Ante el silencio, olvida las palabras

Ante el silencio, olvida las palabras

La red de pesca existe porque hay peces. Una vez que atrapas al pez, te olvidas de la red.
La trampa existe porque hay conejos. Una vez que atrapas al conejo, te olvida de la trampa.
Las palabras existen porque buscas significados. Cuando dejas de buscarlos, puedes olvídate de las palabras.
¿Dónde puedo encontrar una persona que haya olvidado las palabras para hablar con ella?
-Gran Maestro Zhuangzi

En la práctica Zen apreciamos el silencio porque sabemos que es el inicio de la vía espiritual. No porque nos guste callar, sino porque entendemos que cuando no hay más palabras llegan las respuestas a las preguntas más apremiantes que nacen de nuestra angustia existencial.

Podemos contemplar y apreciar el silencio, pero cuando la mente usa la etiqueta “silencio”, entonces el silencio deja de existir.
Solo en la inmovilidad de Shikantaza es posible ver más allá de la barrera del lenguaje para apreciar la realidad en nivel más fino y sin ego.

Así que, ¿quién quiere discutir conmigo en el silencio del zafu?

Sobre las experiencias místicas durante la meditación

Sobre las experiencias místicas durante la meditación

Cuando comenzamos a experimentar con la meditación, casi siempre lo hacemos de manera autodidacta. Buscamos algún video, app o podcast que nos ayude a dar el primer paso, lo cual es muy bueno. Es una excelente manera de iniciar.

El problema es que nos quedamos solo con lo que ese primer contacto nos da. No queda claro que la guía de un maestro es necesaria, porque en algún punto la app o el podcast no responderá preguntas que todos tenemos. ¿Qué hacer con las experiencias místicas y profundas que vamos a vivir? ¿Qué significan?

Luego de unos días de meditar por primera vez, muchas personas experimentan separación del cuerpo, ven ángeles, sienten presencias extrañas y una colección de fenómenos completamente normales. Son normales porque la mente de un novato no sabe qué hacer con la experiencia de inmovilidad y de concentrar la atención a un solo punto (normalmente la respiración).

En el Budismo Zen, a este tipo de situaciones las llamamos Makyou. Es una palabra japonesa que significa reino de los demonios, y la usamos para designar el autoengaño que son estas experiencias. La gran mayoría de las experiencias místicas que tenemos al meditar, son producto de una mente ajustándose a la disciplina. Tiene a crear proyecciones y sensaciones tan poderosas, que las tomamos como reales.

Pero al final no son más que Makyou en todo su esplendor.

Entonces, en el Zen ¿qué hacemos con estas experiencias místicas?

Nada. Absolutamente nada.

No son relevantes, no son sublimes y no sirven para nada. ¿Por qué? Por la misma razón que el Buda no se molestaba en comentar estas experiencias: por más profundas y místicas que sean, no te vuelve mejor persona.
En el Zen solo nos sentamos en silencio, sin buscar nada. A esto lo llamamos Shikantaza (solo siéntate). Si llegan esas experiencias, las dejamos pasar porque perseguirlas y razonarlas, es darle rienda suelta al ego.
El foco de nuestra práctica es la compasión. Con base en la sabiduría del Buda y Dogen, ayudamos a todos los seres vivos que nos rodean. Y lo hacemos en silencio, humildad y discreción.
Y si has pasado por Makyou, quizá es momento de acudir con un maestro a tu centro budista más cercano.
Todo por lo que pasas necesita suceder

Todo por lo que pasas necesita suceder

Vivir desconectados de la naturaleza y estar centrados en el ego, tiene costos muy altos para los seres humanos. Hemos convertido en nuestra característica principal el rechazo absoluto a la incomodidad y a todo aquello que no cumpla con nuestras expectativas. Entonces, como solo vivimos para el gozo, cuando nos enfrentamos a la adversidad, carecemos de elementos y entrenamiento para entender y salir adelante.

Los años pasan y vamos coleccionando experiencias que catalogamos como negativas, lo que deja profundas cicatrices en la personalidad. Muchos caminamos por la vida con el corazón roto.

Si carecemos de una vía espiritual que nos guíe, en algún punto el sistema se descompone y comienza el caos. Nada tiene sentido, el universo está en nuestra contra, todos los esfuerzos son fútiles y nos convertimos en zombies. Pasamos a ese estado de penumbra en el que desearíamos no despertar más mañana. ¡No me merezco esto!

Esta característica de nuestra manera de ver el mundo sucede cuando los Tres Venenos de la Mente nos controlan. Estos son Ignorancia, Ira y Avaricia. Es por ignorancia que no encontramos sentido a lo que pasa.

Para el Buda, la ignorancia significa la falta de conocimiento de cómo funciona el universo y sus leyes. Este sentimiento de que nada tiene sentido en nuestra vida es porque no nos hemos topado con la Ley de Causa y Efecto, que es esencial para el Budismo Mahayana.

En la Ley de Causa y Efecto absolutamente todo tiene una razón de ser, un motivo y producirá un resultado, que se encadenará a otros incontables resultados para crear nuevas causas y efectos, igual de incontables. Es una secuencia de situaciones que tejen la vida y que te ponen aquí en este momento, leyendo estas líneas.

Es por todo lo que has pasado, todo lo que has comido y bebido, todas las lágrimas, todas las risas; que estás aquí en este instante de la historia del cosmos. Es así y no hay manera alguna de que sea de otra manera. Eres quien eres gracias a todo ello. En su tiempo no sabías para qué era necesario pasar por todo eso, pero la realidad es que todo eso te forma hoy.

Entonces, de la misma manera que incontables causas y efectos te han traído hasta aquí; todo lo que te está sucediendo (te guste o no) obedece a un orden universal que escapa a tu comprensión. La Ley de Causa y efecto nos da justo lo que necesitamos para aprender y crecer. Quizá de momento no lo vemos porque estamos ocupados acariciando o reparando el ego, pero si abrimos bien el corazón y los ojos lo podrías ver. Sucede en tiempo real y justo frente a ti.

La práctica Zen nos ayuda justo a apreciar la elegancia de esta ley. Y es muy útil para acabar con la tristeza y la angustia, porque entonces el caos deja de serlo y se convierte en orden. La tristeza y la ira adquieren su característica principal de impermanencia y regresa la confianza de que todo estará bien y en orden.

¿Cómo llegar a ver la Ley de Causa y Efecto? Hay muchas vías espirituales que puedes seguir, pero debido a que este blog es budista…

Estudiando Budismo Zen, encontrando un maestro, siendo parte de una sangha y con la práctica disciplinada de Zazen. Con el paso del tiempo muchos conceptos difíciles de entender comenzarán a quedar claros y te ayudarán a tener una existencia más cómoda.

Formas en las que la práctica del Soto Zen te transforma

Formas en las que la práctica del Soto Zen te transforma

 

La práctica Zen no sirve para nada. Esta es una frase tan antigua como el mismo Budismo Zen de China. La encontramos en textos clásicos como El Sermón del Despertar, de Bodhidharma; y nos recuerda que aunque sea una diciplina hermosa, no debemos nunca pensar en el Zen como algo que nos regrese beneficios centrados en el ego.

Sin embargo, es imposible negar que, con el paso del tiempo, el practicante de Budismo Soto Zen experimenta cambios importantes en su manera de vivir. De ninguna forma son cambios que reditúen en más dinero, fama o productividad. Pero sí que cada persona que decide guardar silencio en el zafu, puede sentir cómo las cosas son más sencillas y menos abrumantes. 

He preparado esta lista que podría ser útil si te interesa comenzar a practicar Zen. Aunque puede que las experimentes o no, muchas personas coinciden en ellas. A saber…

 

El Zen te ayuda a experimentar la verdadera felicidad (budista)

La palabra felicidad es muy seductora. ¡Todos queremos ser felices! Con la práctica Zen, disciplina y tiempo, puedes llegar a ser auténticamente feliz… en la definición budista del término. Para el Soto Zen la felicidad es un sinónimo de algo más importante: ecuanimidad. Significa que es posible llegar a una base sólida y estable que de equilibrio a tus pensamientos y emociones. 

 

El estrés y la melancolía de la vida disminuyen

Mucho de lo que nos hace sufrir, si no es que la mayoría de las cosas, son fabricaciones de la mente. Son estos pensamientos e imaginaciones tan poderosos que, al abrazaralos y al agragarles más chatarra egocéntrica, nos hacen sentir que la vida apesta. Con la práctica Zen, estos estados mentales se vuelven menos pesados. No desaparecen por completo, pero sí se puede soltarlos antes de que causen daño.

 

Atención plena en cada instante del día

Con la práctica Zen, una taza de café es solo una taza de café. El café se vive pleno, en su totalidad, justo ahí y en ese momento. Así es cada instante del día. Cuando trabajamos, somos trabajo. Cuando amamos, solo amamos. Cuando estamos con amigos, estamos 100% ahí, presentes. La vida se siente más real y colorida, sin drama, cuando el Zen llena tu corazón. Sí, aún las cosas que no te gustan se pueden vivir en pleno.

 

La compasión por todos los seres vivos llega a tu corazón

Una enseñanza clave del budismo es la práctica activa de compasión, que es el fuego interno que nos motiva a ayudar a los demás. Cuando esto pasa, estás haciendo que la vida sea un mejor lugar para todos, además de que encontrarás cada vez más difícil quejarte de todo. 

 

Reduce el consumo innecesario

El Zen también llena de gratitud todo el ser. Eso significa que se está más cómodo con la vida como es, con lo que somos, con lo que hay. Se detiene el deseo desmedido por poseer cosas, experiencias o personas, lo que se traduce en paz espiritual y menos gasto. Es decir, tu dinero rendirá menos porque gastarás menos.  Se usan menos recursos de la Madre Tierra, por lo que la práctica Zen también es una maravillosa vía para reparar el daño que hemos causado.

 

Se descubre el ser interior

Todos esos huecos existenciales que nos caracterízan, así como las preguntas espirituales más densas, tienen resolición en el silencio de Zazen. Aquí no hay más que decir que Shikantaza es la vía para contemplar lo que verdaderamente somos.

 

La vida se vuelve más sencilla

La práctica Zen es minimalismo puro. Buscamos una relación más simple con todo lo que existe, sin crear dramas o necesidades vacías. Luego de algún tiempo de práctica, es posible estar en paz, sin criticar, sin juzgar y de buen humor todo el tiempo. De igual forma, el Zen nos ofrece una estructura de valores morales que están diseñados para tener una vida más plena y pacífica.

Aunque la palabra Zen es parte del lenguaje cotidiano, pocas personas se atreven a explorarlo. Esta lista es un buen punto de partida para ayudarte a decidir si es una práctica para ti. Muy pronto regresará el Curso 1 de Introducción al Budismo Zen, así que regresa pronto para revisar la convocatoria.