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Grupo Zen Ryokan te invita a nuestro curso sobre Bhavachakra, la Rueda de la Vida budista, desde la perspectiva del Soto Zen. Esta intrincada imagen que está en a la entrada de muchos templos budistas despierta la curiosidad por la cantidad de significados que contiene, además de que nos intriga que un monstruo se la está comiendo.
¿Qué hay detrás de esta antigua representación? ¿Deseas comprender cómo puede ayudarte a liberarte del sufrimiento y encontrar la verdadera felicidad? Si es así, ¡este curso está diseñado especialmente para ti!
La Rueda de la Vida, también conocida como Bhavachakra, es un mapa simbólico que representa el ciclo interminable de la existencia condicionada. Nos muestra cómo nuestras acciones y apegos generan sufrimiento y nos mantienen atrapados en un ciclo interminable de nacimiento, muerte y renacimiento. Sin embargo, no debemos desanimarnos, ya que también nos marca la ruta a seguir para liberarnos del sufrimiento y alcanzar una vida tranquila.
Ya hemos hablado sobre Kshanti Paramita, una de las cualidades sublimes a las que aspiramos en la práctica budista. Es parte importante de las enseñanzas del Buda y aparece en textos importantes como los Nikayas o el Buddhavamsa.
Es un tema al que siempre regreso porque, aunque nos queda claro que ser pacientes en la vida es importante, el problema base no lo hemos atendido.
El Buda no tiene prisa. La vida tampoco. Los dos han sabido esperar milenios para que leas este post.
Todos deseamos paciencia, pero si no entendemos que el ego descontrolado es la raíz de la impaciencia, jamás podremos entender la belleza de Kshanti como parte de nuestra espiritualidad.
En el budismo, la paciencia es una práctica poderosa que va más allá de la mera tolerancia. Implica trabajar de forma activa con nuestra mente para asegurarnos de no convertirnos en víctimas de emociones perturbadoras. La paciencia nos brinda la fuerza para trabajar en beneficio de nosotros mismos y de los demás, y es uno de los factores que nos impulsan hacia la liberación de dukkha.
Existen tres tipos de paciencia que son guía para superar desafíos, abrazar el sufrimiento con inteligencia y salir adelante de las dificultades que se nos presentan.
No enojarse con aquellos que causan daño
El primer tipo de paciencia es no enojarse ni molestarse con aquellos que causan daño. Esto se aplica no solo a las personas que actúan negativamente, sino también a aquellos que nos tratan de manera desagradable, nos maltratan y nos infligen dolor físico o mental. Incluso incluye a aquellos que no expresan gratitud o aprecio. Especialmente cuando ayudamos a otros, es crucial no enojarnos con ellos si no siguen nuestro consejo o si nuestros esfuerzos no dan los resultados deseados. Yo sé por mi experiencia como monje, que algunas personas son extremadamente difíciles de ayudar, por lo que, en lugar de perder la paciencia, debemos soportar las dificultades involucradas.
Abrazar dukkha con inteligencia
El segundo tipo de paciencia es aceptar y soportar nuestro propio sufrimiento. Si tenemos un problema que sí se puede resolver, no tiene sentido enojarse, molestarse o preocuparse.
Si tenemos un problema imposible de resolver, pues obvio que es aún más inútil enojarse y perder el control.
No ver esto nos vuelve estúpidos y se nos cierran todas las puertas. Es cuando más errores y actos desesperados cometemos.
Además, el sufrimiento que atravesamos nos brinda una base para cultivar la compasión y la empatía. Profundiza nuestra empatía y compasión por otros que atraviesan desafíos similares, lo que nos permite conectarnos con ellos a un nivel profundo. Nuestras propias experiencias de dukkha se convierten en un puente que nos permite ofrecer apoyo y comprensión a otros que pueden estar luchando.
Abrazar la verdad para salir adelante de las dificultades
El tercer tipo de paciencia es abrazar la verdad con todo amor. Esto implica comprender y aceptar la naturaleza de la realidad tal como es.
A menudo, tenemos expectativas poco realistas sobre cómo deberían ser las cosas o las personas, y cuando la realidad no se alinea con nuestras expectativas, surge la frustración.
También nos perdemos en la red de nuestros propios comentarios y juicios, lo que hace muy difícil ver que las cosas son mucho más sencillas de lo que pensamos.
Cultivar la paciencia requiere que dejemos de lado nuestras adherencias a ideas fijas y, en su lugar, abracemos la fluidez e impermanencia de la existencia.
Este tipo de paciencia también abarca la práctica de no apegarse. Con nuestra práctica de Shikantaza nos entrenamos para soltar deseos, aversiones y apegos, entendiendo que son las causas fundamentales de dukkha.
Al cultivar atención al estado de la mente, nos liberamos de la carga que resultan las expectativas y la agitación emocional que las acompaña.
La paciencia es espiritualidad
La paciencia en el budismo va más allá de la comprensión convencional de la palabra. Es una práctica poderosa que nos permite navegar por situaciones desafiantes, soportar el sufrimiento con gracia y abrazar la verdad de la realidad. Al cultivar los tres tipos de paciencia que vimos hoy: podemos desarrollar paz interior, compasión y sabiduría.
El maestro Zen, Zai Ten Zhi y su alumno se encuentran observando los koi en un estanque. Luego de un rato de estar aburrido, el alumno pregunta: «Maestro, ¿por qué es necesario hacer esto?».
El maestro sonríe y dice: «Loto blanco que crece en este estanque».
Confundido, el joven pregunta: «Maestro, no entiendo. ¿Qué tiene que ver un loto blanco con la práctica budista?».
El maestro, con una mirada compasiva, explica: «El loto blanco representa la pureza de intención y la ética impecable que debemos cultivar en nuestra vida diaria. Así como el loto crece en un estanque limpio, nosotros debemos nutrir nuestra mente y nuestras acciones con pensamientos y comportamientos éticos. La fragancia dulce del loto es la bondad y la compasión que irradiamos hacia los demás. Al vivir de manera ética y limpia, como el loto blanco, encontramos la verdadera paz y el florecimiento de nuestra sabiduría interior».
El alumno regresa su atención a los peces, que ahora son lotos blancos.
«La paciencia y la tolerancia son la más alta ascesis. Los Budas proclaman que el Nibbana es el supremo. No es un renunciante ni un asceta el que agrede a los otros.» – El Buda, Dhammapada
Todas las imágenes del Buda tienen una característica compartida. Su rostro es la paciencia hecha perfección y es un recordatorio de que alguien normal, como tú y como yo, es capaz de convertir la paciencia en parte de su espiritualidad.
La paciencia es de lo más difícil de lograr. Queremos que todo suceda rápidamente y según nuestras expectativas e idea del tiempo. Y si no pasa, llegan los “Tres Hermanitos Diabólicos”: estrés, ansiedad y frustración (Sí, acabo de inventar ese término).
¿Por qué nos resulta tan difícil ser pacientes? ¿Cómo podemos cultivar la paciencia en nuestras vidas? En el Budismo Soto Zen, encontramos enseñanzas valiosas sobre la paciencia como parte de nuestra espiritualidad y sobre cómo podemos practicarla como un acto de amor propio y compasión.
En el Budismo Zen, la paciencia se conoce como «Kshanti» (sánscrito), una de las Seis Paramitas o virtudes transcendentales. Kshanti se refiere a la capacidad de ver cómo el ego quiere controlarnos y cómo debemos mantener la calma en un mundo que no cumple con lo que imaginamos. Es la habilidad de conectar con la humanidad de otros y soportar las aflicciones sin reaccionar con aversión ni rechazo.
Casi siempre la paciencia es un acto de ego porque pensamos cosas como “debido a que soy buena persona, soporto tus imperfecciones y tu lentitud”.
Pero la paciencia no es hacia el exterior. Es hacia uno mismo. Cultivar la paciencia es un acto de amor propio y compasión. Nos da la oportunidad de estar en armonía con el flujo de la vida y aceptar las cosas tal como son. Conectamos con todos los seres vivos y con nuestro interior.
Y más importante, nos liberamos de la necesidad de controlar y resistir, y en su lugar, encontramos una mayor paz interior y claridad mental.
Hoy quiero compartir cinco acciones que me ayudan a no perder la paciencia. Son parte de mi práctica espiritual, pero no tienes que ser monje para comenzar a practicarlas:
1. Cultiva la conciencia plena
Practica la atención plena en cada momento presente. Observa tus pensamientos y emociones sin juzgar y desarrolla una mayor comprensión de tus patrones de impaciencia.
2. Abraza la impermanencia
Recuerda que todo en la vida es transitorio. Incluidas tus emociones. Los Tres Hermanitos Diabólico son estados pasajeros de la mente. Acepta que las personas y las cosas pueden llevar tiempo y cambian a su propio ritmo. Deja de aferrarte a las expectativas y sé abierto a las posibilidades que se presentan. Absolutamente nadie tiene por qué actuar como imaginas.
3. Practica la autocompasión
Sé amable contigo cuando te encuentres luchando con la impaciencia. Reconoce que eres un ser humano y que todos tenemos momentos de dificultad. Todos tenemos diferentes formas de pensar, de hacer las cosas y de sentir el tiempo. Trátate con compasión y permite que la paciencia se desarrolle gradualmente.
4. Aprende del presente
Cada situación que encuentres es una oportunidad de aprendizaje. En lugar de enfocarte en el resultado final, dirige tu atención hacia el proceso, al esfuerzo y humanidad de los demás y a las lecciones que están ante ti. Esto te ayudará a desarrollar una actitud de apertura y aprendizaje constante.
5. Nutre la práctica de Zazen
Shikantaza, la meditación sentada, es una práctica fundamental en el Budismo Soto Zen. A través de la quietud y la observación consciente de los pensamientos, puedes cultivar la paciencia y la estabilidad mental. Dedica tiempo regularmente a esta práctica y observa cómo se refleja en tu vida diaria.
Las Seis Paramitas son hábitos completamente alcanzables por cualquiera. Pero se requiere dar el primer paso. Kshanti es un viaje y lleva tiempo desarrollarla. Pero con cada pequeño paso, estarás construyendo una base sólida para la paz interior y la resiliencia en tus metas.
Como buenos humanos de la civilización occidental, buscamos con obsesión que nada en la vida nos cueste trabajo. La comodidad es nuestro dios. Lo adoramos depositando nuestro trasero en tronos muy cómodos mientras vemos la vida pasar.
Cuando llega la adversidad sufrimos mucho porque nunca entrenamos para salir adelante de manera creativa y ecuánime.
Pero desde el Zen aprendemos a ver que la vida por completo, incluidas las cosas que no nos gustan, son parte de un paquete precioso e indivisible llamado Buda. Entrenamos la mente para que no sea un motivo de dukkha, sino una luz para desterrar nuestras sombras.
A veces, nuestra mente está llena de aflicciones, y es entonces cuando las adversidades parecen llegar con mayor facilidad. Pero cuando nuestra mente no está perturbada, podemos experimentar paz y apertura incluso en situaciones difíciles. La forma en que interpretamos la situación influye en nuestra experiencia. Por eso es tan importante transformar nuestra mente.
Estás mal de la cabeza, Chocobuda. ¿Cómo voy a pensar en transformar la mente si estoy muy cómoda sufriendo por tonterías?
El ego gordo e inflamado nos lleva a pensar que la situación es injusta, que los demás están equivocados al tratarnos mal y que ellos deberían cambiar. Cuando culpamos a los demás, esencialmente estamos entregando nuestro poder a ellos, porque estamos pensando: «Mi problema y mi infelicidad son culpa de esa persona. Ellos tienen que cambiar y entonces seré feliz».
Mirar la situación de esta manera es un callejón sin salida. Shakyamuni nos enseña que no podemos hacer que los demás cambien. La única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos. En lugar de sentir lástima por nosotros mismos o enojarnos, necesitamos cambiar la forma en que vemos la situación.
El Dharma te vuelve una persona creativa, no una persona reactiva
Cuando pienses en alguien que dificulta tu vida, pon en práctica el Dharma que has aprendido y transforma tu estado mental. Toma refugio en Buda, Dharma y Sangha. Al hacerlo, crecerás espiritualmente y tendrás más confianza y fuerza para enfrentar las dificultades. Tu mente estará llena de alegría. Incluso podrías ser capaz de decir «gracias» a esa persona por brindarte la oportunidad de cambiar y crecer.
Si queremos alcanzar realizaciones en el Dharma, necesitamos practicar la paciencia y desarrollar fortaleza. El desarrollo de tales cualidades requiere personas que nos desafíen. Por lo tanto, debemos apreciar y agradecerles.
Nosotros mismos creamos la causa con nuestra ira, nuestra mente crítica y tendencia a culpar a los demás. Una vez que reconocemos que creamos nuestra propia miseria y que lo que experimentamos es el resultado de la indisciplina, se vuelve más fácil comenzar a practicar el Dharma y transformar la adversidad en el camino.
El estudio y práctica de las enseñanzas del Buda y de Dogen Zenji nos abren puertas que habían estado cerradas. Podemos estar tranquilos y fuertes aún en el ojo de la tormenta, para tomar decisiones con base en la ecuanimidad y no en el berrinche.
Dejamos de ser reactivos y damos paso a una etapa de creatividad y paz que vale la pena vivir.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi