La envidia es causa de infelicidad para muchos. Es este sentimiento de odio e ira que surge en nosotros cuando vemos que otra persona logra cosas o tiene cosas que nosotros deseamos.
Vemos con resentimiento cuando alguien tiene éxito y estamos ávidos por conocer el secreto. Dudamos que haya sido capaz de haberlo hecho por sus propios méritos y ponemos en tela de juicio su talento. ¡Seguro pagó a alguien! ¡Seguro se acostó con alguien! ¡Seguro tiene algún conocido poderoso!
Criticamos a la persona, buscamos todos sus defectos y deseamos que un tren pase por encima de él/ella. O mejor que lo asalten y lo maten.
Así vamos alimentando al lobo hambriento llamado Envidia. Cada pensamiento es una flecha envenenada en nuestro corazón. Nos hace sentir odio y tristeza que eliminan nuestra inteligencia; resultando en que nos congelamos en nuestro sitio, mientras lamentamos los infortunios y obstáculos de nuestra miserable existencia.
¿Por qué él/ella sí, y yo no?
Para la psicología evolutiva, la envidia tuvo un papel importante en el desarrollo de la humanidad. Éste sentimiento sirvió en nuestra prehistoria para asegurar el bienestar de la manada. La comparación constante entre individuos promovió que ambos se esforzaran por obtener logros que servirían de modelo a los demás. Así llegamos a construir ciudades y luego civilizaciones enteras.
La envidia tiene una razón de ser, pero es un sentimiento primitivo. Es parte de nuestro ADN, al punto de que todos la experimentamos, no importa el país o la cultura. Nos hace infelices, feos y nos vuelve tontos, porque destruye la inteligencia. Carecemos de las herramientas adecuadas para manejarla.
A pesar de que es una emoción primitiva, dejarnos dominar por ella es como dispararse en el pie con una escopeta. La primera víctima es quien la fabrica en la mente; y se vuelve muy peligrosa cuando el envidioso expande su odio hacia otras personas.
Para el budismo, la envidia es una aflicción ligada de forma íntima con la ira y el odio. Es alimentada por los Tres Venenos de la mente: avaricia, ira e ignorancia. Se trata de una condición mental creada por el ego cuando se sale de control y comienza a desear lo que asume lo hará feliz.
Es decir, la emoción primitiva es natural al ser humano. El sentimiento de avaricia-odio, no; y es sólo una historia más contada por nosotros mismos para sabotearnos y hacer nuestra experiencia de vida un infierno personal.
Con base en el Samantabhadra Sutra, en la psicología budista y un poco de mi propia cosecha, propongo estos pasos para que la envida se convierta en un motor de benevolencia.
Acepta que sientes envidia
Cuando sientas que odias a alguien porque logró algo que deseas, admite que es envidia. Y no, no existe algo como «envidia de la buena». Toda envidia es destructiva. Aceptar que está en tu corazón es de gran ayuda porque ahora sabes qué es y que existe una forma de manejarla.
Entiende que la envidia es una historia más de tu mente
El ego es una colección de historias que nos contamos y a las que nos aferramos. La envidia nace en tu mente y es sólo una historia más que decides narrarte. Y como todas las historias, la envidia también tiene un final. Tú decides hasta cuándo te afectará.
Practica meditación
Cuando meditamos con constancia y disciplina, aprendemos a dejar ir los pensamientos; como si fueran nubes al viento. La envidia es una nube negra más, que también se puede ir cuando la miras alejándose de ti para disiparse ante el cielo azul que es tu mente. Para comenzar a meditar, dicen que éste es un buen lugar.
Observa lo que tienes, lo que eres
Cuando detectes la envida en ti, mira todo lo que tienes. Observa tus logros, lo que posees. Todo eso ha sido gracias a tu esfuerzo y el de miles de personas que han trabajado para ti. ¡Tienes más bendiciones de las que crees! Así que observa con atención.
Practica Gratitud
Cuando comprendes que tu vida es el resultado del esfuerzo de miles de seres, es hora de decir GRACIAS con todo tu corazón. Tu vida no sería posible sin esta red de existencias. ¡Te reto a que lo hagas!
Practica Compasión
La compasión comienza con uno mismo cuando aceptamos que estamos sufriendo a causa de una historia ficticia como la envidia. Pero compasión es acción, y se practica buscando activamente para el sufrimiento de un ser vivo. Al meditar, cuidar tu cuerpo y cultivar la mente, estás siendo compasivo.
Por otro lado, la persona que detestas por sus logros no tiene la culpa de tus cuentos mentales. Siente compasión por él/ella y por ti. Ésto te ayudará a cesar las historias.
Deja de compararte
Cuando te comparas con alguien más, sólo estás clavando hierro candente en tu corazón. Aceptar quien eres y lo que tienes, dando GRACIAS por todo, te ayudará a soltar las comparaciones.
Eres una persona hermosa. Eres una persona necesaria. Eres una persona única, parte de un sistema interconectado de existencias.
No tienes comparación con nadie más. Así que detente.
¡Usa la envida como motor del cambio!
Alguna vez la envidia nos ayudó a salir adelante como especie. Puedes aprender de este hecho y usarla a tu favor. La envidia nos indica que deseamos algo, así que puedes tomarlo como una dirección hacia dónde enfocar tus esfuerzos. Es cuestión de comenzar.
Practica Generosidad
Una vez que pateaste a la envidia en el trasero, es hora de ser generosos. Felicita a la persona que logró lo que deseas. Hazle un regalo que le sea útil. Destruye tu ego hablando con él/ella para que te cuente cómo lo hizo. Si tus intenciones son benévolas y puras, estoy seguro que la persona reaccionará de forma positiva y compartirá su experiencia; de la cual puedes aprender mucho. Además, es posible que hagas una nueva amistad que te inspire.
Practica meditación
Sí, otra vez y no me cansaré de repetirlo. La meditación debe ser el cimiento de cualquier cambio de vida. Es cuestión de comenzar.
Éste es un pequeño aviso para que revisen la página del Grupo Zen Ryokan. Las sesiones para agosto de 2015 ya están programadas.
Los cambios a la página del Grupo son:
Mejores indicaciones para llegar.
Actualización de sesiones para los domingos de agosto de 2015.
Liga de descarga para el cuaderno de sutras y versos.
Liga a avisos en Twitter.
El último punto es importante porque será por Twitter que demos avisos y confirmaciones de las reuniones. Usaremos el hashtag #GrupoRyokanGDL. Y claro, también nos servirá para conversar 🙂
Para visitar la página del grupo, hacer clic aquí.
Tenía mucho tiempo que no hacía una reseña de película, pero éste filme vale mucho la pena. Recomiendo ver la película antes. Si no la puedes ver por restricciones de país, usa una VPN como TunnerBear.
Primavera, Verano, Otoño, Invierno… Primavera (Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom), del director Ki-duk Kim, Corea, 2003; es una película importante porque contiene mucha sabiduría zen que pasa desapercibida para muchos. Sin embargo los temas principales son claros.
Habla de cómo nacen los apegos y las aversiones, cómo son una gran carga y se convierten en veneno que nos mata el alma.
Al perder el control de nuestros pensamientos sobre las cosas que nos gustan, las vamos cargando en la espalda. Se convierten en pesadas rocas que arrastramos por la vida. Y un apego trae otro. Y otro. Y otro. Pasan los años y estamos llenos de basura que nos paraliza, que nos fija en un punto y no nos deja mover ni respirar.
Cuando luchamos activamente por evitar el dolor, por alejar de nosotros las cosas que no queremos y nos hacen infelices, generamos aversiones. Y son igual de dañinas que los apegos. Cargamos estos costales con veneno y espinas en la espalda. Se apilan uno a uno.
Tanto apegos como aversiones son adictivos. Desarrollamos apego a los apegos. Por ejemplo, alguien que colecciona películas. Compra por comprar. Va llenando cajas y cajas de películas que no verá. Compra ediciones especiales, las que traen figuras o algún premio. Y cuando tiene que mudarse de casa, resulta que no puede porque tiene que tirar lo acumulado.
Ambos llevan directo al sufrimiento. Pero es un sufrimiento expansivo, que se transmite como virus. La persona que lleva el veneno de apegos o aversiones, contagia a quienes lo rodean.
Piensen, por ejemplo, en alguien como Hitler. Su aversión por otros seres humanos se expandió tanto como para envenenar a toda una nación.
Piensen en Estados Unidos, cuyo apego por el poder y el dinero han destrozado culturas enteras, generando millones víctimas.
La película habla sobre apegos y lo podemos ver cómo el joven no puede controlar el deseo por la chica. Al grado de sufrir tanto como para abandonar a su maestro.
El joven creó tanto miedo y aversión por estar sin ella, que llegó al asesinato.
Pero así como el filme habla de apegos, también habla de redención, reconstrucción, renunciación, disciplina y (MUY IMPORTANTE), compasión.
El joven comienza su redención cuando se corta el cabello, símbolo de la arrogancia y la vanidad. Por eso los monjes renunciamos al cabello, que es un apego vacío.
Entonces el maestro le pide grabar el Sutra del Corazón en el suelo. Este verso es el más importante para el budismo zen porque nos enseña que todo en la vida está vacío. Nos dice que todo lo que pensamos, lo que imaginamos, lo que sentimos no es la realidad, es sólo nuestra muy pequeña experiencia de las cosas. El Sutra nos dice que en una mente sin apegos no hay miedo, no hay envejecimiento, no hay auto engaños. El Sutra enseña que llegando a tocar el Silencio durante la meditación, todo el sufrimiento se va. Nos enseña que todo en la vida se acaba y que justo por eso, la vida misma es una joya hermosa que debemos cuidar. Nos dice que hay que vivir con compasión y que el Nirvana no hay que buscarlo… porque vivimos en él, aquí y ahora.
El lago apacible, que refleja todo y es un personaje más, en el que se ve pasar la vida, en que vive el maestro; es una metáfora de la mente. En el budismo zen la mente es un espejo que refleja todo lo que observa. Un espejo no juzga, no comenta, no ensucia la realidad. Un espejo sólo se limita a mostrar lo que hay aquí y ahora. Eso es todo.
El lago es la mente. Y el joven monje es quien ensucia el lago con sus deseos y aversiones, con sus pasiones.
Sí, para el budismo, las pasiones son destructivas y siempre llevan al sufrimiento. Porque la pasión es el sentimiento fuera de control, que busca llenarse de más y más. Se alimenta a sí misma. La pasión es la pérdida de la razón y de la inteligencia. Es un estado alterado de la mente que transforma la realidad y genera fantasías y más deseo. Las pasiones nos vuelven estúpidos.
Pero la pasión termina con una explosión nuclear que deja todo devastado y calcinado. Sólo recuerden las pasiones adolescentes o los deseos por poseer a alguien. Nunca, nunca terminan bien.
Las pasiones son el extremo opuesto de las depresiones. Ambos nos hacen sufrir, a pesar de la pasión es seductora porque genera endorfinas. Pero éstas terminan y nos dejan vacíos.
El zen nos enseña que es mejor siempre conservar la ecuanimidad. Así se puede disfrutar la vida de una forma simple, formando relaciones simples con las cosas, sin expandir o deformar la realidad.
El joven monje comienza su salida del inframundo cuando termina de grabar el Sutra del Corazón.
Entonces el maestro entiende que ya ha enseñado todo lo que tenía que enseñar. Pasan los días y se vuelve débil, le cuesta trabajo respirar. No tiene a nadie a quien pedir ayuda, nadie a quien recurrir y decide salir del Samsara por su propia mano.
En el budismo y en muchas culturas asiáticas, la inmolación es un símbolo de la Renunciación máxima. Se quema el cuerpo en vida porque de todas formas morirá y al estar libre del cuerpo, la esencia es libre de esta cadena suprema.
El maestro, que ya ha renunciado y es libre de todo apego, termina con su cuerpo para avanzar al siguiente nivel de conciencia. ¿Qué hay más allá? Sólo él sabe. Lo que es claro es que su tarea ya terminó y es hora de despedirse.
¿Y cómo se va? Como los grandes maestros, en meditación profunda.
Justo en la mitad de del invierno… no sabemos cuántos años han pasado, llega de regreso el joven monje. Ahora es un hombre maduro que ha cumplido su condena. Además demuestra madurez, auto control, disciplina y está dispuesto a llenar de luz la casa de su maestro.
Entrena, purifica su cuerpo con agua de deshielo, medita y limpia. Rescata las reliquias de su maestro para cuidarlas y protegerlas. Restaura la belleza cristalina del lago que refleja todo.
Y en el clímax de la película, el nuevo maestro hace un último homenaje al lago, cargando todos sus apegos cuesta arriba, mientras lleva en sus brazos una estatua de Avalokiteshvara. Ella es la representación de la compasión perfecta. Es la monja budista que lo dio todo para salvar a toda la humanidad. A menudo se le ve con 1000 brazos, que son todos nuestros brazos, somos todos los que estamos dispuestos a trabajar por los seres que sufren.
Avalokiteshvara-Guanyin-Loke?vara-Kanon es una heroína o héroe, no tiene sexo pero a la vez es la madre máxima, la doctora suprema que nos recibe con mil brazos de amor para enseñarnos el camino de la compasión. No dice que no a nadie y acepta a todos, sin importar credos, distancias, colores o universos. Es la bodhisattva que renunció a ascender al Nirvana para quedarse entre nosotros a enseñarnos el valor de trabajar para el bien de todos, de cuidarnos entre todos para avanzar todos juntos.
El joven monje lleva a Avalokiteshvara, quien descansa sobre los apegos (la rueda de molino) y mira serena hacia la mente tranquila.
Disciplina es liberación. Soltar los apegos es liberación. Compasión es liberación de todo sufrimiento.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi