por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 5, 2010 | Meditación, Vida

Arte por Goro Fujita
Contra todo lo que el inconsciente popular nos indique, la meditación no es mágica, no llama a los ángeles ni hadas, no nos pone en contacto con ningún dios, no es de pachecos o hippies, ni hace que fluya ningún tipo de energía esotérica.
Por desgracia existen muchas malas interpretaciones sobre esta disciplina y, para la desilusión de muchos, la meditación es un proceso mental en cual nos entrenamos para estar contentos con lo que somos, aceptar la realidad y renunciar a los apegos.
La práctica de la meditación es tan antigua como la civilización moderna ya que hay registros de que los sadhu (hombres de India dedicados a explorar sus mentes y renunciar al mundo material), meditaban desde hace más de 2,500 años.
Puesto en palabras rápidas, el proceso de meditar se da cuando uno se toma el tiempo de sentarse al menos 20 minutos en calma y con ojos cerrados, para enfocarse algo tan simple como la respiración.
Puede sonar absurdo y sencillo. «Enfocarse en la respiración lo puede hacer cualquier persona«, podrías pensar. Y sí, lo puede hacer cualquiera, pero tener éxito en ello es otra historia.
Meditar es una actividad en la que nos tomamos el tiempo para enfrentar al monstruo más grande de la humanidad: nosotros mismos.
Esto provoca miedo y angustia, pero es justo el motivo por el cual la meditación tiene tantos beneficios. Entre ellos se encuentran:
- Nos vuelve mejores personas
- Nos ayuda a comprender nuestro lugar en el universo
- Mejora la salud
- Nos da enfoque y mejora la concentración
- Elimina el drama innecesario que nos ha enseñado esta cultura
- Dejamos ir lo que nos hace daño
- Nos da la libertad de aceptar el mundo como es
- Nos enseña a entender que todo es impermanente
De verdad es impresionante lo que la meditación hace con la mente desde los primeros días de práctica.
En próximos artículos iremos exponiendo más sobre este tema, que en tiempos de fin de año y principio de uno nuevo, nos puede ayudar mucho a cumplir nuestras metas y arrancar con entereza.
Creo que da mucho como para armar un taller, ¿no?
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 4, 2010 | Vida

Juicio
Sacar conclusiones adelantadas, criticar a alguien y generar historias en nuestra mente sobre cosas, personas y situaciones, se llama juicio.
El juicio es la evaluación de la evidencia que encontramos (por ejemplo la vestimenta de alguien), y tomamos una decisión con estos datos recabados por nuestros ojos y puede ser un muy buen aliado para la auto mejora y llevar una mejor relación con el mundo que nos rodea.
El problema con los juicios es que, por lo regular, los sacamos con motivos no muy nobles, como por ejemplo la crítica.
A la mayoría de nosotros no nos gusta ser juzgados. Si practicamos Atención Consciente, es decir, abrimos nuestra mente y ponemos atención, no daremos cuenta que a nadie nos gusta ser juzgados.
Eso sí, somos los primeros que criticamos el vestido o el auto de alguien, pero no nos toquen porque entonces los juicios sí son malos.
Cada juicio que emitimos también trae consigo un elemento desagradable. Siempre. Y esto es porque los juicios y críticas siempre tienen una calidad de insulto, lo quieras o no. Esto es debido a que nos hemos enseñado a enfocarnos en lo malo, convirtiendo esta práctica en un hábito dañino.
Por supuesto, en esta práctica entra el chisme, que es la socialización del juicio que tomaste.
Y no me malinterpretes, criticar a algo o a alguien es de mucho valor, siempre y cuando hagas un balance entre los puntos buenos y los malos de una persona y el juicio sea emitido con voluntad de ayudar, de aportar. Algunos lo llaman crítica constructiva, aunque no estoy seguro que siempre lo sea.
Juzgar es un hábito mental y con frecuencia es una actividad del pensamiento muy profunda. ¿Te has preguntado cuánto esfuerzo mental se te va cuando juzgas, criticas o consumes chismes?
Ejercicio rápido de menos de 1 minuto
Voltea a ver a la primera persona que encuentres. Critica todo lo que puedas: su ropa, su teléfono, su auto, su computadora. Hazlo pedazos en tu mente y pon atención a las reacciones de tu cuerpo.
Ahora mira a otra persona y distingue sólo cosas buenas y entierra las malas. Mira lo bien que combinó los colores, piensa en el tiempo que invirtió peinándose, considera el trabajo y esfuerzo que le costó tener ese auto o teléfono.
¿Listo? Para terminar, compara esas dos experiencias. ¿Cuál te hizo sentir mejor? ¿Con qué actividad tu cuerpo se relajó y no puso tensos los músculos?
Cuando criticamos y lanzamos chismes, nos enganchamos en una actividad negativa que es muy seductora porque parece darte poder sobre otra persona. En realidad lo que estamos haciendo es provocarnos sentimientos negativos hacia nosotros mismos y el cuerpo lo resiente.
Al emitir juicios y criticar los músculos de la cara se endurecen y los hombros se tensan. ¡No me creas a mi! Pongan atención a su propio cuerpo.
Mi pregunta es: ¿qué necesidad tienes de generarte más tensión?
Si vemos todo esto de forma práctica, le conviene más a tu cuerpo y mente enfocarte en las virtudes que en explorar los errores y defectos.
Tomar juicios es parte de la naturaleza humana. Es la actividad mental que nos hacía distinguir el peligro de la calma cuando comenzábamos a poblar el mundo.
Sin embargo, el hacerlo de forma negativa tiene un precio alto que se va acumulando con el tiempo y nos vuelve negativos, y creo que eso a nadie le hace bien.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 29, 2010 | Budismo, Meditación, Vida

El final de octubre y el principio de noviembre son la época en la que el velo que existe entre la vida y la muerte se vuelve delgado y los recuerdos de los que ya se fueron regresan. Y en la mayoría de los casos, su partida sigue doliendo porque simplemente nos negamos a dejar ir la memoria y el cariño.
Es una gran pena que estas culturas occidentales no nos enseñen que todo en la vida es impermanente, que todos vamos a morir. Si tan sólo lográramos entender esto, el proceso de muerte y despedida sería mucho más tranquilo de lo que es ahora.
Así que comparto con ustedes este pequeño ejercicio de meditación para sanar las heridas, dejar ir el pasado y seguir adelante.
Meditación de Día de Muertos
Preparativos
- Escoge un tiempo del día en el que nadie te moleste y puedas estar en silencio.
- 1 vela pequeña
Meditación
- Estira todo tu cuerpo.
- Siéntate en una silla cómoda, con la espalda recta sin recargarla en el respaldo. Si puedes sentarte en el suelo en flor de loto o seiza, adelante.
- Enciende la vela y paga las luces.
- Cierra tus ojos y respira profundamente, varias veces. Trata de tranquilizar y relajar todo tu cuerpo. No avances al siguiente paso hasta que todos tus músculos estén relajados.
- Regresa tu respiración a ritmo normal.
- Piensa en la persona que se fue y que extrañas mucho.
- Date tiempo para recordar todos los buenos momentos, el aprendizaje, las risas y las lágrimas. Quédate en ese momento favorito, donde más disfrutaste su compañía.
- Esa persona te mira a los ojos por un largo momento.
- Con una voz tranquila y en calma te dice: «Muchas gracias por recordarme, eso me hace muy feliz. Tuve una vida llena de aprendizaje. Ahora estoy bien. No tengo hambre, frío ni calor. Por favor mira la llama de esta vela. Es brillante y genera un calor muy agradable. Va a brillar por un largo rato y luego se apagará. Esta fue mi vida. Así es la vida.»
- Abre tus ojos y mira la vela.
- Di en voz alta. «Muchas gracias por tocar mi vida, aprendí mucho de ti. Es hora de que descanses y que los dos seamos libres para seguir adelante. Adiós. Adiós. Adiós.»
- Quédate en silencio observando la vela. Mira cómo se consume. Esa es nuestra vida. Esa es la naturaleza de las cosas. Todo se acaba, pero todo brilla y nos deja su calor.
Esta meditación la aprendí hace mucho años y es una experiencia muy poderosa. Si la sigues al pie de la letra y la repites varias veces durante esta temporada de muertos, te ayudará mucho.
El objetivo primordial es que entiendas que todo termina y que entre más te aferres al recuerdo de alguien que murió, nunca cerrarás el ciclo y te causarás mucho daño. No serás libre para moverte a nuevas experiencias en tu vida.
Suelta a esas personas que se fueron. Este es tiempo para que tú escribas tu propia historia. Hoy es el tiempo en que debes hacer brillar tu propia luz y dar calor a los que te rodean.
Feliz Día de Muertos.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 28, 2010 | Vida

Hoy es un buen día para pensar, para entender que tu mente tiene que estar en este lugar, en este momento.
El enfocarte en el futuro, genera tensión. Abrazarte al pasado, resulta en tristeza. No importa qué tan fuerte sea tu experiencia este día, siempre saldrás bien librado porque aprenderás.
Mi maestro, Nishio Sensei, dejó estas palabras antes de morir y siempre las recuerdo cuando las cosas se ponen rudas.
Con cada golpe se forja el cuerpo, pero se ablanda el corazón.
Somo un pedazo de metal que se forja golpe a golpe, pero con el tiempo y con sabiduría, se convierte en una espada, lista para lo que sea.
Haz una pausa en tu día. Tómate 2 minutos.
Respira y piensa.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 21, 2010 | Budismo, Vida

"El hecho es que nunca antes nos hemos conocido". En la camiseta: "Realidad".
A diferencia de lo que dicen mis amigos emos, quienes afirman que la vida sólo es sufrimiento, nosotros comprendemos que la vida incluye el sufrimiento.
Es parte de nosotros, es la manera en la que pedimos ayuda y es la forma en la que nos recordamos lo que no pudimos completar.
Siendo el sufrir una conducta humana tan real y tan presente en todos nosotros, es uno de los campos de estudio más grandes del budismo.
Claro que existen muchos factores y acciones que nos llevan a sufrir gratis, justo como nos gusta; pero hoy me enfocaré en el rechazo de la realidad y su cura, la Aceptación Radical.
Imagina que tu hijo está enfermo. Lo ideal sería responder a la situación lo más acertado posible, sin perder tiempo, ¿correcto? Pero cuando pasamos por una situación desagradable, de inmediato nuestra mente comienza a crear fantasías sobre cómo podría ser mejor todo esto, porqué no debió haber pasado, nos culpamos por el descuido y hasta rezamos a algún dios o ser mágico para que cambie los hechos. En suma, rechazamos la realidad.
Y es que en nuestra cultura el rechazo a las cosas desagradables es un mercado enorme. Se nos educa para siempre buscar estar bien, darle la vuelta a lo desagradable y a sentir aversión por ello. Existen miles de productos y servicios para rechazar el envejecimiento, para rechazar la genética de nuestro cuerpo, para no aceptar que quizá no tienes buena situación económica.
Es como la clásica escena cuando el niño le pregunta a su madre «¿Me dolerá la inyección?», y la madre responde que no. Claro que va a doler. Quizá mucho, pero es necesaria.
Mi punto es que nuestro mundo está confeccionado para evitar la realidad de lo adverso en todas sus formas y no se nos educa para tomar la rienda ante los problemas. Y eso pasa no sólo en la mercadotecnia, sino en nuestra propia mente.
De regreso al ejemplo del hijo enfermo; cuando rechazamos la realidad de que nuestro hijo está enfermo y generamos fantasías y respuestas a los hechos como son, nuestra mente se llena de conflictos y es menos capaz de dar la atención necesaria al hijo. Nuestra atención se divide entre el conflicto interno y resolver el problema.
Rechazamos la realidad a tal grado que perdemos la frialdad y la objetividad para reaccionar de forma óptima.
Esto se aplica a todo en tu vida. Cuando se poncha una llanta, cuando repruebas un examen, cuando subes de peso, cuando te diagnostican alguna enfermedad, cuando no tienes los medios para comprar lo que deseas.
Ante estos ejemplos comunes, la mente siempre crea una reacción adversa y genera incomodidad y aversión, haciendo nuestros días miserables.
En cambio, si tenemos una relación simple y sin prejuicios ante un problema, estaremos más aptos para resolverlo y seguir adelante.
Una llanta ponchada es una llanta ponchada, es una llanta ponchada. Nada más. El universo no está conspirando contra ti. La vida no está siendo injusta, ni el destino te está jugando la peor de sus bromas. Una llanta ponchada es sólo eso. Y en lugar de perder tiempo y energía en lamentar la situación, mejor hay que resolverla de la manera más simple y eficaz.
El entender que las cosas son como son, sin velos ni prejuicios y tener una relación simple ante la adversidad, se llama Aceptación Radical.
Llegar al punto de la Aceptación Radical lleva algo de tiempo y es posible hacerlo con un poco de esfuerzo en ver la vida como es, sin prejuicios.
Cuando aceptamos las cosas de manera simple, los problemas cambian su naturaleza a algo mucho más simple.
Para cerrar, ilustro con un ejemplo más.
Forma incorrecta de ver la vida: El tráfico está horrible. Voy a llegar tarde. Pero la culpa la tiene el gobierno por comenzar obras públicas en horas de trabajo. Ya no voy a votar por ellos. Como el tonto de mi tío Crisantemo, que le encanta la jícama. Odio las jícamas. A menos que tengan limón. Y el limón es agrio como mi jefe. Maldito.
Forma correcta de ver la vida: Hay tráfico.
—
Nota choco budista: El tener una relación simple con los problemas y el sufrimiento, es comprender las tres primeras Nobles Verdades. Existe el sufrimiento. El sufrimiento tiene una causa. El sufrimiento siempre termina.