carácter y nuestra entereza. Ponemos en riesgo nuestra credibilidad porque cuando se trata de un problema mayor, es mucho más fácil buscar culpables que soluciones.

Por supuesto no estoy diciendo que toda la evasión de responsabilidades sea terrorífica. Pero sería agradable que todos pusiéramos de nuestra parte para aceptar lo que nos toca.

Todas nuestras acciones, buenas o malas, tienen repercusiones. Es como tirar una piedra en un estanque y provocar ondas en el agua. No importa la fuerza con la que arrojemos la piedra, el agua siempre generará ondas que se expanden por todos lados.

Cuando somos generosos, amables y ayudamos a los demás; estamos creando ondas de buena voluntad que viajan por todo este estanque llamado vida.

Si engañamos, mentimos y evadimos responsabilidad, el estanque se llena de ondas de mala calidad que afectan a todos.

Y no es cuestión de pensar mágicamente, es simple lógica. Todo lo que hacemos tanto hacia nuestro cuerpo como a hacia los demás, repercute y pronto regresará a nosotros.

¿En qué estanque quieres vivir? ¿Buscas pretextos para no aceptar lo que hiciste o para justificar tus acciones?

Recuerda que la calidad de tu vida depende de la calidad de tus acciones.

 

Cuatro años sin auto: lecciones aprendidas

Cuatro años sin auto: lecciones aprendidas

La bicicleta funciona con tu energía y te ahorra dinero. El auto funciona con dinero y te vuelve gordo.

Por estos días, hace cuatro años me encontraba harto de mi coche.

Pasaba hasta 6 horas conduciendo y evadiendo otros conductores furiosos en un mar de autos que parecían consumir mi humor y mis mejores días. Sí, leíste bien. 6 horas.

Cuando iba a ver a algún cliente, llegaba de malas, muchas veces tarde y parecía que tener auto me ponía en una carrera por sacar el máximo provecho del tiempo. Pero esta carrera no virtuosa sólo se traducía en estrés. Y así estuve 13 años de mi vida.

Un buen día tuve que vender mi auto y lo primero que pensé fue ¿qué voy a hacer sin él? Por un momento el mundo se me cerró.

¿Cómo salir a ganarme la vida sin un auto? ¿Qué pensarían mis padres, mis amigos y la gente al rededor?

Poco a poco me fui acostumbrando a estar sin auto y con el paso de los días, que se convirtieron en meses, comencé a apreciar la paz mental que significa no tener que conducir a diario.

Y con los años puedo decir que soy un hombre muy feliz sin auto y que espero pasen muchos años más para que, siquiera, tenga que pensar en uno.

Estas son algunas de las lecciones aprendidas:

Sin estrés callejero

Vivo sin tensión en la calle. No tengo que cuidarme de otros conductores irresponsables o iracundos.

Soy lector hasta la muerte

Cuando dejé de preocuparme por manejar mi coche y usé transporte público, casi de forma automática aumentaron los libros leídos por mes. Eso siempre es bueno.

Cuido el ambiente

No contamino porque no tengo auto. A mi no me puedes culpar de esa linda nata de humo que flota sobre tu cabeza. Y cuando uso transporte público, trato que sea eléctrico.

Camino

De ninguna manera puedo decir que soy atleta. Pero sí puedo decir que tengo la capacidad de caminar varios kilómetros al día. En todas mis salidas doy por hecho que caminar es parte de mi vida, así que lo hago con gusto. Aire libre, ver la vida en mi ciudad y percibir a la gente es una experiencia maravillosa.

Vida tranquila

Uno de los argumentos constantes con los que se justifica el uso del auto es la seguridad. Nada más falso. En mis años como caminante y usuario de transporte público, nunca he tenido un atentado de ninguna especie.

Cuando tenía auto: me robaron, abrieron el auto, lo vandalizaron, tuve problemas con policías corruptos… y la lista sigue.

Estando a pie, la vida es dulce y tranquila.

El dinero dura más

Tener auto es muy caro. Mucho más de lo que recibe uno a cambio. Entre impuestos, reparaciones, combustible, estacionamientos, mantenimiento y seguros, tener auto ya no me hace sentido.

Al vender mi legendario Golf, me di cuenta que era como si hubiera recibido un aumento de sueldo.

Soy más responsable de mis horarios

Tener auto da un sentimiento ficticio de libertad. La frase es que puedo ir a donde sea, cuando quiera, es muy común. Pero esa libertad, en muchas ocasiones es contraproducente.

No tener auto me ha vuelto mucho más consciente de mis tiempos. Para una cita a las 16:00, consulto el mapa para llegar y las rutas disponibles. Con ello calculo el tiempo que necesito y lo uso.

De la misma forma, si tengo que salir de noche, lo evito (así eliminas riesgos innecesarios). Y si salgo, acomodo mi tiempo para siempre tener transporte de regreso a casa.

Alguna ocasión me preguntaban el tiempo que se hace del punto X al centro de la ciudad. Mi cerebro calculó el tiempo en páginas del libro del momento. Llegar al centro está a 15 páginas de distancia.

Definitivamente la vida sin auto no es para todo mundo. Sólo algunos hippies locos como yo lo pueden soportar.

Y ya sé que seré ampliamente atacado por los entusiastas de los autos, y eso es bueno porque cuando sentimos que nos mueven el tapete, estamos pensando y considerando nuevas ideas que contradicen nuestros esquemas.

¿Soy un rebelde que va en contra de la sociedad? Sí. Lo soy. Y me encanta.

Quizá en el futuro vuelva a tener coche. De momento no lo necesito y así pretendo estar por el mayor tiempo posible.

¿Estoy en un error? Por favor, ¡dímelo todo en los comentarios!

 

Cada paso es una victoria completa

Cada paso es una victoria completa

Mi Zen Master me dice todo el tiempo:

Cada paso es una victoria completa. Cada paso es una llegada completa. Nada que ponerle, nada qué quitarle. Todos los momentos de tu vida son completos.

Y con esa filosofía, que dice mucho de la actitud que tomo en la vida, por fin corrí mis primeros 5 kilómetros el domingo pasado.

El aprendizaje fue enorme. No sólo porque vi cómo es el ambiente en una carrera deportiva, sino porque aprendí que este cuerpo de mamut puede correr, cansarse, lastimarse, pero seguir hasta el final.

A pesar de que no soy ajeno al ejercicio por mis años en artes marciales,  dejé de practicar por tanto tiempo que ya había olvidado lo que se siente retarte al punto del dolor.

Mi mente había guardado las lecciones que vienen de vivir con esa intensidad los momentos que llegan y no sabes cómo categorizarlos.

Y es que justo así es la vida. Todo el tiempo nos llegan situaciones a las que debemos adaptarnos para tomar decisiones; situaciones inesperadas y aprendizajes que si no tomamos, quedan en el olvido y no sirven de nada.

Pero tener altas expectativas y esperanzas para lograr tus metas no es suficiente. Hay que echar manos a la obra y comenzar.

A veces necesitamos poner de lado los planes, las grandes estrategias que surgen en nuestra mente porque al final se vuelven bloques insuperables.

Hay que comenzar. Un paso a la vez. Un minuto, una hora, un día a la vez. Buscar siempre poner un pie detrás del otro.

Es hoy el momento que necesitas vivir. Este segundo de este día es una victoria para la vida. Aun si estás deprimido, si sientes que no hay nada porqué luchar, la vida no se detiene y te pone en el asiento frontal para que experimentes todo en carne propia.

Si la vida no se detiene es mil veces mejor fluir con ella y adaptase, a quedarse mirando desde la tribuna. 

¿Hasta dónde llegaré con el running? No lo sé. No tengo idea. Lo único que es cierto es que mientras escribo esto mi mente está aquí, leyendo y construyendo un texto.

Cada paso que das es una llegada completa. Nada que agregar, nada que cambiar. 

No importa lo mal que esté la economía mundial, la seguridad, los políticos, el corazón. Aun con todas las complicaciones y barreras que existan, hoy es el mejor día de tu vida.

Niños: enseñándoles generosidad, desapego y ética

Niños: enseñándoles generosidad, desapego y ética

 

Foto: Wiltshire News, Swindon Local News

Ayer durante una discusión con respecto a este artículo de Forbes, unos grandes amigos y yo tuvimos una discusión sobre cómo enseñar a los niños sobre el desapego y generosidad, en un mundo que parece premiar a quienes toman ventaja y abusan de los demás.

El argumento de la plática se tornó a cómo enseñar estos valores, sin que se sea tan bueno que los demás pasen por encima de quienes practican la ética.

Lo que yo creo es que el desapego, la honestidad y la generosidad se pueden enseñar efectivamente a los pequeños. Y no, no es difícil. Requiere tiempo y dedicación, pero sobre todo, que nosotros mismos comprendamos el mensaje.

Ahora, estos mensajes no son del budismo. Son simplemente de sentido común. Entre menos compartido seas, más amargado y egocéntrico serás . Entre más mentiras digas, más solo te quedarás al final y tendrás consecuencias MUY graves que pagar.

Si los adultos comprendemos el mensaje, es más fácil pasarlo a los hijos.

Si tus hijos te ven sufriendo porque no tienes el automóvil X o los nuevos BD de Star Wars, les estás dando el mensaje de que sufrir por objetos es lo que se debe hacer.

Si tus hijos te ven insultando a alguien que te rebasó en la calle y luego le avientas el coche, les estás diciendo que tomar venganza es correcto y (peor aun) que usar armas para lograrlo es mejor. Sí, el «echarle lámina» a alguien es utilizar el coche como arma.

Si les dices a tus hijos que los Reyes Magos traen juguetes y luego lo desmientes, les estás diciendo que mentir está perfecto si esto crea una ilusión en la víctima. Lo siento, pero la enseñanza de Santa, los reyes y cualquier ser mágico, es nefasta. Destruye el sentido de la honestidad, los enseñamos a esconder cosas y a manipular para su beneficio.

Ahora, por el contrario, si tus hijos te ven donando dinero o tiempo a una institución de ayuda, necesariamente verán que ayudar es lo correcto.

Si cometes un error o dices una mentira, pero luego te disculpas, explicas y enmiendas, verán que su padre/madre es una persona que reconoce y enfrenta las consecuencias de sus actos.

Si tus hijos ven que jalas a toda la familia a trabajar en equipo para poder comprar un mejor auto, los chicos entenderán el valor de la familia y que las cosas en la vida no son gratis, que hay que trabajar mucho.

Ser coherentes con tus propios valores y tomar el tiempo para explicar y llevar de la mano, parecen ser acciones en decadencia.

Y no, el ser buenas personas no significa que pasarán por encima de los niños. Se trata de enseñar inteligencia para saber enfrentar a la gente difícil, a los corruptos y a los malintencionados. La gente buena es la que le da valor y balance a la vida. ¿No creen que necesitamos más?

A los niños debemos enseñarles a comprender la compasión, a compartir y a trabajar en equipo. Esa enseñanza requiere comprensión y mucha disciplina por parte de los padres.

El daño que nos hemos hecho a nosotros y al ecosistema no sanará hasta que podamos hacer que nuestros pequeños vivan de manera ética.