por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jun 26, 2014 | Budismo, Minimalismo, Zen
Hace unos días un amigo en mi sangha comentó que la práctica del budismo zen iba de la mano con la práctica del minimalismo. Eso me hizo pensar un momento y siguió una muy agradable conversación.
Concluimos que la práctica del zen nos lleva a una vida minimalista.
Esto es debido a que la espina dorsal del budismo es la práctica de zazen (meditación) y el estudio del dharma. Para efectos de este post me enfocaré en la primera.
Cuando uno se sienta en zazen diariamente, con disciplina y sin fallar, experimenta muchísimos cambios. La ciencia ha demostrado una y otra vez que meditar trae una cantidad enorme de beneficios al cuerpomente. Parecería que cada mes se publica un nuevo estudio al respecto, puesto que la neurociencia ha llegado a comprender mejor la mente humana gracias a los estudios en meditadores.
Los cambios suceden a nivel físico, por supuesto. Pero también el meditador experimenta modificaciones en su comportamiento y en su relación con el universo.
Después de un par de meses de zazen uno se percata que es más difícil enojarse y caer en la ira. No significa que las cosas dejen de importar, es sólo que la mente se abre a más posibilidades pacíficas. El ego se comienza a controlar, así que el drama no llega tan frecuentemente. Y aunque sea de forma muy lenta, dejar ir las cosas, situaciones y relaciones se torna natural.
También llega una necesidad espontánea de entender a los demás, de escuchar y de ayudar; es decir, el meditador se vuelve mucho más paciente, comprensivo y compasivo.
Aquí viene lo más interesante: practicar zazen trae como resultado menos apegos materiales y físicos.
De pronto coleccionar cosas deja de ser interesante. Acumular libros, revistas, ropa, decoración y todo eso que antes era importante, comienza a perder relevancia.
Donar, tirar o reciclar objetos que antes hubieran sido sagrados, se vuelve parte del cotidiano.
El practicante de zen deja de necesitar distracciones materiales y mentales porque está contento con lo que hay aquí y ahora.
De ninguna manera esto no significa que se convierta en un bicho extraño y que se vaya a vivir a una caverna al bosque. Tampoco significa que sea un ser insensible. No. Es sólo que la búsqueda personal se enfoca hacia el interior, no a las posesiones.
El minimalismo llega gradualmente, de forma natural.
Otro punto a aclarar es que no tienes que ser budista para volverte minimalista. Tampoco tienes que ser un meditador con años de experiencia. En realidad no importa la filosofía o la religión. Lo que importa es tener conciencia para entender que el alma del minimalismo es poner atención al presente.
Practicar zazen nos une al silencio por dentro y por fuera.
¿Suena loco? Lo es.
Pero no me creas a mi, que no soy nadie. Experimenta. Medita. Hoy.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Jun 9, 2014 | Meditación, Minimalismo, Talleres, Vida
¡Regresa Mínima, Taller de Minimalismo y Meditación Aplicados!
¡Libertad!
Hoy es el mejor día para practicar el desapego y liberarnos de lo que nos ata.
La tensión del trabajo, la acumulación de objetos inútiles y la presión por consumir, son rocas enormes en nuestra espalda. Las llevamos a cuestas por la vida y están tan dentro de nuestra cultura, que no nos damos cuenta de ello… excepto cuando comienzan a afectar nuestra salud, tranquilidad y relaciones personales.
Muchas gracias por el taller, me abriste los ojos hacia muchas cosas que sabia que hacia mal pero no lo había notado; tratare de hacer lo posible por llevar a cabo todas y cada una de las experiencias aquí mostradas. De corazón: ¡gracias!
Juan Carlos Castro. México, D.F.
En estos tiempos de crisis económica, saturación y estrés, donde cada moneda y cada centímetro cuadrado cuentan, es urgente aprender el desapego de lo material para mejorar nuestro estilo de vida.
Para lograrlo necesitamos entender los problemas en los que la sociedad de consumo nos ha metido; pero también necesitamos saber que practicar el minimalismo es la pieza clave que nos llevará a tener más espacio y mucha tranquilidad.
Chocobuda presenta: Mínima, Taller de Minimalismo y Meditación Aplicados, donde aprenderemos métodos 100% prácticos para comprender y aplicar el minimalismo y la meditación a tu vida cotidiana.
Aprenderás a mejorar tu economía y a promover tranquilidad para ti y tu familia.
Explotando las herramientas de comunicación que nos da Internet, este taller se imparte por medio de podcasts, archivos de texto y charlas personales en video.
A pesar de que el taller es impartido por un monje zen, no te preocupes. ¡No tienes que ser budista para liberarte de lo que te ata!
Mil gracias por esta experiencia `Mínima´que en realidad se ha convertido en `Máxima´, porque como bien hiciste la referencia: menos es más… corroboré que amo el minimalismo, como forma de vida, de pensar, de estar… amo los espacios limpios, ordenados, en el que no exista el caos y la saturación, pero sobre todo amo la forma de vivir más ligera, sin apegos de ningún tipo, materiales, imaginarios o de carne y hueso… ir por la vida sin esa inmensa piedra llamada, culpa o la mayor de todas, miedo.
Saramaría Morales. México, D.F.
Información del taller
Inicio: Lunes 30 de junio de 2014
Duración: 4 semanas
Incluye:
- 4 podcasts con pláticas técnicas y filosóficas, uno por semana
- 4 meditaciones guiadas, una por semana
- 20 minutos a la semana de asesoría y apoyo personal vía Skype o Google Hangouts
- Correos diarios con lecturas de apoyo
- Copia electrónica del libro Minimalista, la vida con menos cosas
EXTRAS:
- Semana especial dedicada a la Navidad Minimalista. Son 5 semanas en total.
- Incluye taller de meditación Iniciando el Camino. Seis semanas de meditación para que practiques cuando lo necesites.
Requisitos:
- Uso de computadora, Internet, cuenta en Gmail
- Presentar un mini reporte semanal de experiencia por email
- Presentar un ensayo final por email
- Disciplina y tiempo para dedicar al menos 30 minutos al día
Donativo: $1,200.00 MN /68 € / US$92.00
Si ya has tomado talleres de Chocobuda, el costo es de $1,000.00 / 57 € / US$77.00
Inscripciones y más información: Escribir a elchocobuda ARROBA gmail.com
Disponibilidad: Para garantizar un mejor contacto personal y atención, hay muy pocos lugares disponibles. ¡No dudes en inscribirte pronto!
Temario
SEMANA 1
- Orígenes del minimalismo
- Comprendiendo el minimalismo
- Meditación básica
- Uniendo el minimalismo y la meditación
- La regla de oro del minimalismo
SEMANA 2
- Minimalismo para Navidad y Año Nuevo
- Ser objetivos y críticos
- Generosidad verdadera, el secreto máximo de las fiestas
- Desafiando el espíritu navideño
- Meditación de navidad
SEMANA 2
- Minimalismo en casa
- Aprendiendo a ver la saturación
- Terminando con la saturación
- El poder del vacío
- Lipiando y creando espacios vacíos
- El reto de las 100 cosas
SEMANA 3
- Minimalismo en la mente
- Comprendiendo los apegos
- Los Tres Venenos
- Destruyendo los apegos
SEMANA 4
- Minimalismo en la oficina y la ciudad
- Dejar ir el hábito de comprar por comprar
- Control y nuevos horizontes
- Cierre
Preguntas Frecuentes
Preguntas Frecuentes
¿Es un curso budista?
No, no lo es. Sin embargo toma elementos del budismo como el desapego y la aceptación
No vivo en México. ¿Puedo inscribirme?
¡Por supuesto! Muchos amigos de América del Sur, España y Europa del Este han tomado talleres de Chocobuda.
Si eres monje budista, ¿porqué cobras? Deberías ser generoso y dar todo gratis.
Me encantaría, pero la realidad es que los monjes zen también comen y pagan alquiler. Amo impartir talleres, pero toma tiempo hacerlo. Tiempo que dedico al taller, es tiempo que no dedico a clientes de diseño (mi actividad económica principal).
Pero no te preocupes. No compraré un Ferrari. Lo ganado en este talleres sirve para pagar gastos de este sitio en Internet y comprar comida. Literalmente.
Pero el Buda no cobraba por sus enseñanzas.
La enseñanza del Buda no era gratuita. Vivía de Dana, donaciones que los alumnos le dejaban.
¿Dónde se imparte el taller?
En tu casa. En tu vida cotidiana. Es un taller en línea pensado para que practiques desde casa todo el tiempo.
No sé meditar / No me concentro / No tengo tiempo
No importa que meditar te sea difícil. Las meditaciones están dirigidas a todo tipo de practicantes, desde principiantes a meditadores constantes. Son cortas y dirigidas. Lo único que tienes que hacer es buscar 10 a 20 minutos de tu día.
Pero qué feo eres.
Lo soy. Tengo cabeza de melón.
El taller me gusto mucho y me sirvió más. Ahora estoy mas consciente de lo que compro y de cosas que ya no necesito. Ahora solo queda practicar y hasta hacerlo habito.
Karina Orozco. Guadalajara, México.
¡Espero meditar contigo pronto!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | May 26, 2014 | Budismo, Vida, Zen
Por más que me esfuerce me es imposible dar una definición de Zen. Sería pretencioso y tonto en extremo. No soy nadie en realidad.
Han pasado casi dos milenios 800 años* desde que Master Dogen llevó el Zen a Japón, tiempo en el que ni académicos ni maestros han llegado a una definición concluyente.
Esto es porque el Zen se siente, se percibe con los sentidos y con atención plena. Cada practicante llega a entender el Zen después de años de practicar zazen, con disciplina y sin esperar nada.
Por supuesto existen convenciones muy útiles:
Zen es el universo completo, sin agregar nada y sin restar nada. Zen es aceptar la vida como está. Es todo el rango de emociones humanas, es todo lo desagradable, es la muerte, es el silencio.
Estos conceptos nos abren la mente para encontrar un significado personal que se parezca a las averiguaciones de Dogen, plasmadas en el Shobogenzo (su obra máxima).
Con todo esto podemos acercarnos a saber qué es Zen. Y aunque una definición sea elusiva, sí podemos estar seguros de lo que NO ES el Zen.
Esto viene porque el fin de semana leí una columna en cierto blog mexicano de opinión política. La autora del texto habla sobre la furia y de cómo todo mundo está harto, de que no deberíamos calmarnos y que debemos usar la ira para el cambio social.
A pesar de que entiendo su enojo, la escritora luego dice:
…un zen es un renunciante que no está sometido a ninguna práctica productiva, no se entrega todos los días al tráfico ni a la competencia; es alguien que decide romper el molde del estándar porque no le viene bien, porque lo asfixia, porque lo deja sin espíritu.
Nada más lejos de la realidad.
Tengo muchos años viviendo el Zen y nunca he renunciado al trabajo, a cuidar mi cuerpomente, a los problemas cotidianos y jamás doy la cara a la adversidad. Seguro, a veces es difícil. Pero esto también aplica para muchísimas personas en el planeta que son «Zen».
Zen no es nihilismo. No nos abandonamos a que la vida nos atropelle. Jamás dejamos que pasen encima de nosotros y hacemos valer derechos por medio de la práctica de nuestras obligaciones.
Ser Zen es ser un ciudadano consciente que vive en armonía con la realidad y con el mundo espiritual, apoyado en el conocimiento del Buda y de Dogen Zenji.
Aceptamos la vida como es, no importa que la enfermedad y la muerte nos vean de frente.
Aceptamos el abuso político, mental y personal.
Aceptamos que así son las cosas.
No agregamos nada, no quitamos nada porque esa es la materia prima con la que se construye la vida.
Con esto avanzamos y trabajamos para mejorar el entorno y sacar adelante a todos los seres vivos que no sienten o que no reciben compasión.
Sentimos furia, pero la convertimos en virtud con acciones constructivas.
Zen no es un producto que promete tranquilidad. Tampoco es una actitud o preferencia.
Con la práctica diaria y diligente de zazen tenemos la tranquilidad necesaria para sacudir las pasiones y los juicios que nublan la mente. Así se puede sonreír ante la adversidad para salir adelante un paso a la vez.
Porque cada paso es una llegada completa.
No hay a dónde ir porque ya hemos llegado a nuestro destino. Hoy. Aquí. Ahora. Sin apegos ni aversiones.
* Fe de Erratas
Muchas gracias a Rolando Bernal de zenmexico.org por la corrección a la fecha. Es correcto. Master Dogen llevó el zen a Japón en 1227. ¡Gracias!
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Abr 29, 2014 | Budismo, Vida, Zen
En el budismo zen entrenamos la mente y la comprensión a través del estudio de los koan.
Los koan son frases, diálogos o preguntas que sólo pueden ser descifradas usando la contemplación mientras se están en zazen.
Son reflejos y paradojas de la vida que nos aportan conocimiento e introspección. No pueden ser explicados de forma absoluta debido a que cada koan puede significar algo distinto para cada estudiante.
Han sido parte del zen desde al menos hace 1,000 años y de vez en cuando surgen de manera espontánea.
Como en este caso:
Hay una manzana en la calle,
pero no hay árbol.
Sólo que no es una manzana.
Es un limón.
Pero tampoco hay árbol.
La historia detrás de este koan es graciosa.
Todos los domingos por la mañana tengo llamada via Skype con mi maestro en Tsukuba, Japón. Estaba a punto de sentarme en mi escritorio para hablar con él cuando mi novia gritó que desde la ventana de la cocina se veía una manzana en la calle. Sí, sí. Una manzana verde tirada en la calle.
Ver una manzana tirada en la calle no es común. Esto nos sorprendió porque las manzanas no son nativas de esta ciudad. Para nosotros las manzanas están en el super mercado o en algún refrigerador (nevera).
Corrí a ver la manzana. Se me hizo curioso, sonreí y regresé a mi escritorio. Había una llamada perdida de mi maestro. De inmediato le llamé de regreso y le expliqué que no había respondido porque estaba ocupado viendo una manzana en la calle.
Siendo el Zen Master que es, se quedó pensando unos instantes.
—Estabas viendo una manzana en la calle—, repitió pensativo. —¿Se cayó de algún árbol?—, preguntó.
Le expliqué que aquí no hay árboles de manzana y explotó en carcajadas. Me preguntó si le estaba diciendo un koan.
Le dije que no y que iba a tomar una foto de la misteriosa manzana para enviársela. Así pues, nuestra llamada continuó como de costumbre para terminar minutos después. Mi novia tomó su cámara y salió para retratar la manzana.
Sólo que no era una manzana. Era un limón.

Esto hizo la situación mucho más cómica y me hizo pensar.
Somos muy rápidos para emitir juicios y para abrazarnos a nuestras opiniones del universo, sin tomarnos la molestia de ver bien y comprobar los hechos.
Juzgamos a las personas por lo que aparentan, por cómo visten o por la música que escuchan.
Afirmamos nuestro lugar en el universo tratando de convencer a todo el mundo que nuestras opiniones son más valiosas que las de otros.
Etiquetamos las experiencias, el pasado y a las personas.
Odiamos todo lo que es diferente a nosotros. Le tememos, lo repudiamos y terminamos atacando.
Y una vez que el juicio u opinión se instalan en nuestra mente, no verificamos si estamos en un error o no. Nos cerramos ante nuestro gordo ego y nos es imposible remover las etiquetas.
Yo estaba seguro que estaba mirando una manzana en la calle y me abracé a esa opinión.
El apego a nuestras opiniones puede hacer la vida muy, muy difícil.
Creo que este pequeño koan nos puede enseñar mucho si lo vemos con humor.
La ceguera ideológica nos evita distinguir un limón de una manzana.
Y al final… es sólo un limón.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 10, 2014 | Budismo, Meditación, Zen
Siéntate a meditar porque es el único sitio del universo donde tú no existes.
Es donde puedes llegar, respirar tranquilo y saber que al entrar estás dejando el ego fuera de ti. Te miras por fuera y por dentro. Viajas por un espacio infinito donde están tus recuerdos, tus miedos y tus deseos. Hilas todos los cabos sueltos que forman tu vida, pero aprendes a dejar ir todo.
Lo bueno y lo malo flotan y se pierdan en la inmensidad. Se van los pensamientos y los sueños para dejar un vació efímero en donde el cuerpo y las leyes de la física ya no son relevantes.
En este lugar todos los budas se sientan en ti. Eres el Buda siendo el Buda, meditando como el Buda. Ya no eres tú. Eres el flujo de la vida que mueve al universo. Te conviertes en una gota más que cae y se une al océano cósmico.
Al meditar estás doblando el tiempo y el espacio para convertirlos en una sola masa relativa que da origen a lo absoluto.
Quizá el cuerpo esté en un zendo, en una escuela de yoga, en una estación del metro o en un hospital. La mente vacía abandona todo y te une al todo.
Eres todo. Todo eres. Es la dulce dualidad del ser en la que aprendemos que la tristeza y la desilusión son sólo parte de la vida y tenemos que abrazarlas justo como abrazamos la dicha y la felicidad.
Cuando meditas se eliminan las barreras y la división entre tú y no-tú. Ya no hay más fronteras, colores ni opiniones.
Cuando meditas alcanzas ese lugar donde no hay tú.