A veces creemos que la iluminación es algo lejano, un estado místico reservado para seres extraordinarios que flotan sobre nubes de incienso. Sin embargo, el Zen no se cansa de recordarnos que la verdad está justo debajo de nuestra nariz.
Para ilustrar esto, hoy revisamos este koan de Shitou Xiqian (700–790, conocido en Japón como Sekito Kisen), uno de los grandes maestros chinos del Zen Chan del siglo VIII y figura fundamental de cuyo linaje nace la tradición Soto Zen. En algunos templos de China, lo consideran como el Séptimo Patriarca del Chan.
En el Zen, un koan no es una adivinanza ni un dilema intelectual, sino un diálogo o encuentro provocador diseñado para romper el razonamiento lógico y llevar la mente a un despertar directo. En esta historia, Shitou sostiene un diálogo punzante con su discípulo Zhaoti Huilang.
La pregunta de Zhaoti
Zhaoti Huilang le preguntó a Shitou:
—¿Qué es el Buda?
Shitou respondió:
—Tú no tienes la Mente de Buda.
Zhaoti dijo: —Soy un ser humano: me muevo por todos lados, actúo y tengo pensamientos.
Shitou le dijo:
—Los seres que se mueven, actúan y piensan, ciertamente tienen la Mente de Buda.
Zhaoti preguntó:
—Entonces, ¿por qué yo no la tengo?
Shitou respondió:
—Porque no estás dispuesto a ser, simplemente, un ser humano.
En ese instante, Zhaoti llegó a la iluminación.
La provocación de Shitou
La pregunta de Zhaoti parece inocente y legítima. «¿Qué es el Buda?». Es la misma duda con la que casi todos llegamos a la práctica. Queremos una definición clara, una meta noble a la cual aspirar. Buscamos en la historia, pero no nos imaginamos que Buda no solo era el maestro, sino un concepto espiritual completo.
Pero la respuesta de Shitou rompe de golpe esa expectativa: «Tú no tienes la Mente de Buda».
¿Por qué le dice algo tan drástico? Porque Shitou sabe que Zhaoti está buscando al Buda fuera de sí mismo. Al conceptualizar al Buda como un «objeto» idealizado, Zhaoti se coloca automáticamente en un lugar inferior o separado. Aquí hay que explicar que la palabra “mente” también significa espíritu, corazón, energía, actitud y fuerza vital.
Cuando Zhaoti argumenta que él piensa, siente y se mueve (es decir, que está vivo), Shitou le confirma que esa misma vida palpitante es la Mente de Buda. La trampa no está en su naturaleza, sino en su actitud. Zhaoti no acepta su humanidad ordinaria. Quiere ser algo «especial», algo «espiritual», rechazando sus pensamientos, sus limitaciones y su día a día.
El despertar de Zhaoti ocurre cuando se da cuenta de que no hay nada que agregar ni nada que desechar. Dejar de luchar contra la propia condición humana es, precisamente, encarnar al Buda.
¿Qué significa esto para el budista contemporáneo?
En el mundo actual, es muy fácil caer en lo que en psicología se llama bypassing espiritual o evasión espiritual. Usamos la meditación, los libros o la filosofía Zen como un escudo para huir de nuestras frustraciones, del estrés del trabajo, de la tristeza o de la maraña de emociones cotidianas. Buscamos una paz antinatural donde nada nos perturbe.
Este koan nos da una sacudida directa:
Lo cotidiano y pequeño es Buda: La Mente de Buda no se manifiesta únicamente cuando estás sentado en postura perfecta sobre un zafu. Se manifiesta cuando lavas los platos, cuando respondes un correo, cuando sientes cansancio o cuando te ríes con un amigo.
Abrazar la imperfección: Ser budista no significa convertirse en una estatua de piedra inmutable. Significa ser un ser humano completo. Tenemos que reír cuando hay alegría, sentir dolor cuando hay pérdida, pero sin apegarte a esas experiencias ni rechazarlas.
Dejar de buscar fuera: Mientras sigas buscando la paz en el exterior como si fuera un trofeo que obtendrás en el futuro, te perderás la realidad presente. La práctica no se trata de transformarte en alguien más, sino de reconocerte tal como eres aquí y ahora.
No le tengas miedo a tu humanidad. Camina, siente, piensa, equivócate y vuelve a sentarte. Ahí mismo, en medio del lodo de la vida diaria, es donde florece el loto.
Si quieres como dar los primeros pasos a aceptarte como eres y a ver tu Buda interno, nuestro siguiente curso es para ti
Esta semana entramos a uno de los tramos más reveladores de Genjokoan, donde Dogen Zenji dinamita nuestra obsesión por el pasado y el futuro usando la metáfora de la leña y la ceniza, mostrándonos que cada instante de tu vida es absoluto, único y completo por sí mismo.
Al mismo tiempo, nos enseña que el despertar no viene a destruir tu cotidianidad, sino a reflejarse suavemente en ella como la luna sobre un charco de agua, recordándonos que por más que creas entender la realidad, tu visión siempre es solo una pequeña fracción de un universo infinito. Hay que soltar tus certezas, bajar la cabeza con humildad y habitar este instante con los pies bien puestos en la tierra.
Los monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
Con tu ayuda, me es posible continuar difundiendo las enseñanzas del Buda y de los Patriarcas del Zen, y compartiendo su mensaje de compasión con el mundo.
Tu donación me ayudarás a seguir ofreciendo clases de Budismo Soto Zen, Zazen y otras actividades que benefician a la comunidad. ¡Gracias por tu amabilidad y generosidad!
Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
Si estás fuera de Guadalajara, Jalisco, puedes participar con nosotros vía Zoom en vivo, o ver la transmisión grabada en YouTube.
Si estás en la ciudad, te esperamos en el Árbol del Yoga, siempre y cuando sigas al pie de la letra las medidas de prevención por la contingencia sanitaria. Detalles aquí.
El tema del día será: Genjokoan 5. La leña solo es leña.
Los espero:
Día: Domingo 26 de julio de 2026.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
Lugar: Sala de Zoom. El enlace a la sala será publicado 15 minutos antes en el grupo de difusión en WhatsApp. Clic aquí.
Si no te puedes conectar a esa hora, puedes participar en la grabación que quedará en YouTube.
Indicaciones especiales para Zoom:
Descargar nuestro cuaderno de liturgia de https://1drv.ms/w/s!Akxki0vbnRKilJdQA9WC8DyqzTqBaA?e=swI1t4
Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
Tener agua disponible.
Elegir un lugar donde se pueda ver la pantalla con claridad y tener espacio para moverse y sentarse en un cojín o silla.
Seguir las instrucciones que daré en el video.
Un poco de incienso siempre es buena idea.
Espero verlos ahí. Cualquier duda o pregunta ya saben que siempre estoy disponible.
¡Saludos desde 2026! Primero que nada, el futuro en el que vivo no es como lo imaginas. Aún no hay autos voladores, teletransportación y los robots apenas están comenzando a ser útiles. Tampoco usamos capas, cascos de cristal con antenas ni mochilas con propulsores. Lo que viste en Blade Runner, Flash Gordon o en Thundarr el Bárbaro, aún no sucede. Eso es bueno, en realidad.
Desde aquí veo la vida de manera diferente y, la verdad, es que no está nada mal. Si pudiera hacer que leyeras esto al cumplir 18 años, este es el consejo que me hubiera gustado que me dieran antes de alcanzar la mayoría de edad: Sé el bicho raro.
Y cuando te digo esto, quiero que lo entiendas con toda el alma que entre más raro, mejor. Sé el bicho raro para llevar la contra de lo que hagan los demás. No por rebeldía vacía, sino por un profundo amor a tu propia esencia.
En los años que vienen, verás cómo muchos a tu alrededor seguirán la corriente. Pero tú debes recordar esto:
Cuando todos estén desvelados y con resaca, tú cultiva el hábito de despertar temprano, y aprovecha la magia y la paz de un nuevo día.
Cuando todos estén con alcohol o drogas huyendo de la realidad, tú mantén la mente clara, despierta y sin juicios.
Cuando todos estén abrazados a lo corriente y lo vulgar, tú abraza la cultura, el arte y todo lo que eleve tu espíritu.
Cuando todos estén sumidos en la pereza y la ignorancia, tú estudia, lee y crea conocimientos.
Cuando todos estén enfermos y fuera de forma, tú elige comer sano y siempre el deporte. Investiga qué es Aikido y no lo sueltes. Lo vas a necesitar.
Cuando todos estén peleando por tener la razón, tú protege la verdad aunque no tengas la razón.
Cuando todos estén pidiendo créditos y gastando como locos para impresionar a quienes no les importan, tú ahorra, protege tu futuro y agradece profundamente por lo que sí tienes.
Cuando todos sean impuntuales y lo dejen todo para el final, tú planifica y llega a tiempo a todo.
Cuando todos estén sumidos en la tristeza y la soledad, tú abraza a tu familia y valora a los que te aman.
Cuando todos estén con el corazón roto o quejándose por lo que les falta, tú ama la vida y celebra la maravillosa experiencia de ser tú mismo.
Cuando todos estén imitando a los demás solo para encajar, tú cierra los ojos y encuentra tu paz y tu verdadero yo en tu interior.
Y cuando todos hayan perdido la esperanza, tú dales la mano, apóyalos y camina con ellos.
Cuando todos estén perdidos sin rumbo, tú sonríe, porque tú ya tienes un objetivo claro hacia dónde caminar.
Cuando todos estén viviendo las consecuencias de no tener una práctica espiritual, abraza al Buda, estudia el Dharma y busca una sangha. Serán tu misión en la vida. Comenzaste a meditar a los 14, por favor nunca lo dejes.
Ser el bicho raro será difícil. A veces te mirarán con extrañeza, a veces te sentirás solo en tu camino y el mundo intentará moldearte. Pero te aseguro que es la mejor forma de ser tú mismo y mantenerte auténtico en una sociedad que constantemente te pide que copies a otros.
Ser el bicho raro aleja a la gente superficial y solo los que valen la pena se quedarán a tu lado.
Sé lo más extraño que puedas, porque esa excentricidad consciente, esa fidelidad a tus principios, es la verdadera puerta a la libertad.
Nos vemos en el futuro.
Ah, y no tires tus juguetes originales de Star Wars, el número 1 de Linterna Verde ni la tarjeta firmada por Kareem Abdul Jabar. Aquí valen una fortuna y vas a necesitar ese dinero.
Esta semana llegamos a la frase más famosa de todo Genjokoan. Aquí, Dogen Zenji nos pone frente al reto más difícil de la práctica: soltar la obsesión con nosotros mismos. Casi siempre nos sentamos a meditar buscando «mejorar al yo», pero el Zen nos propone algo al revés: olvidarlo por completo para darnos cuenta de que nunca hemos estado separados del mundo. Cuando abres las manos y dejas de defender tu ego todo el tiempo, la vida misma se encarga de sostenerte con una intimidad asombrosa.
También vamos a desarmar esa idea del tiempo que nos causa tanta angustia sobre el pasado y el futuro. Dogen usa cosas tan ordinarias como la leña, la ceniza, el invierno y la primavera para recordarnos que cada instante es absoluto y ya está completo. No necesitas correr hacia el mañana para sentir que vales; habitar tu presente, con todas tus grietas y tus pendientes del trabajo, es el charco perfecto donde la sabiduría del Buda se refleja de manera natural.
Los monjes budistas dependemos de la generosidad de nuestra comunidad para nuestro sustento. No tenemos salario y vivimos con sencillez, por lo que cada donación es muy apreciada.
Con tu ayuda, me es posible continuar difundiendo las enseñanzas del Buda y de los Patriarcas del Zen, y compartiendo su mensaje de compasión con el mundo.
Tu donación me ayudarás a seguir ofreciendo clases de Budismo Soto Zen, Zazen y otras actividades que benefician a la comunidad. ¡Gracias por tu amabilidad y generosidad!
Zazenkai significa Meditamos Juntos, y son las reuniones semanales de una sangha Soto Zen. En Grupo Zen Ryokan nos reunimos todos los domingos, para una pequeña ceremonia, practicar Zazen juntos y aprender Budismo Soto Zen.
Si estás fuera de Guadalajara, Jalisco, puedes participar con nosotros vía Zoom en vivo, o ver la transmisión grabada en YouTube.
Si estás en la ciudad, te esperamos en el Árbol del Yoga, siempre y cuando sigas al pie de la letra las medidas de prevención por la contingencia sanitaria. Detalles aquí.
El tema del día será: Genjokoan 4. Estudiarse a sí mismo.
Los espero:
Día: Domingo 19 de julio de 2026.
Hora: Ciudad de México / Guadalajara 10:00h Caracas / La Paz 12:00h Madrid 18:00h
Por respeto al Maestro y los asistentes, LLEGAR TEMPRANO. Comenzamos a la hora en punto y se cerrará la reunión de Zoom.
Duración: 90 minutos.
Lugar: Sala de Zoom. El enlace a la sala será publicado 15 minutos antes en el grupo de difusión en WhatsApp. Clic aquí.
Si no te puedes conectar a esa hora, puedes participar en la grabación que quedará en YouTube.
Indicaciones especiales para Zoom:
Descargar nuestro cuaderno de liturgia de https://1drv.ms/w/s!Akxki0vbnRKilJdQA9WC8DyqzTqBaA?e=swI1t4
Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
Tener agua disponible.
Elegir un lugar donde se pueda ver la pantalla con claridad y tener espacio para moverse y sentarse en un cojín o silla.
Seguir las instrucciones que daré en el video.
Un poco de incienso siempre es buena idea.
Espero verlos ahí. Cualquier duda o pregunta ya saben que siempre estoy disponible.
“Te voy a olvidar, palabra de honor”, dice una canción pop mexicana que me parece terrible. Musicalmente y filosóficamente hablando. Digamos que le falta metal como para que me interese.
Lo que me parece curioso son las palabras que usa. Si vas a olvidar a alguien, lo peor que puedes hacer es recordarte que tienes que olvidar. Porque entonces pasa justo lo opuesto, te estás aferrando a la idea de que necesitas olvidar a alguien para estar bien. Es una paradoja que no puede ser resuelta.
Implica tener muy presente el pasado, soltar la idealización de alguien y no querer avanzar en tu crecimiento personal. Entonces, la acción necesaria es soltar, dejar ir. Pero, ¿cómo?
El mapache rabioso que cargas en la espalda
Por desgracia, decir «suelta» o «deja ir» es infinitamente más fácil de escribir en un post de Instagram que de aplicar en el lodo del día a día. El problema viene de fábrica: crecemos en una sociedad con una culpa judeocristiana tan clavada en el tuétano que nadie nos enseña a soltar. Desde niños nos programan para acumular: junta juguetes, junta dinero, cromos de un álbum, retén a la gente que te hace feliz, colecciona resentimientos como si fueran tarjetas de Pokémon y, por favor, jamás olvides las ofensas del pasado.
Cargamos un costal de ladrillos emocionales tan pesado que ya caminamos jorobados. Y aun así, nos resistimos a tirarlo.
Un balde de agua fría llamado Anicca
Aquí es donde el Budismo entra a limpiar la casa con un balde de agua fría. Buena parte del Dharma (la enseñanza) se sostiene sobre una sola verdad incómoda pero liberadora: la impermanencia (anicca). En español básico: absolutamente todo tiene fecha de caducidad.
¿No me crees? Veamos unos ejemplos rápidos y dolorosos de tu vida cotidiana:
Te la estás pasando increíble el fin de semana, pero el lunes a las 8:00 AM ya tienes que estar frente a la pantalla respondiendo mensajes urgentes de Slack o Teams. El descanso terminó.
Amas con toda tu alma a tu pareja, se complementan de maravilla y tienen planes a futuro. Qué hermoso. Lástima que, estadísticamente, la muerte o el divorcio los va a separar. Uno de los dos terminará vistiendo de luto o firmando papeles. Así es la vida.
Tienes el trabajo de tus sueños, con barra de café premium, home office y un sueldo decente. Disfrútalo hoy, porque mañana la junta directiva puede decidir reemplazar tu departamento entero por una inteligencia artificial de tres dólares al mes.
Te compraste el último modelo de teléfono inteligente. Sientes que tocas el cielo con las manos. Felicidades, en seis meses saldrá la siguiente versión y tu joya tecnológica empezará a ir sospechosamente más lenta, recordándote que ya eres obsoleto.
Hoy estás sano, tus rodillas no crujen al levantarte y todo fluye. Spoiler: estás envejeciendo en este milisegundo y tu cuerpo va directo a convertirse en polvo.
¿Se entiende el punto? Todo termina. Contigo o sin ti.
La buena salud es impermanente, La juventud no dura, La prosperidad es impermanente, Y la vida, de igual modo, tampoco dura. ¿Cómo pueden los seres, afligidos como están por la impermanencia, encontrar deleite en el deseo hacia cosas como estas?
El berrinche del adulto independiente
Gran parte del sufrimiento mental que nos infligimos no viene de las circunstancias, sino de nuestro berrinche interno. Nos comportamos como niños pequeños en el parque de diversiones que muerden y patean al suelo porque ya es hora de volver a casa. Los adultos hacemos exactamente lo mismo, solo que con deudas, divorcios y nostalgia barata.
Para dejar ir y ahorrarnos la agonía del duelo eterno, solo hay un camino: aceptar que el cambio es la única constante. No se trata de si las cosas van a terminar, sino de cuándo.
Aceptar esto es el trabajo de toda mi vida. A menudo el niño berrinchudo que llevo dentro se asoma y quiere armar un escándalo. Mi práctica diaria consiste en sentarlo, invitarle un té y recordarle que patalear no va a detener el reloj.
Cómo domar al monstruo de la nostalgia
A ver, hagamos una pausa necesaria: esto no significa que debas hacerte una lobotomía espiritual y borrar tus recuerdos. Tener memoria y recordar con cariño el pasado no tiene absolutamente nada de malo. Es hermoso sonreír al acordarte de un viejo amor, del olor de la cocina de tu abuela o de ese viaje de mochilero donde casi pierdes un riñón pero te divertiste como nunca. El problema no es la memoria; es el secuestro emocional. Una cosa es abrir el baúl de los recuerdos un domingo lluvioso con una sonrisa agradecida, y otra muy distinta es arrastrar el cadáver de lo que ya fue para que cene contigo todas las noches y te reclame por qué el presente no es tan bonito como «aquellos tiempos». Recordar con afecto es de humanos; aferrarse al extremo es de masoquistas.
Curiosamente, cuando dejas de pelear contra la impermanencia, empiezas a disfrutar la vida de verdad. Saber que todo se va a desvanecer te obliga a saborear cada taza de café, a abrazar más fuerte a los tuyos y a no tomarte tan en serio tus propios dramas.
Así que deja de vivir en la nostalgia de los noventa o de los dos mil. Basta de remakes de películas que ya viste, basta de vestir como si todavía tuvieras diecisiete años y basta de lamentar lo que «pudo haber sido». El pasado es un cementerio; no construyas tu casa ahí.
Aprecia lo que aprendiste de tus heridas, agradece las risas que se quedaron atrás y pon los pies en el único suelo real que tienes bajo ti: el día de hoy, con toda su gloriosa incertidumbre.
Para dejar ir el pasado, hay que entender que todo tiene un final. Y es justamente ese final lo que le da valor al viaje.
Practica Budismo Zen para soltar el pasado
Muy bien, ya entendimos la teoría del mapache y de la impermanencia. ¿Y ahora qué? ¿Cómo diablos se entrena a la mente para que deje de viajar en el tiempo a quejarse o a añorar?
No existen atajos mágicos ni decretos cósmicos para esto. La única herramienta real y constante que conozco para lograrlo es la práctica de Shikantaza (la meditación silenciosa del Zen, que literalmente significa «solo sentarse») y el estudio constante de las enseñanzas.
Sentarte en silencio a meditar sobre un zafu (o en una silla, que aquí no nos ponemos exquisitos) no va a borrar tu memoria como si fuera un disco duro formateado. Lo que hace Shikantaza es mucho mejor: te enseña a sentarte de frente con tus pensamientos, verlos surgir, dejarlos pasar y no engancharte con ellos. El pasado no desaparece mágicamente; simplemente deja de ser tu dueño.
A través de la práctica constante, te das cuenta de que un recuerdo doloroso es solo eso: un puñado de neuronas haciendo sinapsis en este milisegundo, no una sentencia de cadena perpetua. El pasado pasa a ser parte de tu historia, pero ya no tiene las llaves de tu presente.
La Impermanencia de las Cosas (anicca) es una de las tres marcas de la existence según el Buda. No es una teoría deprimente; es la clave de la libertad. Cuando dominamos la urgencia de aferrarnos a lo que ya se fue, la mente se aquieta. Vivir con los ojos bien abiertos al presente, sin exigirle que sea eterno, es la verdadera definición de paz.
Si quieres saber más sobre las bases de budismo, estamos por comenzar un curso nuevo. Información aquí.
Preguntas Frecuentes (para mentes inquietas)
1. ¿Aceptar la impermanencia significa que todo me dar igual?
Para nada. Hay una línea muy delgada entre el desapego budista y la apatía (que en psicología llamamos nihilismo). Desapego no significa que no te importe nada; significa que amas, trabajos y disfrutas al máximo, pero plenamente consciente de que todo es prestado. No dejas de cuidar tu jardín solo porque sabes que en invierno las flores van a morir; al contrario, lo disfrutas más mientras dura la primavera.
2. ¿Cómo sé si ya dejé ir el pasado o si solo lo estoy barriendo bajo la alfombra?
La prueba de fuego es la carga emocional. Si recuerdas a tu ex, tu antiguo trabajo o ese gran error que cometiste hace cinco años, y todavía sientes un nudo en el estómago, enojo o unas ganas inmensas de volver el tiempo atrás, sigues aferrado. Si a una persona le echas en cara lo que hizo dos meses atrás, aún estás siendo dominado por lo que pasó. Si puedes mirar esa misma memoria, sonreír (o suspirar) y seguir con tu día sin que te arruine la tarde, felicidades: ya es solo un archivo muerto en tu biblioteca mental. A partir de aquí comienzas a crecer.
3. ¿Qué hago si el dolor de la pérdida es demasiado fuerte justo ahora?
No te exijas «soltar» a la fuerza. Tampoco le cantes “te tengo que olvidar”. Forzar el desapego cuando la herida está abierta es otra forma de berrinche egoísta. El budismo no te pide que seas una roca fría. Si duele, deja que duela. Siéntate con tu tristeza, llora lo que tengas que llorar, pero hazlo sin inventarte historias trágicas en tu cabeza sobre cómo «tu vida está arruinada para siempre». Abraza tu vulnerabilidad y recuerda que ese dolor, por muy eterno que se sienta hoy, también va a pasar.
Antes de entrar al párrafo más famoso de Genjokoan, primero es necesario hacer una parada y aprender conceptos básicos.
El Buda enseñó que existen 3 condiciones inherentes a la experiencia de la realidad: Insatisfactoriedad o Sufrimiento (Dukkha), Impermanencia (Anicca) y la ausencia de un yo o vacuidad (Anatta).
Vivimos la experiencia humana ignorantes de las Tres Marcas de la Existencia, pero podemos ver su presencia en todo lo que nos rodea, desde lo más simple como una mota de polvo a la inmensidad del universo.
Si podemos ser conscientes de estas tres condiciones a través de la práctica de Zazen y el silencio de Shikantaza, podremos poco a poco a fundirnos con el presente, a ver la realidad tal cual es y darnos cuenta finalmente que tanto la mota de polvo, la inmensidad del universo y nosotros, somos la realidad fundiéndose y experimentándose a sí misma al unísono.
¡Los esperamos!
Dana
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Duración: 90 minutos.
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Indicaciones especiales para Zoom:
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Llevar ropa cómoda.
Preparar cojín, silla o zafu.
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Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi