por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 29, 2015 | Budismo, Meditación, Zen
En temporada de Ango los maestros budistas aprovechan para lanzar preguntas difíciles a los alumnos.
Nunca hay que responder de inmediato, por más que el simio interno lo pida. Debemos tomar nuestro tiempo, pensar en soledad para poner en orden nuestras ideas.
Por lo general las preguntas vienen en forma de koans o acertijos, pero esta vez mi maestro lanzó la pregunta directa: ¿Porqué practicas zazen?
Luego de unos días respondí y pensé que podría compartir mis razones con ustedes.
Practico zazen porque es aburrido, porque no sirve para nada y porque es difícil. Jugar videojuegos, ver películas mientras como basura o leer cómics es más divertido.
Practico zazen porque me obligo a pasar por encima de mi propio ego y observo mis pensamientos pasar. Identifico así la cantidad de chatarra que mi mente produce y dejo ir todo. Así miro de lejos mis apegos, aversiones y todo lo que hago para sabotearme. Puedo ver mi humanidad completa y sin cortes.
Cada mañana me siento a practicar porque sólo así puedo llegar al silencio, a unirme a todo lo que me rodea y a experimentar el espacio inconmesurable que existe dentro de mi, dentro de todo.
Sólo sentándome en media flor de loto he podido experimentar la magnitud del tiempo y la comunión perfecta que hay entre todos los seres vivos de todos los universos. He sentido hasta la médula nuestra insignificancia, pero a la vez la importancia que todos tenemos.
Cuando observo mi pensamiento me vuelvo muy pequeño y me hago a un lado para que la vida continue sin mi influencia. Me convierto en espectador de lo que hay.
Sólo bajo el dharmadhatu-mudra abro mis ojos a la luz dorada que lo unifica todo en una masa coherente de existencia donde nada sobra y nada falta.
Shikantaza es perfección, es silencio, es arte.
Soy una persona vulgar y común, pero en zazen me uno a la elegancia del infinito, aunque sea por unos segundos.
Practicar zazen no deja nada, no me hace esperar nada y me pone en claro lo tonto e inútil que soy.
Pero a la vez, sentarme en zazen me da la paz que absolutamente nada más me da.
Practicar shikantaza es rendir homenaje al Buda, a Ryokan, a Nishijima Roshi, a O’Sensei, a Bodhidharma, a Nishio Sensei, a Dogen Zenji y a todos los bodhisattvas que han practicado a lo largo de la historia.
Me siento en zazen porque no es nada en especial. Justo como yo.
Poema del Zazen, por Sawaki Kodo Roshi
Haciendo zazen tranquilamente en el dojo,
dejando de lado los pensamientos negativos,
solo obteniendo una mente sin deseos,
es felicidad más allá del paraíso.
El mundo corre tras fama, honor,
ropa hermosa y comodidad.
Pero estos placeres no son la paz verdadera.
¡Corres tras ellos para estar insatisfecho hasta la muerte!
Viste la kesa y las ropas negras para practicar zazen.
Concéntrate con mente simple, ya sea en quietud o en movimiento.
Observa con tus propios ojos la sabiduría interna.
Mira y sabrás íntimamente la verdad de todas las acciones y de toda la existencia.
Serás capaz de ver el equilibrio.
Entiende y conoce con una mente en calma perfecta.
Si eres así,
tu dimensión espiritual,
lo más grande en este mundo,
estarán más allá de toda comparación.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 21, 2015 | Budismo, Zen
La ONU ha declarado que todos los 21 de septiembre son el Día de la Paz. Es una iniciativa hermosa, pues uno de los hábitos que más felices nos hacen, es la paz.
Desde niños nos han educado a entender paz como una utopía en donde la guerra y el conflicto no existen. Es esta dimensión en la que todo funciona, los derechos humanos se respetan, a nadie le falta nada y nadie se agrede; no hay armas ni personas guiadas por la avaricia o la violencia.
En México (1867 AD), el prócer Benito Juárez acuñó la frase «Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz«. Sin duda es una cita linda, pero tiene el mismo problema que tienen todas las citas sobre la paz y todas las enseñanzas de la cultura occidental.
Pero si hay algo que la historia nos enseña una y otra vez, es que todos los esfuerzos por mantener la paz han fallado miserablemente y seguimos siendo una especie conflictiva, llena de ego; que nos conduce al odio y al sufrimiento.
Hay una razón específica por lo que ésto sucede y por lo que la paz verdadera nunca llegará.
Hacemos manifestaciones, tomamos las calles y exigimos paz a los gobiernos. Queremos que los líderes nos escuchen, que un salvador supremo o un amigo imaginario nos salve.
Buscamos a toda costa que la gente se porte amable con nosotros, que respeten nuestros derechos y que nadie nos agreda.
¿Puedes notar la tendencia?
Vemos y sentimos la paz como un ente externo a nosotros mismos.
El concepto que tenemos de paz es siempre de afuera hacia adentro. Son los demás los que deben cultivar la paz para que me beneficie a mi.
Y en ese proceso seguimos mortificando el cuerpomente con mala alimentación, le negamos el ejercicio, consumimos violencia y odio en nuestro entretenimiento, lo atiborramos de información chatarra que nos impulsa a la ignorancia.
Debido a que el concepto de silencio nos aterra, dejamos que los deseos y los apegos nos controlen. Esto nos tortura el alma y genera sufrimiento personal y para quienes nos rodean. No cultivamos compasión para uno mismo, así jamás la podremos brindar a los demás.
Tratamos nuestro cuerpomente como depósito de chatarra; lo cual resulta en que simplemente no entendemos el concepto de paz, porque negamos la paz a nosotros mismos.
El caos, la violencia y la guerra comienzan dentro de una mente que no conoce la paz.
Mientras seamos indisciplinados con nuestro cuerpomente, si no vigilamos nuestros pensamientos y si nunca nos respetamos a nosotros mismos, jamás estaremos en posición de entender los conceptos de paz, respeto y compasión.
Antes de pedir o desear paz a la gente del mundo, uno necesita tomar en serio la responsabilidad de cultivar la paz interna.
El primer paso hacia la paz universal comienza dentro de nosotros; sintiendo compasión por nosotros mismos para poder tomar acciones que nos lleven a tranquilizar el caos interno.
¿Cómo lograrlo? Practicando meditación con disciplina y sin pretextos, cuidando nuestro propio cuerpo. Respeto y disciplina son claves para entender hasta la médula el concepto de PAZ.
En el Dhammapada, el Buda nos dice:
El odio nunca se apaga con odio.
El odio se apaga con Amor.
Esa es una ley eterna.
Shakyamuni enseña que el odio y la avaricia son las semillas de la violencia; y ambas comienzan cuando dejamos la ignorancia nos domine. Para el budismo el término ignorancia no se refiere a cuestiones académicas, sino a la noción de que nuestra existencia personal es única e independiente de los demás.
Ignorancia es creer que el universo gira en torno a uno y que está para obedecer nuestros caprichos.
Pero no es así. Cuando tomamos el control de nosotros mismos y vivimos con respeto y disciplina, estamos llevando nuestra vida con paz y rectitud.
Solo así podremos dar y pedir paz a los demás.
Feliz día de la paz interior, que lo celebramos hoy y todos los días 🙂
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 14, 2015 | Budismo, Vida
Cuando tenía unos 25 años, una de las mejores experiencias en mi vida fue un retiro de aikido en el que permanecí en silencio por varios días. Todos los asistentes sabíamos de ante mano nuestras obligaciones y tareas, pues las habíamos estudiado por un par de semanas antes.
Durante 4 días nadie dijo una sola palabra. Nos comunicábamos con acciones y con las técnicas en el dojo. Al principio fue muy difícil por que durante toda mi vida el lenguaje siempre había sido una herramienta nata, a la cual siempre se recurre sin pensar.
Al segundo día de silencio, entrenamiento y meditación, experimenté cosas que nunca imaginé posibles. Para empezar comencé a tener una claridad mental que no conocía. La comida, a pesar de ser sólo arroz y vegetales, tenía un sabor intenso y fuerte. Los colores del dojo, los sonidos y lo que mi cuerpo sentía; todo era mucho más real y profundo. El resto del tiempo lo pasé entrenando con una dedicación y disciplina maravillosos.
De regreso en la ciudad, mi maestra y compañeros comentamos lo vivido. Ella nos dijo que el Silencio (sí, con S mayúscula), era la herramienta más grande para el artista marcial. Es en el Silencio donde vive la concentración y de donde el bushido saca la fueza necesaria para la vida. En el Silencio radica el Ki o Qi, la energía intrínseca del universo.
Para las filosofías antiguas el Silencio era el cimiento de la espiritualidad. El mismo Buda, siendo la personificación del Silencio, se mantuvo callado por 6 días luego de haber llegado a la iluminación.
No importa la cultura que estudiemos, si miramos su espiritualidad, nos encontraremos con que el Silencio siempre está presente y es practicado de forma rigurosa, aun cuando estar en silencio implique canto y danza.
¡Estás loco, Chocobuda! ¿Cómo es posible estar en silencio mientras se canta y se baila?
Cuando bailamos y cantamos en un concierto o en una fiesta, la mente discursiva se calla. Los pensamientos que nos atormentan se van por un momento y llegamos a experimentar el Silencio absoluto gracias a que entramos en meditación profunda. Ésta es la razón por la que en culturas ancestrales los mantras y la danza son practicados para entrar en contacto con la divinidad.
Al callar la voz y los pensamientos, tan sólo por un minuto, la mente mira hacia adentro y encuentra la fuerza y la inspiración para seguir adelante. Es en el Silencio donde nos ponemos en contacto con la vida, lo que nos da una comprensión muy íntima con la Gratitud y la Compasión.
El Silencio es imprescindible para el crecimiento personal.
Esto lo sabemos todos, pero nuestra cultura contemporánea está centrada en la producción de ruido tanto externo como mental. El resultado lo conocemos todos: estamos más solos, estresados y enojados que nunca. No podemos concentrarnos en nada y tenemos un miedo sobrenatural a estar solos.
Buscamos más distracciones, más tecnología y música más estridente para intentar cubrir nuestra soledad. La sociedad nos impulsa a mantenernos ocupados de tiempo completo.
Y es triste, por decir lo menos.
Cuando guardamos silencio aprendemos a observar la vida que nos rodea. Es irónico, pero cuando no hablamos es cuando nos conectamos de forma espiritual e íntima con las personas que nos rodean; y ni siquiera es necesario mirar directamente. Basta con callarnos y escuchar la respiración o el movimiento que los demás producen.
Para practicar el Silencio no se tiene que ser un ser iluminado o un meditador experto. Se necesita simplemente querer hacerlo y convertirlo en un hábito.
Es tan sencillo como dedicar 5 minutos al día para beber una taza de café o té y dejar de hablar, poniendo toda la atención al sonido que nos rodea.
Entre amigos y parejas, guardar silencio y sentirse uno junto al otro por unos minutos sin hablar, es mágico.
El Silencio calma la mente y es el primer paso a una buena salud mental, pues ejercitamos la disciplina de dejar ir palabras inútiles y ponemos atención a los demás.
Con todo esto dicho, guardaré silencio y esperaré aquí a que tú también lo practiques 🙂
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 9, 2015 | Budismo, Vida, Zen

La tecnología en comunicaciones nos permite trascender fronteras y barreras físicas para estar juntos. Gracias a ella es que existe un blog como el Chocobuda.
Kid Buda y yo nos dimos cuenta que muchos amigos fuera de la Ciudad de México quieren participar del Retiro de Otoño; por lo que decidimos abrir la posibilidad de tomarlo en línea.
Por primera vez en la historia de Dharma para la Ciudad el retiro se transmitirá en vivo, vía Google Hangouts para 9 personas que se inscriban.
Aun hay tiempo y lugares disponibles.
Únete a nuestro ya tradicional retiro, comparte con nuevos amigos y mantén al estrés alejado por dos días. ¡Son vacaciones para la mente!
Toda la información AQUÍ.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 7, 2015 | Budismo, Vida, Zen
Para muchas comunidades budistas los 3 últimos meses del año son especiales, pues se celebra el Ango. Es un período extendido de práctica, estudio y espiritualidad. Se estableció originalmente para proteger del monzón a los monjes vagabundos y mendicantes en India antigua.
Lo que comenzó como una necesidad de protección del clima, se convirtió en tradición que sigue hasta estos días.
Para el budismo Soto Zen, el Ango se sigue celebrando durante los últimos tres meses del año. Culminará con un retiro de dos días llamado Rohatsu, en la primera semana de diciembre.
El Ango es la temporada donde dejamos atrás el ego y nos empujamos nuestros límites un poco más. Llevamos nuestra práctica a niveles más formales y hacemos zazen por más tiempo de lo normal.
Entendemos que el crecimiento personal siempre sucede fuera de nuestra comodidad. Es con determinación y disciplina cuando llegan los cambios a nuestra vida.
El participante de Ango debe hacer una serie de compromisos personales en los que el primer beneficiado será él mismo. Por ejemplo, dejar 3 cosas por las que se sienta apego; como comer chocolates o postres, fumar o pasar tiempo en redes sociales.
No hay trampas ni trucos. Si uno se auto-engaña, uno mismo resulta ser la primera víctima. Así que no hay más que avanzar un paso a la vez.
Para mi serán 3 meses de práctica y servicio fuertes, en donde:
- Aumentaré mi tiempo de zazen de 40 a 50 minutos por la mañana. 20 minutos por la tarde. En domingo por la mañana (que es cuando tengo tiempo) será de entre 1:30 y 2:00 horas.
- Leeré más libros de dharma, en especial uno que siempre me ha costado trabajo.
- Coseré un nuevo rakusu.
- Trabajar más en formalizar el grupo local GDL y online.
- Donaré un poco más de lo usual a organismos de ayuda humanitaria.
- Haré de la compasión y la gratitud el centro absoluto de mi práctica.
- Dedicaré aun más tiempo al estudio de formas, movimientos y ceremonias.
- Bajar la cantidad de cacahuates que como. ¡Un elefante se sentiría opacado!
Ahora, todos estos objetivos podrían no cumplirse. Uno nunca sabe cómo atacará la Señora Impermanencia. Pero la idea es hacer lo posible para llevarlos a cabo.
Sí, se ve difícil. Pero ese es el punto: que cueste trabajo.
Ahora, no necesitas ser budista para practicar el Ango. Se trata de entender que el agua pacífica y tranquila se estanca. De vez en cuando es necesario convertirnos en ríos caudalosos y llenos de caídas.
Piensa algo que quieras lograr pero que no has llevado a cabo. ¿Leer más libros? ¿Correr una carrera de 5K? ¿Limpiar tu vocabulario? ¿Levantarte más temprano?
Si tienes un objetivo que cumplir, te invito a que unas al Ango 2015. Te conviene.
La primera persona beneficiada serás tú. Y luego el mundo que te rodea.
¿Me acompañas?