Todos estamos rodeados de personas difíciles, pero siempre hay una que parece tener más saña contra nosotros. Los llamamos «personas tóxicas» y queremos hacer algo al respecto para que dejen de lastimarnos.
¿Será algo personal? ¿Será venganza? ¿O solo es que es una persona malvada cuya misión es causar daño?
En esta charla discutimos la razón por la que hay personas tóxicas y damos el punto de vista de la práctica Zen para hacer algo al respecto.
La envidia es causa de infelicidad para muchos. Es este sentimiento de odio e ira que surge en nosotros cuando vemos que otra persona logra cosas o tiene cosas que nosotros deseamos.
Vemos con resentimiento cuando alguien tiene éxito y estamos ávidos por conocer el secreto. Dudamos que haya sido capaz de haberlo hecho por sus propios méritos y ponemos en tela de juicio su talento. ¡Seguro pagó a alguien! ¡Seguro se acostó con alguien! ¡Seguro tiene algún conocido poderoso!
En esta sociedad de consumo, la envidia también nace por presión social. ¿Cuántas veces no nos hemos enfrentado a comparaciones que la familia hace de uno contra lo que otros logran? «Tu primo Ludoguaje acaba de ir a Australia y tú no».
Criticamos a la persona, buscamos todos sus defectos y deseamos que un tren pase por encima de él/ella. O mejor que lo asalten y lo maten.
Así vamos alimentando al lobo hambriento llamado Envidia. Cada pensamiento es comida para que crezca esta bestia. Nos hace sentir odio y tristeza que eliminan nuestra inteligencia; resultando en que nos congelamos en nuestro sitio, mientras lamentamos los infortunios y obstáculos de nuestra miserable existencia.
¿Por qué él/ella sí, y yo no?
Para la psicología evolucionista, la envidia ha tenido un papel importante en el desarrollo de la humanidad. Éste sentimiento sirvió en nuestra prehistoria para asegurar el bienestar de la manada. La comparación constante entre individuos promovió que ambos se esforzaran por obtener logros que servirían de modelo a los demás. Así llegamos a construir ciudades y luego civilizaciones enteras.
La envidia tiene una razón de ser, pero es un sentimiento primitivo. Es parte de nuestro ADN, al punto de que todos la experimentamos, no importa el país o la cultura. Nos hace infelices, feos y nos vuelve tontos, porque destruye la inteligencia. Carecemos de las herramientas adecuadas para entender y dejar ir.
A pesar de que es una emoción primitiva, dejarnos dominar por ella es como dispararse en el pie con una escopeta. La primera víctima es quien la fabrica en la mente; y se vuelve muy peligrosa cuando el envidioso expande su odio hacia otras personas.
En la práctica Zen entendemos la envidia como una aflicción ligada de forma íntima a la ira y al odio. Es alimentada por los Tres Venenos de la mente: avaricia, ira e ignorancia. Se trata de una condición mental creada por el ego cuando se sale de control y comienza a desear lo que asume lo hará feliz o lo que imagina merecer.
Es decir, la emoción primitiva de la envida es natural al ser humano, pero los sentimientos de avaricia y odio por quien tiene, no lo son. Éstos últimos son sólo una historia más contada por nosotros mismos para sabotearnos y hacer nuestra experiencia de vida un infierno del que es muy difícil salir.
Con base en el Samantabhadra Sutra, en la psicología budista y un poco de mi propia cosecha, propongo estos pasos para que la envida se convierta en un motor de benevolencia.
Acepta que sientes envidia
En el Budismo Zen nos entrenamos para nunca ignorar nuestras emociones. Las dejamos entrar, las abrazamos y las soltamos sin que nos causen daño. Cuando sientas que odias a alguien porque logró algo que deseas, admite que sientes envidia. Y no, no existe algo como «envidia de la buena». Toda envidia es destructiva. Aceptar que está en tu corazón es de gran ayuda porque ahora sabes qué es y que existe una forma de dejarla ir.
Entiende que la envidia es una historia más de tu mente
El ego es una colección de historias que nos contamos y a las que nos aferramos. La envidia nace en tu mente y es sólo una historia más que decides narrarte. Y como todas las historias, la envidia también tiene un final. Tú decides hasta cuándo te afectará.
Cuando detectes la envida en ti, mira todo lo que tienes. Observa tus logros, lo que posees. Todo eso ha sido gracias a tu esfuerzo y al de miles de personas que han trabajado para ti. ¡Tienes más bendiciones de las que crees! Así que observa con atención.
Practica Gratitud
Cuando comprendes que tu vida es el resultado del esfuerzo de miles de seres, es hora de decir GRACIAS con todo tu corazón. Tu vida no sería posible sin esta red de existencias. ¡Te reto a que lo hagas!
Practica Compasión
La compasión comienza con uno mismo cuando aceptamos que estamos sufriendo a causa de una historia ficticia como la envidia. Pero compasión es acción, y se practica buscando activamente parar el sufrimiento de un ser vivo. Al practicar Zazen, cuidar tu cuerpo y cultivar la mente, estás siendo una persona compasiva.
Por otro lado, la persona que detestas por sus logros no tiene la culpa de tus cuentos mentales. Siente compasión por él/ella y por ti. Ésto te ayudará a cesar las historias.
Deja de compararte
Cuando te comparas con alguien más, sólo estás clavando hierro candente en tu corazón. Aceptar quien eres y lo que tienes, dando GRACIAS por todo, te ayudará a soltar las comparaciones.
Eres una persona hermosa y adecuada. Eres una persona necesaria y suficiente para la vida. Eres una persona única, parte de un sistema interconectado de existencias.
No tienes comparación con nadie más. Así que deja de compararte.
¡Usa la envida como motor del cambio!
Alguna vez la envidia nos ayudó a salir adelante como especie. Puedes aprender de este hecho y usarla a tu favor. La envidia nos indica que deseamos algo, así que puedes tomarlo como una dirección hacia dónde enfocar tus esfuerzos. Es cuestión de comenzar.
Practica Generosidad
Una vez que pateaste a la envidia en el trasero, es hora de ser generosos. Felicita a la persona que logró lo que deseas. Hazle un regalo que le sea útil. Destruye tu ego hablando con él/ella para que te cuente cómo lo hizo. Si tus intenciones son benévolas y puras, estoy seguro que la persona reaccionará de forma positiva y compartirá su experiencia; de la cual puedes aprender mucho. Además, es posible que hagas una nueva amistad que te inspire.
Practica Zazen
Sí, otra vez y no me cansaré de repetirlo. Shikantaza Zazen debe ser el cimiento de cualquier cambio de vida. Es cuestión de comenzar.
El minimalismo es un tema que ha estado flotando en los blogs y podcasts en español por los últimos 15 años. Me parece muy curioso que se comporta como las olas del mar: se forma lentamente, se acerca a la orilla, rompe y se desvanece… para formarse de nuevo.
El minimalismo regresó con fuerza gracias a que Netflix cuenta con la serie de Marie Kondo y un par de documentales sobre ello. Algunos autores impulsan a la gente a deshacerse de las cosas que no se necesitan, otros a enfocarse en la parte hedonista de vivir con menos y otros nos dan ideas para organizar desde un cajón hasta el negocio.
Claro que eso está bien. Vivir con menos nos lleva a la tranquilidad, pero me parece que muchas de estas fuentes se quedan cortas y solo proveen una versión descafeinada del minimalismo real. El proceso ha sido muy similar al movimiento mindfulness, que tiene fuertes raíces budistas, pero lo han diluido tanto que ahora es una práctica vacía y sin sentido.
Aquí en Chocobuda el minimalismo también es un tema recurrente, aunque mi punto de vista ha cambiado mucho en los últimos 7 u 8 años.
En la Práctica Zen el minimalismo no es un proceso forzado que resulte de ver un documental o leer un blog. Es más bien el resultado de practicar activamente el concepto de Renuncia, que nos lleva a revisar nuestros apegos, autoengaños y aversiones, para poder soltarlos poco a poco.
De esta manera, es posible tener mil libros almacenados por su utilidad, pero nos queda claro que la naturaleza de los libros es la Impermanencia. La mente debe estar en calma si el tifón o un incendio acaban con una colección. Tener muchos libros, discos, ropa o películas no es la raíz del problema. Lo es el vacío y la angustia existencial que nos lleva a tapar los huecos con objetos para no soltarlos nunca.
Recientemente estuve en Japón visitando templos y sus maestros. Hablando con ellos me di cuenta de que el término minimalismo ni siquiera existe en su vocabulario, pues la cantidad de objetos que hay en un templo pequeño excede por mucho lo que cualquier casa normal en occidente puede contener. Eso sí, cada objeto está en su lugar y casi siempre fuera de la vista.
También tuve la oportunidad de visitar hogares de familias no budistas. El minimalismo brilla por su ausencia. De hecho, muchas de las cocinas en las que estuve, el nivel de caos y saturación era impresionante. ¿Marie Kondo? Salvo una persona que la recuerda de algún programa de TV de hace unos 10 años, nadie sabe quién es. Nos han vendido una idea romántica y fantasiosa de cómo es la vida en Japón.
Mi punto con todo esto es que el minimalismo como lo entendemos en occidente está dirigido al lugar equivocado. No es la cantidad de cosas, sino el nivel de apegos lo que debemos entender para poder soltar.
Son los Tres Venenos de la Mente (Ignorancia, Avaricia e Ira) los que nos hacen acumular basura.
Por eso la práctica de Zazen es tan necesaria, porque es en la mente donde comienza la verdadera Renuncia. Al soltar los pensamientos y dejarlos pasar, nos será posible dejar pasar apegos, lujuria y deseo.
Siempre he dicho que el Budismo Zen es como los Sith en Star Wars: necesitamos caminar de la mano de un maestro para aprender y crecer. Claro que a diferencia de las películas, en el Zen no queremos retar o matar al maestro. Nosotros entrenamos juntos, nos impulsamos a seguir y formamos lazos de familia que trascienden el tiempo. Y es nuestro deber buscar y seguir a Maestro a donde esté.
Aunque no es la primera vez que cruzo el planeta para estar con mi Maestro, esta ocasión fue diferente pues ahora yo también soy maestro Zen. Era necesario vernos para que me instruyera en ciertas prácticas y conceptos que solo se podían aprender bajo el mismo techo. Pero lo más importante para mi era simplemente estar sentado en silencio con él.
Estuve entrenando en 3 templos, viví 2 tifones y uno de ellos el peor en los últimos 10 años en el archipiélago japonés. Visité muchos templos y sitios budistas de importancia histórica. Practiqué Zazen por 15 horas al día en ciertos momentos. Caminé por donde caminaron Dogen, Keizan, Nishijima, Sawaki y Uchiyama. Practiqué caligrafía. Recibí correcciones a mi práctica, a mi manera de ver el mundo. Mi ego floreció y se tuvo que reducir a golpes en el zendo. Dormí muy poco, comí poco y caminé mucho.
Estas palabras de Dogen Zenji, plasmadas en el Eihei Koroku resuenan en mi:
«Habiendo estudidado con mi maestro Nyoji y y habiendo comprendido por completo que los ojos son horizontales y la nariz vertical, regreso con las manos vacías…»
La referencia a ojos y nariz se refiere a la práctica de Zazen.
Entonces, a pesar de que tuve muchas experiencias, en realidad he regresado con las manos vacías.
Si leemos con atención la historia de muchos monjes budistas, podemos encontrar detalles en común como la práctica y estudio del dharma; la eterna lucha contra el ego y la búsqueda del beneficio de todos los seres sintientes. Pero un detalle particular es el hecho de que casi todos hacen del peregrinaje una actividad recurrente a lo largo de la vida.
Un servidor no se escapa de esto, pues estoy a unas horas de emprender otro viaje más. La Vía me lleva a Japón para entrenar junto a mis Maestros, practicando y estudiando en 3 templos y visitando algunos otros más. Este peregrinaje durará 1 mes.
La travesía no la haré solo. Estaré acompañado de ustedes, que lo han hecho realidad. Gracias a la tecnología, ¡me los llevo a todos en el corazón y en el bolsillo!
Esta entrada en el blog servirá como bitácora de viaje. Quedará abierta por lo que dure el peregrinaje, así que regresa aquí para leer y participar en los comentarios. Cada que me sea posible publicaré texto, imágenes y video. Avisaré por Twitter cuando haya actualización.
Así que sin más, regreso a hacer maletas. Gracias, a todos.
Llegando a casa
Luego de un vuelo largo y de haber dormido poco, me encontré con mi maestro en el aeropuerto. Nos saludamos y nos dirigimos a nuestro templo.
Me siento en casa. Comienza el estudio y el silencio.
Pero las cigarras en los árboles no parecen estar interesadas en callar.
Zazenkai de sábado 28 de septiembre de 2019
Hoy las actividades comenzaron a las 4 AM y nos dirigimos al zendo para Zazenkai de 4 horas. Tuve el honor de dirigir la sesión y dar un charla sobre la importancia de viajar para encontrar al Maestro.
Además me hicieron bailar mambo. Y a pesar de mi ego, lo hice.
Si quieres participar en esta ceremonia, solo sigue lo que pasa en el video. Advertencia para los que no tienen experiencia: son 4 horas de práctica… Pero vale la pena.
Hoy atravieso Japón para llegar al segundo templo donde estaré entrenando. Estaré fuera del aire por unos 6 días.
Hasta entonces, querida sangha.
El templo en la montañas
Las montañas de Japón no son como en las películas de fantasía. Hay calor húmedo y es difícil la travesía. Nunca había estado en esta parte de la tierra del sol naciente, así que es una aventura.
El templo en el que me encuentro se llama Antaiji. Es de los pocos que ofrecen instrucción a monjes extranjeros, aunque no siempre aceptan estudiantes. Estoy aquí gracias a que mi maestro habló con el habad para que me abrieran las puertas.
La disciplina que se vive aquí es impresionante. Todo funciona como maquinaria de reloj, al segundo y nada se sale de lo establecido… Excepto el ego, que se revela.
Ha habido mucho aprendizaje, pero hoy comparto dos. Lo siento, pero no he tenido tiempo para más.
Hay un punto más, pero aún no estoy seguro si lo debo compartir. Seguro ya me has escuchado sobre esto: el Budismo Zen no es vegano. Y la prueba de ello es que pescados, mariscos, moluscos, venado y jabalí son servidos casi todos los días en Antaiji, lugar de espiritualidad y Buddha dharma. No me animo porque mis lectores veganos se ponen súper agresivos. Pero bueno, quizá haga un video al respecto.
Y también dejo unas fotos, con el compromiso de publicar más.
¿Sueñan los androides con budas eléctricos?
La ciudad de Kyoto me recibió con estampas de impecable belleza y con gente cálida que me abrió las puertas sin pensarlo.
Se convirtió en una parada importante en mi peregrinaje porque hay muchos templos para visitar, pero muchos compañeros monjes que quieren conocerme y enseñarme.
Cuando esté de regreso en México escribiré más sobre esta experiencia, pero hoy quiero hablar sobre algo sobresaliente: Mindar, la versión androide de Kanzeon / Kannon o Avalokiteshvara.
Mindar es el resultado de los monjes visionarios de Kannon-ji (ji significa templo), quienes decidieron unir esfuerzos con ingenieros de varias universidades para crear un robot budista.
Ella es Avalokiteshvara, bodhisattva de la compasión universal, aunque su movimiento es limitado, es capaz de dar sermones escritos previamente, responder algunas preguntas y mirar a los ojos a los asistentes.
El sermón que escuché fue sobre la importancia de abrazar la Vacuidad de las cosas. Solo así es como la compasión puede fluir en el corazón de las personas.
Mindar es un proyecto muy controversial porque algunos dicen cosas como «¿Cómo es posible que un robot de enseñanza budista? ¡Es herejía!»
Pero, ¿qué tan diferente es Mindar de cualquier otra imagen religiosa? Por milenios hemos hecho reverencia ante cuadros o esculturas. Hacer reverencia por un robot no es lo importante.
Lo que hace que el Dharma viva es la intensión y la disciplina de la práctica.
Amida Buda
Al estar estudiando historia del Budismo he descubierto que no importa la rama que esté revisando, Amida Buda o Butsu siempre aparece. Es una de las figuras más iconicas del Budismo, aunque en occidente no nos quede claro que existen cientos de representaciones distintas de Shakya-sama.
Ayer, acompañado de unos amigos monjes y mis dos Maestros, visitamos el templo de Kiyonomizu. Es un templo en la montaña dedicado a Kanzeon (Avalokiteshvara) y a Amida Butsu. Actualmente no es un templo funcional, sino una para obligada para millones de turistas.
El lugar estaba repleto de visitantes y era difícil caminar o detenerse a admirar las obras, que estaban prácticamente olvidadas por los jóvenes que acuden a Kiyonomizu para tomar fotos y subirlas a sus redes sociales.
Así que con toda tranquilidad me pude detener ante Kanzeon y Jizo para hacer mis respectivas reverencias. Pero luego el camino me llevó a un altar monumental de Amida.
Y lo que voy a decer es por completo personal. Es muy posible que no se entienda.
Al ver a Amida dorado, imponente y en paz, todo cobró sentido: este viaje, mi pasado, mi práctica y servicio como monje. Todo el dharma converge en este buda que está rodeado de mil budas dorados, interconectados por Gratitud, Compasión y Generosidad.
No pude contener las lágrimas. Me rendí, lo rendí todo, lo perdí todo, solo para contemplar en silencio y sentir mis ojos derramarse sin parar.
Nami Amida Butsu. Amituofo.
Simplemente es.
Lo sagrado en lo cotidiano
En el único día de descanso que tendré en este viaje, aproveché para caminar sin rumbo por las calles de Kyoto. He llegado al pequeño templo Rokkakudo, en el corazón de un sector de negocios.
¿Un templo en un lugar de negocios? Sí, y muchos ofininstas hacen una pausa para ir a hacer un par de reverencias al Buda y a Kannon, y pasar unos minutos de completa paz, para luego regresar a sus escritorios.
Hoy dejaré esta ciudad y a mis compañeros, para viajar hacia Eiheiji, el templo de Dogen Zenji. Pasaré algún tiempo entrenando un poco más antes de concluir este viaje.
Caminando los pasillos por donde Dogen caminó
Eiheiji es un monasterio enorme. Está lleno de corredores, salones, dormitorios, zendos, altares y uno se puede perder con facilidad si no está en compañía de algún monje residente. Por fortuna me asignaron a un compañero monje que me acompañaba a todos lados y me explicaba todo lo que había que saber. Mis días aquí han estado llenos de silencio, zazen y contemplación… y claro, un tifón de magnitudes históricas.
¡Todo en Eiheiji es hermoso! Cada rincón está lleno de belleza, que sin duda toca el corazón. Pero lo más impactante es saber que uno está caminando los pasillos por los que Dogen caminó, nos sentamos en las mimas salas en las que Dogen enseñaba a sus alumnos. Aunque él murió hace siglos, su ejemplo sigue aquí cada vez que nos sentamos en Shikantaza Zazen.
Aquí algunas imágenes de los jardines de Eiheiji, porque no nos permiten tomar fotos en el interior.
Próxima y última parada: Kamakura.
Budas gigantes llenos de Vacío
En Kamakura he visitado varios templos importantes y muy hermosos, pero el más significativo para mi ha sido Kotoku-in. Éste es un templo Zen de la orden Jodo-Shu, que ahora es solo punto turístico y es el hogar del Kamakura Daibutsu (Buda gigante de Kamakura).
Este Buda es el original Chocobuda, del que está tomada mi figura de Amida Buda que me ha acompañado por 20 años.
Es un Amida de 15 metros de altura, moldeado en bronce que domina el panorama. Siempre está sereno, impasible y contempla todo desde la perfección de su Zazen.
Y claro, como todo buen Buda, está lleno de Vacuidad:
La lectura de textos del Budismo Zen es parte importante de Ango. Así que por primera vez leeremos todos un texto para discutir en el grupo. No hay que temer, que tenemos 3 meses para hacerlo.
He seleccionado Shobogenzo Zuimonki o «El Tesoro del Verdadero Ojo del Dharma: Registro de lo Escuchado»; por nuestro Maestro Fundador, Dogen Zenji.
Este libro es una colección de discursos informales dados por Dogen a sus monjes, entre los años de 1236 y 1239 DC. La compilación fue a cargo de Koun Ejo, uno de los discípulos más dedicados de Master Dogen.
Cada charla de Dogen es un discurso no muy largo en el que podemos aprender su visión de la vida, pues habla de la práctica budista para monjes y laicos; sobre la Impermanecia de las cosas; sobre la sangha y su importancia; sobre practicar budismo por beneficio del propio budismo; sobre zazen y la pérdida de ganancia personal; sobre por qué llevar una vida modesta y humilde; y sobre cómo beneficiar a otros seres con cada acto.
Me gustaría dirigir la discusión sobre la lectura, pero estaré fuera 1 mes entrenando en otras tierras. Así que depende de cada uno de nosotros leer un poco cada día.
Sugiero que tomemos un poco de tiempo los viernes para escribir nuestras opiniones de lo leído. Cada uno sabe cuánto debe avanzar en la lectura.
Este es un libro muy querido e importante para mi. Espero les sea útil e inspirador durante su Ango.
Si lo que escribo te es útil y te gusta, ¿por qué no invitarme un café? Gracias.
Sobre mi
¡Hola! Soy Kyonin, monje y maestro budista de la tradición Soto Zen. Formo parte de Grupo Zen Ryokan. Comparto la sabiduría eterna del Buda para ayudar a encontrar la paz interior y la liberación del sufrimiento. Juntos vamos en camino hacia la compasión.
En días de lluvia
la melancolía invade
al monje Ryokan
-Haiku de Ryokan Taigu Roshi