por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 19, 2019 | Budismo, Vida, Zen

La envidia es causa de infelicidad para muchos. Es este sentimiento de odio e ira que surge en nosotros cuando vemos que otra persona logra cosas o tiene cosas que nosotros deseamos.
Vemos con resentimiento cuando alguien tiene éxito y estamos ávidos por conocer el secreto. Dudamos que haya sido capaz de haberlo hecho por sus propios méritos y ponemos en tela de juicio su talento. ¡Seguro pagó a alguien! ¡Seguro se acostó con alguien! ¡Seguro tiene algún conocido poderoso!
En esta sociedad de consumo, la envidia también nace por presión social. ¿Cuántas veces no nos hemos enfrentado a comparaciones que la familia hace de uno contra lo que otros logran? «Tu primo Ludoguaje acaba de ir a Australia y tú no».
Criticamos a la persona, buscamos todos sus defectos y deseamos que un tren pase por encima de él/ella. O mejor que lo asalten y lo maten.
Así vamos alimentando al lobo hambriento llamado Envidia. Cada pensamiento es comida para que crezca esta bestia. Nos hace sentir odio y tristeza que eliminan nuestra inteligencia; resultando en que nos congelamos en nuestro sitio, mientras lamentamos los infortunios y obstáculos de nuestra miserable existencia.
¿Por qué él/ella sí, y yo no?
Para la psicología evolucionista, la envidia ha tenido un papel importante en el desarrollo de la humanidad. Éste sentimiento sirvió en nuestra prehistoria para asegurar el bienestar de la manada. La comparación constante entre individuos promovió que ambos se esforzaran por obtener logros que servirían de modelo a los demás. Así llegamos a construir ciudades y luego civilizaciones enteras.
La envidia tiene una razón de ser, pero es un sentimiento primitivo. Es parte de nuestro ADN, al punto de que todos la experimentamos, no importa el país o la cultura. Nos hace infelices, feos y nos vuelve tontos, porque destruye la inteligencia. Carecemos de las herramientas adecuadas para entender y dejar ir.
A pesar de que es una emoción primitiva, dejarnos dominar por ella es como dispararse en el pie con una escopeta. La primera víctima es quien la fabrica en la mente; y se vuelve muy peligrosa cuando el envidioso expande su odio hacia otras personas.
En la práctica Zen entendemos la envidia como una aflicción ligada de forma íntima a la ira y al odio. Es alimentada por los Tres Venenos de la mente: avaricia, ira e ignorancia. Se trata de una condición mental creada por el ego cuando se sale de control y comienza a desear lo que asume lo hará feliz o lo que imagina merecer.
Es decir, la emoción primitiva de la envida es natural al ser humano, pero los sentimientos de avaricia y odio por quien tiene, no lo son. Éstos últimos son sólo una historia más contada por nosotros mismos para sabotearnos y hacer nuestra experiencia de vida un infierno del que es muy difícil salir.
Con base en el Samantabhadra Sutra, en la psicología budista y un poco de mi propia cosecha, propongo estos pasos para que la envida se convierta en un motor de benevolencia.
Acepta que sientes envidia
En el Budismo Zen nos entrenamos para nunca ignorar nuestras emociones. Las dejamos entrar, las abrazamos y las soltamos sin que nos causen daño. Cuando sientas que odias a alguien porque logró algo que deseas, admite que sientes envidia. Y no, no existe algo como «envidia de la buena». Toda envidia es destructiva. Aceptar que está en tu corazón es de gran ayuda porque ahora sabes qué es y que existe una forma de dejarla ir.
Entiende que la envidia es una historia más de tu mente
El ego es una colección de historias que nos contamos y a las que nos aferramos. La envidia nace en tu mente y es sólo una historia más que decides narrarte. Y como todas las historias, la envidia también tiene un final. Tú decides hasta cuándo te afectará.
Practica Zazen
Cuando meditamos con constancia y disciplina aprendemos a dejar ir los pensamientos; como si fueran nubes al viento. La envidia es una nube negra más, que también se puede ir cuando la miras alejándose de ti para disiparse ante el cielo azul que es tu mente. Para aprender a practicar Zazen, te dejo en las manos de mi maestro, Gudo Wafu Nishijima.
Observa lo que tienes, lo que eres
Cuando detectes la envida en ti, mira todo lo que tienes. Observa tus logros, lo que posees. Todo eso ha sido gracias a tu esfuerzo y al de miles de personas que han trabajado para ti. ¡Tienes más bendiciones de las que crees! Así que observa con atención.
Practica Gratitud
Cuando comprendes que tu vida es el resultado del esfuerzo de miles de seres, es hora de decir GRACIAS con todo tu corazón. Tu vida no sería posible sin esta red de existencias. ¡Te reto a que lo hagas!
Practica Compasión
La compasión comienza con uno mismo cuando aceptamos que estamos sufriendo a causa de una historia ficticia como la envidia. Pero compasión es acción, y se practica buscando activamente parar el sufrimiento de un ser vivo. Al practicar Zazen, cuidar tu cuerpo y cultivar la mente, estás siendo una persona compasiva.
Por otro lado, la persona que detestas por sus logros no tiene la culpa de tus cuentos mentales. Siente compasión por él/ella y por ti. Ésto te ayudará a cesar las historias.
Deja de compararte
Cuando te comparas con alguien más, sólo estás clavando hierro candente en tu corazón. Aceptar quien eres y lo que tienes, dando GRACIAS por todo, te ayudará a soltar las comparaciones.
Eres una persona hermosa y adecuada. Eres una persona necesaria y suficiente para la vida. Eres una persona única, parte de un sistema interconectado de existencias.
No tienes comparación con nadie más. Así que deja de compararte.
¡Usa la envida como motor del cambio!
Alguna vez la envidia nos ayudó a salir adelante como especie. Puedes aprender de este hecho y usarla a tu favor. La envidia nos indica que deseamos algo, así que puedes tomarlo como una dirección hacia dónde enfocar tus esfuerzos. Es cuestión de comenzar.
Practica Generosidad
Una vez que pateaste a la envidia en el trasero, es hora de ser generosos. Felicita a la persona que logró lo que deseas. Hazle un regalo que le sea útil. Destruye tu ego hablando con él/ella para que te cuente cómo lo hizo. Si tus intenciones son benévolas y puras, estoy seguro que la persona reaccionará de forma positiva y compartirá su experiencia; de la cual puedes aprender mucho. Además, es posible que hagas una nueva amistad que te inspire.
Practica Zazen
Sí, otra vez y no me cansaré de repetirlo. Shikantaza Zazen debe ser el cimiento de cualquier cambio de vida. Es cuestión de comenzar.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 12, 2019 | Minimalismo, Vida

Vivir con lo mínimo indispensable es una de las bendiciones más grandes que jamás he recibido.
Los beneficios que el minimalista experimenta van desde libertad, tranquilidad, mayor satisfacción, mente más abierta, aceptación de las cosas como son y menos apegos. Por supuesto la cartera y las cuentas de banco reflejan muchos cambios positivos también.
A pesar de tener evidencias personales tangibles sobre todo esto, existen muchas personas que no entienden esta tendencia de vida. Lanzan críticas fuertes y he escuchado comentarios de todo tipo. Algunos de los más comunes son:
- No eres minimalista, eres pobre y con eso te justificas.
- Eres un conformista.
- Lo que pasa es que te abandonaste.
- Muchos etcéteras más.
Afirman que practicar el minimalismo es sólo para mediocres que no quieren un mejor auto o casa más grande. Quizá lo dicen porque no se imaginan su propia vida con menos chatarra. No lo sé.
Pero quizá el comentario más fuerte y digno de ser desmentido está en las líneas de: Si todos fueran minimalistas, la economía del mundo se iría a la ruina. Imagínate la cantidad de desempleados y negocios en quiebra.
Por alguna razón creen que el minimalismo pone en riesgo el estilo de vida capitalista que nos hemos forjado.
Yo creo que no. Es todo lo contrario.
Ser minimalista es una expresión de compasión y humanidad grandísima.
Reparamos, reciclamos y reutilizamos antes de comprar objetos nuevos. Esto da fuentes de trabajo a recicladores y técnicos de reparación, que no pertenecen a ninguna empresa global.
Por supuesto que compramos cosas, pero lo hacemos de manera informada y no nos enganchamos fácilmente en el canto de la sirena llamada mercadotecnia. Esto resulta en apoyo a los productores locales y en disminución de nuestro impacto al medio ambiente.
Reducimos los gastos innecesarios y aprendemos de finanzas personales. Los bancos y sistemas financieros se benefician de esto porque hay más dinero para mover.
Trabajamos de manera inteligente, resultando en más tiempo libre para las cosas que nos gusta hacer.
Apagamos la televisión y dedicamos tiempo al ser. Todos los minimalistas que conozco son lectores irremediables y muy creativos.Unos pitan, otros hacen música y muchos escriben. Practican meditación, yoga u otros deportes.
Así mismo, casi todos los minimalistas que conozco cuidan su alimentación y siempre buscan alternativas saludables.
Al cuidar el cuerpo-mente estamos listos para ser felices y hacer felices a los que nos rodean.
El minimalista sonríe más. ¿Y acaso este mundo enojado y tenso no requiere más personas felices?
Esta cita de SS el Dalai Lama ilustra muy bien estos puntos:
El planeta no necesita más personas exitosas. Lo que el planeta necesita desesperadamente son mas pacifistas, sanadores, restauradores, narradores y amantes de todo tipo. Necesita gente que viva bien en sus tierras. Necesita gente con valor moral y dispuestos a unirse a la lucha por hacer el mundo más habitable y humano. Estas cualidades no tienen nada que ver con el éxito como lo entiende nuestra cultura.
El minimalismo beneficia a la civilización y a la cultura humana. ¿Por qué no intentarlo? Nuestro próximo taller es para ti.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Nov 5, 2019 | Activismo, Budismo, Vida

Si has seguido mis aventuras a lo largo de estos 12 años, sabrás que Facebook nunca me gustó. Es una red que es la causa de muchísimos problemas sociales, depresión, ruptura social; ya que explota descaradamente los puntos débiles de la mente humana. Al usar la misma mecánica para promover la adicción que los casinos, esta red social no solo no ayuda a la comunicación humana, sino que la vuelve un polvorín lleno de personas adictas a sí mismas. Más información aquí, aquí y aquí.
Facebook es tan grande y poderoso que ha afectado el curso político de muchos países, pues expone nuestros perfiles personales para ser utilizados en mercadotecnia que manipula la opinión y la democracia. Creo que no deberíamos apoyarlos de ninguna manera.
La Zucker-red significa conversaciones que no llevan a ningún lado, el carnaval de egos más grande (con Instagram incluido) y una entrada de información extra que solo crea depresión y angustia en la mente humana.
Puedo seguir exponiendo otros puntos y opiniones personales, pero no aburriré más con eso. Solo diré que Facebook no es para mi o de utilidad para el Grupo Zen Ryokan.
Jamás usé Facebook para nada personal, solo para cuestiones de la sangha. Intenté hacerlo funcionar como herramienta de aprendizaje, pero asumo que no lo logré. La propia sangha nunca aprendió a usar Facebook para algo que no fuera distracción. Desde hace unos años ya quería cerrar la cuenta, pero le daba más tiempo pensando en que era un buen medio de difusión. No lo es… al menos no para nuestra comunidad budista.
Así que es oficial: Chocobuda o Grupo Zen Ryokan ya no están más en Facebook.
Pero Chocobuda, si no estás en Feis, ¡no existes!
No estoy diciendo adiós a las redes sociales. Creo que son útiles para cuestiones de trabajo cuando se saben utilizar.
Aun sigo usando Whatsapp, pero me iré moviendo a Telegram paulatinamente. Escribiré sobre ello en algunos meses.
Twitter sigue siendo mi herramienta principal para hacer llegar mensajes cortos que promueven la atención plena y la compasión, la práctica Zen y avisos sobre eventos y actualizaciones al blog.
¿Por qué Twitter sí y Facebook no? Porque estoy de acuerdo con los términos y condiciones del servicio y con su postura ante los discursos políticos y el respeto a la información. Por la manera en la que está programado, Twitter es para usarse solo lo uso unos minutos al día y listo, a seguir con la vida.
Dejar Facebook da tranquilidad. Es algo que todos deberíamos intentar. De pronto hay más tiempo para leer o para ver películas. Hay más tranquilidad porque se acaba una fuente de información chatarra y nos da amplitud para disfrutar otras cosas.
Dejar Facebook es minimalismo 100% práctico y consciente. Y en tiempos de Mínima y Ango, esto es un ejercicio importante de auto control.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Oct 28, 2019 | Budismo, Minimalismo, Vida

Aunque no existía la ciencia de la que gozamos hoy, el Buda tenía mucha idea de cómo funciona la verdadera naturaleza humana. Shakyamuni no era científico graduado de ninguna universidad de renombre, pero tenía claro que los pensamientos y la relación que establecemos con ellos son la raíz de nuestro sufrimiento. El apego, el deseo y la aversión son parte de nuestra naturaleza, y al comprender cómo funcionan es posible regresar a un estado de sencillez en el que no se necesita mucho para vivir bien.
Es decir, en la práctica Zen sabemos que la Renuncia es parte de importantísima de nuestra espiritualidad.
Desde hace algún tiempo la psicología evolucionista(PE), que estudia los cambios en nuestro comportamiento derivados por la evolución y la selección natural, ha estado comprobando muchas de las ideas budistas. Ahora sabemos que lo que percibimos como realidad es solo una ilusión.
No importa cuánto nos esforcemos en pensar que somos los «reyes de la creación», al final somos un animal más en el mundo. No somos diferentes de cualquier otro mamífero. Nuestras reacciones, pensamientos y emociones están ahí como resultado de millones de años de cambios graduales. Están grabados en nuestro ADN y rigen nuestra conducta actual, a pesar de estar en el punto más alto de la tecnología y el desarrollo.
Parte del objeto de estudio de la PE es analizar cómo funcionan las culturas cazadoras-recolectoras que aún habitan el planeta, porque son lo más parecido que tenemos a los primeros seres humanos que vivían en África hace 200,000 años.
Son pueblos que viven en lo más profundo de las selvas o planicies y que no se han incorporado a la civilización de consumo. Subsisten con sus valores, creencias y costumbres. No tienen necesidad de integrarse al mundo moderno porque su ecosistema les da todo lo que necesitan.
Hay muchos datos curiosos sobre estas culturas. Por ejemplo, no tienen comida industrial, por ende no existe la obesidad ni enfermedades como el cáncer o la diabetes. Tampoco conocen la demencia, el autismo o el síndrome de déficit de atención. No requieren vacunas. No tienen trabajos de oficina, autos o centros comerciales; así que no tienen estrés ni enfermedades de los nervios. No están conectados por telecomunicaciones, entonces su contacto es cara a cara. El concepto de machismo o feminismo no existe, sólo hay equidad y trabajo en equipo.
Sale el sol y despiertan para ir a conseguir el alimento del día. Dedican mucho tiempo a la espiritualidad y al desarrollo de costumbres y rituales de grupo.
Viven en perfecta comunión con la Tierra.
Cada uno de los factores mencionados es digno de estudio. Pero es importante resaltar el hecho de que sólo tienen lo que necesitan.
Los aborígenes australianos o los Yanomami en América del Sur no atesoran libros, música ni adornos. No sienten apego hacia lo material porque ni siquiera tienen dónde almacenar la cantidad de basura que nosotros acumulamos.
No tienen una casa enorme que limpiar. No tienen mil tanques de gasolina qué llenar para su nuevo Mazda. Tampoco piensan en pagar el seguro o la tarjeta de crédito. No se preocupan por el guardarropa. No compran apps. No acumulan riqueza porque entienden que ésta es sólo una ilusión y que no es necesaria para la vida.
Estas sociedades tienen exclusivamente lo que pueden cargar en sus manos o en alguna bolsa hecha a por ellos mismos.
Y según estudios como este de la Universidad Vrije (Bruselas), sabemos que los cazadores-recolectores actuales son personas felices. Es más, los que se han tratado de integrar a las grandes ciudades terminan enfermos de los nervios o con diabetes.
Por supuesto yo jamás propondría un retroceso de la civilización, no. Tampoco diría que vivir como cavernícola es lo mejor.
La humanidad ha tocado niveles sorprendentes de progreso y si podemos lograr que la ciencia y la cultura sean libres para todos, llegaremos mucho más lejos de lo que imaginamos.
Así que retomar la vida primitiva es impensable.
Pero sí debemos encontrar un equilibrio entre lo que poseemos y lo que somos por dentro. Necesitamos tomar el control sobre el consumismo desmedido y mirar hacia adentro de nosotros.
Necesitamos menos autos y más meditación… y si es zazen, ¡mejor! Necesitamos menos colecciones de basura y más generosidad. Para ser felices debemos liberarnos del yugo de los apegos, para poder ayudar a los demás a salir adelante.
En tiempos en los que se vive la individualidad en pantallas de 6″, mirar hacia las sociedades cazadoras-recolectoras nos puede ayudar a tomar el control del caos interno.
El minimalismo es natural al ser humano. Es parte de nuestra identidad como especie.
Entonces, ¿porqué nos esforzamos en negar el minimalismo?
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Muy pronto regresará Mínima, el taller de minimalismo de Chocobuda 🙂
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 26, 2019 | Budismo, Comunidad, Vida, Zen

La escuela Soto Zen nació de la rama Mahayana del budismo. Parte de nuestra práctica es estudiar el camino del bosatsu (bodhisattva) para ayudar a todos los seres vivos a salir de dukkha (sufrimiento). La Gratitud, Compasión y Generosidad están grabadas en lo más profundo de todo lo que hacemos.
Un bostasu es un practicante que decide liberarse de su beneficio personal, incluido su ego, para enfocar sus esfuerzos en el beneficio de otros. Al mismo tiempo, nos auto-vigilamos para no llegar a extremos que resulten dañinos para uno y para los demás seres. Este es nuestro ideal y requiere un entrenamiento constante, cotidiano, porque si somos laxos, el ego vuelve a ganar terreno. A veces es en forma de egoísmo, a veces en forma de apegos o deseo; pero hay una forma sutil que se cuela por todos lados sin que nos demos cuenta. El ego nos gana cuando convierte en opinión.
Escribo esto porque hace unos días una persona me dijo algo como:
Desde hace varios años tengo el proyecto de rescatar a perros y gatos callejeros. Pero no lo hago porque tendría que comprar alimento de origen animal y no quiero generar mal karma (paráfrasis).
Entiendo el punto de vista de esta persona, pero me pareció muy curioso cómo el ego nos ata de manos cuando se abraza a una opinión. Ella está dispuesta a no hacer nada por ayudar mientras su ego esté limpio de culpa. Y mientras tanto, la ayuda a los animales callejeros no llega.
Desde la óptica del Budismo Zen tenemos que estar revisando siempre la calidad de nuestras opiniones. Si es una opinión que nos ata, que nos causa dukkha o que causa dukkha a otros seres; hay que dejarla volar porque solo nos inhabilita y nos pone lejos de nuestro trabajo de bodhisattvas.
Está perfecto tener opiniones sobre el origen del alimento para animales (o de lo que sea), pero esas opiniones solo existen en la cabeza de quien las piensa. Ahí es donde se deben quedar. Perros y gatos, animales carnívoros, necesitan carne para vivir. Al estar en condición de calle, no pueden cazar lo mínimo indispensable para estar bien y por eso necesitan ayuda extra.
Sin profundizar más en esta anécdota, me pregunto: ¿hasta dónde estamos dispuestos a abrazarnos a un juicio? Me he topado muchas veces con historias similares de personas que tienen la capacidad de ayudar pero no lo hacen porque se abrazan a sus propias formaciones mentales.
Me parece que vale la pena detenernos a analizar si es uno mismo el que impone las barreras. Por que es cuando las destruimos, que la vida comienza a beneficiarse.