por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 11, 2013 | Budismo, Vida
Las comunidades budistas en el mundo dedican algunos meses del año al Ango, que es un periodo de entrenamiento intenso y concentrado.
Tiene su origen en India antigua cuando, durante los meses que duraba el monzón, los monjes vagabundos mendicantes se reunían en un sólo lugar a estudiar, meditar y debatir. Lo hacían hasta que la lluvia paraba. Luego continuaban sus viajes.
Esta tradición milenaria se sigue observando al día de hoy, y la comunidad a la que pertenezco (Soto Zen) no es distinta. De septiembre a diciembre practicamos el Ango.
En las próximas semanas mi práctica será más intensa. Incluso más que en años anteriores porque ahora debo incorporar actividades monásticas y de estudio.
Para que tengas idea qué es lo que hace un monje durante el Ango, esta una pequeña lista de lo que me espera:
- Zazen por más tiempo, más veces al día.
- Participar en los zazenkai (ceremonias semanales con zazen de 90 minutos a 4 horas).
- Participar en actividades de caridad en mi localidad.
- Hacer donativos a instituciones de ayuda. Y elegí Médicos Sin Fronteras y a personas cercanas a mi que lo necesitan.
- Practicar metta. Esta hermosa práctica se hace después de meditar e implica abrir el corazón para ser más compasivo con quienes sufren (incluido uno mismo).
- Practicar el gatha de la comida. Es decir, agradecer cada alimento que llega a mi para nutrirme y sostener la práctica.
- Práctica personal en pareja con otro miembro de la sangha.
- Asistir a mis compañeros que estudian para recibir Jukai preceptos del bodhisattva), en diciembre.
- Dejar de lado dos pasiones o apegos para aprender a vivir sin ellos. Luego de mucho (pensar porque mis apegos son mínimos), decidí suspender mi ávida lectura de ciencia ficción y fantasía. Me enfocaré a leer sólo libros de budismo zen.
Suena intenso, ¿no?
La verdad es que no. Desde que celebré mi primer Ango, hace años, todas estas actividades se convirtieron en cotidianas. Ahora son hábitos.
Quizá la incorporación de la parte monástica sea la difícil, pero no imposible de sostener. Así que estaré un poquito ocupado. Si no publico con mucha frecuencia, ya sabes la razón.
Ahora, te estarás preguntando, ¿porqué escribo todo esto? Porque creo que nunca es tarde para cultivar un nuevo hábito.
Los expertos de productividad dicen que formar un nuevo hábito toma cerca de 1 mes.
Pero en mi experiencia, formar un hábito que perdure puede llevar unos buenos 3 meses. Y no, no tienes que usar una mega lista de pendientes como la que me han asignado.
Un sólo hábito es suficiente, siempre y cuando tengas un sistema, lo practiques con disciplina y estés dispuesto a aprender de los errores.
¿Cómo lograrlo? En el siguiente post escribiré al respecto.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Sep 4, 2013 | Budismo, Vida, Zen
«Si estamos en paz, si somos felices, podemos sonreír y florecer. Así cada persona en nuestra familia, en nuestra sociedad, se beneficiará con nuestra paz.»
Thich Nhat Hanh
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El Zen a veces puede ser muy serio y lleno de rigidez. Existen formas arcanas irrompibles y ceremonias que deben ser seguidas cuidando cada detalle. Así ha sido y así será. Es parte de la mística y la verdad es que se disfruta.
Dejando de lado el budismo, la seriedad está por todos lados también. La cultura occidental nos obliga a tomarlo todo demasiado en serio. Siento que nos dice: hay que vestir de gris para tener una vida gris.
Y olvidamos el humor y la sonrisa, que son parte de lo que nos vuelve humanos y hacen que la vida se vuelva una fiesta colorida donde cada sencillo detalle puede ser una explosión a los sentidos. Incluso los desafíos que nos encontramos en el camino, por supuesto.
Sé que hay momentos en los que hay que tomar las cosas en serio para poder resolver un problema. También sé que no podemos ser ingenuos y tomar todo tan a la ligera. Eso nos haría negligentes ante la vida.
No. Se trata de simplemente sonreír.
Inspirado en las enseñanzas de Master Thich Nhat Hanh sobre la sonrisa, en los últimos 3 meses he estado experimentando e investigando la neurociencia sobre el sonreír como medio de alcanzar mejores estados de meditación. Y lo que he encontrado es sorprendente porque los resultados afectan no sólo al zazen, sino a todos los aspectos de la vida cotidiana.
Sabemos que la ciencia tiene estudios enormes sobre cómo la sonrisa disminuye el estrés, ayuda a prevenir y recuperarse de la enfermedad y promueve una vida más larga y sana; pero quería probarlo personalmente.
En general soy un tipo que sonríe con frecuencia. Pero me di cuenta que podía sonreír más, así que comencé el experimento.
Un día me senté a meditar y mantuve la sonrisa por los 40 minutos de mi zazen matutino. Y comprobé lo que dicen algunos estudiosos: aunque no haya nada gracioso de qué sonreír, si mantenemos el gesto por unos 10 o 15 minutos, el cerebro comenzará a soltar endorfinas.
Y me sentí radiante. Vi colores en patrones fractales (mandalas) y el cuerpo se llenó de energía.
Claro que esto era inusual y podía ser efecto placebo, así que en mi siguiente sesión repetí las acciones. Y el resultado fue aun más sorprendente. Mi meditación fue mucho más profunda y me fue más fácil dejar ir pensamientos, recuerdos e imágenes.
Al tercer día lo volví a intentar, obteniendo los mismos resultados… con la diferencia de que cuando terminó mi sesión, la sonrisa permaneció mucho más allá de los 40 minutos.
A lo largo del día la risa y el humor me era más fáciles, los problemas cotidianos los resolví con ligereza y me sentí muy bien en general.
A la semana integré la sonrisa a mi práctica de yoga y al running, resultando en mayor energía y mejores estados de ánimo.
Una semana se convirtió en un mes; y un mes se tornó en tres meses sonriendo al meditar. Y no podría estar más feliz.
Así que comparto mis hallazgos no científicos y 100% personales.
Sonreír, aunque no tengas ganas…
- Centra y da perspectiva ante los problemas, abriendo más opciones para resolverlos
- Combate el estrés
- Permite mejor concentración, resultando en mayor productividad
- Te vuelve más creativo ( lo siento emos y poetas depresivos… la sonrisa es la mejor herramienta creativa que he encontrado)
- Llena el cuerpo con energía y disminuye el cansancio
- Combate los sentimientos de tristeza y soledad
- Si meditas sonriendo, te hará llegar a una profundidad que nunca habías alcanzado
- Mejora tu interacción social. La gente te responde y sonríe de regreso.
- Hace que ell tiempo pasa más rápido porque te la estás pasando bien
- Aligera la carga emocional en situaciones difíciles
¡Así que sonríe! Sonríe al leer esto, al despertar, cuando des el primer sorbo a tu café, cuando veas a algún desconocido, cuando tengas un grave problema en frente, cuando estés triste. Créeme, el cerebro es muy sabio y te premiará con mejores días y mejor salud.
Como siempre, la lista no está completa. ¿Qué experiencias has tenido al sonreír? ¡Sonríe y comparte en los comentarios!
¡Oye, cara de palo: SONRÍE!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 19, 2013 | Minimalismo, Vida
Al enterarse de que existimos quienes llevan una vida minimalista y orientada a lo austero, muchos cierran su mente a la idea de que tener poco es posible y que además te puede llevar hacia la felicidad.
Para estos últimos la única forma de estar plenos es por medio de objetos y estímulos externos. La perpetua caza de lo último, lo más rápido, lo más grande y ruidoso, los ha convertido en esclavos zombies de un amo invisible que controla sus mentes y sus destinos.
De manera irremediable, esto lleva a la acumulación y a la saturación; que aparte de ser insostenible para el planeta y la humanidad, genera caos en la mente.
Este amo sin nombre y que es adorado por la multitud, se adueña de tu pensamiento, tiempo, espacio y te ciega. Así evita que pienses por tus propios medios y que disfrutes lo que es inherente al ser humano: el silencio.
Apreciar el silencio interno reditúa en una comprensión profunda de la vida y, de cierta forma, ayuda a desarrollar la inteligencia.
No es que poseer cosas y disfrutar, digamos un concierto, sea malo. ¡Todo lo contrario! Necesitamos de las cosas y de las experiencias sociales. Son nuestra manera de relacionarnos con el universo y de construir la cultura humana.
Pero existe una gran diferencia entre enriquecer la vida con ellos y vivir para ellos.
Ser minimalista trae consigo una cantidad enorme de beneficios. Esta pequeña lista refleja sólo algunos.
Tranquilidad
Cada vez que sale al mercado un nuevo gadget o consola de videojuegos, los noticieros reportan largas filas de personas que acampan por días afuera de las tiendas. Ser el primero en tener un objeto parecería ser su motivo de existir.
Lo mismo aplica para quienes son muy «inteligentes» y se arrebatan prendas o cajas de cereal en las baratas de los grandes almacenes.
Hay quienes están seguros de ahorrar mucho dinero por haber aprovechado una venta especial. ¿Acaso no hubieran ahorrado más de no haber gastado en cosas que no necesitaban?
En las imágenes en los medios puedes ver la tensión y el cansancio que los mismos compradores se procuran.
Cuando el furor y la novedad pasan, estas personas se quedan en sus manos con docenas de aparatos obsoletos que tienen que tirar a la basura. Porque además, al poco tiempo, salen nuevas versiones de lo mismo. Es lamentable que hayan hogares con pilas y pilas de basura: libros, revistas, juguetes, decoración, discos, iPods… ¡Nunca termina!
Es un ciclo infinito de estrés que atenta contra nuestra salud y el planeta.
Los minimalistas comprenden cómo funciona la trampa de la mercadotecnia y sólo hacen compras inteligentes, con la razón como arma. Sus casas están más vacías y con aire limpio para respirar.
Eso es tranquilidad.
Sentimiento revolucionario
Ser minimalista es ser revolucionario de corazón. Es tomar la bandera de la razón y luchar contra un sistema insostenible que se adueña de nuestras carteras y enjaula nuestras almas.
Practicar el minimalismo es desechar la mente de la colmena y buscar nuestra propia personalidad. Nos lleva a encontrar nuestra identidad y nuestra misión en la vida.
¡Viva la revolución!
Menos apegos
El budismo nos enseña que los apegos y las aversiones son la base del sufrimiento. Los no-minimalistas nos pueden hablar mucho del tema porque están apegados a comprar y a coleccionar relaciones o recuerdos.
Los minimalistas sabemos que todo es impermanente, que nada dura para siempre. Pensar así es liberador porque no nos aferramos a las cosas, personas, recuerdos o situaciones.
Esto nos hace apreciar los aspectos sencillos de la vida y estamos contentos con lo que somos y tenemos. Vivimos aquí y ahora.
Simple es mejor. Siempre.
Comprensión profunda de las cosas
Esto llega luego de algún tiempo de vivir como minimalista.
Al no tener tanto de qué preocuparse, la mente se libera para darnos una comprensión profunda de la vida.
Quizá el beneficio principal es que podemos ver más opciones ante los problemas. Nos sentimos menos acorralados cuando tenenemos que tomar decisiones.
También nos mantiene con la mente y el corazón abiertos para observar.
Simplemente observar.
Más tiempo para disfrutar la vida
Mantener muchas cosas, relaciones, planes y recuerdos; es extenuante.
Una colección de figuras de porcelana exige cuidados y limpieza. Demasiadas relaciones personales necesitan tiempo y compromiso. Estar apegados a demasiados recuerdos nos lleva a vivir en el pasado. Pasar nuestros días deseando resultados de los planes es estresante.
Cuando nos liberamos de todo ello, la vida se vuelve simple y deliciosa porque queda mucho tiempo libre para disfrutar lo que se tiene en el momento.
¡Por supuesto que tenemos metas y objetivos! La diferencia es que sabemos soltarlos cuando llega el momento, sin apego alguno.
—
En un mundo cada vez más competitivo y donde la economía está hecha pomada, ser minimalista tiene muchos beneficios.
Pero eso sólo se descubre cuando el minimalismo se pone en práctica.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Ago 12, 2013 | Minimalismo, Vida
Cuando volteo al pasado y miro mi vida antes del minimalismo pienso lo mucho que desperdicié. No tanto en dinero o espacio, sino en salud y tranquilidad.
¡Se me fueron tantos años preocupado por tener cosas! Vivía enganchado a ser el primero en todo. Quería el primer gadget, la mejor computadora (ordenador) del momento, visitar el mejor restaurante de la ciudad, ser el primero en el estreno de la película de moda y hasta ser el pionero en probar el nuevo sabor de helado.
En el medio donde me desenvolvía, era de ganadores comprar los últimos cómics, música, películas y videojuegos. Me daba estatus sobre la manada el llegar desvelado a la oficina presumiendo que había ido a 3 bares o que había ido a una premiere de alguna basura de Hollywood.
Y yo trabajaba y trabajaba para mantener un estilo de vida que me tenía al borde de un ataque de nervios y me costaba la salud. Dormía poco, comía la comida de los ganadores: alta en calorías, carbohidratos y pobre en nutrición.
En fin. Hacía todo lo que un hombre exitoso entre los 25 y 30 debía hacer. Gastar el dinero como si no hubiera un mañana y, en el proceso, llenaba mi casa de basura coleccionable.
Por supuesto, como budista no puedo decir que haya sido tiempo desperdiciado y mucho menos que todo eso no sirvió de nada.
Por el contrario.
Me sirvió para llegar a este momento en la vida y poder maravillarme con la magia y el júbilo que trae vivir con poco.
Luego de un proceso largo y lleno de obstáculos, comencé a reducir todo lo que pude en mi vida. Llegar a comprender las 4 R’s del minimalismo nunca fue tarea fácil, pero el mensaje comenzó a hacerse claro poco a poco.
Y todo comenzó cuando lo cuestioné todo. ¿Para qué una nueva computadora si la que tengo me da muy buen servicio? ¿Para qué más libros, si tengo al menos 20 que no he tocado? ¿De verdad necesito dejar de dormir por ver algo en el cine?
¿Por qué toda esta colección de basura me estresa tanto?
Poco a poco dejé de comprar lo que no necesitaba. Luego seguí tirando y regalando lo que estorbaba en casa.
Justo ahí es cuando la magia del minimalismo comenzó a manifestarse. Llegó la tranquilidad. Comencé a no estar tenso por hacer lo que el grupo social esperaba de mi. Mi casa empezó a reflejar hermosos espacios vacíos y muros blancos. El reducir mis salidas a los lugares de moda me dejaba tiempo para leer, para salir a correr, dormir y, lo más importante, sentarme a meditar. Eso redituó en tomar el budismo mucho más en serio de lo que lo había hecho. Y el resto es historia.
Lo que es un hecho es que el minimalismo tiene una magia intrínseca que sólo pocos atrevidos experimentan. Y no me creas a mi, cientos de blogueros y escritores coinciden. Ser minimalista reduce el estrés, lleva a una vida mucho más tranquila y deja espacios abiertos para contemplar y respirar.
Pero ser minimalistas en un universo que nos presiona a tener basura y a tirar el dinero, no es fácil. De hecho, es virtualmente imposible porque la mercadotecnia nos vende la fantasía de que sólo seremos felices si cargamos todo eso en la espalda.
Se necesita un espíritu con la suficiente curiosidad como para comenzar a documentarse y experimentar.
Y poco a poco dar el primer paso hacia la liberación.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jul 29, 2013 | Budismo, Vida, Zen
ecuanimidad
f. Imparcialidad de juicio: la justicia debe distinguirse por su ecuanimidad.
Actitud equilibrada y constante: ecuanimidad de ánimo.
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Una actitud de vida de la que muy pocas veces se habla en estos tiempos, es de la ecuanimidad; que es la capacidad ver la vida sin emitir opiniones inclinadas hacia algún lado.
¡Cómo cuesta trabajo no emitir opiniones fuertes sobre las cosas!
Si algo nos gusta, hablamos maravillas y exageramos los hechos. Si algo no nos gusta, hacemos las cosas peores de lo que son para justificar nuestro punto de vista.
Quizá esto suena a algo normal e inofensivo, pero no ser ecuánimes es mucho más costoso de lo que nos imaginamos.
No ser ecuánimes significa abrazar y estrangular nuestras opiniones y sentimientos. Es no dejar ir lo que nos hace sentir seguros. Es tomar nuestra personalidad como bandera, sin apertura para el cambio. Es resultar heridos y ofendidos por ideas distintas a las nuestras. En suma, implica limitar nuestra inteligencia y sabiduría, víctimas de nuestro gordo ego.
Y así comienza el sufrimiento, porque no podemos aceptar otras filosofías o estilos de vida.
Como lo he explicado a algunos, vivir es como ser jugador en un campo de futbol. Estás ahí en la batalla diaria, en la acción, y tu rango visual es sólo de lo que ves frente a ti y posiblemente en la periferia de tus ojos. Tomas decisiones con base en la experiencia directa. El problema es que para ser un buen jugador, necesitas también considerar lo que pasa a los lados, por detrás y en la tribuna. De lo contrario te estás perdiendo de muchos factores que impactarán en tu desempeño. Ser sólo un jugador más en la cancha, es no ser ecuánime.
Sin embargo, cuando dejas de estar en el césped y te subes al dirigible que vuela sobre el estadio, tienes una posición privilegiada porque puedes ver a los dos equipos participantes del juego, al público, a los entrenadores e incluso el estacionamiento. Es decir, puedes apreciar todos los factores que están pasando al mismo tiempo y que influyen en el goce del partido.
Para ser ecuánimes necesitamos ver las cosas con mente abierta, dejar atrás los juicios y entender que todas las monedas tienen más de dos caras.
No podemos controlar lo que hagan los demás, ni el clima, ni el universo.
¿Qué beneficio tiene ser ecuánime? La liberación.
Es liberador porque dejamos de sufrir por factores externos y nos fomentamos la capacidad de aceptar a las personas y la vida justo como son. Esto reditúa en tranquilidad porque ya no somos pasionales sobre un equipo de soccer, por un estilo de música o un partido político. Simplemente sabemos que existe la diversidad y que así será por siempre.
Puede que algo no nos sea placentero, pero eso no es suficiente como para amargar el día o generar odio.
¿Cómo cultivar ecuanimidad? Estando atentos a nuestro discurso y puntos de vista. Si en algún momento algo nos ofende, entonces hay que revisar el porqué para dejarlo ir. Eso es todo. No es fácil, pero es posible.
Claro, meditar diario por 20 minutos, facilita este aprendizaje.
Y el sentimiento de libertad que viene no se le puede comparar con nada.
Vale la pena intentarlo.
Si tu mente es firme como roca
y ya no tiembla,
en un mundo en el que todo tiembla,
entonces tu mente será tu mejor amiga
y el sufrimiento no vendrá hacia ti.
Poema budista del Therigatha.