¿Quieres ser feliz? ¡Practica la compasión!

¿Quieres ser feliz? ¡Practica la compasión!

Existen cientos de textos que apuntan a que la compasión nos lleva a la felicidad.

Lo dice el Dalai Lama, lo marcan casi todas las religiones del planeta, lo afirman los filósofos desde la antigüedad.

La ciencia nos dice que la compasión:

  • Estimula la producción de serotonina. Es mayor en quien dá, que en el receptor
  • Ayuda a tener buena salud porque las heridas cicatrizan más rápido y provee calma
  • Hace que el cerebro produzca endorfinas
  • Hace que el cuerpo produzca oxitocina, hormona que nos vuelve más amigables. Incrementa la confianza y la generosidad. Fortalece el sistema inmunológico.
  • Nos hace producir DehydroepiandrosteronA (DHEA), hormona esteroide que retarda el envejecimiento
  • Ayuda a eliminar el estrés

Pero independientemente de todo ello, ser compasivo se siente muy, muy bien.

Ser egoísta y maléfico = infelicidad

Ser compasivo = ser feliz

¿Cuál prefieres?

¿Quieres ser feliz? ¡Practica la compasión!

Promover la compasión, mi cruzada personal

Durante mi tiempo fuera de línea en diciembre me di oportunidad de acudir a un retiro y de hacer sesiones de zazen más largas. Como resultado de esto tuve un momento ¡Eureka! que no significa nada para nadie, pero a mi me dio introspección sobre algo que me venía molestando desde hace algún tiempo y no sabía qué era.

Cuando alguien me preguntaba ¿porqué pasa X cosa mala en el universo?, la respuesta casi siempre apuntaba a falta de generosidad, exceso de ego o que era consecuencia directa de malas decisiones. Es una forma simple de ponerlo, claro, pero el punto es que mis respuestas siempre parecían incompletas para mi mismo.

Pero en semanas recientes he observado con atención. La violencia es más alta que nunca, existen más atropellos económicos y la maldad y el egoísmo están ganando terreno. Hay más tristeza y desesperación, que llevan a la indiferencia y a la inacción.

En suma, la infelicidad es grande.

Y todo viene porque hemos dejado de lado la compasión.

Esta cualidad única de los humanos está formada de dos partes:

co, que significa juntos, y

pasión, que significa sentimiento fuerte

La compasión es el sentimiento de hermandad y de empatía que nos lleva a ayudar a los demás. Pero más allá, es la fuerza que nos mueve para esforzarnos a que todos los seres vivos estén bien y que sean libres del sufrimiento.

Cuando este valor importantísimo se deja de lado:

  • El rico acapara más recursos e ignora las necesidades de los demás.
  • El político utiliza a la gente y su dinero para su beneficio.
  • El policía no se tienta el alma para sobornar.
  • El manipulador ignora el corazón de su víctima y el daño que causa.
  • El bullying entre los niños y adolescentes crece y se hace cotidiano.
  • La mentira y la traición se vuelven fáciles.
  • El crimen organizado crece. Y crece. Y crece sin control.
  • El racismo y los crímenes de odio son ejecutados.
  • Las diferencias sociales hieren a culturas completas.
  • Las corporaciones se sienten justificadas de vender veneno a la gente (te estoy viendo, Coca-Cola).

Es decir, la falta de compasión hace que todos suframos al entrar a una espiral sin fin donde todos están contra todos.

Creo que el mundo se beneficiaría mucho si todos compartiéramos, nos apoyáramos, tuviéramos empatía por el dolor ajeno y nos preocupáramos por el de a lado.

Sabríamos lo que es bueno para nosotros si primero supiéramos lo que es bueno para los demás.

He dicho esto antes: la base de la felicidad es la generosidad. Eso es muy cierto. Pero para que haya generosidad, primero hay que conectarnos directamente con los sentimientos del otro por medio de la compasión.

¿Qué es la compasión, entonces?

No, no es sólo decir «pobre tonto» a alguien que pasa un mal rato.

Compasión es sentir empatía por los demás, es la respuesta emocional al sufrimiento de los demás y tomar acción para ayudar.

Compasión es ser super honesto y tratar a los demás como queremos ser tratados. Así de simple.

Desde hoy en Chocobuda promoveré la compasión. Será parte importante de mi práctica y un motivo para seguir.

Lo sé. Soy un tonto, ingenuo e idealista.

¿Hasta dónde llegaré? No lo sé. Pero sin duda serán aventuras interesantes y espero me acompañes 🙂

 

Que 2014 sea un muy mal año

Que 2014 sea un muy mal año

Cada año que comienza las felicitaciones y buenos deseos se desbordan por doquier.

Todos nos dejamos llevar por la costumbre y gritamos ¡Feliz año!, esperando que estas vacías palabras cumplan la magia de lograr nuestras metas, objetivos, que tengamos trabajo y salud, y que la prosperidad llegue sola y sin esfuerzo.

Luego de la primera semana comenzamos a romper promesas y a abandonar propósitos. Regresamos a nuestro viejo patrón de comodidad y la vida sigue igual.

En contraste a la cultura convencional, el budismo zen es crudo y brutalmente honesto. No te consiente ni te dice palabras bonitas porque sí.

Es rudo, frío y te hace pensar.

Así que siendo monje budista en entrenamiento y practicante de zen…

¡TE DESEO UN MUY MAL AÑO NUEVO! Y que sea peor que el anterior.

Que sea un año incómodo. Porque sólo así usarás tu creatividad para salir adelante.

Que te rompan el corazón. Así podrás valorar el amor, lo que significa ser correspondido y aprenderás a tratar bien y a respetar a tu pareja.

Que te traicionen. Así entenderás el valor de la lealtad y lo que se siente ser víctima del ego descontrolado.

Que alguien en el trabajo o escuela te pisotee para su beneficio. Porque así verás lo que se siente cuando has usado a la gente como plataforma profesional.

Que te demuestren lo tonto que eres. Para que entiendas que no eres la persona más sabia ni hábil del mundo. Así se aprende humildad.

Que sientas soledad inmensa. Así aprenderás que estar contigo mismo no es malo.

Que llores mucho. Sólo entonces valorarás la risa y la sonrisa.

Que tengas muchos días fríos y nublados. Así darás valor a la luz del sol y al aire fresco.

Que te enfermes. Para que entiendas que cuidar al cuerpo es lo más importante de tu experiencia de vida. Buena alimentación, ejercicio y descanso… son las acciones que has olvidado ejecutar.

Que tengas confusión, pesadillas y caos. Para que por fin te convenzas a meditar diario.

Que el dinero te haga falta. Así buscarás alternativas inteligentes para cubrir tus necesidades y tendrás nueva dimensión de que cuidar tus finanzas personales es esencial.

Que necesites ayuda y nadie te la de. De esta forma entenderás que todos los seres vivos sufrimos y que la compasión es lo que nos saca adelante como especie.

Que 2014 sea un año incómodo, lleno de retos y que tu ego termine arruinado.

Si superas todo esto, la noche del 31 de diciembre de 2014 habrás aprendido, crecido y serás una persona mejor de lo que eres hoy.

Creo que estos son mejores deseos que sólo gritar ¡Feliz año nuevo!

 

 

 

Hábitos nuevos para tomar el control de tu vida

Hábitos nuevos para tomar el control de tu vida

La seguridad es una ilusión.

No importa qué tan gruesas sean las paredes de tu casa, qué tan completas sean tus pólizas de seguro, cuántos años lleves en tu trabajo  o los años que lleves de casado. Nada importa a la hora de que la Señora Impermanencia decide golpearte directo en la cabeza. Es una de las lecciones más grandes de la vida, pero a la que más nos resistimos a entender.

Si esta verdad es absoluta y no cambia, ¿porqué seguimos abrazándonos a lo que nos hace sentir seguros? Porque a los humanos nos gusta sentir que tenemos el control de todo, hasta de la misma naturaleza.

Lejos de buscar motivos o criticar esta conducta básica, podemos mejor enfocarnos en las virtudes de ello.

Tomar el control de las cosas y situaciones nos da cimientos para tener una vida tranquila. Cuando la impermanencia ataque, tendremos la calma y los elementos para actuar de manera acorde.

Por el contrario, vivir desparpajados, sin organización y sin dirección, genera angustia y sufrimientos.

Es aquí donde los nuevos hábitos se vuelven fundamentales para el desarrollo personal.

Cuando decides practicar un nuevo idioma, ajustar tu gasto, expresarte mejor, comer sano o hacer ejercicio; lo que estás haciendo en realidad es salir de tu área de comodidad para solucionar un problema de forma directa.

Para algunos se trata de tener las agallas, la disciplina y determinación para lograrlo al día siguiente.

Para otros, el camino tiene que ser lento y amigable. Poco a poco es mejor.

Como quiera que sea, todos los esfuerzos para cristalizar un nuevo hábito se traducen en tomar el control de nuestra vida.

Esto equivale a bienestar porque comprendemos que la cura para el miedo es la acción.

Nos hace personas más íntegras porque para empezar un nuevo hábito se requiere aceptar que el cambio es necesario. Pasamos encima de nuestro ego.

Nos volvemos positivos porque sabemos que el camino hacia una nueva conducta es terreno inexplorado, pero estamos dispuestos a fracasar una y otra vez hasta lograrlo.

Adoptar nuevos hábitos nos abre la mente a posibilidades que no imaginábamos e incrementa nuestra capacidad de asombro.

Sabemos que las acciones tomadas nos dan la dulce, dulce ilusión de seguridad porque no estamos sentados en nuestro gordo trasero esperando la muerte.

Un año nuevo está por comenzar y lanzo el reto:

¿Cuál será tu nuevo hábito para el año entrante?

¿Tienes los bríos necesarios para tomar el control de tu vida?

¡Actúa!

 

Vivir el presente facilita crear hábitos

Vivir el presente facilita crear hábitos

La mente humana evolucionó para fabricar pensamientos. Muchos. Y lo hace con un ciclo de entrada de datos-procesamiento-salida de datos.

En es sentido, es una maravilla. Es lo que nos vuelve lo que somos, lo que nos hace relacionar con el universo.

El problema es que produce tantos pensamientos, planes y fantasías sin parar. Y además le gusta mucho engancharse a pequeñas distracciones para evitar quedarse quieta.

Se divierte con entradas inútiles de información que, a la larga, nos afectan más que beneficiarnos. En tiempos de la conexión perpetua, la alimentamos con aun más distractores.

Con todo esto no es mentira afirmar que la mente casi nunca está donde debe estar: aquí y ahora.

Esta capacidad de no estar en el presente tiene costos muy altos para la vida cotidiana. Estamos distraídos y perdemos las llaves, nos perdemos, no escuchamos o tenemos accidentes.

Sacrificamos productividad por seguir enganchados en pequeños dulces para la mente. Vivimos nuestros días sin poner atención a nuestras reacciones y relaciones con el universo.

A la hora de querer crear hábitos, las distracciones se convierten en un obstáculo gigantesco.

Por ello quienes se proponen algo como dejar de fumar, de maldecir, comer mejor, caminar más o aprender algo; se pierden en el mar de la apatía y no logran lo que quieren.

Los que quieren aprender algo nuevo, se quedan en el intento porque las distracciones son mucho más atractivas.

Todo ello se puede evitar al poner atención al momento presente, a nuestras palabras y pensamientos, a las acciones y omisiones que estamos por ejecutar.

Vivir aquí y ahora nos devuelve la elusiva capacidad de autocontrol, misma que se pierde con mucha facilidad.

Antes de que pongas trabas o pretextos, en realidad es fácil lograrlo. Pero requiere práctica.

Aunque venga de manera tácita e invisible, cuando nos proponemos forjar un hábito nuevo estamos firmando un contrato de atención:

Quiero comer cosas que me nutran (por ende vigilaré con atención todos mis alimentos, de lo contrario impactaré mi salud y el bienestar de quienes me rodean).

Así nos es mucho más claro el compromiso de cambio y estaremos en el presente, resguardando el contrato.

Y claro, la meditación es la herramienta máxima para cultivar atención consciente. Pero eso ya lo sabías, ¿no?