Una mañana de verano en el templo, cuando me tocó servir la mesa de Oryoki para mis compañeros por primera vez, estaba muy nervioso. A pesar de que había entrenado varios días para poder cumplir esta obligación con decoro y de acuerdo con el protocolo, el miedo a equivocarme estaba muy presente. Los recuerdos de mis múltiples descuidos anteriores me hacían difícil aceptar el pasado para servir adecuadamente en el presente.
Ese día era yo el encargado de servir la sopa de miso. Con una mano cargaba la olla y con la otra servía usando una cuchara grande de madera. Los primeros dos platos los serví sin problema, pero en el tercero me tropecé con mi propio atuendo y tiré sopa de miso en el tatami (piso de paja tejida que se daña muy fácil con los líquidos).
Todos mis compañeros miraron cómo en cámara lenta la sopa caía al delicado suelo. Nadie dijo nada porque el voto de silencio debía ser mantenido. Con decoro, elegancia y sin mostrar molestia alguna, el compañero más experimentado se levantó, caminó rápido a la cocina por una toalla, regresó y rápidamente limpió el piso.
Me sorprendió su serenidad. Días más tarde, cuando se nos permitió hablar, le pregunté: “¿Cómo lograste no enfadarte ni un poco por mi torpeza?”.
Su respuesta fue sencilla y sonriente: “Por las Cuatro Promesas del Bodhisattva que recitamos diario. La forma en que actúo hoy determina cómo se corrige mi pasado y el de todos. Tiraste la sopa en el tatami no por maldad. Fue un error porque estabas pensando en el pasado”.
Aquello me dejó reflexionando durante días. Fue entonces cuando comprendí que en el Zen, aceptar el pasado no es un ejercicio de nostalgia ni de culpa; es un acto presente y futuro.
¿Qué son las Cuatro Promesas y porqué las practicamos? La respuesta es Fu
En el Budismo Zen recitamos diariamente las Cuatro Promesas del Bodhisattva, que aparecen en el Sutra de la Plataforma del Sexto Patriarca Huineng.
Estas no son simples palabras que repetimos sin sentido. Son compromisos con la práctica espiritual y con nuestro YO del futuro, para crear intenciones virtuosas en nuestros actos. Arreglamos el futuro desde hoy, para crear consecuencias positivas en todo lo que estamos por pensar, decir y hacer. A esto Huineng le llama Fu.
Huineng también nos enseña que los seres que debemos salvar primero son los que habitan en nuestra propia mente: el mentiroso, el engañado, el malévolo. En otras palabras, salvamos a Mara que está en nosotros.
Las Cuatro Promesas no son solo un acto altruista hacia otros, sino una forma de reconciliarnos con nuestra propia historia. Aceptamos lo que hemos sido en el pasado, sin remordimientos, culpas ni reproches.
Recitar estas promesas establece un puente entre nuestro presente y lo que deseamos para el futuro, sanando las heridas del pasado al ofrecerles un nuevo significado.
¿Qué significa aceptar el pasado según el Zen?
Aceptar el pasado, en la visión Zen, no es resignarse. Tampoco es olvidar. Aceptar el pasado es reconocer que nuestras acciones, palabras y pensamientos de ayer son parte de quienes somos hoy, pero no determinan necesariamente nuestro mañana.
Desde el punto de vista budista, el karma es dinámico. Y una forma directa de transformar ese karma es cultivar una intención virtuosa, como nos enseña el voto del Bodhisattva.
El “arrepentimiento vacío” de Huineng es precisamente entender el tiempo, nuestra historia y el futuro desde la perspectiva de la vacuidad. El Sexto Patriarca nos dice:
“Liberarse a uno mismo por su propia Esencia de la Mente significa liberarse de los ignorantes, engañosos, e instigadores seres en el interior de nuestra mente, por medio de la Visión Correcta.”
Esa visión correcta nos permite ver el pasado con honestidad, sin negar nuestros errores ni aferrarnos a ellos.
Las Cuatro Promesas y su relación con el Sutra de la Plataforma
El Sutra de la Plataforma deja claro que las Cuatro Promesas son más que una formalidad sin sentido. Son un método para trabajar con las pasiones y engaños internos. Al prometer liberar a los seres, romper con los autoengaños, aprender el Dharma y alcanzar la Budeidad, no buscamos la perfección inmediata, sino establecer una orientación continua.
Esa orientación nos permite agradecer lo vivido, incluso lo difícil, porque gracias a ello hemos llegado al momento presente. Son un mapa de hacia dónde caminamos para crear un mejor futuro.
Lo que nos dicen las Cuatro Promesas
1. Salvar a todos los seres vivos, aunque los seres vivos sean incontables
En un sentido literal, parece imposible y hasta pretencioso. Sin embargo, el Sutra de la Plataforma nos enseña que esos “seres vivos” también son aspectos de nuestra propia mente. Cada vez que liberamos un pensamiento negativo o una emoción destructiva, estamos salvando un “ser”.
En la práctica cotidiana, esto se traduce en gestos simples como escuchar con paciencia, actuar con honestidad, ofrecer ayuda sin esperar recompensa. Cada acto virtuoso tiene un eco que va más allá de nosotros mismos.
2. Destruir mis autoengaños, aunque mis autoengaños sean innumerables
Los autoengaños son las historias que nos contamos como “No soy suficiente”, “Nunca cambiaré”, “Esto es lo que me tocó vivir”. Estas ideas nos atan al pasado y limitan nuestro presente.
Mediante la práctica de Shikantaza y la introspección, podemos ver esos patrones mentales con mayor claridad. Nuestra práctica no es una lucha violenta contra ellos, sino un suave desmantelamiento mediante la visión correcta, la aceptación de nuestras sombras y la sabiduría que desarrollamos con la experiencia.
3. Percibir la realidad, aunque la realidad sea infinita
El Zen no busca imponer una única verdad. Por el contrario, reconoce que la realidad está en constante cambio. Percibirla es vivir cada instante con atención plena, sin aferrarse a ideas fijas.
Aceptar el pasado implica entender que nuestras percepciones son siempre parciales y condicionadas. Hoy podemos mirarlas con otros ojos, desde el silencio interior y la apertura del corazón.
4. Caminar hacia la iluminación, aunque a esta nunca llegue
Este voto es tal vez el más característico del espíritu del Soto Zen. No practicamos para llegar a un destino final, sino porque el propio caminar ya es la práctica.
Cada paso, cada respiración, cada error incluso, forma parte del camino del Bodhisattva. Aceptar el pasado es reconocer que incluso nuestras caídas han tenido un valor: nos han permitido levantarnos una y otra vez.
Aceptar el pasado en el Zen moderno
Hoy, muchos practicantes laicos y monásticos recitan las Cuatro Promesas al comenzar o terminar su día. En mi experiencia, incluirlas en la rutina diaria es una forma poderosa de recordar nuestra dirección ética y espiritual.
Puedes hacerlo de la siguiente manera:
Al despertar, recita en voz baja o mentalmente las Cuatro Promesas.
Durante el día, cuando enfrentes un momento difícil, repítelas interiormente.
Antes de dormir, reflexiona sobre cómo has vivido en relación con esas promesas.
Poco a poco, notarás que creando un futuro virtuoso, tu relación con el pasado se suaviza. Lo que antes parecía un peso, se convierte en aprendizaje.
Sanar el futuro para aceptar el pasado
En el Zen, sanar el futuro no significa olvidar el pasado, sino transformar su significado mediante una acción presente clara y compasiva. Las Cuatro Promesas del Bodhisattva nos ofrecen una guía práctica para cultivar esa transformación día a día.
Aceptar el pasado, entonces, es un acto vivo, no un recuerdo estático. Es reconocer que podemos seguir aprendiendo, creando, creciendo y floreciendo, sin importar lo que haya quedado atrás.
Para esta semana avanzamos con el Sutra de la Plataforma, Capítulo 6, Sobre el Arrepentimiento.
En este capítulo, el Sexto Patriarca nos habla del Arrepentimiento sin Forma que nos lleva a limpiar las consecuencias negativas de nuestro karma poco hábil.
Por eso es que recitamos el Verso de la Enmienda o Verso del Arrepentimiento.No es una confesión en busca de perdón, sino una afirmación de responsabilidad interior.
Incluir este verso en nuestra práctica diaria no es para vivir con culpa, sino para preparar el terreno y sembrar nueva sabiduría.
Todos los daños causados por mis actos, palabras y pensamientos, a lo largo de mi vida. Provenientes de mi infinita avaricia, ira e ignorancia, Los enmiendo aquí y ahora.
Reconocemos, entendemos, y dejamos ir, para que la práctica pueda florecer.
Como monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
Con tu ayuda, me es posible continuar difundiendo las enseñanzas del Buda y de los Patriarcas del Zen, y compartiendo su mensaje de compasión con el mundo.
Tu donación me ayudarás a seguir ofreciendo clases de Budismo Soto Zen, Zazen y otras actividades que benefician a la comunidad. ¡Gracias por tu amabilidad y generosidad!
Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
Si estás fuera de Guadalajara, Jalisco, puedes participar con nosotros vía Zoom en vivo, o ver la transmisión grabada en YouTube.
Si estás en la ciudad, te esperamos en el Árbol del Yoga, siempre y cuando sigas al pie de la letra las medidas de prevención por la contingencia sanitaria. Detalles aquí.
El tema del día será: Sutra de la Plataforma: Capítulo 6, p. 3. Verso de la enmienda.
Los espero:
Día: Domingo 13 de julio de 2025.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
Lugar: Sala de Zoom. El enlace a la sala será publicado 15 minutos antes en el grupo de difusión en WhatsApp. Clic aquí.
Si no te puedes conectar a esa hora, puedes participar en la grabación que quedará en YouTube.
Indicaciones especiales para Zoom:
Descargar nuestro cuaderno de liturgia de https://1drv.ms/w/s!Akxki0vbnRKilJdQA9WC8DyqzTqBaA?e=swI1t4
Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
Tener agua disponible.
Elegir un lugar donde se pueda ver la pantalla con claridad y tener espacio para moverse y sentarse en un cojín o silla.
Seguir las instrucciones que daré en el video.
Un poco de incienso siempre es buena idea.
Espero verlos ahí. Cualquier duda o pregunta ya saben que siempre estoy disponible.
Con mucha felicidad invitamos a toda la comunidad budista y a los miembros de la sangha Grupo Zen Ryokan, a continuar nuestro estudio del Dharma y de las enseñanzas Soto Zen.
Este curso es la continuación directa del Curso de Introducción al Budismo Zen 2. Es perfecto para quienes lo han tomado y para quienes estén familiarizados con los temas vistos hasta la fecha.
No es un curso para principiantes y es un grupo formal de estudio.
Objetivos
Formar un grupo de practicantes comprometidos con el estudio del Budismo Soto Zen, para profundizar en las enseñanzas de Dogen Zenji y ponerlas en práctica en la vida cotidiana.
Estudiar la historia, textos y formas esenciales del Budismo Soto Zen japonés; para enriquecer nuestra experiencia y vivir en respeto, armonía, silencio y elegancia. Siempre en servicio de todos los seres vivos.
También estudiaremos con detalle los Preceptos del Bodhisattva, para después decidir si quieres recibir los Preceptos en la ceremonia de Jukai.
Practicaremos Shikantaza desde el primer día para mantener el hábito diario de nuestra práctica suprema.
Para esta semana seguimos con los primeros párrafos del Sutra de la Plataforma, Capítulo 6, Sobre el Arrepentimiento.
En el budismo usamos incienso por muchas razones. No es solo para que huela bonito. Cuando encendemos una varita, estamos diciendo con ese gesto “aquí estoy, con presencia plena y gratitud”. Es una forma de marcar el inicio de la práctica, de hacer una pausa. Pero además del incienso físico que se quema, también hay inciensos simbólicos o internos. Estos no los ves ni los hueles, pero se “encienden” cuando cultivamos cualidades como la gratitud, compasión y generosidad. En el Sutra de la Plataforma nos habla justamente de estos inciensos de la mente-corazón.
Capítulo 6 nos menciona cinco inciensos que no se compran en ninguna tienda, pero que hacen que nuestra práctica sea profunda y real. Son la ética, la concentración, la sabiduría, la liberación del ego, y la comprensión de esa libertad. Estos Cinco Inciensos son un recordatorio de que si queremos caminar el camino del Buda, no basta con leer o ver videos lindos. Tenemos que perfumar nuestra mente con estas cualidades, todos los días, en todo lo que hacemos. Esa es la verdadera ofrenda.
Como monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
Con tu ayuda, me es posible continuar difundiendo las enseñanzas del Buda y de los Patriarcas del Zen, y compartiendo su mensaje de compasión con el mundo.
Tu donación me ayudarás a seguir ofreciendo clases de Budismo Soto Zen, Zazen y otras actividades que benefician a la comunidad. ¡Gracias por tu amabilidad y generosidad!
Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
Si estás fuera de Guadalajara, Jalisco, puedes participar con nosotros vía Zoom en vivo, o ver la transmisión grabada en YouTube.
Si estás en la ciudad, te esperamos en el Árbol del Yoga, siempre y cuando sigas al pie de la letra las medidas de prevención por la contingencia sanitaria. Detalles aquí.
El tema del día será: Sutra de la Plataforma: Capítulo 6, p. 2. Ofrendar Los Cinco Inciensos.
Los espero:
Día: Domingo 6 de julio de 2025.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
Lugar: Sala de Zoom. El enlace a la sala será publicado 15 minutos antes en el grupo de difusión en WhatsApp. Clic aquí.
Si no te puedes conectar a esa hora, puedes participar en la grabación que quedará en YouTube.
Indicaciones especiales para Zoom:
Descargar nuestro cuaderno de liturgia de https://1drv.ms/w/s!Akxki0vbnRKilJdQA9WC8DyqzTqBaA?e=swI1t4
Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
Tener agua disponible.
Elegir un lugar donde se pueda ver la pantalla con claridad y tener espacio para moverse y sentarse en un cojín o silla.
Seguir las instrucciones que daré en el video.
Un poco de incienso siempre es buena idea.
Espero verlos ahí. Cualquier duda o pregunta ya saben que siempre estoy disponible.
La pregunta existencial “¿quién soy yo?” es un asunto que a todos nos puede crear ansiedad. A veces no sabemos ni cómo empezar a responder. Una persona de la sangha recientemente me hizo esta pregunta y, aunque yo no lo puedo responder porque es algo que cada uno de nosotros debe investigar, sí puedo compartir cómo comenzar a vivir para encontrar la resolución.
Hace unos años, mi senpai, Yoshu, monje y jardinero en Kosho-ji, el primer templo fundado por D?gen Zenji a las afueras de Kioto, me compartió una experiencia que me hizo pensar por días. Una mañana estaba barriendo el camino de piedra que conduce al zendo, cuando una ráfaga de viento otoñal le arrojó un montón de hojas justo donde acababa de limpiar. Frustrado, murmuró: “¿Por qué me molesta tanto esto?” En ese instante, se dio cuenta de algo interesante. No era el viento, ni las hojas, ni siquiera su deseo de terminar el trabajo lo que lo alteraba. Era su identificación con una imagen de sí mismo, el que mantiene el camino limpio.
Dejó la escoba a un lado y se sentó a mirar el viento mover las ramas de los árboles. Esa mañana entendió algo que miles de sutras podrían tardar años en mostrar. El “yo” que lucha por controlar todo no es su verdadera naturaleza.
Y entonces surgió la gran pregunta: ¿quién soy yo?
El Despertar de la Fe en el Mahayana es un mapa para volver a casa
Por aquellos días estábamos estudiando uno de los textos fundamentales del budismo Mahayana, El Despertar de la Fe. Este es otro texto vital para el Zen porque nos ofrece un marco claro para abordar esta pregunta que tiene mucho que ver con la enseñanza de Anatta.
Compuesto en China y atribuido a Asvaghosa, este texto presenta la mente con dos aspectos inseparables: la mente tal como es (nuestra naturaleza verdadera, inmutable) y la mente tal como aparece (la mente condicionada por el karma, sus repercusiones y las pasiones). Es decir, la mente en el mundo de lo relativo y la mente en el mundo de lo absoluto.
El texto enseña que todos los fenómenos, incluidos los pensamientos de bien y de mal, son manifestaciones ilusorias de la mente. Y, lo más importante, afirma que la naturaleza esencial de todos los seres es pura, libre y perfecta desde el origen.
¿Quién soy yo? Encontrando la respuesta en el Zen y la práctica
“Lo que llamamos bueno o malo, no es nuestro verdadero rostro.” —Venerable Jingjie
La práctica Zen es difícil porque entrenamos para soltar las opiniones y no dejar que nos definan. Estamos atentos a las etiquetas que ponemos que, aunque son necesarias para navegar la vida, no nos definen. Por eso no se nos pide que rechacemos lo bueno ni lo malo. Más bien, tratamos de ir más allá de ellos. La mente que en un momento se llena de fe y compasión, al instante siguiente puede llenarse de deseo y rechazo. Si observamos con atención, notamos que estos estados vienen y van como nubes en el cielo. Pero el cielo mismo, que es nuestra verdadera naturaleza, permanece intacto.
Practicar Zen es poder contactar con esa estabilidad detrás de los pensamientos y el lenguaje. En el Despertar de la Fe encontramos que es comprender que todo lo que surge son “dharmas condicionados”, es decir, nacidos de causas y condiciones, y por tanto vacíos por naturaleza. Esta visión es el corazón de la enseñanza budista sobre el “yo”.
En el silencio de Shikantaza vemos nuestra personalidad flotando junto con todos los demás pensamientos. Lo que es YO es una construcción mental. Se compone de las vivencias, de la cultura, de la salud, de lo que comes y de todas las cosas que has decidido. Creamos una personalidad, la abrazamos y con ella navegamos el mundo.
Tu verdadero ser trasciende lo que crees que eres. Hay algo detrás de la personalidad que es puro, inmutable y que no depende de nombres o etiquetas.
Entonces, si no hay un YO, ¿quién es la persona que se enoja? Si no hay una pista de aterrizaje (YO), entonces las emociones solo sobrevuelan, pero se tienen que ir a otra pista que no sea la tuya.
Más allá del bien y del mal para comprender la raíz
Cuando decimos “yo soy bueno” o “yo soy malo”, tomamos una función temporal de la mente, o sea una reacción, un hábito, un pensamiento; y la convertimos en identidad. Pero la enseñanza fundamental del Buda es clara. Eso no eres tú.
Nuestro ser verdadero no nace ni muere, no aumenta ni disminuye. Es como el agua que, expuesta al frío, se convierte en hielo. El hielo parece sólido, duro, separado… pero sigue siendo agua. De la misma manera, nuestras emociones, preferencias, aversiones, deseos y errores no son nuestro ser esencial, sino estados temporales, transformables.
Si fuéramos por naturaleza malvados o puros, no habría posibilidad de cambio. Pero como nuestra naturaleza es clara como el agua, todo lo demás puede ser disuelto mediante la práctica.
Reconocer directamente la verdad
El maestro Zen Zhaozhou (Joshu en japonés), uno de los más grandes de la historia, pasó buena parte de su vida peregrinando y preguntando: “¿Mi naturaleza es buena, mala o pura?” No se conformó con ideas ni conceptos. Quería saber por experiencia directa.
A los ochenta años, durante Zazen frente a un bosque de bambú, escuchó el sonido de una piedra golpeando un tallo. En ese momento, todo pensamiento condicionado se detuvo. Comprendió profundamente que su naturaleza verdadera no dependía de categorías morales ni de ideas dualistas.
Dijo entonces: “Tantos años buscando, gastando sandalias… y todo estaba justo aquí, sin esfuerzo alguno.”
Ese despertar, llamado kensho en japonés, no es una iluminación grandiosa ni lejana. Es simplemente reconocer lo que siempre ha estado presente.
El poder de “dar la vuelta y mirar hacia dentro”
En nuestra vida cotidiana, la práctica comienza al notar cómo nos aferramos a un “yo” construido; el que tiene razón, el que se siente víctima, el que siempre necesita algo más. El Zen nos lleva tener una mirada fresca y observar esos estados como fenómenos pasajeros, no como nuestro verdadero ser.
Volver a ese “rostro antes de nacer de nuestros padres”, como dicen los antiguos koans, es simplemente regresar a este momento, sin juicios, sin narrativas, sin máscaras.
Ante la ira, la tristeza y muchos de nuestros estados incómodos, hay que preguntarse “¿quién está sintiendo esto?”. No es que los problemas se esfumen, pero sí podemos abordarlos desde la calma.
El Zen como camino para responder a la gran pregunta
En el Soto Zen practicamos Shikantaza (solo nos sentamos en Zazen y punto), nos lleva más allá de los discursos sobre el bien y el mal. Se trata de convertirnos en mejores personas y de despertar al hecho de que ya somos una expresión única e irrepetible de la mente universal.
En ese silencio, comenzamos a ver que no necesitamos convertirnos en nada. Solo basta con dejar de identificarnos con el hielo, y recordar el agua.
¿Quién soy yo? La respuesta está en el zafu
A lo largo del día, cuando sientas que algo te irrita, te eleva, te pone triste o te confunde, haz una pausa. Pregúntate con suavidad: “¿Quién está sintiendo esto? ¿Es esto mi verdadero yo?”
No necesitas resolverlo con la mente. Solo observa. Y siéntate. Vuelve al cuerpo. Respira.
Tu verdadera naturaleza no necesita ser defendida ni pulida. Solo reconocida.
Volver a casa
“¿Quién soy yo?” no es una pregunta filosófica abstracta. Es una cuestión importante para todos nosotros. La respuesta, como diría Zhaozhou, está justo donde estás ahora. Ningún maestro espiritual lo puede resolver por ti.
Todo lo que surge, ya sea bueno, malo, hermoso o difícil, es parte del camino de regreso. Solo necesitas el coraje de no huir. Sentarte. Mirar. Y confiar.
Hoy, dedica cinco minutos a sentarte en silencio. No busques nada. No huyas de nada. Simplemente siéntate y deja que todo sea como es. Cada vez que surja un pensamiento, una emoción o una duda, pregúntate suavemente: “¿Esto soy yo?”
Luego, suéltalo. Respira. Sonríe. ¿Esa sonrisa? Eso eres tú. Y eso nunca ha estado lejos.
¡Ya llegamos a la mitad del año! Arrancamos julio con una invitación a reflexionar sobre una práctica fundamental en nuestra Vía, la generosidad.
En los últimos meses hemos renovado servicios esenciales como Zoom y hospedaje web; y todo ha sido gracias a la generosidad de cada uno de ustedes.
Shantideva, en el Bodhicaryavatara, nos recuerda que ser generosos no es sólo dar cosas materiales, sino tener una mente y un corazón dispuestos a compartir.
“La perfección de la generosidad es un estado mental debido a la intención de darlo todo a todos, junto con los frutos de la dádiva u ofrenda.” — Bodhicaryavatara, Capítulo V
La perfección de la generosidad trata de la intención sincera de ofrecer algo bueno a los demás. Esa actitud es la que transforma nuestro dar en una verdadera práctica del camino del Bodhisattva.
Shantideva también dice que quien quiere aliviar el sufrimiento ajeno y desea la felicidad de todos los seres, está cultivando una mente llena de mérito. Y nos anima a ser como una barca o un puente para quienes buscan cruzar al otro lado del sufrimiento.
Así que, si está en sus posibilidades, este mes los invito a hacer su aporte con alegría. Cada granito de arena sostiene nuestra comunidad y mantiene viva nuestra práctica.
Gracias por estar ahí, caminando juntos.
¿Por qué donar?
Sostén de Nuestra Sangha: Tu donativo ayuda a mantener nuestras actividades, plataformas tecnológicas, facilitar enseñanzas y prácticas, y asegurar que la sabiduría del Dharma esté accesible para todos.
Práctica de Dana Paramita: Dana, o generosidad, es una de las perfecciones que cultivamos en el Budismo. Al dar, no solo ayudamos a otros, sino que cultivamos nuestra propia mente desapegada y compasiva.
Conexión y Compromiso: Al donar, reafirmamos nuestro compromiso con la Sangha y con nuestro camino espiritual, fortaleciendo nuestra conexión y sentido de pertenencia.
¿Cómo puedes contribuir?
Puedes hacer tu donativo a través de Ko-Fi, PayPal o transferencia, cada aporte es una semilla que siembra paz, sabiduría y compasión en nuestra comunidad y en el mundo.
También nos ayuda mucho si difunden la existencia de Grupo Zen Ryokan para poder llegar a más personas.
Recordemos las palabras de Dogen Zenji: «Practicar la generosidad es el fundamento de la Vía». Al abrir nuestros corazones y manos en Dana, abrimos también las puertas a un mayor entendimiento y compasión.
Agradezco profundamente su continuo apoyo y generosidad. Juntos, mantenemos viva la llama del Dharma.
Que todos los seres se beneficien de nuestra práctica.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi