por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 15, 2018 | Budismo, Poema, Zen

En este mundo la gente tiene brazos muy, muy largos.
Con ellos empujan hacia el este, empujan hacia el oeste; sin descansar.
Los brazos del monje de la montaña son cortos, muy cortos.
En toda su vida jamás aprendió a empujar a los demás.
Los de brazos largos, desde la juventud hasta la edad del cabello blanco,
creen que los de brazos cortos son extraños.
Al más extraño de todos lo he conocido hoy.
Él vive dentro del bosque y es muy pobre.
Debido a que mis brazos son cortos, no empujo a los demás.
Y no hay razón para que otros me empujen.
¡Ah! Mis brazos deberían medir mil o diez mil pies de largo.
Así todos los seres en los cuatro mares podrían ser mis amigos.
—Maestro Seon Weongam, Corea (1205–1248)
Este poema me es muy curioso porque hace una analogía con la que en occidente no estamos familiarizados. Habla sobre brazos. Sí, brazos. En el budismo los brazos y las manos son símbolo de alcance, de acción.
Avalokiteshvara tiene mil brazos, cada brazo representa a uno de nosotros ayudando para aliviar el sufrimiento de los seres vivos.
El Maestro Weongam nos habla de cómo los brazos empujan, están siempre activos, ocupados. Él siendo un monje pobre y viviendo en el bosque, sabe que la felicidad está en tener brazos cortos, con los que puede trabajar y mantener una existencia pacífica.
Las últimas dos líneas son sublimes.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 9, 2018 | Budismo, Talleres, Zen

¡Hola! Este es un recordatorio de que el Curso Introducción al Budismo Zen 2 está por comenzar. ¡Quedan muy pocos lugares!
Con más de 2,500 años de tradición y millones de seguidores en todo el planeta, el budismo se ha mantenido vigente porque es el manual de usuario para la humanidad.
El Budismo Zen es particularmente útil para la vida contemporánea. Nos enseña lo esencial para no sumirnos en el estrés, dejar las conductas compulsivas, soltar las cosas que nos lastiman y las obsesiones. Aceptamos el estado de las cosas, como son y sin complicaciones.
El estudio del Zen, su historia, arte y filosofía, abre la puerta a una vida espiritual profunda basada en la práctica del Buda-dharma, el Silencio, la Gratitud, la Compasión y la Generosidad.
Grupo Zen Ryokan abre el curso formal de estudio Introducción al Budismo Zen 2.
¿Por qué es un grupo formal? Porque requiere compromiso, dedicación y constancia.
Esta segunda parte revisa los temas vistos en el curso anterior y profundiza en la historia, textos y personajes clave de nuestra práctica. También exploraremos las prácticas corporales para el día a día, así como para ceremonias.
La práctica de Shikantaza será rigurosa y no-negociable.
Inicia el 19 de marzo de 2018.
Saber más
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Mar 7, 2018 | Budismo, Vida, Zazen, Zen

¿A dónde van todos tan presurosos? Ya están donde necesitan estar.
Qué hermosa y magnífica es la ciudad. Me gustaría decirlo y que lo entendieran para que la respetaran.
¡Ya sé en qué trabajan todos! Transportan el ceño fruncido del punto A, al punto B. ¿Habrán plazas disponibles?
La vida no sería posible sin la bondad de todos los seres. Estamos unidos por estos hilos de Gratitud, Compasión y Generosidad que escapan a la vista. Las buscamos en el exterior, pero necesitan fluir desde dentro de cada uno de nosotros.
Una flor amarilla ha nacido en una grieta del pavimento, a la sombra de este edificio. Es pequeña y muy hermosa. Es la vida asomándose y saludando desde lo más profundo.
Una mujer importante, en su ropa importante, su teléfono importante y con sus problemas importantes; ha pisado la flor.
Querida flor, ve a renacer donde sí te aprecien.
No hay buenos. No hay malos. No hay políticos corruptos ni crimen. Solo está el reflejo de lo que llevamos dentro y de cómo vivimos la vida. Si vivimos sin valores, ética, elegancia y sin silencio, no hay forma de que la sociedad humana las entienda.
Aun no amanece y ya estoy en zazen. Soltando los pensamientos escucho la vida aparecer con la luz del sol.
Estimado trabajador de limpia. Gracias. Usted y miles de personas que trabajan sin ser vistos, hacen que esta ciudad funcione.
Un hombre delante de mi pagó su café con unas monedas y agregó una sonrisa… que vale millones comparada con el dinero.
Éxito, ¡qué ilusión más costosa! Entre más lo buscamos, más nos encerramos en nuestro propio ego. Queremos ganar más, ser más, que el negocio crezca… pero olvidamos pensar y agradecer a todos los seres que destrozamos para lograrlo.
Parecería que esta estúpida noción de éxito nos vuelve una cultura del perpetuo fracaso e incansable sufrimiento.
La sociedad de consumo se especializa en usarlo todo hasta la destrucción. Usa a la Madre Tierra y a las personas. Las deja vacías y sin dignidad.
¿Y si comenzamos a pensar en otras formas de vivir?
No puedo creer mi suerte. Alguien me ha mirado y me ha obsequiado una sonrisa, a pesar de mi ropa vieja y mi silencio. Soy el hombre más feliz del mundo.
Mis alumnos son el Buda. Pero este corazón es muy pequeño. ¿Qué hacer con tanto cariño?
En silencio de zazen observo su silencio de zazen. Piernas cruzadas, espaldas rectas, manos en mudra.
No tengo nada, solo esta felicidad que no cabe en mi mochila.
Cuando dije adiós, sentí que las lágrimas querían asomarse. Aún no, les dije.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 22, 2018 | Budismo, Vida, Zen

El aroma de café recién hecho y el ruido de decenas de viajeros desayunando creaban un espectáculo confortante en el hostal. Mientras mi vista ser perdía en la textura de mi avena con manzana, podía identificar varios idiomas: inglés de distintos acentos, francés, japonés y alemán. Personas de diferentes países esperando a que la niebla de la ciudad se aclarara para salir a caminar, tomar muchas selfies y regresar exhaustos en la noche.
Yo estaba solo en una mesa, comiendo despacio y pensando en la aventura que me esperaba al día siguiente, cuando fuera admitido en el monasterio C’han.
—¿Puedo sentarme aquí?— dijo alguien que se había parado frente a mi. Era un hombre de unos 55 años. Su barba larga y sus ojos melancólicos me pedían permiso para compartir la mesa.
—Por supuesto— sonreí y lo invité con un gesto de mi mano.
Se sentó y comenzó a comer en silencio. Yo seguí concentrado en mi avena, sin estar seguro de iniciar una conversación. Quizá el hombre quería estar solo.
Luego de unos minutos me saludó, se presentó como Tim y me dijo de dónde venía.
—Mucho gusto, Tim— estreché su mano y también le di mi nombre.
Mientras comíamos me relató su historia. Había llegado a la ciudad siguiendo el rastro de su hijo, Marc, a quien no había visto en 30 años. Tenía todas sus esperanzas de hablar con él para poder iniciar una relación que la vida le había negado. En verdad quería pasar tiempo con su hijo y conocerlo. Pero cuando lo encontró solo pudo cenar con él, pasar un par de horas porque Marc estaba a unas horas de salir a trabajar por un año a Tailandia.
La búsqueda de 30 años había sido inútil y estaba profundamente triste. Yo lo podía notar en su mirada, en su postura y en el tipo de energía que lo rodeaba.
—Pero demasiado hablar de mi. ¿Qué te trae a la ciudad?— me preguntó.
Le dije que soy monje budista y que estaba en transición entre monasterios. Eso despertó su curiosidad y me pidió que le explicara un poco sobre budismo. Así que en unos minutos de di un mini-curso de lo más básico.
—He escuchado que ustedes creen que todo está conectado. ¿Tú crees que es verdad?
—Sí, es verdad. Esta existencia funciona con la Ley de Causa y Efecto. Es decir, todas las cosas, fenómenos y situaciones que hay tienen un origen, una razón de ser y producen un efecto en la tela que forma el multiverso.
Tim permaneció en silencio, masticando lentamente su desayuno.
—¿Crees que no poder estar con mi hijo sirva para algo?— preguntó con ojos al punto de las lágrimas.
—Por supuesto. Sé que no te hará sentir bien en este momento, pero gracias a lo que pasó con Marc ha hecho que estemos compartiendo esta mesa. Nos hemos conocido y no podía suceder de ninguna otra manera.
Siguió comiendo en silencio un momento más y luego comenzamos a charlar por un par de horas mientras bebíamos café.
Al final nos despedimos, intercambiamos direcciones de correo electrónico y no volví a saber de él… hasta hoy.
Gracias a nuestra charla, Tim encontró paz en la práctica de la meditación budista. Eso le dio paciencia y entereza para esperar a que las cosas sucedieran, como siempre en la vida. Marc regresó a su país y ahora Tim puede ver a su nieta una vez por semana.
La Vida es más grande y majestuosa de lo que imaginamos. Todo lo que hacemos, todo lo que pasa, nos guste o no, ayuda a que la vida misma siga adelante.
Mira lo que te rodea. Todo tiene un origen, una razón de ser y todo afecta el universo. Tú y yo estamos interconectados.
por Kyonin, maestro Zen con más de 15 años de experiencia enseñando el Dharma | Feb 19, 2018 | Budismo, Vida, Zen

La Vida, con V mayúscula, es inmensa. Es mucho más grande de lo que podemos imaginar. Crece, se mantiene a sí misma y está siempre en una constante evolutiva. Hay que ser muy observadores para apreciarlo.
Y la vida humana está llena de situaciones extraordinarias, belleza, crisis, peligro, amor, corazones rotos y eventos de la naturaleza de todo tipo. Cada instante que pasamos en este mundo está lleno de maravillas que van más allá de lo que el lenguaje puede expresar.
Pero como especie, somos un grupo de simios con una visión tan obtusa, que estamos perpetuamente aburridos.
Esto lo escribo porque escuché una conversación donde un par de personas hablaban de lo aburrida que es la vida en general. Se quejaban de que todo está dicho, hecho y que solo queda esperar la muerte.
Y pensé en mi propia experiencia. En este momento tengo 45 años y no he estado aburrido desde que tenía 17 o 18. Soy una persona muy simple y un tonto profesional, por eso todas las noches me voy a la cama emocionado por las aventuras que tendrá el día siguiente. No importa que me la pase sentado meditando, limpiando la casa, trabajando con la sangha, resolviendo alguna situación difícl, estudiando, sentado en la banca de un parque o en la estación del tren: El Gran Show del Ahora siempre tiene algo nuevo y magnífico.
Habitamos este universo que está lleno de cosas, seres y situaciones. Todo ello es maravilloso. No es posible aburrirse cuando observas la vida suceder frente a tus ojos.
¿Cómo es que puedes aburrirte? No has leído todos los libros disponibles. No has escuchado todos los géneros musicales. No has visto todas las películas. No has jugado todos los juegos o deportes creados por la humanidad. Ni siquiera conoces al 1% de las personas en tu país.
Llegamos a este punto con nuestra práctica de meditación zen. Practicar zazen es asombroso.
Pero Chocobuda, ¿cómo es que sentarse en silencio no te aburre? Definitvamente estás mal de la cabeza.
Apreciar el silencio de este instante te permite escuchar la vida siendo vida. El pasado y el futuro pierden control sobre ti. Puedes sentir la gravedad de la Madre Tierra llevándote hacia ella, notas cantos de aves que no te permitías oir, sientes tu cuerpo de mil formas distintas. Puedes notar el flujo de tus pensamientos que van y vienen luchando por tu atención.
En ocasiones el silencio del ahora es tan grande, que puedo escuchar mi sangre corriendo por las venas. Swoosh! Swoosh!
Practicar zazen es la culminación de la vida porque para que puedas sentarte en el cojín, se requiere que todo el universo esté funcionando; que la evolución, historia, físicica, química y biología se unan para que estés ahí.
Nos sentamos inmóviles mirando la pared. ¿Te has percatado de que no tienes idea de qué está hecha la pared?
Todo lo que nos rodea es asombroso. Hay tanto que ver, tanto por escuchar y por leer. ¡Tanto por aprender!¡Hay tantos seres vivos por ayudar!
Considera todo lo que está pasando justo ahora a tu alrededor. Es el espectáculo más grande del universo. Y te lo estás perdiendo.
El Gran Show del Ahora no te pide que gastes un centavo. Siempre hay boletos y asientos de primera fila reservados para ti. ¡Son infinitos y todos están invitados!
Cuando te sientas a disfrutar del Gran Show del Ahora, que está sucediendo en este momento y aquí; de verdad que no hay tiempo para aburrirse.