¿Qué objetivos tienes para 2023? ¿Aprender un idioma? ¿Bajar de peso? ¿Comenzar a correr? ¿Leer más? ¿Meditar?
Estos tiempos de búsqueda de crecimiento personal son todo un reto. Sin importar el lugar en el mundo en el que estemos, nos hemos visto en la necesidad de modificar todos nuestros hábitos y estilo de vida para poder navegar la impermanencia. Hemos dejado de lado conductas antiguas y hemos creado hábitos, pero muchos lo hacemos sin saber en realidad cómo. Esto crea angustia y confusión en la vida cotidiana. ¿No sería mejor tener un método para que estos cambios sean lo menos difíciles posible?
Una de las acciones más nobles que podemos tomar es la creación de un hábito nuevo. Es el resultado de la irreverencia máxima, de querer tomar el control de nuestra vida, de retar el conocimiento convencional y a nuestros propios demonios.
¿Cuántas veces lo has intentado y fallado? Forjar un nuevo hábito es emocionante, pero sin una guía o inspiración, estamos condenados a repetir los errores.
Existen muchos métodos y enseñanzas para alcanzar este fin, pero casi todos se enfocan en el hábito mismo. No exploran la raíz ni lo que produce el impulso del cambio.
Shojiki 4.0 es un taller 100% online y práctico diseñado para cultivar un hábito que transforme tu vida, contrarrestando la locura y la prisa de la vida cotidiana.
Sí, leíste bien. Un sólo hábito.
El próximo 18 de enero de 2023 comenzamos un nuevo grupo para explorar nuestro potencial. Perfecto para comenzar un nuevo año.
Si leer budismo básico ya no es suficiente y necesitas saber más sobre Zen, te invito a tomar la segunda parte del Curso de Introducción al Budismo Zen, de Grupo Zen Ryokan. Continuaremos nuestro camino aprendiendo la historia, tradición y prácticas de esta milenaria forma de vida.
Este curso está pensado para alumnos del Curso 1 y para quienes ya estén familiarizados con su contenido (ver temario aquí).
Sobre el formato (presencial/en línea)
El Buda y los Maestros a través de la historia se han adaptado a la tecnología disponible para transmitir las enseñanzas a la comunidad y mantener el Dharma vigente. Este concepto se conoce como Upaya, o Medios Virtuosos de Enseñanza.
Grupo Zen Ryokan se adapta y usa los medios en vivo y electrónicos para compartir la llama del Budismo Soto Zen en español.
Entendemos la tecnología como herramienta de comunicación y de aprendizaje que une a las personas, trascendiendo fronteras, horarios y culturas.
Cuando estamos juntos practicando el Dharma y en Zazen, saltamos obstáculos regionales, etiquetas y tiempo. Esto nos permite estar siempre unidos, sin prisas.
Es un formato ideal para personas muy ocupadas o con algún impedimento para acudir a un centro Zen local.
Practicamos Zen en el templo más grande: La Vida.
Objetivo
Profundizar en el estudio de la historia, textos y ceremonias esenciales del Budismo Soto Zen; para llevarlo a nuestra experiencia cotidiana y vivir en respeto, armonía, silencio y elegancia.
Practicaremos Shikantaza Zazen (meditación zen) desde el primer día para cultivar el hábito diario de esta práctica suprema.
En una mirada
Curso: Introducción al Budismo Zen 2, 2022.
Facilitador: Hondou Kyonin.
Inicia: Miércoles 2 de noviembre de 2022.
Duración: 6 meses.
Necesario:
Haber tomado el Curso de Introducción al Budismo Zen 1, o conocer los temas estudiados en el curso anterior. Ver temario aquí.
Tener una práctica diaria y estable de Shikantaza (al menos 20 minutos al día)
Disponibilidad: Limitada. Inscríbete pronto.
Cierre de inscripciones: Lunes 31 de octubre de 2022.
Costo: Donativo mensual.
Sede:
En línea. El material de estudio y la discusión serán en nuestra plataforma en línea.
Más información en inscripciones en: choco ARROBA budismosotozen.org
Con más frecuencia de lo que quisiéramos, la vida nos obsequia retos que ponen a prueba todo lo que somos. Estas situaciones van desde personas difíciles, problemas socioeconómicos, corazones rotos, clima que no nos obedece y hasta comida que no nos gusta.
Ir en contra de la vida y que no se cumplan nuestras expectativas, nos causa dolor de todo tipo. Dukkha es el término en sánscrito para estas situaciones que rechazamos todo el tiempo y que nos causan insatisfactoriedad.
¿Te has percatado como son las conversaciones en las que participas? A veces da la impresión de que es un concurso de quién ha sufrido más o quien tiene la peor noticia de todas. Y entonces, lejos de que nuestro sufrimiento disminuya, contribuimos al Dukkha colectivo.
El budismo en general nos ofrece una puerta de salida del sufrimiento. Pero la práctica Zen abre las puertas a los retos de la vida. No los rechazamos, no luchamos contra ellos, sino que los dejamos entrar a nuestra vida.
Es como si el practicante de Zen fuéramos surfistas profesionales. Flotamos pacientes en el agua, disfrutando del mar. Cuando viene una ola, la esperamos, subimos a nuestra tabla de surf llamada Aceptación, y montamos la ola para que nos lleve a donde ella quiera. Camos de regreso al agua, salimos a flote y repetimos el ciclo.
La aceptación no es otra cosa más que estar 100% presentes en lo que la vida nos da. No deseamos que las cosas fueran diferentes ni anhelamos nada. Solo vivimos este momento con todo lo que tiene. Trascendemos las etiquetas de «bueno» y «malo». Las cosas son solo lo que son y no buscamos nada más.
De esta manera, Dukkha se aleja y nos mantenemos atentos para aprender, ser creativos y encontrar maneras de salir adelante.
Esto lo digo desde la experiencia personal. Estos días para mí son de mucho reto, pues estoy pasando por una situación que me requiere estar presente y con el corazón abierto a la compasión.
Mi padre sufrió un accidente y tuvo una cirugía que nos mantuvo a la familia viviendo en el hospital por casi 2 semanas. Ahora han pasado varios días y estamos en su casa. Aquí es donde el reto más grande comienza porque se trata de un adulto mayor que requiere asistencia en todo.
Gracias a la práctica Zen que he llevado meticulosamente por tantos años, esta experiencia está siendo menos fuerte. Puedo notar cuando el ego quiere dominarme y los pensamientos de YO se arremolinan.
Pero aún en el ojo de la tormenta, Shikantaza está ahí para ver todo eso flotar y desvanecerse.
En la profundidad y silencio de Zazen puedo sentir cómo la aceptación florece en mí. Veo cómo todo está interconectado.
Todo tiene una razón de ser. Todo sirve y no hay tal cosa como «tiempo desperdiciado». La vida necesita de todo lo que vivimos y de lo que aprendemos.
El Buda está en cada detalle de nuestra vida. Y estando en temporada de Ango, las oportunidades para ver cómo el Dharma fluye, son inmensas. Celebramos a Shakyamuni con cada acto de compasión, con cada minuto en silencio y cada vez que podemos dejar de lado el ego.
Este instante que estás viviendo, te guste o no, es perfecto. Ango nos da la oportunidad de abrir la mente y el corazón para que la Perla Brillante emita aún más belleza.
Sigamos adelante, amigos.
Ango está aún comenzando y me siento agradecido por todas las oportunidad es de aprendizaje y para vivir por lo que enseño.
El sonido de los respiradores artificiales y los aparatos que mantienen con vida a los pacientes provocan un estado de hipnosis muy extraño.
Se siente como si estuviera en un sueño de alguien más. Pero los pacientes y los familiares que los acompañan, todos tienen historias únicas que contar. Mientras me siento en silencio junto con mi propio paciente, observo en silencio.
Estos días he estado viviendo muy de cerca como la salud de alguien importante para mí, se desvanece.
Es una persona que nunca tomó en serio su salud y hacía las cosas por ego. Comía solo alimentos procesados diseñados para ser ultra palatables, no hacia ejercicio y en más de 40 años nunca dejó de fumar.
Hace unos días, entonces, mi padre de casi 80 se cayó y se fracturó el fémur derecho. Bajo los ojos de los que saben, reparar este hueso no debería ser difícil. Excepto cuando el cuerpo comienza a pasar las facturas atrasadas.
Aunque es necesaria una cirugía de rutina para reparar la fractura, a mi padre no lo pueden intervenir porque su cuerpo y mente están en muy malas condiciones. Su presión arterial sube y sube, y justo hace unas horas lo acaban de diagnosticar con EPOC, por fumador. Su oxigenación es inferior a la de un paciente con covid.
Todo esto es muy familiar. Mi madre se murió también víctima de sus adicciones y de EPOC.
Hoy más que nunca valoro mucho la salud y pienso cómo la desperdiciamos. Abusamos de nosotros mismos y a la hora de la verdad, queremos pastillas mágicas para reparar lo que nos provocamos nosotros mismos en primer lugar.
El Buddhadharma está por todos lados en esta situación.
La Ilusión de Continuidad que estudiamos en el Soto Zen se manifiesta cuando pensamos que nunca vamos a enfermar o a envejecer.
Estos retos de la vida son Buda y aprendemos de ello. La enfermedad es una gran maestra. También la compasión y cariño de cientos de budas que trabajan por nuestra salud se manifiesta frente a nuestros ojos.
Es cierto que la impermanencia es Buda y que la enfermedad también, pero nuestra responsabilidad para conservar la salud es nuestra obligación en la práctica Zen. Si no tenemos un cuerpo-mente aptos para practicar el Dharma, estamos fallando a nuestros preceptos. Le fallamos a la vida, a nuestros ancestros y Shakyamuni. Hacemos lo posible para estar bien y si la enfermedad ya está, tomamos acciones para que las cosas sean lo menos difíciles.
Siempre he animado a la sangha y a todos mis lectores a cuidar la salud.
Hoy vengo a reiterar mi cansado y frecuentemente ignorado mensaje: debemos cuidar la salud y protegerla como la joya preciosa qué es.
Es, en verdad, lo único que poseemos. Si la descuidas, ni todo el dinero del mundo te ayudará.
Es hora de revisar tu alimentación. Sin importar tu filosofía alimenticia, dejar la comida procesada y azúcares es la mejor inversión qué puedes hacer. Si no puedes y te es difícil, busca ayuda.
Si tienes alguna adicción, es tiempo de pedir ayuda para dejarlo,
Si tus amigos te impulsan a malos hábitos, es hora de cambiar de amigos.
Si no haces ejercicio, comienza.
Si amas a tu familia y amigos, harás lo posible por no hacerlos pasar por el infierno que podrías crear.
Si practicas Soto Zen con nosotros, ya sabes que el cuidado de la salud es esencial.
Y por supuesto, Zazen es el pilar de todo lo que hacemos.
La práctica Zen nunca ha sido y nunca será dogmática. No es una filosofía que premie la ignorancia y la inacción, sino que siempre impulsa al practicante a vivir con duda de todo lo que dicen tanto el Buda como los Patriarcas; además de que transforma nuestra experiencia en un laboratorio del Dharma.
En el Zen tenemos esta frase:
Gran duda, gran iluminación. Pequeña duda, pequeña iluminación. No duda, no iluminación.
No importa qué tanta autoridad tenga el maestro que estés leyendo o escuchando, siempre hay que tener un corazón que pregunte «¿tendrá razón? ¿será cierto?», para después poner todo en práctica.
Es cuando nos esforzamos en comprobar el budismo, que podemos entenderlo.
Solo podemos tomar refugio en Buda, Dharma y Sangha cuando brincamos al agua y nadamos en esa corriente.
Luego de algún tiempo sucede lo más curioso: las dudas se extinguen y solo hay confianza en la práctica. Y poco a poco todas las enseñanzas van tomando forma en nuestro corazón. Es ahí cuando sabemos que ya estamos sentados en el Gran Vehículo y confiamos en el conductor.
El Maestro Chan Huangbo Xiyun decía:
Liberarse del polvo de la condición humana no es algo ordinario. Debes practicar rigurosamente, como cuando haces un fuerte nudo en una soga. Si no has sobrevivido al crudo invierno, ¿cómo esperas conocer el aroma de los capullos de ciruela?»
El budismo en general es sinónimo de disciplina. Pero la práctica Zen lo es aún más. Y dudar es parte de nuestros hábitos cotidianos.
Durante su viaje a China, Dogen Zenji llegó a la Iluminación cuando dejó el ego de lado y permitió que la vida fuera. Fue un proceso gradual que lo llevó a contemplar el mundo humano y cómo el sufrimiento llega cuando nos sentimos dueños de la Tierra.
El Maestro describía su Despertar con estas palabras:
«Llegué a la clara realización que la mente no es otra cosa que ríos y montañas. Es la Gran Tierra, el sol, la luna y las estrellas».
La práctica Zen tiene muchas características útiles para la vida cotidiana, pero la manera en la que destrona la soberbia humana es remarcable. Con la mente clara que resulta de nuestras sesiones de Zazen, podemos ver lo lejos que nos hemos puesto de la naturaleza.
Vivimos creyendo que somos dueños de la Tierra. Matamos para adueñarnos de los recursos y estamos dispuestos a destrozar el medio ambiente para que la comodidad gane. Pensamos solo en el YO y en la acumulación, pero no vemos el daño que le causamos a la vida.
Entonces el Zen es relevante porque es una vía de autocontrol, moderación y de buscar el equilibrio. Comienza entendiendo que este cuerpo-mente es nuestro único vehículo para experimentar las enseñanzas de Shakyamuni, lo cual se traduce en compasión hacia uno mismo.
Esto abre la conciencia para entender que los demás también tienen el derecho de un cuerpo-mente saludable. ¿Quién soy yo para negarlo? ¡Al contrario! La compasión se expande hacia los demás. El practicante de Budismo Zen siempre está en disposición de ayudar a los demás a que sean felices y gocen de buena salud.
Luego, la conciencia se expande aún más para entender unos de los mensajes principales de Dogen: no solo los seres sintientes tienen naturaleza búdica. Todo en el universo tiene naturaleza búdica.
Esta postura religiosa es importante porque ahí comenzamos a unirnos con el universo. Apreciamos con el mismo amor cada átomo y cada galaxia en el cosmos. Tenemos el mismo respeto por una lechuga que por un presidente. Todo es Buda.
Si todo es Buda, entonces todo merece reverencia, respeto y compasión.
Entendemos que necesitamos tomar cosas de la naturaleza para tener una vida linda y cómoda, pero justo porque entendemos la vida con todo respeto, no tomamos más de lo absolutamente indispensable.
Por supuesto que este equilibrio con la naturaleza no viene fácil ni rápido. La vía del Zen es una de honestidad y de constante revisión de nuestros pensamientos. Nos mantenemos alertas para que los Tres Venenos de la Mente no gobiernen nuestras decisiones y siempre tratamos de ver las repercusiones de nuestros pensamientos, palabras y acciones.
Amamos cada milímetro de esta Gran Tierra porque es nuestro cuerpo-mente. Los ríos de nuestras venas son los ríos que van hacia el mar. La mente con sus millones de pensamientos es el cielo estrellado que nos presenta la Vía Láctea.
Los seres vivos desde plantas hasta planetas enteros, todos son Buda. Nos postramos ante ellos.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi