Había una vez un caballo que galopaba veloz por el camino. Parecía que el jinete tenía que ir a algún lugar importante.
Desde abajo otro hombre le preguntó —¿A dónde vas?.
—¡No lo sé! ¡Pregúntale al caballo!
—
Este pequeño cuento clásico de China tiene muchos significados y ha sido estudiado por siglos. Me pidió ser traducido porque estos tiempos son para muchos de nosotros como montar en un caballo que solo avanza a donde quiere ir.
A veces este caballo llamado vida avanza sin parar, pasando por piedras y barrancos. Otras ocasiones el caballo se detiene a descansar, comer y beber agua.
Pero no importa hacia dónde vaya, el jinete no se baja. No cuestiona ni juzga, y tampoco detiene a su corcel. Solo se deja llevar confiando en que el caballo llegará a donde necesitan estar los dos. En silencio, con confianza y sin perder el sentido del humor.
Caballo y jinete no son dos, son una sola cosa. Uno no domina al otro, sino que avanzan en sincronía. Se entienden, se comunican y van juntos un paso a la vez.
Si lees diario este cuento quizá puedas avanzar junto con tu caballo para llegar juntos a donde sea.
Todos hemos sufrido cuando alguien no se comporta como imaginamos que debería. Tenemos claras la serie de reglas y costumbres que todos deberían seguir, pero cuando no lo hacen, dukkha nos inunda.
En nuestro autoengaño, vamos un paso más allá. Sabemos cómo los demás deberían comportarse, pero esas reglas son completamente flexibles para uno mismo. Nadie debería robar, pero yo sí puedo descargar música ilícita. Nadie debería criticar a los demás, pero yo sí puedo destrozar a alguien que no viste de acuerdo a mis estándares. Si tengo prisa sí puedo (y debo) pasar de alto la luz roja, pero los demás no. Si llego tarde a una cita, está bien; pero si tú llegas tarde conmigo, entonces sufrirás mi ira.
Tenemos esta ilusión de superioridad moral que nos separa y termina por hacer miserable nuestra propia existencia. Es una condición humana que se repite en todos lados y en todos los tiempos. El ser humano siempre ha funcionado con una muy pobre mirada de cómo es la vida en realidad.
¿Qué hacer cuando alguien no sigue el guión que hemos escrito? Nada.
¡Ahora sí que estás loco, Chocobuda! ¿Cómo no voy a hacer nada si esta persona está haciendo XYZ cosa?
Por más que intento no hablar de Coronavirus Sensei, siempre termino aceptando en silencio que las lecciones y las cosas positivas que nos trae son demasiadas como para no admitirlas. Es real que hay muchísimos retos en aspectos como el político o el económico. En lo personal, cada uno de nosotros carga su propia dotación de dukkha, y estamos en la línea llevando todo lo mejor que podemos.
No quiero parecer persona loca de la Asociación de Optimistas Lunáticos, S.A., pero la Vía del Zen me pone en medio de la tormenta. Veo lo que no nos gusta, lo que nos asusta; pero también la benevolencia, aprendizaje y luz en todas las situaciones.
Hoy quiero poner en tu radar esas pequeñas cosas que echamos de menos en días de cuarentena global. Para hablar de ello, nada mejor que este poema de Taigu Ryokan:
Con No Mente las flores llaman a la mariposa. Con No Mente la mariposa visita los capullos. Aún así cuando las flores abren, la mariposa llega. Cuando la mariposa llega, las flores se abren.
Traigo a Ryokan a que nos alegre el día con sus palabras porque él es un ejemplo a seguir para nuestra sangha. No en vano llevamos su nombre. Ryokan era un monje muy sencillo que evitaba los lujos y los excesos a toda costa. Hacía ver a sus alumnos que las pequeñas cosas son el universo completo.
Hablando con alumnos y amigos de distintos países me ha llamado la atención que el 100% de ellos no echa de menos la vida de consumo. Nadie extraña el nuevo teléfono móvil, el auto de último modelo, hacer horas de fila para la última película de super héroes, las vacaciones de lujo o los relojes ultra caros.
Puede que me equivoque, pero pocos echan de menos sus murallas, las banderas, los partidos políticos, las peleas entre naciones, los búnkeres, las fortalezas o los viajes al espacio.
¿Qué es lo que estamos echando de menos? Los abrazos, las tardes de amigos, las caricias, la intimidad, cocinar juntos, salir al parque y ver naturaleza. Queremos regresar pronto a ver cómo las flores llaman a la mariposa mientras el sol lo baña todo.
Echamos de menos las pequeñas cosas que no dependen de este monstruo consumista que hemos creado. Echamos de menos lo que nos hace humanos, lo que provoca sentimientos de unión y de compasión. Echamos de menos lo que nos hace caminar juntos.
Son estas cosas insignificantes que ni todo el dinero del mundo puede comprar, pero que hacen que todo tenga sentido.
Finalmente nos estamos percatando de que en verdad necesitamos muy poco para estar bien. El espacio personal no necesita ser enorme. La ropa no necesita ser lujosa. Los accesorios se pueden quedar guardados en un cajón. Tan solo requerimos un techo, comida y una forma de ganarnos la vida. Lo demás es irrelevante.
Las cosas diminutas que no venden en los almacenes ni en las ventas nocturnas, esas son las que que queremos de regreso.
Y son buenas noticias porque la sociedad de consumo se nutre de nuestra avaricia y de la desesperación por poseer. ¿Qué pasa si ponemos la avaricia en pausa? ¡La vida florece!
¿Cuáles son tus pequeñas cosas que echas de menos?
Cada cosa pequeña que echas de menos es un instante en el presente, en tu verdadera naturaleza y que está muy alejada del personaje que eres en la sociedad de consumo. Tu verdadero ser es las cosas pequeñas.
La práctica Zen es muy llamativa para muchos porque, erróneamente, se cree que Zen es igual a calma y paz.
En realidad, vivir una vida dedicada a la disciplina, al estudio y preservación de las Enseñanzas de Dogen y de los Patriarcas del Zen, es un compromiso que no solo abarca lo intelectual, sino que hay que poner a prueba todo lo aprendido en lo cotidiano. Es en este punto de nuestro entrenamiento que muchos deciden abandonar, pues el Zen requiere dejar de lado el ego y los caprichos, para ver la vida con los menores juicios posibles.
El Budismo Soto Zen es la escuela budista que, con base en las enseñanzas de Shakyamuni y los Patriarcas, invita al practicante a sentarse en Zazen y a la aceptar la vida de forma radical y sin comentario alguno.
¿Y qué mejor oportunidad para poner a prueba al Buda, que estos tiempos de pandemia? Es cuando enfrentamos el riesgo, la angustia y el dolor, que comprobamos en primera persona si esto del Zen sirve para algo o son solo mensajes lindos en redes sociales.
En días pasados, mis amigos del Árbol Del Yoga me pidieron que diera una charla en su Instagram, para que su comunidad supiera cómo mantenerse zen durante el encierro. Pero como soy un rebelde y respetuoso de mi tradición, en lugar de usar Zen como sinónimo de calma, convertí la charla en una ligera introducción a la práctica Zen, para aquellos recién llegados al Buddhadharma. También hablé de cómo la compasión nos lleva a la ecuanimidad en tiempos difíciles.
Me permití leer y explicar un poema de Dogen Zenji:
Impermanencia ¿Con qué podría comparar el mundo? Con la luz de luna reflejada en las gotas de rocío, sacudidas del pico de una grulla.
Comparto aquí dicha charla. Espero la encuentres de utilidad.
Cuenta la leyenda que cuando el Buda nació, de inmediato caminó siete pasos y declaró: «Yo soy el Venerado por el Mundo». Apuntó con un dedo hacia el cielo y con la otra mano hacia el suelo para indicar que él uniría el cielo y la Tierra.
Algunos dicen que los siete pasos representan las siete direcciones (norte, sur, este, oeste, arriba, abajo y momento presente). Para algunas corrientes del Budismo Mahayana, las palabras atribuidas al bebé Shakyamuni significan «Yo represento a todos los seres vivos a través del tiempo y el espacio, a todos en todos los mundos».
¿Creo que esta leyenda sea verídica? Claro que no. A pesar de que Shakya-sama era una persona inteligente, era un humano normal como cualquiera. Sin embargo es una leyenda linda para recordar y un gran pretexto para celebrar el cumpleaños del Venerado por el Mundo.
En muchas tradiciones budistas del mundo abril y mayo son meses importantes porque celebramos Vesakha, Wesak, Vesak, Buda Purnima o cualquiera de los muchos nombres que el cumpleaños del Buda lleva.
No sabemos el día exacto del nacimiento de Shakyamuni, pero en el Concilio Mundial de Budistas celebrado en Sri Lanka en 1950, se decidió que se festejaría en la primera luna llena de mayo. Sin embargo la fecha cambia en cada país, dependiendo de sus tradiciones regionales y cultura. En Japón, por ejemplo, la festividad se llama Hanamatsuri y se observa en abril.
Pero independientemente de la fecha precisa, Vesak un día en el que la comunidad budista se regocija y se une para recordar el cumpleaños de nuestro Maestro Shakya-sama.
Los festejos cambian de acuerdo a cada lugar y persona, así que no hay una guía oficial para este auspicioso día. En muchas tradiciones se acostumbra bañar una figura del bebé Shakyamuni. En realidad la única constante es que ponemos atención especial al cuidado de la naturaleza, así como en nuestra práctica de zazen, compasión y generosidad.
Y es que Vesak es una celebración triple del nacimiento, iluminación y muerte del Buda. Todo en este universo nace, florece y trasciende a su propia naturaleza, regresando al flujo de la vida. Justo por eso nos esforzamos en mantener el equilibrio de nuestra Madre Tierra.
Celebramos el nacimiento de todo. Cada idea, cada sentimiento, cada ser vivo, cada momento tienen su punto de origen y se une con millones de otros nacimientos.
Todo lo que conforma el universo llega a un punto máximo de desarrollo. Ya sea una mariposa, la tristeza, la historia humana; absolutamente todo alcanza un apogeo…
Para luego envejecer, enfermar y reunirse con el Universo mismo, del que jamás ha estado separado.
El Buda era un hombre normal que creció, alcanzó la iluminación y trascendió por medio de sus enseñanzas. Más de dos mil quinientos años después siguen haciendo ondas en el tejido de la existencia.
En Hanamatsuri es muy válido afirmar que todos somos Buda.
La Señora Impermanencia y Coronavirus Sensei nos demuestran que la vida cambia y que todo está en constante flujo. Pero la mente de mono que nos caracteriza tiene muchos problemas con esto, porque queremos que nada cambie o que siempre ganemos de todas todas.
Entonces, cuando la realidad se manifiesta ante nosotros con todo su esplendor, casi nunca tenemos los elementos para entender. Esto nos lleva a un estado constate de miedo y angustia, pues no sabemos lo que pasa y queremos que las cosas sean diferentes.
Pero por más resistencia que pongamos al estado actual de las cosas, la Vida es lo que es. Más allá de «bien» o «mal», la Vida sigue adelante y hace lo que necesita para seguir. Somos nosotros los que debemos ajustarnos a ella, jamás es lo contrario.
¿Cómo entenderlo? ¿Qué hacer? ¿Cómo bajar la angustia y el miedo? La práctica espiritual sirve para justo para eso. No importa tu filosofía personal, la meditación es un ejercicio natural para todos los seres humanos. Su práctica hace que conservemos la calma para aceptar las cosas y seguir adelante con la frente en alto.
Como monje budista y con 30 años de práctica, sé lo que la práctica de meditación puede hacer y tengo la seguridad de que también a ti te puede ayudar. Por eso te recomiendo que lo intentes.
Por esta razón ofrezco a todo el mundo dos talleres de meditación, uno para adultos y otro para niños. Son gratis, libres de derechos de autor. Mi única petición es que los distribuyas con todos aquellos que lo necesiten.
Taller de Meditación Iniciando el Camino
Es un taller para adolescentes y adultos con 6 semanas de material en texto y en audio. Tiene el propósito de que instales en tu vida cotidiana el hábito de la meditación. No es meditación budista sino laica. Lo puede practicar cualquier persona, sin importar sus creencias personales.
Jizo, taller de meditación para niños y padres atolondrados
Este material está diseñado para que padres/maestros y sus niños mediten juntos. En tiempos de incertidumbre y de encierro, meditar será una gran ayuda para que los chicos estén más en calma.
Consta de lecturas, podcasts y meditaciones guiadas para que a lo largo de 5 semanas, la familia pueda desarrollar el hábito de la meditación.
Estos talleres son tuyos. Practícalos y comparte. Te reto a que medites diario y veas que las cosas no son tan oscuras en realidad. Hay luz. Hay aire limpio. Hay compasión en todos lados. Pero solo con la mente en calma lo puedes ver.
Gracias por tu apoyo. Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi