Al dejar la casa, uno debe estar plenamente atento, a través de muchas etapas y vivencias. Caminando solo más allá de los límites, sobrevolando por encima de lo mundano. Como un jirón de una nube de cuerpo ágil, como la luna que se revela, con la mente en paz. Un tazón para mendigar y una túnica parchada: un ave volando sobre una miríada de montañas. —Maestro Muujia. Corea, 1178–1234.
Pido disculpas por esta entrada demasiado personal. Pero es que este poema de Master Muujia toca fibras internas especiales en mi. Si lees, por favor olvídalo, que no vale la pena.
En el Budismo Zen, la ceremonia de ordenación se llama Shukke Tokudo, que significa dejar la casa. En la antigüedad se dejaba todo para ir al templo a entrenar. La búsqueda de refugio en Buda, Dharma y Sangha era literal, pues era tras las paredes del templo que los jóvenes estaban seguros de los tiempos violentos que se vivían.
Traducido a nuestro tiempo, dejar la casa implica dejar atrás todo lo que eras. Tus gustos, preferencias, opiniones, cultura familiar y hasta tu nombre. Ordenarse es nacer de nuevo como un ente en blanco, listo para comenzar a escribir una historia nueva al servicio del Buddhadharma.
Es un camino solitario y aislado, pero que con el paso del tiempo se vuelve más y más ligero porque lo que te anclaba ya no está más en la espalda. Nos convertimos en un jirón de nube y somos ligeros.
También se deja de lado el apego por lo material, y solo nos queda la túnica de parches, un puñado de palabras y el tazón para mendigar.
En este corazón no hay yo. Solo hay el fuego por servir a que la Luz Dorada de Amida siga existiendo.
En esta sangha las reuniones por Zoom necesitan el mismo tipo de protocolo y de buenas maneras que usarías al asistir a un templo, pero con ciertas adaptaciones para este medio de comunicación.
Por la naturaleza internacional de nuestra comunidad, nuestro templo y salón de clases es Zoom. Es necesario seguir estas reglas:
Crear cuenta en Zoom y usar una foto real como avatar. Esto evita que personas no registradas entren a nuestras reuniones.
Llegar a tiempo. Las sesiones comenzarán a la hora indicada y no se dará acceso a nadie más una vez iniciada la sesión.
Mantener el micrófono apagado en todo momento, salvo en la sesión de preguntas y respuestas.
Activar la cámara. Esta sangha conecta personas, no cuadros negros. Es más agradable vernos para sentirnos más cerca.
No usar fondos animados. Los fondos virtuales de Zoom son divertidos y lindos, pero son una fuente de distracción cuando son animados. Si los vas a usar, que sean fotos estáticas.
Reverencia al entrar (Gassho) a la reunión. Al igual que harías al entrar a un templo o a un zendo, hay que saludar al recinto con respeto y humildad.
No comer. No llevarías una rebanada de pizza o patatas fritas a un templo budista, ¿verdad? Las bebidas no alcohólicas sí están permitidas.
No hacer movimientos que distraigan. A veces es necesario levantarse en medio de una reunión, a todos nos pasa. Si esto sucede, hacer Gassho, apagar la cámara. Al encender la cámara de nuevo, Gassho.
Bostezar, limpiarse la nariz, los ojos u oídos: fuera de la cámara. Esta es una regla poco conocida en occidente, pero limpiarse la nariz en público es considerado de mala educación y poco elegante. Si tienes que bostezar o limpiar tu nariz, puedes salir del rango de la cámara o apagarla por unos momentos. Gassho al salir, gassho al regresar.
Cuidar el lenguaje. Si en la reunión se te pide abrir el micrófono para hablar, hay que cuidar el lenguaje. No usar dobles sentidos, insultos, lenguaje discriminatorio ni vulgaridad.
¡Sonríe! El Zen es alegría y nuestra escuela se caracteriza por mantener siempre un buen sentido del humor en la vida. Estás aquí, presente y respirando. ¿No es un milagro?
En el post anterior vimos los primeros cinco factores que destruyen la autoestima. Hoy continuamos con la lista y tocaremos puntos que pondrán incómodos a más de uno. Y eso es bueno 😀
6. Lo que comes
El cuerpo necesita alimento para continuar vivo y ayudarnos a navegar las olas del samsara. Pero la alimentación con la que contamos en las ciudades es terrible, por decir lo menos.
El consumo de comida procesada daña la salud de muchas maneras. Un órgano que recibe mucha agresión originada por la comida es el cerebro. El azúcar y los cereales inflaman el cerebro, lo que produce depresión y agresión como síntomas. No es una coincidencia que los índices de depresión y violencia estén tan altos. ¡Nos alimentamos muy mal! Referencias aquí y aquí.
Cada persona es distinta, claro. La nutrición siempre es personal. Pero si revisas lo que comes y optas por lo natural cocinado en casa, es buena idea. ¡Lo peor que puede pasar es que te sientas bien y con menos apatía hacia ti!
7. Falta de luz solar
Por lo regular cuando tenemos problemas de baja autoestima preferimos vivir de noche. Esto se debe a que es cuando todos duermen que tenemos la ilusión de que nadie molesta y somos libres.
Pero es una ilusión peligrosa porque lo único que sucede es que nos aislamos más, sacrificamos la salud en más de una forma. Y una de ellas es la generación de vitamina D, que solo llega por exposición a la luz solar.
Sí, la luz del sol es buena, contra todo lo que nuestros amigos emos, darks y góticos piensen.
La luz solar hace que nuestra piel genere vitamina D, que ayuda a que el cerebro funcione de forma correcta y evite depresión, ansiedad y angustia.
Salir a la luz del sol sin gorra ni bloqueador, por 30 minutos al día, es una práctica sana que promueve la alegría y un cuerpomente sano. Obvio, eso es un buen paso para comenzar a reparar nuestra relación con nosotros mismos.
Este es un punto muy espinoso y lo mantendré corto, pero una religión basada en la culpa y en la vergüenza del cuerpo humano, siempre afecta la autoestima.
Sin importar tu religión, siempre es bueno cuestionar y revisar si lo que sientes es originado por dogmas o ideas irrefutables. De ser así, es tiempo de emigrar a pasturas más verdes.
9. Tus opiniones
Tener opiniones sobre lo que nos rodea es bueno. Así es como nos relacionamos con el universo y aprendemos lo necesario para la vida.
Casarnos con las opiniones y volverlas pilares de nuestra personalidad es terrible. Cada juicio inamovible es una piedra que llevamos a cuestas en la espalda que nos inmoviliza y nos evita crecer como personas.
Las opiniones y los juicios sobre uno mismo son rocas radiactivas. A parte de pesadas, contaminan todo lo que hacemos.
Estar atentos a nuestro diálogo interno y a los juicios es vital. Así es como comenzaremos a cobrar consciencia de las trampas que nos ponemos y seremos capaces de detener el sabotaje en el que incurrimos.
10. Tu envidia
Reservé la envidia para el punto final porque creo que es el factor determinante para la baja autoestima.
La envidia nace por dos razones: presión social de ser siempre perfectos y por las eternas comparaciones internas a las que nos sometemos. Evaluamos nuestro progreso personal y lo contrastamos con la vida de otros, lo cual nos lleva a la depresión pues jamás podremos ser como los demás.
Y en realidad la envida es sólo una historia más contada por la mente. Pero esta historia es altamente destructiva porque nos hace infelices desde el momento que surge. Cancela la inteligencia y comienza a crear odio en el corazón.
Al igual que las opiniones, la envidia es un pensamiento al que hay que vigilar de cerca. Tan pronto notemos que llega, hay que regresar al momento actual y agradecer lo que somos y lo que tenemos. Necesitamos entender que el presente es lo único que tenemos y que, si lo perdemos por compararnos con los demás, dejaremos de vivir.
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Hasta aquí la pequeña lista de 10 cosas que hacemos para destruir la autoestima. No está completa. ¿Tienes sugerencias o más factores? ¡Ayúdame a completar la lista en los comentarios!
Antes de ser monje budista, mi vida no era diferente a la de cualquier persona. Estudiaba, trabajaba, comía, compraba cosas y repetía el ciclo. Y claro, tenía una muy mala relación conmigo mismo.
Por muchos años pensé que el universo tenía un plan diabólico en mi contra. También yo era mi peor crítico y enemigo. Obvio no me la pasaba nada bien porque simplemente no aceptaba nada de mí mismo. Mis problemas de autoestima fueron severos.
En carne propia descubrí lo que significa nunca cubrir las expectativas personales. En mi mente era tonto, feo y no valía nada. Siempre tenía un pretexto para el sabotaje. No me volví loco gracias a la práctica budista, la meditación y las artes marciales.
Tardé muchos años en observación, experimentación y lectura entender todo lo que estaba pasando, para así tomar acciones concretas que me ayudaran. Entendí que la mala autoestima es un problema de compasión, pero también es un problema de administración (gestión) de la información que nos metemos a la cabeza.
Todo lo que consumimos nos afecta más de lo que imaginamos, pero ni siquiera se nos ocurre pensarlo, pues permaneceremos muy cómodos siendo miserables. La mente no es diferente al cuerpo en muchos sentidos, y la nutrición es clave para mejorar.
Si alimentamos al cuerpo con basura, responderá como basurero y se enfermará.
Si alimentamos la mente con basura, responderá como basurero y se enfermará.
Muchas personas que me consultan sobre autoestima se sorprenden cuando doy una lista de cosas que hacemos mal y que nos mantienen envenenados por dentro. Al dejarlas o cambiarlas por mejores opciones, la vida cambia y (literalmente) se vuelve más ligera.
Así que comparto esta pequeña e incompleta lista de 10 cosas que destruyen la autoestima. Cada punto puede ser expandido a muchas páginas, así que lo mantendré corto para no aburrir 🙂
1. Lo que escuchas
La música es básica para el ser humano. Es una expresión sublime que dice mucho de lo que somos y dicta cómo nos relacionamos con el universo. Hay para todos los gustos, pero existen canciones que nos causan más daño de lo que imaginamos.
Cualquier melodía que promueva el odio de cualquier tipo, el crimen o narre historias de violencia, afecta nuestra forma de ver el mundo y cómo tratamos a los demás.
Nada de malo escuchar metal o música gótica de vez en cuando, pero no debe ser nuestro único género. Hay que analizar lo que escuchamos y decidir si en verdad queremos ser parte de un movimiento que trate a los demás como objetos o que hable de tristeza y depresión.
2. Lo que miras
Al igual que la música, el contenido visual que consumimos nos afecta mucho. Si ves películas depresivas o de violencia todo el tiempo, estarás distorsionando tu visión del mundo. También tu valoración como persona se vendrá abajo.
No es que ver películas de crimen te vuelva criminal, no. Tampoco los videojuegos te vuelven asesino en serie. Pero sí estarás hipervigilante de las cosas malas de la vida y vivirás en un mundo donde la violencia está justificada. Y la violencia siempre comienza dentro de uno mismo.
3. El tipo de amigos
Ser amable y ayudar a los demás nos rodea de personas maravillosas. Pero si tenemos problemas de autoestima y nuestros amigos están igual de deprimidos que nosotros, nunca saldremos adelante.
No hay que decir adiós a todas nuestras relaciones. Solo hay que revisar si los amigos no nos están llevando hacia abajo con ellos. De ser así, tomar un par de semanas lejos es buena idea.
4. Cómo hablas
El lenguaje nunca es inocente. Todo lo que decimos tiene una intención clara y directa, por más que lo neguemos. Si nos referimos a nosotros mismos con palabras destructivas, estaremos cavando un pozo muy profundo del que será cada vez más difícil salir.
No se trata de hablar con lenguaje optimista vacío. Se trata de entender que nuestras palabras nos afectan, para evitarlas o cambiarlas.
5. Facebook e Instagram
Estas redes sociales son veneno puro para la autoestima, pues nos obligan a justificar nuestra vida ante los demás para cumplir con sus expectativas. Y entonces las comparaciones nunca se detienen. Al ver cómo los demás gozan en un bar, del ejercicio o de una comida maravillosa; comenzamos a criticarnos y a juzgarnos de una forma cruel.
Es un abismo negro en el que todos deben tener una vida perfecta porque saben que los demás estarán evaluando y comentando cada una de las acciones, opiniones o imágenes que publiquemos.
En muchos estudios se ha ligado directamente la presión social de Facebook, con comportamientos autodestructivos y depresión. Referencias aquí y aquí.
Facebook e Insta puede ser una gran herramienta de comunicación y de trabajo. También son muy divertidos. Pero hay que estar siempre atentos al tipo de información que consumimos, y lo que compartimos.
Si estas redes son causa de estrés, te deprimen o te causan angustia, es hora de cerrar la cuenta.
A menos que no seas una persona, todos hemos pasado por algún episodio en el que cuestionamos lo que somos. Muchos llegamos al extremo de estar perpetuamente decepcionados de nosotros mismos porque no cumplimos expectativas, porque nos comparamos con los demás o porque no encontramos lo que podemos aportar a la vida. Y entre más tiempo pasa, más alimentamos este demonio que llamaos baja autoestima.
Hay una anécdota de SS Dalai Lama que me gusta mucho. Desconozco si sea real o no, pero siempre que la recuerdo me hace sonreír.
En una de las primeras visitas de SS a los Estados Unidos, supuestamente dio una conferencia en alguna universidad en donde le preguntaron cómo hacía el budismo para tratar la baja autoestima.
Al no entender la pregunta, Su Santidad se quedó congelado. Tuvo que consultar con sus traductores para intentar encontrar un significado. Luego de unos minutos de discusión, el Maestro dijo que en el budismo no hay tal cosa como autoestima.
Autoestima es un concepto occidental para explicar la relación que tenemos con nosotros mismos, pero en el budismo la autoestima no existe pues sabemos que el ego es solo una ilusión. Y si hablamos en particular de la práctica Zen, la autoestima es solo un juguete con el que nos distraemos de nuestra misión de bodhisattvas.
Desde el momento que se usa la palabra auto (uno mismo, por sí mismo), estamos en contra del Buddhadharma. Ya sea dharma budista, yogi, sikh o hinduista; las filosofías asiáticas antiguas sabían y promueven en la actualidad, que el YO es una fantasía que nos lleva al sufrimiento.
Justo porque sabemos que el ego no existe, es la razón por la que no sabemos cómo tener una relación amable con él. ¿Cómo relacionarte con algo que no es real?
Esto es lo que decía Shakyamuni Buda sobre el Yo o el Ego:
Por lo tanto, bhikkhus, aquí, cualquier materia pasada, futura o presente, interna o externa, basta o sutil, inferior o superior, distante o cercana, toda la materia debería ser considerada con recto entendimiento y de acuerdo con la realidad como ‘esto no es mío’, como ‘esto no soy yo’, como ‘esto no es mi persona’. Cualquier sensación pasada, futura o presente, interna o externa… distante o cercana, toda la sensación debería ser considerada con recto entendimiento y de acuerdo con la realidad como ‘esto no es mío’, como ‘esto no soy yo’, como ‘esto no es mi persona’. El Buda, Anatta-Lakkha?a Sutra
Para el Buda no hay tal cosa como «yo» o «mi persona». En varias de sus enseñanzas podemos ver su insistencia para que comprendamos esta verdad. Sin embargo, somos occidentales y estamos desesperados por mejorar la autoestima. La buena noticia es que es completamente posible tener una mejor relación con uno mismo. La mala es que requiere trabajo de introspección y tocar la espiritualidad.
La baja autoestima es un problema permanente para muchos de nosotros, pues no hay nada que hagamos que llegue a las expectativas de lo que IMAGINAMOS que los demás esperan de nosotros. Y, aún más grave, la mala autoestima viene por nuestras propias acciones cuando generamos expectativas de nosotros mismos.
Tener baja autoestima es doloroso, nos confunde y queremos escondernos en un hoyo para que la vida pase por encima sin notarnos. En ese proceso estamos en constante revisión de nuestros errores y omisiones para castigarnos por ello.
Comenzamos a castigarnos usando un arma muy cruel: el pensamiento. En la mente generamos críticas, comparaciones, envidias y nos evaluamos todo el tiempo. Si por alguna razón hacemos algo bien, nos esforzamos en buscar lo malo para poder seguir sufriendo cómodamente. Si hacemos algo mal, entonces justificamos el discurso destructivo con argumentos devastadores como ya lo sabía o siempre me pasa esto.
Pero ¿qué son todos estos artilugios de tortura que la mente nos lanza? ¿Qué es todo ese ruido que no nos deja tranquilos?
Son sólo historias. Ficción pura.
El problema es que son tan fáciles de procesar y tan pegajosas, que las tomamos y nos las clavamos en el corazón. Pa’que duela, dicen en mi pueblo.
La mente crea cuentos y expectativas de cómo deberían ser las cosas y cómo deberíamos ser, para luego contrastar con lo que creemos que los demás esperan de nosotros. Debido a que las fantasías y cuentos mentales jamás empatarán con la realidad, entonces fallamos una y otra vez. Así sucesivamente, hasta que nuestra percepción personal se va corroyendo y se pudre por completo.
En la mayoría de los casos que conozco (y en mi propia vida), los problemas de autoestima son el resultado de las palabras que nos decimos a nosotros mismos.
Si todo el tiempo te dices feo, te verás feo y te comportarás como feo.
Si todo vas por la vida llamándote tonto, la inteligencia en efecto te abandonará y tu existencia será una sucesión de errores.
Cuidado con lo que te dices, porque te estás escuchando; dice una sabia cita.
Para la psicología budista la baja autoestima se manifiesta y se nutre del lenguaje interno, pero su raíz es mucho más profunda.
Todo este lenguaje de violencia y maltrato personal tiene su punto de origen en el hecho de que no practicamos la compasión.
Nuestra cultura ha dejado la compasión de lado y la cambió por un iPhone. Tapamos los huecos existenciales con objetos y apps, para olvidar que la benevolencia es un poder supremo que mueve al universo.
Entender que todos los seres vivos pueden sufrir es un buen inicio para entender compasión. Pero además es necesario dejarnos en claro que también nosotros somos seres vivos, ergo sufrimos. Y lo hacemos aún más cuando los ataques vienen desde adentro.
Vernos a nosotros mismos desde afuera, con amor y compasión, nos da el impulso para querernos un poco más y poner atención a nuestro lenguaje interno.
Por supuesto, no se tiene que ser un orador motivacional para lograrlo. Es cuestión de sentarse en silencio por unos 20 minutos diarios a ver pasar los pensamientos sin aferrarse a ellos. Es con la práctica de Zazen que uno encuentra la sabiduría que el Buda nos deja, para poderla incorporar a nuestro cotidiano.
Ya que es un tema que a muchos nos sirve, seguiré escribiendo al respecto en las siguientes semanas. ¿Tienes problema de autoestima? ¿Qué te ha resultado para mejorar? ¡Comparte en los comentarios!
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi